Porno Galerias Gratis Foro Contactos Gratis Videos Porno Fotos Porno Juegos Relatos Eroticos Porno Gratis SexShop Webcam Porno
   






Edad &

Crea tu perfil y conoce gente cerca de ti

ZONA PRIVADA DE MACIZORRAS




 

Webcam Porno

Webcam Porno


2011-06-16 03:33:04
Era un típico amanecer en la playa, el con aguas azul turquesa, la arena blanca, y el soplo de la brisa marina. Belize aparecía en todo su esplendor como un grandioso paraíso tropical.

La joven Xia Zhou había salido a recorrer la playa en su motocicleta. Con apenas dieciséis años de edad era toda una Diosa asiática de perfecta belleza. Poseía un cuerpo delgado y atlético. Vestía unos pantaloncillos muy cortos de mezclilla azul que exhibían sus bellas piernas desnudas. Calzaba unas zapatillas deportivas blancas sin medias. Bajo una blusa roja ajustada se perfilaban sus grandes y redondos senos perfectos. Su largo cabello liso y negro iba recogido en una cola de caballo tras la espalda, bailoteando mientras avanzaba a baja velocidad en la motocicleta para playa.

La joven había recorrido un buen tramo. Había llegado hasta una zona en la que se veían pocos bañistas. Se detuvo junto a unas altas palmeras junto a unas rocas que tierra adentro conducían a un pequeño bosque. Apagó el motor y bajó de la motocicleta.

Tomó asiento sobre una piedra redonda y lisa, pulida por las olas del mar.

Se hallaba a gusto disfrutando de la soledad y tranquilidad del lugar.

Lamentablemente la tranquila atmósfera fue interrumpida al cabo de escasos minutos. Un tipo enorme de corto cabello rubio se acercó hacía ella. El hombre poseía un físico de Hércules, producto de intensas jornadas en gimnasio, aminoácidos y esteroides. El sujeto iba vestido nada más con una escasa tanga azul que no disimulaba para nada su abultado paquete que llevaba entre las piernas. Su piel se veía pálida sin broncear.

Xia frunció su bello y joven rostro, molesta ante la idea del inminente disgusto de soportar a un idiota deseoso de sexo, dispuesto a lanzar sus ridículas coqueterías y galanteos.

El tipo se plantó frente a ella, con las manos en la cintura, y las piernas abiertas. Esbozó una falsa sonrisa e intento dar inicio a una conversación casual.

Xia lo ignoró lo mejor que pudo, dejando en evidencia su patente desinterés. El sujeto tomó la negativa a modo de ofensa, lastimado en su orgullo propio, y de forma impulsiva acortó distancia llegando junto a la joven muchacha.

Fue una muy mala decisión. Xia se sintió más que enfadada ante el atrevimiento del insistente tipo. A la chica no le tomó más que un segundo para fijarse en el paquete que colgaba entre las piernas del tipo, enfundado en la ajustada tanga azul para caballero, y con un rápido, ágil y diestro movimiento le conectó una poderosa patada justo entre las piernas.

El resultado fue sorprendente y devastador. El hombre, a pesar de ser medio metro más alto que la joven, con casi el doble en peso y su arrolladora masa muscular, se vino de bruces al piso. Gimiendo como un perrito lastimado.

Xia sonrió divertida. Se plantó junto al hombre. La chica se veía hermosa. En posición de pelea, brazos balanceados a ambos lados del cuerpo y piernas extendidas, tomó impulso y con rapidez le descargó una fuerte patada al rostro, dándole de lleno con la punta de su zapatilla deportiva.

El hombre se llevó las manos de los genitales al rostro. La chica aprovechó el movimiento para plantarle un tremendo pisotón con el talón de su zapato, justo en los testículos.

El desgraciado se aovilló bramando de rabia y dolor. Luego rodó quedando encogido a gatas, sobre sus rodillas y antebrazos. Trataba de tomar impulso, deseoso de ponerse en pie y darle su merecido a la atrevida chica.

Pero Xia ya estaba tras de él. Con sorprendente fuerza le lanzó una patada entre las piernas, sacudiéndole las pelotas de nuevo.

El hombre mordió el polvo de nuevo.

La chica se dirigió hacía su motocicleta y extrajo de una bolsa de cuero una pistola Taser de color negro. La empuñó con ambas manos. Apuntó a la parte baja de la espalda del hombre. Presionó el gatillo y las puntas metálicas salieron disparadas, seguidas por un cable forrado color negro. Las puntas se anclaron al hombre y condujeron una potente descarga eléctrica.

El pobre hombre cayó al piso incapaz de mover sus músculos.

La bella joven asiática desconectó el cable de extensión de la pistola Taser, la colgó al cinturón de su corto pantaloncillo azul y busco de nuevo en la bolsa de la motocicleta y extrajo unas esposas de metal, que se colgó al cinturón, y una lata espray de gas pimienta que mantuvo en su mano. Se acercó al hombre. El sujeto estaba adolorido, retorciéndose sobre el piso, boca arriba. Xia le lanzó una nueva patada con el empeine de su zapatilla blanca dándole de nuevo en los testículos.

