Ana, a la que debías múltiples favores y con mucho poder para causarnos problemas, llamo a mi mujer para hablar con ella y pedirle que le ayudara en asunto que tenía pendiente. Ayudara, así lo llamaba ella, pero no era más que ponerse a su disposición para cualquier asunto, normalmente de ámbito sexual, unas veces más sencillos y otras algo desagradables. Pero no nos quedaba más remedio si queríamos mantener el status al que habíamos llegado. Gracias a Dios solo nos quedaba poco por vivir en la capital, y no veíamos el día de volver a nuestra ciudad. La conversación con nuestra amiga fue corta, pues ella iba con su marido a la sierra a pasar unos días de descanso y solo le dijo que tendría que ponerse a disposición de su amigo Roberto. Y él le indicaría lo que tenía que hacer. Poco más le dijo, la conversación se entrecortaba hasta que se perdió, y los posteriores intentos fueron vanos. Apenas le dio tiempo a apuntar la dirección y la hora a la que tenía que estar.
Cuando llego a casa y me lo conto, la note algo enfadada por no saber donde se dirigía pero al tiempo ilusionada por la nueva aventura. Es difícil de explicaros como se sentía. Quería pero no quería. Complicado.
Sonreímos y nos besamos intensamente, subimos a nuestra habitación y estuvimos haciendo el amor con suma ternura durante más de una hora.
Mónica se ducho, se maquillo y eligió un traje de chaqueta y pantalón con una camisa ancha, sin intención de marcar sus formas. Tomamos juntos un café y le desee suerte. Agarro mi coche y fue a buscar al misterioso Roberto.
La dirección que le dijeron era de una mansión enorme, como no. Llamo al timbre, dio su nombre y la puerta se abrió, entro con el coche siguiendo las flechas hasta llegar al parking.
Este tipo de casas impresionan aunque últimamente estábamos acostumbrados, debido a nuestro circunstancial tipo de vida junto a los potentados de la ciudad, en realidad empezaba a incomodarnos tanta frivolidad, mentira, tratos de favor e hipocresía que había en el ambiente.
Llamo a la puerta, tardaron en abrirle, lo hizo una chica elegantemente bien vestida, de unos 40 años, era la secretaria de Roberto, saludo amablemente.
Entro en un cuarto con mobiliario de vestuario. Si que empezaban rápido las cosas, nada más entrar tener que desnudarse. Pensó Mónica. Como ya estaba acostumbrada a este tipo de acciones cuando venían de nuestra "amiga" Ana, no se lo pensó, se quito toda la ropa, la guardo en una de las taquillas de ellas y espero sentada en un banco. Al poco tiempo llego de nuevo la secretaria.
Mónica totalmente desnuda siguió a la secretaria por la casa, atravesaron el pasillo y entraron a una habitación a modo de sala de espera. Ante su sorpresa, allí esperaban otras tres mujeres, también desnudas. La secretaria le indico que se acomodara; Mónica saludo y se sentó en uno de los sillones.
Vaya situación, pensó. Todas aquí desnudas tan naturales como si esperaran el turno del médico. Mónica estaba un tanto mosqueada, ¿de qué va esto? Odio las sorpresas de Ana. Siempre acaban mal. Además mira a estas, si son mucho más jóvenes que yo, ¡Que cuerpazos!
Efectivamente, las tres eran más jóvenes que ella, estarían en torno a los 25 años. La primera era una morena alta, muy guapa, de ojos marrones, anchas caderas, la segunda una rubia de bote de pecho siliconado y esbelto culo, ambas tenían unas bonitas tetas pero no excesivamente grandes. La última era más bien de su altura, con una nariz aguileña, muy curiosa, un pecho pequeños pero muy bonito, que coordinaba muy elegante con su delgado cuerpo y sus finas piernas.
Se abrió la puerta de la habitación contigua y salió otra chica totalmente desnuda, con aspecto de ser del este de Europa, ojos azules, rubia natural y pecho turgente. Caminaba erguida, muy atractiva, paso por delante de todas sin decir nada y salió por la puerta de entrada.
