Hola, me llamo Silvia y me quiero presentar, tengo 18 años, precisamente mi cumpleaños fue el sábado pasado, soy estudiante y vivo en casa de mis padres junto a mi hermana Marta dos años mas pequeña que yo.

">
Porno Galerias Gratis Foro Contactos Gratis Videos Porno Fotos Porno Juegos Relatos Eroticos Porno Gratis SexShop Webcam Porno
   






Edad &

Crea tu perfil y conoce gente cerca de ti

ZONA PRIVADA DE MACIZORRAS




 

Webcam Porno

Webcam Porno


2006-06-01 23:30:49

Hola, me llamo Silvia y me quiero presentar, tengo 18 años, precisamente mi cumpleaños fue el sábado pasado, soy estudiante y vivo en casa de mis padres junto a mi hermana Marta dos años mas pequeña que yo.


He recibido una educación tradicional, con la idea de respetar una serie de valores clásicos como el respeto, la sinceridad y un gran sentido de la responsabilidad. Mis padres nunca han sido demasiados estrictos, pero había dos faltas que siempre suponían un contundente castigo, sacar malas notas y desobedecer a mi madre.

En esos casos, el castigo se aplazaba al sábado y la castigada, generalmente yo, se pasaba toda la mañana sola en el dormitorio, hasta la hora de comer. Durante la comida, no podía decir absolutamente nada, y después del postre mi padre colocaba su silla en mitad de la estancia.

Entonces mientras mi madre se sentaba en la silla, mi padre y mi hermana en otras dos enfrente, yo me tenía que bajar las bragas hasta las rodillas, subirme la falda por detrás y sujetarla con un par de imperdibles, y esperar a que mi madre me indicase que me acercase a ella.

Entonces le pedía perdón por mi comportamiento y me colocaba sobre sus rodillas, con el culo bien arriba, y las manos tocando el suelo. Cada vez que despegaba las manos del suelo o patalease, suponían cinco azotes mas.

Mi madre solía empezar dándome unos azotes no muy fuertes, pero con un ritmo muy continuo, al principio no dolía mucho, si picaba y pronto el trasero se empezaba a calentar y a ponerse colorado. Entonces mi madre aumentaba tanto la dureza de la pegada como la intensidad del ritmo, y me empezaba a doler mucho, pero sabía que si protestaba o lloraba iba a ser peor, por lo que siempre procuraba aguantar.

Era como una pelea entre las dos, yo aguantando el dolor y mi madre dándome cada vez mas fuerte, cada vez mas rápido, hasta que conseguía que me pusiese a llorar como una niña pequeña.

Cuando mi madre acababa conmigo, se levantaba de la silla, y yo puesta de pie, me doblaba hasta apoyar mi cabeza sobre el asiento, agarraba las patas de la silla y esperaba que viniese mi padre a darme algún azote mas. No solía darme mas de cuatro o cinco, pero esos si que eran fuertes de verdad. Luego me dejaban sola en el comedor, en esa posición o de rodillas contra una esquina el resto de la tarde.

Por la noche, antes de irme a la cama, y ya con el camisón puesto, tenía que volver a pedir perdón, dar las gracias por los azotes recibidos, y pedir que me diesen unos cuantos mas para no olvidar la lección recibida. Solicitud que me era concedida al instante o aplazada a la mañana del domingo. El resto del domingo lo pasaba en mi habitación con las luces apagadas.

Físicamente, soy como la mayoría de las mujeres de mi familia, rubita, mas bien bajita y con buen tipo. En cuanto me arreglo un poco, los ojos de los chicos se van detrás de mi, pero mis ojos sólo van detrás de mi chico, José un futuro notario, el año que viene ya estará preparado para aprobar, un buen chico, cuyo único defecto es estar mas pendiente de sus libros que de mi.

Por esto empezaron mis problemas, ya os he dicho que el sábado pasado fue mi cumpleaños, celebraba mi mayoría de edad, además ese fin de semana empezaban tres larguísimos meses de vacaciones y estaba contentísima. Fue un gran día, mi padre nos llevo a comer a un buen restaurante, junto a mis tíos y mi prima Luisa. Nos lo pasamos muy bien y aunque no tuve muchos regalos, todos me hicieron muchísima ilusión.

