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2007-08-27 21:15:07
Hola, soy una chica de 27 años, mido 1.60 cm, trigueña, de cabellera larga y lacia, y de cuerpo digamos que normal, aunque sí debo decir que tengo un trasero bastante bien formado que heredé de mi madre; divorciada y con una hija de 10 años. En fin, este relato que voy a contarles es verídico, sucedió en el año de 1998, es decir, hace 6 años, cuando yo era una estudiante universitaria de 21 años.

Hola, soy una chica de 27 años, mido 1.60 cm, trigueña, de cabellera larga y lacia, y de cuerpo digamos que normal, aunque sí debo decir que tengo un trasero bastante bien formado que heredé de mi madre; divorciada y con una hija de 10 años.

En fin, este relato que voy a contarles es verídico, sucedió en el año de 1998, es decir, hace 6 años, cuando yo era una estudiante universitaria de 21 años.

Todo comenzó cuando, por la necesidad de mantener a mi hija, ya que desgraciadamente el padre de ésta fue un desobligado, tuve que buscar trabajo de lo que fuera, siempre que tuviera tiempo para mis estudios, pero no encontraba nada, hasta que un día una vecina me comentó que una amiga suya estaba buscando quien le ayudara con los quehaceres de la casa, lo que no me pareció mala idea y fui a verla; después de una corta entrevista y poner las condiciones de trabajo, fui contratada de inmediato, y cómo no si la casa era un desorden total, pero era de esperarse, ya que tanto la señora, como el marido, trabajaban; en fin, iba a esa casa 2 veces por semana, miércoles y sábados; cabe decir que dentro de esas condiciones también puse las mías en claro, necesitaría permiso de salir por las tardes a mi casa para ir a ver a mi hija y saber si ya había comido, ya que una vecina era quien se encargaba de recogerla de la escuela el miércoles, llevarla a casa y cuidarla mientras yo regresaba hasta anochecer, y los sábados se quedaba la niña con ella hasta que terminaba mis quehaceres, permiso que me fue concedido siempre que regresara a terminar mi trabajo, y aunque terminaba exhausta siempre me di tiempo para continuar mis estudios y hacer mis tareas.

El señor de la casa, en aquél entonces un hombre de aproximadamente treinta y cinco años, desde el momento en que llegué a la entrevista, me miró de una forma tan cachonda que me logró excitar y casi casi me moje la pantaletita, fue cuando supuse que le atraía, jaja, era muy excitante saberme deseada por un hombre después de que mi marido no me tocaba ni un pelo, e insólitamente se me vino una idea a la cabeza. El plan estaba trazado, por las mañanas iría como si nada, pues el señor se marchaba a trabajar, pero por las tardes, cuando él regresara y su esposa saliera a trabajar, me daría tiempo de hacerlo sufrir un poco, a ver si se animaba a tomarme entre sus brazos y hacerme suya, como lo había imaginado desde un principio, así que, aprovechando mis salidas para ir a ver a mi hija, me daba un baño y me cambiaba de ropa, vistiéndome a partir de esa hora con unos shorts diminutos, de esos que dejan poco a la imaginación, y una que otra licra ajustada a mi cuerpo para realzar mis nalgas, que como ya dije, es lo mejor de mi cuerpo.

No miento si les digo que al principio me pasó por la mente la idea de dejar todo eso y hacer aquello por lo que me contrataron, aseo, ya que cabía la posibilidad de ser descubierta por la dueña y que me corriera por andar de exhibicionista delante del marido cuando más necesitada estaba de trabajo y dinero, y por lo mismo pensaba en mejor apurarme a hacer mis labores para retirarme temprano y no hacer caso a los comentarios del señor acerca de lo bonita que me veía esa tarde y cosas por el estilo.

Un año completo pasó y la confianza que los señores depositaron en mí creció, provocando que me dieran más tareas a realizar, por supuesto que la paga era igualmente mayor, así que era genial, y entre esas nueva labores estaba el asear la planta alta de la casa. Al principio las cosas eran normales, pero conforme las semanas pasaban y en mi cotidiana labor de subir a asear las habitaciones, algunas veces llegué a notar que la puerta del dormitorio de mi patrón estaba entreabierta, estando él allí dentro, así que siempre que podía miraba de reojo y casi siempre lo descubría cambiándose de ropa, aunque eso de desnudarse con la puerta abierta yo suponía que lo hacía por descuido, pero era tan grande mi deseo de sexo, que di rienda suelta a mi imaginación, ¿cómo sería ser poseída por ese hombre tan apuesto en ese, su lecho conyugal?, y no saben, cada que regresaba a casa por la noche eran unas masturbadas fenomenales que me quitaban el aliento por minutos, al pensar e imaginar que seguramente el señor se pajeaba al verme recorriendo la casa moviendo mi culo, y eso, eso me ponía a mil.