La secretaria, nombró a alguien, la morena se levanto presumida, sus piernas largas, sobre altos tacones le daban gran seguridad, hizo una mueca de desprecio a las demás y forzando el contoneo de sus nalgas entro al despacho.
Mónica permanecía sentada con las piernas cruzadas, sus pechos abundantes se chafaban sobre sus rodillas, estaba nerviosa, no se le ocurría, a que se debía esta espera, esas chicas desnudas, calladas, sin decir nada. ¿Qué pasaría dentro? ¿A qué se debería esta extraña reunión?
La secretaria volvió a salir, al abrirse la puerta, Mónica desde su sitio pudo ver perfectamente el gran culo de la morena que estaba en el suelo a cuatro patas, aunque intento fijarse, no vio más, pues la secretaria cerró con rapidez la puerta de la habitación. Tenía que seguir esperando.
No se había sentado la última, cuando de dentro salió la morena con cara de enfado, atravesó la sala y salió como un torbellino. Poco después entro otra.
Mónica no pudo quedarse callada, estaba nerviosa ante la situación, las chicas tan guapas y ella con esas tetazas, su barriguita y sus muslos con celulitis. Quería saber algo más, y le pregunto a la rubia, que se mascaba chicle de forma repúgnate, moviendo la boca y haciendo ruido.
La situación era un tanto extraña, las dos conversando en medio de aquella sala, con las vergüenzas al aire y la sensación de estar siendo observadas.
Mónica entro al despacho, Roberto (tenía una pinta de gánster, camisa desabrochada hasta el segundo botón con los pelos del pecho al descubierto, una barba de un día y acabando un pitillo) tendría algo más de 50 años, estaba sentado tras su mesa, ella permaneció de pie en frente de la mesa de Roberto, que la miraba con atención. Estaba totalmente desnuda sus enorme melones, sus rollizos muslos, su delicada barriguita y su trasero delante de un individuo que la miraba como si fuera un trozo de carne, una más, mostraba sus intimidades a un palurdo al que no le importaba absolutamente nada, tenía que tragarse su vergüenza, intentaba mostrar seguridad con los brazos en jarra, imponente con su par de atributos pectorales que colgaban al aire intentando elevarse, su trasero redondo y respingón con su leve celulitis incorporada. Después de ver a las otras chicas se sentía inevitablemente inferior, menos atractiva pero orgullosa de sus lozanas carnes. Sonrió, como si fuera importante, como si de verdad importara, era una sonrisa dulce, de niña buena.
Roberto con tono de superioridad, sin el mínimo respeto, sin alzad la vista a la cara, claramente fijándose en las dos melones que tiene mi mujer por tetas.
La secretaria saco un metro y midió contorno de pecho, 120, cintura, 80 y caderas 100.
Mónica se temió lo peor. Roberto se levanto de la silla y se sentó sobre la mesa.
Apenas se había levantado cuando noto como las aguerridas manos se desplazaban por sus enormes melones.
Continuaba sobándolas con ambas manos en forma de pinza, para pasar a pellizcar y retorcer los pezones.
Luego la apretó contra él y deslizo una de sus manos para apretar las nalgas mientras la otra permanecía jugueteando el pecho derecho. Parte de la ceniza del puro cayó sobre ella. Se sentía atrapada entre las bruscas manazas que intentaban abarcarla
Dejo de restregar sus melones, le dio una palmada en el culo que hizo brincar sus pechos como balones. Volvió a su mesa, agarro un lápiz y escribió sobre un papel un par de frases, miro su reloj e hizo una llamada de teléfono para confirmar la hora
En ese momento entro Luisa, con la ropa para que se vistiera.
