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2010-05-24 05:09:41
Una madura y atractiva ama de casa entabla una relación con el antiguo compañero de su hijo que la hace descubrir un fuego que nunca había ardido en ella. (Versión de algunos relatos de Merovingiox "Follada por un amigo de mi hijo")

Me llamo Patricia, tengo algo más de cuarenta años. Tengo 2 hijos, Manuel 16 años y Jorge de 13, siempre he sido una mujer bastante conservadora y apenas salgo de casa sin mi esposo ni mis hijos. Como no trabajo fuera de casa, empecé a ir al gimnasio hace ya más de 10 años, al principio iba sola pero varias de mis amigas se fueron animando y hoy solemos ir cuatro o cinco amigas todas las mañanas. Un día, me fije en que todas no dejaban de mirar hacia la zona de musculación del gimnasio. Cuando me acerqué pude ver un joven con camiseta de tirantes que estaba haciendo pesas, me lleve una sorpresa increíble cuando el joven que estaba de espaldas se dio la vuelta y se nos quedó mirando. El muchacho no era otro que Héctor, un amigo de mi hijo Manuel desde el colegio, era un poco macarra y aunque lo había visto crecer, habíamos perdido contacto con él hace dos o tres años, cuando nos trasladamos de barrio. Era dos años mayor que mi hijo y dejó los estudios para ponerse a trabajar con su padre de albañil. Se acercó a darme un par de besos y pude notar su cambio. Ahora andaría por los 18 o 19 años, sentí su pecho fuerte cuando me dio un abrazo. Al día siguiente me lo volví a encontrar.

La chispa

Hicimos varios ejercicios juntos, estuvimos hablando bastante rato de su trabajo, de mi hijo, del tiempo que hacía no nos veíamos, hasta que fue la hora de irnos a duchar. Me pidió el champú, me acerque a la puerta del vestuario y al abrirla me lo encontré de frente, llevaba una toalla anudada a la cintura y no pude dejar de fijarme en sn torso perfecto con unos abdominales marcados y unos brazos fuertes, le lance el champú desde la puerta sin darme cuenta de que sus manos estaban sujetando la toalla que llevaba puesta, al ver como el bote de champú se acercaba hacía él, levantó las manos para agarrarlo y la toalla que llevaba puesta se deslizó hasta el suelo, quedando completamente desnudo. No pude dejar de fijarme en su anatomía y centrar mi vista en su aparato que, aunque en estado de reposo, me pareció bastante grande. Al salir, Héctor me agarro de la mano y emprendió rumbo a la cafetería de enfrente de nuestro gimnasio, allí me invito a un refresco, yo llevaba un vestido corto que enseñaba mis piernas y mi escote y cada vez me estaba poniendo más nerviosa porque me daba la impresión de que no dejaba de mirarme el escote durante todo el rato. Cuando se levanto a pagar se acercó y me dijo que el vestido que llevaba puesto me sentaba fenomenal lo que me hizo confirmar que no me había perdido de vista durante nuestra charla. Aunque me parecía imposible, estaba empezando a pensar que ese chico coqueteaba conmigo, nos despedimos al salir de la cafetería y me fui para casa, al día siguiente no fui al gimnasio y apenas me acorde de él.

Unos sábados más tarde, mi esposo estaba fuera de la ciudad por motivos de trabajo así que le di a nuestra asistenta el día libre. A eso de las 13:00 terminé de ducharme, me sequé y salí del cuarto sin nada cubriéndome, ya que mis hijos estaban en la planta de abajo. Iba a volver a mi dormitorio, cuando se abrió la puerta de la habitación de mi hijo Manuel. Me quedé de piedra al ver a Héctor, me vio desnuda durante un par de segundos, hasta que entré en la habitación rápidamente. Cuando me miré al espejo, estaba roja y pude escuchar mi propia respiración. Mis pezones estaban duros como piedras, al tocarme uno de ellos noté un escalofrío. No podía creerlo, que Héctor me viera desnuda me había puesto caliente, me pasé un dedo por mi sexo y no pude reprimir unas ganas locas de masturbarme, algo que no hacía desde hacía bastantes años, pero aquella vez no pude reprimir las ganas de tocarme y mientras lo hacía no pude dejar de pensar en el cuerpo del amigo de mi hijo completamente desnudo. Cuando bajé, Manuel me contó que había invitado a Héctor para el fin de semana y que se le había olvidado decírmelo.