Siguió pasando el tiempo, y seguía esperando a que el señor se decidiera a hacerme suya, cada que percibía su presencia en la casa, me hacía la que no lo veía y paraba más el culo, a ver si con eso era suficiente, pero como no veía que se fuera a animar tomé la decisión de dejar de vestirme como la zorra que me había estado sintiendo y vestir normal, como cuando iba a la universidad, con jeans ajustados, pero eso sí, sin dejar de hacer posturas sensuales al hacer mis labores, como desde más de un año lo hacía, quien sabe, igual y corría con suerte.

Fue entonces que en el mes de agosto, no recuerdo exactamente el día, después de haber regresado de mi casa y haber terminado mis labores y lista para retirarme, subí al dormitorio del señor y toqué a la puerta, que en esa ocasión estaba cerrada, avisándole, sin abrirla, que ya había concluido mi trabajo y que ya me iba, cuando de pronto se abrió la puerta y salió el señor, vestido solamente con un short ajustado, wow!, que vista, al parecer no traía nada debajo, por lo que se le notaba una verga bastante grande y bien acomodada de lado, y al verlo así, de frente a mi y no por una rendija de la puerta como lo había hecho anteriormente, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo y sentí como que se me doblaban las piernas, obviamente no apartaba la vista de su fierro para nada, hasta que él habló para decirme que me acompañaba hasta la puerta, y en ese lugar, casi para irme, me preguntó si necesitaba que se comprara algo que pudiera necesitar para la limpieza de la próxima vez, y como sí había esa necesidad, regresamos y nos sentamos a la mesa a hacer la lista. No podía concentrarme pues sólo pensaba en sexo, sexo y más sexo, de repente el señor hizo una mueca de dolor, por lo que rompió mi pensamiento, preguntándole qué es lo que le pasaba y pidiéndome que le hiciera un masaje, pues había sentido un dolor en el cuello, así que nos dirigimos a su habitación.

El se recostó en la cama boca abajo, con los brazos estirados a los costados, y yo comencé a pasar mis manos por su espalda y cuello. Por la postura en la que me encontraba me era difícil darle un mejor masaje, así que me senté en la cama, al lado de ese hombre, ah!!, que belleza de cuerpo, tocarlo, y al sentir esa cercanía que nunca se había presentado, regresaron los malos pensamientos, disfrutaba tocarlo e imaginaba ser poseída con lujuria, en ese momento él, con las manos en la posición en la que se encontraban, empezó a acariciarme los muslos por sobre el pantalón ajustadísimo, produciéndome una excitación, yo cerraba los ojos y disfrutaba que me tocara por fin; no escuché muy bien lo que me dijo en ese momento, ya que sentía que por lo caliente que estaba había perdido algunos de mis sentidos, así que únicamente le sonreí.

En seguida él se volteó y me besó apasionadamente, presionando sus labios con los míos, y fue cuando hice click!!, le metí la lengua en su boca profundamente; como él no tenía calzoncillos, sólo el short, la verga que había estado dormida comenzó a despertar, consiguiendo una erección de fantasía y por supuesto que se le notaba bastante, así que bajé mis manos y las metí dentro de la pequeña prenda que vestía, apretándole la verga con fuerza y sacándosela. Creo que él había deseado tanto ese momento como yo lo había añorado por mucho tiempo. Se sentó en el borde de la cama, se quitó el short y yo me arrodillé frente a él, tomando su fierro con ambas manos, e introduciendo ese pedazo de carne suavemente en mi boca cálida y húmeda, y comencé a chuparla con la fuerza que se había acumulado en todo aquel tiempo, pero bajé la intensidad de mi mamada para que no se fuera a venir, no aún, a ese hombre lo exprimiría más, me lo debía; entonces me pidió que lo dejara chuparme mi conchita, pero me negué; tonta de mi, por qué lo hice, no lo sé; pero me mató cuando con una expresión de despreocupación me dijo que no importaba, pensé: "este es un hombre de verdad que comprende a las mujeres". Eso me hizo sentirme más caliente aún y comprendí que debía premiarlo, así que me puse de pie y comencé a sacarme la ropa, comenzando por despojarme de la blusa, dejando así al descubierto mis pequeñas tetas pero con unos pezones obscuros y grandes, los que él chupó y mordisqueo como nunca nadie lo había hecho, ¡que sensación!, yo por supuesto gemía de placer, y queriendo ya sentir a mi hombre prestado dentro de mis entrañas, me dispuse a quitarme el pantalón, cuando tan atento me ayudó a desabotonarlo, y era tanto mi deseo que sentí que pasaba una eternidad para que esa prenda, que tanto me había ayudado para mi conquista, pasara por mis caderas y nalgas enormes y caer finalmente al piso, quedándome así sólo con una diminuta bombachita "colaless" en color negro, que dejaba ver mi frondoso Monte de Venus.