La desilusión vino al llegar a casa y encontrarme en el contestador un mensaje de José diciéndome que muchas felicidades, pero que como el lunes tenía un examen, lo sentía mucho y no podía quedar conmigo para celebrar mi cumple. No me lo podía creer, se iba a quedar a estudiar el día de mi cumpleaños, y entonces pensé que eso solo podía significar que yo no le interesaba nada, que él era un egoísta al que sólo le interesaba su futuro profesional.

Entonces hablé con Luisa, que tiene mi misma edad, y decidí pasármelo muy bien esa noche, estuviese o no José. Nos arreglamos y quedamos para ir a bailar con unos amigos.

Me duché, me pinté y elegimos la ropa que nos íbamos a poner esa noche, yo me puse una blusa de seda blanca y una falda negra con vuelo que me llega un poquito por encima de las rodillas. A Luisa le presté un vestido verde también muy bonito.

Nos despedimos de mis padres y de los suyos, nos dijeron que íbamos muy guapas y que por supuesto no llegásemos muy tarde. Luisa luego se quedaba a dormir en casa.

Luego me enteré que Luisa había hablado con todo el grupo para que esa noche me tratasen especialmente bien, y fui la reina de la noche, todos me hacían caso y querían bailar conmigo. Yo me fui animando y quizás me tomé una copita de mas. Todo se juntó, mi inicial desilusión por no celebrarlo con José, el frenesí de no parar de bailar, todos los chicos pendientes de mi. Me sentía guapa y mimada, desinhibida por el baile, las luces y el alcohol. Todo empezó con un simple baile lento con Juan, un antiguo novio, con el que perdí mi virginidad, pero cuya relación no funcionó. Bailamos muy juntitos, como antes, me parecía que estábamos solos en la pista. Me besó en la mejilla, y yo le miré, me beso en la boca y yo le respondí. Bailábamos y nos besábamos, sus manos me sujetaban con firmeza y mi cuerpo se apretaba contra él.

Buscamos un rincón oscuro donde encontrar un poquito de intimidad, me besó, le besé, sus manos recorrían mi cuerpo, sentía escalofríos de placer. Sus manos encontraron mis pechos, y yo se los ofrecí. Me desabrochó dos botones y me tocó las tetitas por encima del sujetador. Acarició mis muslos, y sus manos subían y bajaban, con mucha suavidad. José nunca me acariciaba así, y me estaba encantando. No paraba de besarme, en la boca, en las mejillas, en el cuello, en la frente, en el cuello otra vez. Me susurraba cosas bonitas, y yo lloraba de felicidad.

Sus manos rozaron mis braguitas, y yo estaba embriagada de placer, sentía que esa noche quería algo mas, era una locura y creía que nunca nadie se iba a enterar.

Me quité las braguitas, y como no llevaba bolso las dejé a un lado. Estaba todo muy oscuro y creíamos que no nos veía nadie. Ahora sus manos recorrían mis muslos con firmeza, me acariciaba el culito y el interior de mis muslos. Me saqué las tetitas por encima del sujetador y me las besó. Sus manos encontraron mi botoncito y con dos dedos lo pellizcaba, lo frotaba, le daba masajitos, yo ya no podía mas, estaba empapada y quería algo más.

Le baje la cremallera de su pantalón y saqué su miembro. Era como yo lo recordaba, grande y ejercía una poderosa atracción, parecía estar diciendo, bésame. Y yo lo besé, y lo chupe y me lo comí. A Juan le encantó, y entonces yo me levanté, y separando las piernas me senté encima suyo, mirándole a la cara hasta que me penetró. Me empecé a mover, a subir y a bajar, cada vez le sentía mas dentro de mi. Juan me ayudaba, con sus manos en mis caderas me sujetaba, también me empujaba el culete, haciéndome mover, cada vez mas deprisa, cada vez mas profundo, hasta que el se corrió. Yo seguía muy excitada, y entonces Juan, recordando cositas que hacíamos en los viejos tiempos, me propuso algo que hacíamos bastante a menudo, yo me colocó boca abajo sobre sus rodillas, y él mientras me va dando unos azotitos mas bien suaves, con la otra mano me da masajes en mi coñito hasta que me corriese. Esto siempre me ha excitado mucho, pero nunca lo había hecho en un local público. Juan tampoco necesitó mucho para convencerme, yo estaba muy excitada, nuestro rincón era muy oscuro, y la música estaba lo suficientemente alta para que no se nos oyese.