La llama

Estaba poniendo la mesa cuando Héctor entró en la cocina. Comenzó a poner los cubiertos cuando me soltó un comentario que me dejó helada: "el vestido que te has puesto es muy bonito pero estabas mejor como te he visto arriba". Noté cómo volvía a ponerme colorada y no dije absolutamente nada, tratando de actuar con normalidad mientras seguía poniendo la mesa. Cuando colocaba los vasos, lo sentí detrás de mí, se pego a mi culo mientras dejaba una jarra de agua, me di la vuelta muy nerviosa, se acercó aún más y me dio un beso en los labios, atónita lo separé de un empujón y le dije si se había vuelto loco. Me limité a quedarme quita contra la mesa sin saber qué hacer lo que aprovechó para bajarse hasta los tobillos el pantalón que llevaba puesto. Inconscientemente no pude evitar mirar su polla que en esta ocasión estaba dura como una barra de hierro, y apuntaba directamente hacia mí. Se acercó, me agarró por la cintura, me separó las piernas y se apretujó, sentándome en la mesa de la cocina, yo traté de empujarlo, traté de convencerle de que era una locura, de que mis hijos podían vernos en cualquier momento, pero aquel muchacho estaba fuera de sí y comenzó a acariciarme las tetas por encima del vestido. Comenzó a besarme sobre los labios, yo no abría mi boca pero al final, consiguió meterme su lengua, comenzó a besarme el cuello al tiempo que me iba quitando los botones del vestido hasta que mis tetas saltaron fuera, pues no llevaba sujetador; yo creía estar en un sueño y sería ridículo negar que estaba disfrutando con lo que aquel muchacho de 18 años me estaba haciendo. Me bajó los tirantes del vestido y lo enrolló a la altura de la cintura, siguió bajando su cabeza hasta llegar a mis bragas, trató de bajármelas pero yo agarré ambos lados y saqué fuerzas para pedirle que parara. Héctor me miro y con una sonrisa en sus labios y grito: "Manuel, ven un momento a la cocina que tu madre y yo no encontramos las cocacolas" Aquello me dejó de piedra, aquel niñato estaba jugando conmigo a su antojo y la sola idea de que mi hijo me viera en aquella situación me hizo soltar mis bragas, ante aquello, Héctor me susurró al oído que estaba mucho mejor para luego volver a gritar: "MANU, déjalo que tu madre y yo ya las encontramos". Me bajó las bragas de un solo tirón y las dejó tiradas en el suelo de la cocina Antes de que yo respondiera metió su cara entre mis piernas devorando literalmente mi coño, mi esposo era incluso más conservador que yo y jamás me lo había comido, de hecho alguna de mis amigas solía gastarme bromas con aquello diciéndome que no sabía lo que me perdía y aquel día comprendí que tenían razón. Sin poderlo evitar, el gusto que Héctor me estaba dando fue en aumento y yo estaba desatada, abría las piernas inconscientemente para que pudiera llegar mejor a todos los rincones de mi sexo. Sus labios jugaban con mi coño y sus manos pellizcaban mis pezones. Se incorporó de nuevo y pasaba su polla arriba y abajo por mi rajita, intentaba metérmela, pero con la poca fuerza de voluntad que me quedaba traté una vez más de separarle de mí. En ese instante venció mis defensas y me insertó, de golpe, casi la mitad de su polla. Volvió hacía atrás sacándola casi por entero hasta introducírmela entera. Sentí un gusto increíble cuando estaba completamente metida y eso que parecía que no me iba a entrar. Me sonrió y comenzó a moverse. No pude evitar comenzar a jadear. Aceleró sus movimientos y por primera vez en mis casi cincuenta años de vida supe el significado de la palabra follar. Y en ese momento, enrollando mi lengua con la del amigo de mi hijo y teniendo un orgasmo maravilloso sentí como un calor inundaba mi vagina, signo inequívoco de que Héctor se estaba corriendo dentro de mí. Estuvo unos segundos quieto permaneciendo en mi interior, luego se separo y se subió los pantalones, se agachó y guardó mis bragas en su bolsillo y yo bajé de la mesa como pude, me coloqué el vestido, y estaba arreglando la mesa justo en el instante en que mi hijo Manuel entró en la cocina. Aquello me hizo volver a la realidad. Durante la comida Héctor no dejó de mirarme y sonreír aunque mis hijos no se dieron cuenta de nada, yo seguía muy nerviosa, me sentía terriblemente sucia y culpable por lo que había hecho y estaba deseando que Héctor se fuera de casa. Cuando terminamos yo aproveche para decirles que estaba cansada y que me iba a mi dormitorio a descansar.

