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2011-09-01 06:49:08
Esto tuvo lugar hace mes y medio. Yo me llamo Felipe, tengo 25 años y, a falta de encontrar otra cosa mejor, trabajo de reponedor en una gran superficie comercial a media jornada. Aunque es un fastidio no ganar más dinero, me da para mis gastos, vivo con mis padres y me permite tiempo para otras actividades. El hecho de trabajar hasta los sábados me permitía igualmente librar muchos días entre semana. Pese a todo, no había tenido éxito en las diversas entrevistas de trabajo a tiempo completo que hice en los últimos meses.

Salía con mi novia Nuria, una chica bastante atractiva, de estas que todos giraban la cabeza para mirarla. Al final, me tocó a mí porque, como todas las mujeres, son ellas las que eligen. Y me eligió  a mí,  si bien yo, modestia aparte, me considero un tipo bastante atractivo, en el fondo creía que me había tocado la lotería. La realidad fue bien distinta. Poco a poco, ella fue enseñando la patita,  en forma de comentarios como "deberías tener otro trabajo", "o es una pena que no podamos irnos de vacaciones a París", "si fueras más ambicioso podrías dejar tu trabajo y buscar algo mejor", etc, etc. Aunque la quería, esos continuos comentarios me dolían porque aumentaban cierta sensación de impotencia, ya que no paraba de machacarme con ello pese a mis múltiples esfuerzos. No era el momento de grandes proyectos por la coyuntura económica,  y me sentía todavía joven para meterme en historias. Nuria me estaba enseñando la patita, enseñando su lado oscuro. Yo, como buen idiota enamorado, no me quería dar cuenta de muchas cosas, y me resistía a abrir los ojos. Ella es muy guapa y usaba sin piedad todas sus armas de mujer conmigo. En realidad, todo hay que decirlo, el sexo era la parte fundamental de la relación. Y en cuanto ella se puso en plan castigador en forma de "me duele la cabeza" u "otro día", me estaba presionando burdamente para conseguir lo que quería, le gustaba mucho poner las cosas al límite, con peleas incluídas, pero siempre se las arreglaba para que yo volviera al redil, bien saciando nuestros deseos carnales tras cierto tiempo de abstinencia, bien dándome palmaditas en la espalda o haciéndose la dulce inocente después de insultarme o echarme en cara no poder conseguir  la Luna. El palo y la zanahoria era una dieta que conocía muy bien, pero que se estaba desequilibrando en favor de la primera opción. Pero también afloraron muchas cosas, una de ellas que éramos dos personas muy distintas y además poco complementarias. Ni en gustos ni en costumbres coincidíamos. Estabamos ahí porque yo era el guapo y ella la guapa, pero más allá del elemento decorativo, cada vez compartíamos menos inquietudes, o mejor dicho, solo compartíamos bien la cama, y cada vez en menos ocasiones. Pero ella, por lo que fuera, disfrutaba haciéndome sufrir.  Y yo, en el fondo, seguía bailando a su son. 

Tenía un férreo control sobre mis amistades y sobre mi vida, incluso cuando nos peleábamos ella sabía donde y cómo estaba, ya que usaba los teléfonos a discrección, y normalmente desconfiaba de sus amigas, sobre las cuales había desarrollado unos celos bastante tontos, ya que ni una de ellas me gustaba, y no precisamente por ser más o menos guapas, sino porque eran todas de la misma calaña. Seres insoportables, obsesionados con su físico y un nivel de conversación más bajo que cualquier alumno de la ESO, aunque, eso sí, con pretensiones de princesa. Si bien nunca había sido infiel,  Nuria sabía que sus desprecios hacia mí  podían derivar en que yo me liara con alguna de ellas, ya que no era ningún secreto nuestras periódicas desavenencias, pero no sería con alguien de su entorno. Porque en el fondo, Nuria era como ellas, más guapa, más inteligente para usar sus armas de mujer, pero era lo mismo que ellas. Un ser vacío y manipulador. Lo estaba viendo, pero una cosa es ver y otra muy distinta querer asumirlo. Y yo estaba en esas.

