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2007-09-26 22:14:36
Comenzó el lunes pasado, cuando escuché en mi contestador automático el mensaje de una empresa a la que había enviado una carta, postulándome como secretaria. El mensaje era común y corriente como lo es en estos casos, pero me pareció un poco raro el horario para la entrevista, a las dieciocho horas. No le di mayor importancia y sin perder más tiempo me duché, pensando en la vestimenta mas adecuada. Terminé decidiéndome por un lindo trajecito beige de minifalda y saco un poco ceñidos al cuerpo, debajo una camisa blanca, y por supuesto la infaltable medibacha de lycra.

Comenzó el lunes pasado, cuando escuché en mi contestador automático el mensaje de una empresa a la que había enviado una carta, postulándome como secretaria. El mensaje era común y corriente como lo es en estos casos, pero me pareció un poco raro el horario para la entrevista, a las dieciocho horas. No le di mayor importancia y sin perder más tiempo me duché, pensando en la vestimenta mas adecuada. Terminé decidiéndome por un lindo trajecito beige de minifalda y saco un poco ceñidos al cuerpo, debajo una camisa blanca, y por supuesto la infaltable medibacha de lycra.

Estaba muy bien, sólo que a través de la camisa se me traslucía todo. Como no tenía otra decidí ponerme un buen corpiño blanco, como para que al menos se viera una linda prenda debajo, aunque después pensé que en realidad los ojos de todo el mundo se fijarían en los enormes y gordos pechos que sobresalían por detrás y que dicho corpiño (aunque es un no. 125) apenas lograba sostener.

Luego de calzarme las sandalias me tomé el colectivo hasta el centro y llegué a un edificio de unos veinte pisos a la hora indicada. Al entrar en la oficina indicada en el cuarto piso salió a recibirme un muchacho vestido de traje de unos treinta y tantos años, alto y de ojos claros, con aspecto de deportista. Presentándose como Marcelo me saludó muy cordialmente invitándome a tomar asiento, pero no sé por qué noté algo raro en todo ese asunto. Dejé mi saco en el respaldo de la silla y me senté cruzando las piernas mientras sentía como su mirada me recorría el cuerpo de un extremo al otro, para terminar posándose inevitablemente entre mis pechos, como ya había supuesto. La entrevista se desarrolló con normalidad y luego de explicarme de que se trataba el puesto a ocupar me preguntó si estaba dispuesta a hacer horas extra para llevar a cabo "ciertas actividades". Como vi que se incorporo, también yo me levanté preguntando qué quería decir con eso. Sin más palabras me tomó la mano y la llevó a su abultada entrepierna, que apreté en señal de aceptación. Iba creciendo a medida que lo tocaba y lo movía a través del delgado pantalón, a la vez que él me desabrochaba la camisa y la dejaba en la silla. Yo me saqué el corpiño, dejando caer mis grandes tetas y mientras Marcelo comprobaba que no cabían dentro de su gran mano, me las apretaba poniéndome duros los pezones. La calentura me hizo besarlo, bajándome el cierre de la minifalda hasta dejarla caer al suelo al tiempo que él se desvestía totalmente con sorprendente velocidad. Ya sin bombacha y con las medias húmedas, estaba ardiendo completamente excitada. Lo hice sentar en su silla sentándome yo sobre él, contoneándome un poco y apoyándomela toda para humedecerme aún más. Sus manos recorrían mis piernas y subían hasta mis gomas, acariciándolas y apretándolas a medida que su excitación crecía debajo de mis caderas, calentándome del todo.

Después de unos minutos de jugar así no pude con mi calentura y me arrodillé delante de él, bajando el slip hasta descubrir lo que se escondía debajo. Tenía un grueso y colorado pito del que pendían dos grandes y duros testículos, colorados también. Al agarrarlo con la mano comprobé lo largo que era y lo duro que estaba. Sólo de verlo así tan cerca se me caía la baba y sin poder contenerme cerré los ojos y comencé a lamerlo y a comerlo despacio, acariciándolo con los labios en cada movimiento, tragándolo cada vez más hasta que su cabezota me llegó a la garganta. Lo saqué hasta la mitad succionándolo para volver a hacerlo entrar completo, chupándolo así algunos minutos hasta bajar a sus huevos. Los mojé con los labios y les pasé la lengua para luego chuparlos y dejar jugar a mi lengua con ellos. Busqué su enorme pija otra vez y se la mamé un buen rato mientras me metía los dedos en la cola, mojándome y preparándome para lo que venía. Cuando la tuve bien abierta me levanté, y bajándome las medias justo por debajo de las caderas me incliné sobre el escritorio con las piernas separadas, agarrando con las manos el borde opuesto para sujetarme y dejando mi ano abierto a su disposición.