Llevaba unos 20 minutos dando vueltas sin parar, pensando en lo que había ocurrido cuando pude escuchar como la puerta de mi habitación se cerraba, abrí los ojos y lo vi. Se acerco a mí, comenzando a besarme la cara y el cuello, una vez más trate de separarme pero sabía que era imposible. Comenzó a pasar la lengua por toda mi cara, intentaba besarme, como había ocurrido en la cocina antes de comer yo cada vez mostraba menos resistencia, dejó de besarme y saco los tirantes de mi vestido y comenzó a sacármelo por debajo, me dejó totalmente desnuda sobre la cama ante sus ojos. Lanzo su cabeza contra mis pechos que empezó a chupar y mordisquear con gula, al tiempo que se bajó un poco los pantalones. Pude notar su polla dura contra mis muslos, sacó la cabeza de entre mis tetas y mirándome fijamente y sonriendo, la guió con su mano derecha hasta mi gruta y me la clavó de un solo golpe, a esas alturas yo me dejaba hacer, pero, a partir de ahí, llevé mis manos hasta el culo de Héctor y lo apreté contra mí, aquel muchacho era fuerte como un toro, movía su cadera arriba y abajo penetrándome por completo, me besaba con pasión como si fuéramos jóvenes amantes.

El fuego

Se abalanzó entre mis piernas para hacerme una comida de coño bestial, esta vez me era imposible reprimir mis jadeos y tuve que llevarme la almohada a la boca para ahogar el sonido, Héctor tenia su cabeza enterrada en mi coño y jugaba con mis tetas entre sus manos, estaba a punto de llegar al orgasmo cuando se detuvo, me quité la almohada de la cara y lo miré, estaba arrodillado en la cama mirándome. Yo no podía más, sabía lo que aquel niñato quería y lo logro, había roto todas mis barreras, ya no era la madre de su amigo, ni una fiel esposa, era una ramera que necesitaba polla y se lo dije. Me abrí de piernas todo cuanto pude y Héctor me tumbo en la cama y se metió entre mis piernas, yo cerré los ojos de gusto y él me pidió que lo mirara a los ojos mientras me follaba. De nuevo, hice lo que él me dijo y respondió clavándome de golpe la otra mitad de su estaca y comenzó a metérmela y sacármela sin darme ni tregua ni momento para adaptarme. Yo ya estaba totalmente entregada. Lo agarré de la cabeza y lo atraje hacía mi, quería besarlo, luego me puso a cuatro patas en la cama y comenzó a follarme por detrás como a una perrita, me pedía que mirara mi foto de boda que estaba en mi mesita de noche, le encantaba el morbo de la situación, me agarraba las tetas mientras me follaba y embestía cada vez con más fuerza.

Busqué una excusa ante mis hijos y no bajé a cenar.

A la mañana siguiente, Héctor me saludó como si no me hubiera visto desde la noche anterior. Pasé toda la mañana cachonda. Ya estaba entregada por completo a aquel muchacho y solo pensaba en que me follara una y otra vez.