En este contexto de confusión, recibí una llamada de Luis. Me preguntó si tenía la mañana libre, porque en su Comunidad de Propietarios sí hay piscina y suelo estar con ellos.  Yo tenía ese día libre, ya que estaba compensado porque había trabajado varios sábados. Me vino como anillo al dedo, ya que Nuria se había ido con su prima (una pija insoportable todo hay que decirlo), de compras prematrimoniales. Una forma como cualquier otra de decirme que la dejara en paz todo el día. Pensé que si algo bueno tenía la idiota de su prima, era que cuando quedaba con ella me dejaba un resquicio de libertad. Y si era para hacer compras previas a su boda mejor, porque les tendría casi todo el día ocupadas.

Me fuí a la piscina bañador en ristre. Pasamos una buena mañana, y me dijo Susana, su madre, que por qué no nos quedábamos a comer. El caso es que a su madre le veía diferente. Había perdido peso, llevaba un bañador bastante recatado, pero se le notaba la mejora, Desde el año anterior no la había visto, pero el caso es que se estaba poniendo bastante buenorra para su edad. Nunca fue una mujer fea, ni estropeada, salvo por algunos kilitos de más. Y tenía unos pechos bastante grandes. Había dejado el bañador por un bikini que, si bien le dejaba una barriguita relativamente pequeña, a sus 51 años se podía decir que estaba estupendamente. A juzgar por algunas miradas, no era tan invisible para los hombres como dicen que lo son las mujeres de mediana edad, pero sí suelen serlo para sus parejas, si bien no podía afirmarlo categóricamente porque su marido no estaba porque por motivos de trabajo estaría fuera tres días.

Susana nos hizo la comida, y por un descuido, se me manchó la camiseta con una copa de vino que había dejado muy en el borde de la mesa. Susana me dijo que no me preocupara.

-No te preocupes, que esto te lo lavo a mano ahora.

-No te molestes, ya iré a mi casa a cambiarme.

-Que no, que no, que te lo hago en un santiamén y que luego, con el  calor que hace esto se seca enseguida.

Me dejó mi torso desnudo, lo cual me daba cierto reparo, pero era una tontería, ya que ella me lo había visto justo antes en la piscina. Mientras Luis nos había dejado solos, ya que su novia le había llamado porque habían llegado unos amigos suyos de viaje, y ahora iban a quedar con ellos hasta la noche.

En un santiamén había quitado la mancha y ya la estaba tendiendo. Mientras nos sirvió un café y empezamos a hablar.

-Oye Felipe, ¿me vés más delgada?

-Si claro, estás estupenda.

-Tú sí que estás estupendo. Y querías estar con esa mancha de vino en la camiseta. Joer si estás mejor sin camiseta. Cada día estás más buenorro y más cachas. Se te notan las horas machacándote en el gimnasio.

-Gracias, por cierto, tú tampoco estás nada mal. Se te ve estupenda.

-Gracias, es que yo también voy al gimnasio y hago dieta. Ya estoy en la menopausia y necesito cuidarme el doble, porque luego vienen los achaques.

Ella, todo hay que decirlo, se había puesto una camiseta escotada que le hacía enseñar un canalillo de escándalo. Empecé a verla como algo deseable. Estábamos solos y sin posibilidades de que nadie nos viera. Pero era la madre de mi amigo, estaba casada, yo tenía novia (todavía). Pero por lo demás, me sentía cómodo, por no decir que como un pavo real.

Empezó a toquetearme los bíceps, los hombros, los abdominales. Yo me dejaba. Ella se hacía la inocente, pero el morbo se estaba apoderando tanto de ella como de mi.

-Tu novia es una chica afortunada. Si yo te tuviera para mí sola. uff.

- Anda que si nos vieran, que iban a pensar.- Dije yo para disimular un poco, ya que aunque estaba ya calentorro, quería guardar las formas.

-Que piensen lo que quieran. Porque ver, no creo que vean nada- En ese momento, ella se puso más agresiva, me agarró del pene, que ya estaba totalmente erecto, me miró fijamente un par de segundos y nos besamos.Ella se quitó la escotada camiseta y ya solo enseñaba el minúsculo sostén que dejaba sus enormes tetas al  casi descubierto.

¿Te gustan, cariño?

-Sí claro, son una auténtica ricura.