Esta vez la misteriosa visita era en un centro de oficinas. Llego poco antes de las seis, la recepcionista la hizo pasar y sentarse en un precioso hall minimalista en el que tuvo que esperar más de media hora hasta ser recibida. Al menos aquí no había que desnudarse pensó. La hicieron pasar a un gran despacho, donde un señor la recibió amablemente.
Mónica estaba nerviosa, no sabía que podría ocurrirle, que cosas raras le pediría. De todas formas no iba a soportar algo que no le gustara, ni le pediría nada raro estando en una oficina. Ya imaginaba como mucho una mamada que intentaría cambia por una cubana, para eso confiaba en el atractivo de sus generosos pechos, a lo sumo se la follarían sobre la mesa o el ridículo sofá del fondo. Interrumpió sus pensamientos el señor.
Así lo hizo, sin levantarse de la silla, se saco la chaqueta, se desabrocho la camisa y se soltó el sostén, sus grandes tetas se desplomaron, quedando en topless delante de señor.
Se levanto y se acerco a tocarlas con ambas manos.
Se bajo la bragueta y saco su polla delante de la cara de ella. Mónica la agarro, estaba claro que quería una mamada, pero ante su sorpresa, enseguida, el hombre le dijo.
Mónica tenía la polla del hombre delante de su cara, era pequeña y flácida. El hombre comenzó a sacudírsela con la mano derecha mientras con la izquierda le tocaba una de las tetas. Al pene le costaba ponerse duro pero el proseguía con sus manotadas. Ella estaba quieta, atónita ante lo que estaba viendo. Sus grandes melones que colgaban al aire hasta su ombligo seguían siendo palpados con desorden.
Decía mientras continuaba pajeandose frente a las redondas y enormes ubres.
Mónica se las agarro y se las froto con ambas manos. Se magreo los pezones y las hizo botar delante de él.
Lo hizo como ordeno, se inclino arqueando la espalda 90º frente a él mostrándole todo el culo, sus pechos quedaron colgando hacia abajo. El hombre continúo su trabajo manual contemplando la postura de mi mujer con el culo en pompa y las tetas colgando como las ubres de una vaca. Paso la mano por el culo y luego la dirijo al pecho colgante y lo apretó. El hombre comenzó a sudar y a ponerse rojo y en cada momento aceleraba la mano buscándose el miembro el máximo placer. Mónica no entendía como se conformaba con eso y no quería follarla.-"que extraño" pensó.
El hombre no dejo de meneársela hasta que noto que se iba a derramar. La hizo sentarse y borboteo el semen sobre ella, dejándolo caer en el canalillo de sus domingas. La masa blanquecina cual rio circulando entre unas enormes montañas se derramo hasta el vientre.
El hombre suspiro del gusto que le reporto su masturbación. Le dio las gracias y la hizo vestirse. Mónica saco unas toallitas de su bolso y se limpio el espeso líquido que había llegado hasta su entrepierna.
Mónica se abrochaba la camisa cuando alguien entro abriendo la puerta bruscamente, con decisión un joven hizo aparición como un torbellino, era un el hijo, un chico muy bien vestido con traje y corbata de buena planta tendría no más de 30 años.
Claramente se había dado cuenta de la situación.
El hombre espero a que Mónica acabara de arreglar su ropa, se despidió de ella, rogándole la máxima discreción y que disimulara al encontrarse con su mujer.
Así lo hizo, fue muy prudente, se cruzo con la mujer y el hijo con un saludo en voz baja e intento salir en silencio. Pero fue el chico quien la detuvo.
Ambos salieron del despacho, mientras circulaban por el largo pasillo hacia la salida, el chico se detuvo y le dijo.
Mónica no sabía que responder, si sentía presionada, sin tener todavía claro de que iba la historia. Ella solo había venido a devolver un favor y se encontraba presionada por alguien a quien no conocía. Pero no se arrugo.