Marcelo se me acercó por detrás tocándose el pito hasta apoyármelo, frotándose en mi mientras me acariciaba la espalda y parte de mis grandes y carnosos senos, ahora aplastados contra el escritorio.

Sentía su gran pija crecer y endurecerse todavía más, moviéndose entre mis nalgas buscando mi agujero, haciéndome desear. Apoyó su enrojecida cabeza sobre mi esfínter y presionó hasta abrirlo, ensanchándolo hasta el dolor para luego hundírmela de un envión a lo más profundo de mi culo. Su cabeza ya me tocaba fondo, pero aún doliéndome un poco se la pedí entera dentro del culo, y después de unos cortos movimientos me tomó de las caderas y me la hincó tan adentro que sentí sus huevos y mi ano como una sola cosa. Semejante empalada me hizo gritar de calentura.

Empezó con movimientos lentos y suaves, recorriéndome entera de principio a fin, gozando ambos de la estrechez de mi colita que cedía al paso de tan tremenda berga. Sentía como entraba entera hasta llenarme más de la cuenta, empujando para ir más allá, para luego salir despacio y volver a empezar. Marcelo se deshacía en expresiones de gusto y yo gozaba con los ojos cerrados, mordiéndome el labio del deseo, hasta que no aguanté y le pedí por más y más fuerte. Empezó a bombearme más duro y enseguida me encontré con la respiración acelerada y gimiendo, cogida muy a gusto.

Seguimos así sin parar un rato hasta que cambiamos de posición; fuimos hasta el sofá y él se sentó, sentándome yo sobre él. Una vez acomodada encima de Macelo apoyé la espalda sobre su pecho y puse los pies sobre el sofá abriéndome de piernas, dejándome coger.

El tomó su pito con la mano y comenzó a introducírmelo de nuevo por completo hasta quedar con toda la berga adentro. Tenía la pija muy colorada y dura como una piedra, por lo que no costó nada enterrármela otra vez. Retomó el ritmo de vuelta y seguía cogiéndome hasta gritar, mientras me agarraba las tetas con las dos manos. En ocasiones me apretaba los pezones penetrándome más duro, haciéndome gritar como loca. En plena culeada me incliné hacia delante y comencé a moverme yo subiendo y bajando con las caderas, clavándome ese gran trozo de carne dura como a mi me gusta para sentirlo de otra manera. Unos minutos después Marcelo sintió que ya no aguantaba, por lo que yo me puse de rodillas y tomándolo de una mano lo hice parar, con su pija justo delante de mi cara a punto de explotar. El avanzó un poco y yo escondí toda su tranca entre mis tetas, las que agarré de los costados y desde abajo, haciéndolas subir y bajar, fregándolo una y otra vez. No duró mucho así, ya que él mismo la sacó de ahí y ofreciéndole mis gordos pechos se masturbó hasta acabarme sobre ellos. Grandes gotas de un blancuzco pero caliente semen caían por todo mi pecho mojándome y esparciéndose hacia abajo, cubriéndolos casi por completo hasta caer al suelo. Lejos de secarse en mi piel, esas grandes gotas bajaban lentamente por la curva de mis senos hasta quedar pendiendo de mis pezones erectos, lo que aproveché para juntarlas con la punta de los dedos y, abriendo la boca y sacando bien la lengua, ponerlas ahí para tragármelas.

Al ver mis ansias de leche expresadas de esa manera, inmediatamente me metió la pija en la boca otra vez y yo seguí chupando hasta parársela otra vez, saboreando un poco que todavía le quedaba en la cabeza. A medida que mi lengua y mis labios acariciaban todo ese tronco de principio a fin, sentía como se endurecía más y más hasta quedar como yo necesitaba que estuviera. Suavemente le mordí el tronco y la cabeza, y tras comprobar que estaba como yo quería me corrí para atrás y me puse en cuatro patas, bien abierta y ligeramente inclinada hacia abajo. Con un poco de saliva en los dedos toqué mi culo hasta dilatarlo lo suficiente como para mostrarle a Marcelo su negro fondo, invitándolo a entrarme una vez más, dejando mi todavía estrecha colita a su merced para que me cogiera si misericordia. Se me acercó por detrás para montarme y sin perder tiempo puso su enorme cabeza sobre mi ano y empujó hasta hundírmela en lo más profundo, llegando a presionarme el fondo otra vez. Mi culo no estaba muy abierto todavía por lo que Marcelo me lo forzó un poco en su intención de tocar mis nalgas con los huevos; aún así le pedí lo mismo que la vez anterior, que presionara mi fondo y me diera un buen empujón para hacérmela sentir completa.