-Chúpamelas cual niño de pecho, venga. Que rico... cómo me gustas Felipito, Me gustas de siempre, pero te veo tan buenorro ahora, que no puedo resistirme más. Chupa más, cariño, hazme sentir una mujer como llevo años sin sentirlo.

-Lo que quieras y más allá, querida.

-Ya sabes a donde vamos a ir ahora.

Me llevó a su lecho matrimonial, lo cual dió mas morbo al asunto, y empezamos a follar sin piedad y a pelo.Empezamos cabalgándome a mí, cual yegua en celo, con un hambre descomunal de sexo. Quería dejar claro que ella quería tomar las riendas, a pesar de su aparente inocencia de maruja. Sabía lo que quería y cual era el camino. En la cama se movía mucho más ágilmente de lo que podía parecer, poseída y potenciada por un deseo largamente reprimido y que tenía que salir en ese momento. De su coño no paraba de salir líquido, y finalmente consiguió llegar al orgasmo. Tras sus suspiros, no le dí tregua y seguí follándomela unos segundos más hasta correrme yo dentro de ella.

-Oh Dios, menudo polvo me has dado, so cabrón. Me vas a hacer echarte de menos. Y no sé cuando podré.

-¿Puede ser ahora mismo?- Le dije enseñando mi polla que en un santiamén había recobrado todo su esplendor.

-Sí, sí.

-Pues ponte a cuatro patas.

Echamos un polvo todavía más salvaje que el anterior, se corrió dos veces y ella estaba al borde del colapso. Me encantaba su coño, siempre húmedo, si no hubiera sido por eso probablemente hubiera sufrido un desgarro vaginal esa misma tarde.

Acabó la tarde en éxtasis, y con cierto pesar por mi parte, tuve que decirle que tenía cita con Nuria y que es mejor que no nos pillaran. Me dijo que tenía un piso que alquilaban a estudiantes y que se acababan de ir, que podría ser el nidito de amor. Y efectivamente así fue.

Por mi parte, tras la primera semana de sexo ininterrumpido con la mamá de Luis, empecé a ver las cosas claras. Mi novia podría ser lo guapa que fuera, pero no me satisfacía tanto como ella. No quiero decir que Susana fuera una relación formal ni su sustituta, pero el tener un coñito asegurado potenció algo que debí hacer hace tiempo, y es cortar con Nuria, ya que no me hacía falta para nada, es más, estaba comiéndome la autoestima, cosa inconpatible con su complejo de superioridad.

Esto decolocó a mi ex. Pensó (acertadamente) que me había liado con alguien, pero no sabía de donde. Pero ella no se podía ni imaginar con quien la había corneado primero y ayudando a abandonarla después. Y no me apetecía que descubriera mi  nuevo chollo sexual ni por mí, ni por ella, ni por mi amigo Luis.

Pero mi salida fue maquiavélica. El haberme follado a una mujer casada me hizo sentirme más poderoso. Para postre al poco se me insinuó una amiga suya, a la cual nunca le hice caso y que se había enterado de que ya estaba libre.  Era una de las amigas más tontas que tenía, que acababa de enterarse de mi ruptura con Nuria, y aposta me la ligué en un lugar público sin discrección alguna y posteriormente corté sin problemas. Nos  vieron conocidos y ella tardó en enterarse apenas unas horas. Aparte de cuatro insultos sobreactuados, no tuve más problema. Su amiga simplemente quería acostarse conmigo, y teniendo en cuenta el superficial concepto de amistad que tenían las dos, en el fondo no creo que le importaran pelearse entre sí. Pero sí me facilitó que ella se olvidara de mí y yo de ella.

Por ello todavía sigo follándome a Susana sin que nadie más se de cuenta. Ella no me pedía fidelidad, yo tampoco, pero bien que lo estamos disfrutando cada día, en horas en las que nadie sospecha. Ni siquiera los vecinos, ya que en nuestro nido de amor tenía un piso contiguo en obras que ocultaba todo el ruido que nuestros continuos orgasmos provocaba. Ahora el nuevo curso académico está a punto de comenzar. Pero ya se nos ocurrirá algo para seguir disfrutando.

FIN.



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