Un rato después de comer a mi hijo se le ocurrió la idea de tomar un baño en la piscina, pero Héctor dijo que no tenia bañador y en ese momento tuve una idea genial. Les pedí que se adelantaran y que yo buscaría algún bañador viejo con Héctor. Mis hijos subieron a por sus bañadores y salieron al jardín mientras él y yo íbamos a mi habitación, saqué bañadores de mi hijo y le dije que eligiera uno mientras abría la ventana del dormitorio que daba al jardín y pude ver a mis hijos que ya estaban en la piscina. Se había puesto detrás de mí y pude notar como me bajaba los pantalones y las bragas hasta los tobillos y empezó a lamerme el coñito mientras me metía un dedito por el culo, aquello me pilló de sopetón, desde su posición mis hijos sólo podían ver mi cara por fuera de la ventana mientras su amigo me comía el coño y comenzaba a entrar con dos dedos por territorios hasta la fecha inexplorados. Héctor se levanto y noté la punta de su polla en mi ano, empujo y fue entrando poco a poco en mi culito. No dejaba de follarme el culo con maestría introduciendo cada vez más su polla, yo todavía sentía algo de dolor, pero intentaba controlar mis gemidos y mis gritos para que mis hijos no sospecharan nada, el placer era aún más intenso y Héctor metió sus manos por debajo de mi camiseta agarrando mis tetas mientras su polla seguía saliendo despacio y volviendo a entrar con lentitud en mi dolorido culo. Yo disimulaba con cara de satisfacción ante la piscina. Saco la polla, se puso el bañador y bajó corriendo, pude verlo saltar desde mi ventana donde me había dejado con mis bragas por los tobillos y su semen saliendo de mi culo y resbalando por mis muslos.

Salieron por la tarde a dar una vuelta y volvieron a eso de las 22:00. Héctor fue el primero en ducharse y bajó a la cocina donde yo estaba preparando la cena, sabía lo que quería así que esta vez no fue necesario que dijera nada, me acerqué hasta su paquete y empecé a masajearlo, conforme crecía su polla aumentaba mi excitación. Estaba a punto de correrse, cuando mis hijos bajaban la escalera; nos dio el tiempo justo para que él se sentara en la mesa tratando de ocultar su erección.