Me dio el gusto con un envión que me empaló, haciéndome sentir aún más esos gordos y peludos testículos, pidiéndole por más.

Solté un quejido medio ahogado con el segundo y con el tercero, y después de acomodarnos un poco empezó a bombearme con energía. Hacía entrar y salir su pito de mi culo a ritmo normal pero gozando cada centímetro y logrando que su berga hinchada se aloje por completo adentro como las primeras veces. Mi estrechez finalmente cedió, y cuando hubo logrado eso empezó a bombearme sólo con la cabeza, metiéndola apenas en mi colita y sacándola para repetir la operación unas cuantas veces más. El disfrutaba de mi culo apretándome los pechos y yo gemía como loca de la calentura sintiendo como mi ano se abría y se cerraba repetidas veces dándome sensaciones nuevas. Ardiendo de deseo no pude más y le pedí que me cogiera con fuerza y lo más adentro posible.

Tomándome fuerte de la cintura me la clavó hasta adentro haciendo el bombeo mucho más intenso y pronunciado, con un poco de dolor. Mientras yo gritaba y me estremecía de placer el seguía dándomela por el culo cada vez más fuerte, al punto de sentir como sus huevos me golpeaban las nalgas sin parar. Marcelo aumentó el ritmo aún más haciéndome gritar y disfrutar como una marrana en una mezcla de placer con algo de dolor, mientras mis enormes tetas se sacudían violentamente hacia delante y hacia atrás. Gozaba con los ojos cerrados y la boca abierta sólo para gritar y gemir por la fenomenal enculada que me estaba dando. Logró arrancarme tales sensaciones del culo que mis manos agarraban la alfombra con una fuerza terrible, dejándome los nudillos blancos y permaneciendo así por unos quince o veinte minutos, hasta que mis tetas se empezaron a hinchar terriblemente.

Me ardían los pezones a más no poder y grité hasta sentir un orgasmo que me reventó el culo de placer por la brutal cogida. Fue un orgasmo tan intenso que me duro un par de minutos por el bombeo constante. El también empezó a gritar mientras su pija se deslizaba dentro de mi con movimientos más rápidos pero más cortos, hasta que al fin tuve lo que tanto deseaba. Tan espectacular cogida hizo que yo siguiera gritando por la dilatación de mi ano y por la irritación que el pito de Marcelo me provocó, mezclándose los gritos de los dos alternadamente. La excitación había dejado su pija demasiado inflamada y ya estaba a punto de acabar cuando me la hincó tan adentro y con tanta fuerza que mi grito fue ahogado, dejándome con la boca y los ojos abiertos por la sensación.

Un largo y voluminoso chorro caliente de leche que parecía no tener fin comenzó a llenarme el culo, aún con la pija de Marcelo todavía adentro.

Rendida, me dejé caer hacia delante todavía en cuatro patas mientras él no paraba de descargar el espeso contenido de sus huevos en mi interior.

Mi culo estaba literalmente lleno, por lo que traté de moverme para que deje de penetrarme, pero no pude y todavía sentía los empujones y la leche saliendo por la eyaculación, hasta que unos segundos después paró.

Lentamente sacó la pija de mi maltratada colita y se paró detrás de mi con una sonrisa. Fue un orgasmo impresionante y la cantidad de leche que salió fue increíble. Mi culo se había tragado la mayor parte de toda esa leche, pero todavía quedaba una buena cantidad en él que no llegó a mi interior y comenzó a caer en chorritos hacia fuera. Rezumaba blancos hilos cada vez más gruesos hasta que en un reflejo, mi ano expulsó el semen a chorritos. Al ver como su esperma saltaba de mi ano de semejante manera, Marcelo se excitó tanto que me la metió en la boca. La chupé unos minutos y al final decidimos vestirnos.

Tras limpiarme como pude los pechos y la cola me vestía con lentitud por la tremenda enculada que había recibido, debiendo guardar mis medias todas chorreadas de semen en la cartera. Una vez vestidos nos despedimos cordialmente hasta el día siguiente, donde empezaría como su secretaria privada en el que fue el trabajo más gratificante de mi vida, sobre todo en las reuniones...



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