Sus ojos me recorrieron de pies a cabeza y me dijo que era una mujer única, pero qué más daba como fuera, lo que quería era ya que me la metiera, así que él, muy hábilmente me desprendió de mi bombachita apresuradamente con una mano, quedando completamente desnuda, mientras me metía los dedos de la otra mano en mi cueva húmeda y deseosa, qué placer Dios mío!!, mientras que también seguía chupando mis pezones bien excitados, y para disfrutarlo mejor me abrí de piernas para facilitar sus movimientos, unos cuantos segundos bastaron para que me llegara mi primer orgasmo de la tarde; y como toda buena zorra, se debe querer más cuando lo obtenido ha sido completamente placentero, así que le pedí que se recostara en la cama, boca arriba y con los pies colgando de la cama, y una vez así, casi de un salto me monté sobre él y con un rápido movimiento me metí su verga hasta adentro, lanzando un largo gemido, pero como sentía que él no debía acabar aún, le ordené, como la zorra que soy, que no se le ocurriera terminar, pues le faltaba mucho por darme, y no lo hizo, y yo, como una bestia en celo, comencé a hacer movimientos circulares rápidos, intercalados con pequeños saltos sobre su fierro que me tenía bien ensartado en mi vulva, que sensación!!, que rico es tener una verga enorme clavada en mi conchita haciéndome sentir las cosas que en mi vida había sentido. Después de un rato así, él me bajó y me pidió que me pusiera en cuatro, uy!, que pensará hacer este hombre, pensé, y por el estado de cachondez en el que me encontraba accedí a hacerlo, acomodándome cerca del borde de la cama y apoyando los codos sobre la misma, hundiendo de esta forma mi cabeza entre los brazos, supuse que lo disfrutaría como nunca, y para acrecentar mi goce, levanté más mi culo, arqueando la espalda, ofreciéndole un espectáculo inimaginable, ¡que zorra me debí haber visto, pero ni hablar, quería ser penetrada por un buen tolete y ese hombre me lo estaba proporcionando!. Entonces, con su verga dura e hinchada por la fricción de que había sido objeto en la otra posición, apoyada en la entrada de mi vagina, sobre mis labios vaginales chorreados con mis propios fluidos, sentí como la cabeza de ese miembro tan imponente se perdía con la ayuda de esos jugos, como se abría paso por entre mi cavidad y volví a sentir un orgasmo; cogimos como animales, él la metía casi hasta los huevos mientras yo cerraba mis ojos y pasaba mi lengua por los labios, disfrutando a cada momento de esa arremetida que me estaba dando.

No sé cuanto tiempo pasaría en esa postura, en verdad lo estaba disfrutando, nunca me habían poseído de a perrito y era grandioso, pues se estimulaba toda mi raja produciéndome dos orgasmos seguidos, pero como ya había decidido hacer caso a mi instinto animal, me dije, ahora es cuando, y estiré mi mano por entre mis piernas para tomar su verga y sacármela de la vagina, y tan lubricada y tiesa como se encontraba, la coloqué más arriba, apoyando el glande sobre mi ano, ese que supuse que mi cogedor había deseado tanto desvirgar, y al entender el mensaje, mi penetrador hizo un trabajo excelente, sin compasión alguna presionó suave pero firmemente, tragándomela todita sin ningún problema, aunque sí sentí un pequeño dolor que duró segundos, pero de inmediato sentí más placer del que nunca me había imaginado sentir y pensé que para eso había nacido, para ser penetrada por el culo, y comenzó el mete y saca, arreciando más y más sus movimientos, mientras yo le acompaña con el ritmo en mis caderas.

Después de unos minutos de estar siendo sodomizada, le grité que ahora era cuando se corriera, y sin dudarlo, me llenó de esperma el recto, ¡que sensación tan fantástica!, sentía como mi culo apretaba más como si quisiera exprimir por completo esa verga que por al menos una hora me llenó de malos pensamientos, lujuria, placer sin límite y lechita. Ambos terminamos exhaustos, tras haber obtenido yo al menos 5 orgasmos en una sola tarde y el uno, pero el mejor de todos.

Actualmente, aunque ya terminé la universidad y soy profesionista, sigo trabajando para ellos, durante las mañanas haciendo de mucama, y por las tardes de la zorra más puta de todas, a fin de cuentas a nadie se le niega una buena cogida. Pero he considerado cambiar de trabajo, he pensado en convertirme en acompañante ofreciendo servicio completo a altos ejecutivos para ganar más dinero haciendo lo que realmente me gusta, ser poseída por el culo, pero lo más importante, procurarle también una carrera universitaria a mi hija, que es lo que más amo en el mundo.

Autor: Anónimo


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