Porno Galerias Gratis Foro Contactos Gratis Videos Porno Fotos Porno Juegos Relatos Eroticos Porno Gratis SexShop Webcam Porno
   






Edad &

Crea tu perfil y conoce gente cerca de ti

ZONA PRIVADA DE MACIZORRAS




 

Webcam Porno

Webcam Porno


2010-07-13 04:11:03
Era abril del 2006. Por aquel entonces tenía 20 años y me encontraba cursando 2º de bachillerato en un colegio privado de Barcelona. La genética había sido generosa conmigo, otorgándome una bonita melena rubia oscura, unos grandes ojos verdes y unos carnosos labios. Además, me había desarrollado pronto y mi cuerpo ya era el de toda una mujer, 1’76 de altura, generosos senos y un culito pequeño, respingón y muy prieto.

Seguramente quedaré como una creída, pero sin duda era la reina de mi curso, y seguramente del colegio (un año después fui ‘coronada’ como Mis Belleza y Miss Sonrisa en la fiesta de graduación). Cada vez que caminaba por los pasillos notaba como los chicos me recorrían de arriba a abajo, y de delante hacia atrás. Cuando hablaba con ellos les costaba mantener la mirada fija en mis ojos, y cuando un profesor me hacía salir a la pizarra, todos callaban y empezaban a prestar atención a lo que sucedía en la tarima, después de haberse pasado la clase hablando sin hacer caso al profe de turno. Y ya que hablo de ellos, los profesores (especialmente el coordinador de Bachillerato, un hombre ya bastante entrado en años), pese a ser más mayores y tener las hormonas menos revolucionadas, tampoco podían evitar sucumbir a mis encantos, echándome alguna que otra miradita no muy inocente.

Lejos de ofenderme, yo potenciaba esas situaciones. Me gustaba sentirme deseada y admirada, excitarlos y que se pasaran el día calientes, ansiosos por llegar a casa y descargar todas sus ‘tensiones’. Para lograrlo, además de disponer de mis dotes naturales, vestía de forma bastante provocativa, sin llegar a ser una vulgar zorra. Lo más habitual eran unos jeans bien apretaditos y camisetas de tirantes (especialmente en meses de calor, como en el que nos encontrábamos), también ceñidas y un poquito escotadas, pero sin pasarse. Lo justo para que se pudieran crear una ilusión de cómo debían ser mis pechos. Al caminar por los pasillos trataba de hacerlo de forma natural pero sexy, balanceando mi trasero de forma sensual, y cuando me inclinaba a preguntar algo a mi compañero de pupitre, a los de los pupitres de detrás, o al profesor de turno, procuraba que mis pechos "chocaran" el uno con el otro, para ensalzar el escote. Se podría decir que era bastante calientabraguetas, ya que aunque había tenido relaciones, nunca había sido con nadie del colegio, las principales ‘víctimas’ de mis provocaciones.

En el colegio las cosas me iban bien, y fuera de él aún mejor. Vivía en el seno de una familia de cuatro con mi padre Carlos, mi madre Eli y mi hermano Fer, dos años menor que yo (cursaba 3º de ESO en el mismo colegio que yo). Mi relación con todos ellos era muy buena, especialmente con mi hermano, aunque a veces se le notaba un poco celoso, ya que él no había tenido tanta suerte con la genética, pareciéndose más al lado paterno de la familia, tirando a bajito y con algunos kilitos de más. Además era bastante ‘geek’ (o friki, como prefiráis), con lo que no tenía mucho éxito con el sexo opuesto. Se pasaba los fines de semana en casa con su grupito de amigos jugando a la consola.

Económicamente las cosas iban genial. Mi padre tenía (y tiene) mucho dinero, y a mi que era su princesita me consentía de mala manera, dándome todo lo que le pedía. Vivíamos en un ático del barrio de Pedralbes, con piscina incluida, donde me pasaba horas y horas (haciendo las delicias de los amigos de mi hermano). En el edificio había 10 plantas, además de un pequeño pisito en la parte trasera de la planta principal además, donde vivía el portero, el otro gran protagonista de esta historia.