El sujeto gruño de nuevo. La chica se inclinó y con un veloz movimiento le roció el gas pimienta a presión regándoselo sobre el rostro. Tiró la lata al suelo, sacó la pistola Taser y cambió el arma a modo de aturdir. Un arco eléctrico azul brillante se formó entre las dos puntas metálicas en la boca del barril del arma. La chica le presionó las puntas electrificadas contra los testículos. El hombre aulló de dolor, la electricidad castigaba sus bolas y se difundía a todo su cuerpo dejándole inmóvil.

Xia apagó el flujo de corriente, tiró la pistola a la arena, y de una patada en el costado volvió al hombre dejándole rostro al suelo. La chicha le puso una rodilla en la parte baja de la espalda, tomó las esposas que llevaba al cinto y tomando al hombre por las muñecas le esposo las manos tras la espalda.

Xia se paró, plantando un pie sobre la nuca del hombre, con sus manos en la cintura, parecía una victoriosa cazadora, triunfante sobre su víctima, el infeliz hombre yacía derrotado y capturado.

El patético sujeto lloraba y gemía.

La chica le arrancó el traje de baño dejando al hombre por completo desnudo. Recogió la pistola Taser y de nuevo le electrocutó los testículos que habían  quedado descubiertos. Fue de nuevo a la motocicleta y de la bolsa de cuero sacó una cadena larga de eslabones de acero, fijó un extremo en una barra de la parte trasera de la motocicleta, en la otra punta la cadena tenía dos argollas metálicas parecidas a un pequeño par de esposas. El hombre gemía en el suelo, aturdido por el ardoroso gas, no podía ver, tosía, y sus músculos aún no recuperaban su total movilidad. La chica le dio otra patada al rostro y se paró con ambos pies sobre el pecho del hombre.

Xia se puso en cuclillas. Le agarró de los testículos y le cerró las argollas metálicas, una alrededor de cada testículo, estrangulándoselos con crueldad.

-¡Ahora vamos a correr un poco! –Dijo Xia, con una dulce voz, malvada y divertida.- ¡Mejor te apuras si es que no quieres perder tus huevitos!

Xia se montó en la moto. De una patada arrancó el motor que empezó a vibrar.

¡Ponte en pie! –Grito colérica.- ¡Hablo en serio!

El desgraciado hombre luchó por ponerse de rodillas. La chica aceleró el motor en punto muerto. Luego puso la motocicleta en marcha, el hombre comenzó a moverse tras el vehículo. A pesar de que Xia conducía a baja velocidad si el prisionero llegaba a perder el equilibrio y caer sería el fin de sus genitales.

El desgraciado avanzaba al trote, lleno de terror, luchando por no caer, era difícil mantener el balance con las manos esposadas tras la espalda y además tenía que avanzar descalzo sobre el terreno irregular.

La joven asiática disfrutaba ojeando a su víctima por el retrovisor. Le daría un paseo muy largo. Tomó una vereda desierta que corría paralela a la playa. Pensaba conducir a su nuevo prisionero hacía una mazmorra donde poder castigarlo a su antojo. La mansión de playa de Xia no se hallaba muy lejos. El pobre desgraciado no tenía ni idea de las cosas terribles que le aguardaban allí.

Por fin tras una extenuante y ardua marcha bajo el sol llegaron frente a un largo y alto muro de piedra, franquearon una entrada cerrada por un portón metálico color negro.

Dentro se alzaba la lujosa y magnífica mansión de Xia Zhou, construida con un elegante estilo oriental, con maderas y tejados de color rojo, la estancia semejaba una decorada, pequeña, ciudad prohibida.

La chica detuvo su motocicleta y apagó el motor. Bajó del vehículo y se plantó con las manos en la cintura observando con desprecio al hombre. El sujeto respiraba agitado, exhausto por la caminata. Los testículos lucían cruelmente atrapados por las anillas de metal. Xia sacó una especie de pistola de su bolso, apuntó al pecho del hombre y disparo. Un dardo tranquilizante se clavó al pectoral del sujeto.

La visión del hombre se tornó nublada, apenas distinguía la soberbia y esbelta figura de su cruel dominadora, la bella muñeca asiática. El pobre se dio de bruces contra el suelo, mordiendo el polvo. Las blancas e inmaculadas zapatillas deportivas de la Diosa fue lo último que el pobre pudo contemplar antes de perder el conocimiento.



RECIBELOS EN TU MAIL

Recibe nuevos relatos
en tu email cada dia:


All logos and trademarks in this site are property of their respective owner. - Condiciones de uso y Aviso Legal
The comments are property of their posters, all the rest Copyright 2004-07 by me.
Todos los derechos reservados - MaciZORRAS.CoM Copyright 2004-10. Porno Gratis