El siguiente relato es el primero de una serie que cuenta la experiencia que tuve con una madurita hace un tiempo.
Primero, empezare a contarles de Eliana, ella es una vecina que atiende una tienda cerca a mi casa, siempre me ha parecido una mujer deliciosa. Ella debe estar alrededor de los 40, es alta, de pelo negro, con cara bonita, aunque se notan algunas arruguitas al lado de su boca, tiene unos senos bonitos, y tiene un culo riquísimo, pero un tremendo culo, además de que siempre se pone pantalones ajustados, que se le marcan en su chocho y en la rajita del culo, también debo decir de ella que es casada y tiene 2 hijas, cabe agregar que ambas están deliciosas, supongo que debido a su madre, pero bueno eso no importa ahora.
Yo siempre me paso varias veces a la tienda a comprar bobadas como dulces y eso, a veces ni siquiera compro nada, solo para verla, y verle ese culo, además, hablo mucho con ella por lo mismo que siempre voy a la tienda.
No sé, en esos días creía que ella como que me coqueteaba, a veces me decía que era atractivo, a lo que yo le respondía igual, pero en tono de juego, además, ella es un poco, no sé cómo decirlo, burda al hablar, pero no me malentiendan, es solo su forma de ser, no quiero insultar a mi “musa” deliciosa.
En fin, este relato empieza uno de tantos días en los que fui a la tienda, esta vez a comprar unas verduras que necesitaba, como siempre, Eliana me atendió muy cordial como de costumbre, yo le pregunte que si tenía x verdura (ya ni me acuerdo que era), ella me dijo que si y que ya me la daba, yo le dije que la tomaría yo mismo, pero ella insistió en dármela, porque iba a escoger una fresca para dármela.
Resulta que la verdura estaba en el aparador del pasillo de la tienda, en una canasta en la parte más baja y Eliana tenía que agacharse para tomarla, entonces quedaría entre el aparador y yo.
Yo estaba algo disperso, así que me tomo por sorpresa cuando ella se agacho casi sin doblar las rodillas alzando su fenomenal curo al aire para que yo lo viera.
No podía creerlo, ella solo meneaba ese culo buscando la verdura, mientras yo tenía la erección más brutal en este mundo, fue casi involuntario empezar a sobarme por encima del pantalón
Eliana: mmm, una fresca… ya te la paso, mi amor.
Yo: Tómese su tiempo doña Eliana (sin dejar de mirarle el culo)
Ella se quedo ahí largo rato, mientras que yo me acercaba lentamente, pero cuidándome de no tocarla, cada vez me acercaba más y más.
Entonces de repente, Eliana dio unos pasos hacia atrás y me toco con su culo, yo estaba paralizado pero creo que a ella no le importaba que la tocara, luego de unos gloriosos pero aterradores instantes, ella se enderezo como si nada y me dio la verdura.
Yo: gracias. (Dije tímidamente).
Eliana: No hay porque, mi amor (y me acaricio la cara, regalándome una sonrisa)
Pague, y me despedí, rápidamente llegue a casa, luego al baño y me quite los pantalones para pajearme, pero no fue sino que me tocara para correrme, estaba a 100, no podía sino pensar en doña Eliana y su culo fenomenal, sin lugar a dudas mi vecina se me había insinuado y tenía que aprovechar.
Hasta aquí dejo este relato, después contare más cosas que pasaron con Eliana, por ahora me despido, sigan disfrutando del sexo.