El incendio

Después de cenar, mis hijos se acostaron porque había que madrugar al día siguiente. Nos quedamos los dos viendo la televisión. Pasado un tiempo prudencial, me levantó del sofá y me quitó la camiseta y el pantalón dejándome únicamente con el sujetador y las bragas, Héctor cambiaba de canal, hasta que vio una película porno en la que un negro se estaba follando a una señora madura, la dejó en ese canal yla puso en silencio para escuchar si mis hijos se levantaban y salían de su dormitorio. Me agarró del cuello y me metió la polla en la boca, cuando sonó el teléfono, Héctor mira la pantalla y me dice que es mi esposo. Le digo que lo deje, que después lo llamaré y sigo chupando su polla, cuando veo que Héctor responde al teléfono activando el manos libres. Trato de levantarme pero Héctor me agarra de la cabeza con su mano y no me deja sacarme la polla de la boca. Mi esposo se extraña de que esté allí, pregunta por mí y él le dice que no puedo ponerme, porque tengo la boca llena, mientras hablaba, me había soltado el corchete de mi sujetador y comenzó a acariciar mis tetas, pellizcando mis pezones, yo le dejaba hacer, luego metió su mano dentro de mis braguitas y me acaricio la rajita, apunto estuve de gemir, luego se arrodilló en el suelo y bajó mis braguitas poco a poco por mis muslos hasta los tobillos para luego dejarlas junto al sujetador. A la vez seguía hablando. Después se despidió y me pasó el teléfono. Mi marido se extrañó de que estuviera comiendo a esas horas, yo seguía con el morbo y le dije que estaba comiendo un plátano, Héctor se excitaba aún más con mi conversación, metió su cabeza entre mis piernas y comenzó a lamer mi pubis, su lengua volvió a darme un gusto increíble jugando con mis labios vaginales y mi clítoris, me estaba haciendo gozar y yo cada vez tenia más difícil disimular durante la conversación con mi esposo que pronto me noto rara. Le dije que lo iba a dejar, porque tenía un vaso de leche a punto, lo que hizo que Héctor se excitara aún más. Se sentó en el sofá y me colocó encima, en esa postura era yo la que tenia que subir y bajar sobre su polla ayudada por sus manos que me agarraban fuerte de las caderas mientras el hundía su cabeza entre mis tetas. Me despedí de mi esposo como pude y colgué, me quede sentada sobre él, con la polla enterrada por completo en mi interior y comencé a besarle en los labios con dulzura, sus manos bajaban por mi espalda y me agarraban con fuerza del culo, se lamió los dedos y comenzó pasarlos por mi ano, haciendo círculos y metiendo la puntita. Yo fui bajando con mis labios por el cuello de Héctor, luego fui bajando por su pecho, me desenfunde su polla de mi coño y seguí besando su pecho, su estomago, su pubis hasta llegar a su polla que estaba durísima, la tomé por la base con mi mano y apoyé mis labios en la punta dándole un besito. Después mi lengua fue deslizándose por su miembro hasta llegar a sus huevos, volví a subir por el tronco hasta llegar a la punta de su polla, mis labios besaron su capullo como adorándolo, luego me fui metiendo su polla en la boca muy despacio, primero el capullo, jugando con mi lengua a su alrededor, luego hasta la mitad y luego un poco más, trate de llegar hasta el final pero era imposible tragarse por completo esos veinte centímetros de carne. Por segunda vez se puso detrás de mí, escupió en mi ano, apuntó su polla y me la metió de un golpe, sólo logró meter la punta pero seguía echando saliva en su polla mientras esta vez era yo la que iba echando mi culo hacía atrás deseando sentir su polla dentro, quería que aquel muchachote me enculara y tras la conversación con mi esposo mientras Héctor me follaba, ahora estaba más cachonda que nunca. Siguió empujando y comenzó a embestirme con fuerza como animado por las cosas que le había escuchado decir a mi esposo. Este chico lo hacía de maravilla, parecía un semental embistiendo a su hembra, las estocadas de Héctor eran increíbles y pronto paso de metérmela del culo al coño y del coño al culo, era increíble notar como sacaba su polla y no saber si me la iba a meter por el culo o por el contrario entraría en mi coño. Suplique a Héctor nuevamente, pero esta vez no lo hice para que me dejara, sino para que siguiera follándome de esa manera brutal. Tuvo que poner sus manos en mi boca para que mis gritos no se escucharan por toda la casa, me corrí de una manera increíble.

Me levante del suelo y le di la mano a Héctor, lo senté en el sofá, él no había terminado y quería agradecerle haberme hecho disfrutar como nunca. Me senté dándole la espalda y me fui metiendo poco a poco su pollón en mi coño, yo saltaba jadeante y sonriente sobre su polla mientras él me estrujaba las tetas. Héctor estaba a punto y yo sabia que era lo que más le gustaba, le eche a un lado y me arrodille ante el borde del sofá, rodée con mis tetas el pollón del amigo de mi hijo comenzando a pajearle con ellas hasta que estalló en mi cara.

Cuando me desperté a la mañana siguiente mis hijos me dijeron que Héctor se había marchado temprano y que les había dicho que me dieran recuerdos de él y las gracias por lo bien que lo habíamos tratado después de tanto tiempo. A la hora de la comida llego mi marido y yo me comporte como siempre, volví a ser la misma. Me apunté a otro gimnasio con la esperanza de no volver a ver a Héctor. Pasaron unos meses, pero ayer mi hijo me dijo que había vuelto a invitar a Héctor a casa y no supe o no quise decirle que no. Esta a punto de llegar y no sé lo que puede llegar a pasar en este nuevo fin de semana.

Autor: pardiez


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