Me coloqué sobre sus rodillas, y él me levantó la falda por detrás. Pronto empezó a darme unos azotes en el culo, mas bien unas palmaditas que me lo iban calentando, era una sensación muy agradable. Juan, como es normal, se iba animando e incremento el ritmo de su pegada. Mientras con su mano izquierda, buscó y encontró mi coñito, empezando a tocarme el clítoris, primero lo tocaba, luego le dio masajitos y pequeños pellizquitos con dos dedos. Muy pronto yo estaba empapada y a punto de correrme y entonces ocurrió.

Sonó una gran sirena, paro la música y todas las luces se encendieron. Parecía que todas las miradas se dirigían hacia mi, boca abajo sobre las rodillas de Juan, la falda recogida, mi culete totalmente al aire, la blusa desabrochada y mis tetitas fuera por encima del sujetador.

Una voz por los altavoces dijo que nos alarmásemos, que un pequeño incendio se había producido en los almacenes, y aunque ya había sido sofocado, por precaución era mejor desalojar la discoteca.

Me levanté como pude, me arregle la ropa, y con la mirada busqué a Luisa hasta que la encontré. Allí estaba con una cara de sorpresa, como si no se lo pudiese creer. Había visto todo desde que se en encendieron las luces, pero sabía que aunque me iba a echar una buena charla, podía confiar en ella. Es mi amiga y siempre nos ayudamos.

Me regañó, como se te ocurre hacer eso, y precisamente con Juan. En que estaba pensando, o es que ya me había olvidado de José. Le dije que no, que lo único que me había olvidado eran las braguitas en algún recoveco del sofá.

Llegamos a casa y dejamos de hablar. Nos desmaquillamos, nos pusimos el camisón y nos quedamos dormidas nada mas acostarnos.

Se abrió la puerta de la habitación, y mire el despertador, creía que solo había dormido cinco minutos, pero había descansado mas de seis horas.

Entonces se oyó la voz de mi madre:

-niñas, ya es hora de levantarse y desayunar. Luisa, tu madre ha llamado para que vayas pronto a casa, que tenéis que salir a hacer recados.

Nos levantamos, nos pusimos una bata, y desayunamos, luego Luisa se vistió deprisa y se despidió.

Yo me disponía a darme una buena ducha, cuando mi madre me dijo que fuese al salón con ella. Allí estaba mi padre sentado en una butaca leyendo el periódico, que dejó en cuanto entramos en la habitación.

-"¿ No tienes nada que contarnos?", preguntó.

-¿A que te refieres?" dije yo con voz muy bajita.

-A tu escandaloso comportamiento anoche en la discoteca.

Y entonces, además de enseñarme las braguitas que perdí anoche, empezó a contarme con detalle, en que situación estaba yo cuando se encendieron las luces.

Nunca supe quien me vio y se lo contó, pero desde luego la persona que fuese fue muy descriptiva en su explicación a mis padres.

-Igual te crees que por tener dieciocho años, puedes hacer lo que quieras, pero mientras vivas en esta casa tienes que seguir nuestras normas, y tu actuación de anoche, desde luego que no es una de ellas.

-Si papá. No se como ocurrió y desde luego que no volverá a ocurrir. Perdonarme los dos.

-El que tiene que decidir si perdonarte o no es José. Por nuestra parte, solo te vamos a invitar a reflexionar y elegir entre seguir en casa siguiendo nuestras normas o buscarte un trabajo e independizarte.

-Papá, mamá......

-No contestes ahora, vuélvete a tu cuarto, cierra la puerta, apaga las luces y piensa en ello. Ya te diremos cuando tienes que contestar.

-Si papá.

Me volví a mi cuarto, me quité la bata, apagué las luces y me volví a acostar. Pasaron horas hasta que entró mi madre con una bandeja con comida. Encendió la luz, y vi que eran las ocho de la tarde. Puso la bandeja en una mesita, me levanté y mientras yo comía me hablaba.

-Silvia, ¿Cómo se te ocurrió hacer eso anoche?

-No lo sé, mamá. Todo fue muy rápido y actuaba sin pensar.

-¿Pero hoy si has tenido tiempo para pensar?

-Si mamá.