A ella le encantaba el papel que el niñato estaba representando, estaba claro que le apetecía follar y no sabía cómo decirlo. Había entrado en un juego divertido
Entraron en un despacho adjunto. Nada más entrar el chico se volvió se bajo la cremallera y le dijo
Mónica sonrió. Estaba claro. El chico se moría de ganas de follar. Menudo niñato, pensó. Pero de pronto recordó la charla en el despacho de Roberto y la película, le parecía todo tan ridículo que por un momento miro alrededor suyo por si había alguna cámara.
Mi mujer se arrodillo ante él y se la metió en la boca, comenzó a chupársela, con reticencia, nunca le ha gustado hacerlo, le clavaba algo los dientes en la punta y le molestaba.
Ella lo hizo mientras el saco del cajón de la mesa un condón y se lo enfundo en su enhiesta herramienta, puso a mi mujer contra la pared. Le bajo pantalones y bragas hasta sacárselos sin respetar los zapatos de tacón que rasgaron parte de la tela. Mónica, pasiva, se dejo hacer, al encontrarse sin la parte de abajo abrió bien las piernas, no quería complicaciones, cumpliría y se acabo, su culo respingón quedo ante el chico, lo palpo hasta encontrar la vulva, no estaba muy húmeda, pero no le importo. Ansiosamente apunto su rabo al agujerito y lo introdujo sin compasión, como un animal en celo busca clavar su pene y fecundar a la hembra, directo.
No quería perder el tiempo con jugueteos, buscaba un buen coño el cual penetrar y descargar su tensión sexual. Era un bruto, no tenía mucha delicadeza, se le notaba más que un buen amante un experto putero.
La follaba por detrás golpeando su pelvis contra el flácido culo intentando no hacer mucho ruido, pero el roce con las mollas lustrosas de mi esposa le daba un extraordinario placer que le obligaba a penetrarla con más fuerza.
La tenía ante él, penetrándola con avidez, buscaba correrse pronto y volver a reunirse con su familia, por lo que no se había dado cuenta potente tren delantero de mi esposa y lo que se estaba perdiendo hasta que casi por accidente las rozo al levantar la mano. Mientras proseguía con sus movimientos hundiendo el falo en el molloso culo le agarro el par de tetorras envueltas en el brasier y siguió golpeando sus nalgas acompasadamente.
Saco la polla de la retaguardia, quería contemplar los ejemplares que acababa de palpar. La volvió hacia él y le abrió la camisa rompiendo los botones. Le saco las tetas por encima del sujetador, sin desabrocharlo. Los pechos quedaron descubiertos sostenidos por el aro. Y empezó a chuparlas con ansia al tiempo que las agarraba con fuerza. Ella estaba entregada, mientras se divertían con sus tetas, le agarro la polla dura como un hierro y se la sacudió con suavidad buscando su glande. El chico se emociono más y se la metió hasta el fondo. Ella estaba sentada sobre un mueble con la camisa abierta y las tetas colgando. Recibiendo las embestidas de un niñato, que le importaba más follar que haber quedado con su madre.
Estaban copulando sobre una cajonera pegada a la pared, Mónica sentada con las piernas bien abiertas, los pechos moviéndose como flanes de un lado a otro y el, apretándole los muslos. Estaba tan centrado en el mete-saca y con fijación en los melones que no podía albergar con ambas manos que no se dio cuenta que sus padres, buscándolo, habían abierto la puerta y miraban la escena.
Al verlos se altero y saco su polla erecta del interior de mi mujer, ella se recompuso como pudo e intento salir corriendo, pero el señor la detuvo.
Volvió a casa, emocionada y confusa, me lo conto todo, y estuvimos riendo un buen rato. Me puse tan cachondo que le pedí hacer lo mismo que el señor del despacho e imitándolo me masturbe delante de ella, pero no pude evitarlo y acabe metiéndola en esas tetazas que me vuelven loco, dejándole mi leche entre ellas.
Para que vean que las historias no solo acaban con una corrida, les diré que el padre después de la escena del despacho, ha echado a su hijo de casa y ahora trabaja de guardia de seguridad en unos almacenes.