
Se removió en la silla y me miró. Me toqué la bragueta para enseñarle el bulto de mi miembro.
Dejó al tela en el suelo y se apoyó sobre la mesa. Me puse detrás y levanté su falta. Se la metí y me quedé inmóvil. Las contracciones de su vagina eran la mejor follada que me habían hecho. Aguanté todo lo que pude para prolongar el placer, pero el orgasmo me derramó dentro de ella. Me quedé quieto hasta que perdí completamente la erección. Bajó su falta y un líquido blanquecino chorreó hasta su zapato. Se sentó y continuó con la costura.
Entre al baño y cuando salí, había llegado mi esposa. Estaban hablando de la jubilación de su tío y me sonrieron las dos. Los tres sabíamos que Loli tenía la regla.