-Bien. Cuando acabes de comer te duchas, te vistes, y vienes al cuarto de estar.

-Si mamá.

En diez minutos estaba duchada y peinada, y cuando volví a mi cuarto me encontré encima de la cama, perfectamente lavadas y planchadas la falda y la blusa que llevé la noche anterior.

Me pusé unas braguitas, un sujetador, la ropa que estaba encima de la cama, me calcé y fui al cuarto de estar.

Allí me estaban esperando mis padres, mi hermana, mis tíos, mi prima

Luisa, y para mi sorpresa José.

Mi padre me mandó acercarme a su butaca, y preguntó:

-¿Has decidido ya lo que quieres hacer?

-Si papá, ya sabéis que yo quiero seguir en casa y estudiar. No soy muy buena estudiante, pero me esfuerzo y puedo conseguir una titulación.

-Entonces tendrás que seguir las normas de comportamiento que se siguen en esta casa.

-Si papá.

-Tu madre me ha dicho que tu única excusa, es que actuaste como una niña, sin pensar las posibles consecuencias de tus actos.

-Si papá.

-¿ Y que les pasa a las niñas que no actúan como es debido?

-Que tienen que ser castigadas para corregir su comportamiento, papá.

-Por supuesto, y luego tienen que pedir perdón por su comportamiento.

-Si papá.

-Bien, primero vamos a dejar unos puntos en claro. Primero, como muestra de respeto y arrepentimiento, solo hablaras cuando se te pregunte expresamente. Segundo, debido a tu afición a perder las braguitas en cualquier sitio, dejarás de usarlas hasta nueva orden, así que dale a tu madre las que llevas puesta.

Me quite las bragas, y se las entregué a mi madre.

-Tu castigo, empieza hoy con una buena azotaina, pero como es natural y para que aprendas bien la lección, durará varias semanas, hasta que estemos seguros que no se volverá a repetir un comportamiento como el de anoche. Durante ese tiempo, recibirás todas las mañanas, y todas las noches antes de acostarte unos buenos azotes, y el resto del día lo pasaras encerrada en tu cuarto. Además, debido al poco cuidado que has demostrado tener con tu ropa, solo llevarás puesta un camisón. Por último, y para satisfacer tus necesidades sexuales, que han demostrado ser muy imperiosas, José ha propuesto, y tu madre y yo hemos aceptado, que vendrá todas las tardes. Salvo indicación en contrario, deberás esperarle de rodillas en la cama, con la cabeza abajo, el culito en pompa, y las piernas separadas, bien ofrecida a tu novio para que te pueda follar, y proporcionarte el placer que has buscado en otras personas. Por supuesto, José ha recibido nuestra autorización para aplicarte cuantos correctivos considere necesarios. ¿ Has entendido todo lo que te he dicho?

-Si papá.

-¿Y estás de acuerdo con ello?

-Si papá, haré todo lo que mandéis.

-Muy bien, pues vamos a empezar, primero se va a ocupar de ti tu prima Luisa, que por tu culpa hoy lo ha pasado muy mal.

Dirigí mi mirada hacia Luisa, en la que hasta entonces me había fijado. Tenía la cara congestionada, y los ojos rojos de haber estado llorando.

-Luisa, levántate, y cuenta a tu prima que te ha pasado hoy, y enséñala las consecuencias que han tenido para ti, su comportamiento de anoche.

Mi prima se levantó de su asiento, y dirigiéndose hacia mi empezó a hablar.

-Esta mañana, al llegar a casa, mis padres me preguntaron que tal anoche, y les dije que nos lo pasamos bien, y que volvimos a casa muy prontito. Luego me preguntaron si antes de la alarma había ocurrido algo especial, y por no delatarte les dije que nada. Entonces se enfadaron mucho, me dijeron que era una mentirosa, que ya sabían como estabas tu cuando se encendieron las luces, y que contar mentiras es una falta muy grave, que se castiga de una forma apropiada.

Mi prima, entonces se dio la vuelta para quedarse de espaldas a todos, se bajó sus braguitas, e inclinándose hacia delante, recogió su falda por detrás.

Su culete estaba totalmente rojo y brillante, no comprendo como podía haber estado sentada tanto rato. Pero lo que mas impresión me dio fueron unas marcas paralelas que lo cruzaban de lado a lado. Luego me contó que su padre había aplicado una vara que solo utilizaba en ocasiones especiales.

-Muy bien Luisa, ya puedes sentarte en esa silla. Dijo mi padre señalando una silla que había en medio de la habitación. Y tu Silvia, ya sabes como tienes que colocarte sobre las rodillas de tu prima.

Mi prima se sentó en la silla indicada, y yo me coloque sobre sus rodillas. Sin decir ninguna palabra, Luisa subió mi falda y sin mas preámbulos empezó a azotar mi trasero. Pegaba muy fuerte, casi se podía decir que con ganas, y la verdad que no se podía reprochar. Al principio aguanté en silencio, pero pronto el dolor me obligó a gritar y pedir que parase, pero mi padre le dijo que siguiese hasta que él dijese basta.

Al cabo de un rato que se me hizo interminable, la mandó parar, y luisa dándome un beso en mis mejillas me ayudó a levantarme.

-Bien Silvia, esto solo ha sido el principio como podrás suponer, pero como veo que no vas a parar de quejarte en toda la tarde, te vas a poner esto.

Y me dio un pañuelo, que me coloqué en la boca a modo de mordaza.

Entonces me mando quitarme la ropa que llevaba puesta, y tumbarme boca arriba sobre el sofá.

-Ahora va a ser tu madre la que se ocupe de ti. Levanta las dos piernas y dobla las rodillas.

Yo hice lo que me dijo, y entonces mi hermana pequeña acercándose por detrás, colocó sus brazos por detrás de mis rodillas y tirando de ellas las puso sobre mis pechos, quedándose así sujetándolas.

De esta forma, con mi trasero totalmente expuesto, se acercó mi madre con una zapatilla en la mano y empezó a pegarme como nunca lo había hecho. Eso si que dolía de verdad. Yo no podía gritar y mi hermana me sujetaba de tal forma que no podía patalear. Pronto el dolor se hizo insoportable, pero mi madre con una cara inexpresiva no paraba. Me estaba dando con todo el rigor y fuerza que era capaz de aplicar.

Al fin terminó, yo no paraba de llorar en silencio y pensaba que no iba a poder sentarme durante el resto de mi vida.

Me quedé así tumbada y llorando para mi un buen rato. Nadie decía nada, solo se oían mis sollozos en la habitación.

La primera voz que sonó fue la de mi padre.

-Esperemos Silvia, que después de esto, te deje de gustar que te den azotes en público.

Por supuesto, con el pañuelo en la boca no podía responder, así que me quede esperando que el castigo hubiese acabado por ese día. Pero no fue así.

-Tu tío ha tenido la deferencia de traernos su vara de bambú cuyos efectos has visto antes en el trasero de Luisa, y como tu no vas a ser menos hoy la vas a probar por primera vez. Yo creo, y todos estamos de acuerdo que la persona indicada para aplicarte este correctivo es aquella a la que me has defraudado su confianza, tu novio José. Solo van a ser media docena de golpes, y te vas a quitar la mordaza para darle las gracias por el castigo después de cada uno de ellos. Ponte en la silla como tu ya sabes.

Quitándome el pañuelo, me puse delante de la silla e inclinándome sobre ella hasta colocar mi cabeza en el asiento, me dispuse a esperar el primer golpe de la vara.

Llegó sin ruido alguno, y al principio parecía que no dolía, pero pronto vi que eso no era verdad, era un dolor profundo, intenso, parecía que iba a estar allí siempre. Casi no podía ni hablar.

-Gracias José, apenas balbucee.

Los cinco siguientes fueron casi peores, cada uno de ellos me dejaba sin respiración, apenas podía hablar, y menos gritar.

No se como, pero le agradecí cada uno de los golpes, y cuando acabó mi padre me mando incorporarme, volver a pedir perdón a todos por mi comportamiento de anoche, y mandándome a mi habitación me recordó que este solo era el primer día de unas largas vacaciones que nunca iba a olvidar.

Pero esa es otra historia para contar en otra ocasión.



RECIBELOS EN TU MAIL

Recibe nuevos relatos
en tu email cada dia:


All logos and trademarks in this site are property of their respective owner. - Condiciones de uso y Aviso Legal
The comments are property of their posters, all the rest Copyright 2004-07 by me.
Todos los derechos reservados - MaciZORRAS.CoM Copyright 2004-10. Macizorras Porno