Don Ricardo era un hombre andaba cerca de los 60 años, no muy bien conservados. Era de estatura media tirando a bajito (1’70 aproximadamente), tenía una barriga bastante prominente y unos brazos grandes y peludo, lo que añadido a una cara redonda y con papada, con barba de 4 días y bigote, no le daba un aspecto muy agraciado. Don Ricardo era un trabajador eficiente, siempre echando una mano a quien lo necesitara,

y además era educado y respetuoso con todo el mundo… excepto conmigo. Por alguna razón conmigo era mucho más seco, y me miraba de una forma que me hacía sentir violenta (y eso que a mi me gusta que me miren). Más que desnudarme con la mirada, como hacían los demás chicos y hombres en mi vida, Don Ricardo me violaba. Como su actitud no me gustaba nada, ya tampoco no era muy cortés con él, cuando necesitaba algo se lo exigía más que pedía, y cuando pasaba cerca suyo me contoneaba aún más para que viera bien lo que nunca podría tener. De forma sutil pregunté a otra inquilinas del edificio como era su trato con el portero, y todas me contestaron que muy buena, que les caía muy bien, incluso mi madre opinaba así.

Hecha esta pequeña introducción, empezamos ya con la historia. Acabábamos de volver de Semana Santa. Habíamos estado en un pueblecito del Pirineo catalán esquiando y haciendo el vago. La casa se había quedado vacía, pero mis padres le habían dejado las llaves a Don Ricardo por si surgía cualquier emergencia y para que de paso regara las plantas de mi madre. Era la última noche antes de volver al cole pero no me podía dormir, así que encendí la luz y me fui a navegar un rato por Internet. Visité todorelatos.com y encontré un relato muy excitante de una joven que es follada por 3 negros en vacaciones. Imaginándome que me había pasado a mi en la vacaciones de las que justo volvía, empecé a tocarme, primero suavemente por encima de las braguitas y la camiseta, para acabar completamente desnuda estrujándome los pechos y metiendo dos dedos en mi coño, acabando en un tremendo orgasmo que me dejó la mano lleno de jugos. Nada más acabar me dirigí a mi baño para limpiarme y refrescarme un poco. Al llegar a la cama caí rendida y me dormí en unos pocos minutos.

La vuelta al cole transcurrió normalmente. Nos contamos lo que habíamos hecho durante las fiestas, enseñamos fotos y las clases transcurrieron rápidamente. Volví a casa a las 14h, ya que ese día no había clase por la tarde. Mi hermano, al estar en la ESO sí tenía clase por la tarde, y mis padres estaban trabajando, así que me esperaba toda una tarde sola en casa. Me preparé unos Spaghettis y me fui a mi cuarto. Cual fue mi sorpresa al ver que encima de mi cama había un sobre. ¿Sería algún regalo de mi papi? Lo abrí y había un CD. Llena de curiosidad lo puse en el ordenador. Era un archivo de vídeo. Hice doble clic y… allí estaba yo, masturbándome delante del ordenador, justo como lo había hecho la noche anterior. Mi mente empezó a dar vueltas ¿Quién me había grabado? ¿Qué quería? ¿Cómo lo había hecho? Mire a mi izquierda, donde estaba una estantería. Por el ángulo de la imagen, allí es donde debería haber estado la cámara, pero no recordaba haber visto nada la noche anterior, y ciertamente no había nada ahora.

Estaba yo con mis pensamientos cuando sonó el teléfono. Di un brinco del susto, pero tras calmarme un poco fui a por él.

Hola? Contesté aún con el corazón a 100 por hora

Hola Paula, soy Ricardo, el portero – contestó el viejo hombre con su ronca voz.

Hola Don Ricardo. ¿Qué desea? – pregunté algo nerviosa. Mucha casualidad me parecía que justo llamara en ese momento, cuando además nunca llama, estando abajo en el mismo edificio

Deseo que me la chupes – su respuesta confirmo mis sospecha. El muy cabrón me había grabado. Seguramente había puesto una cámara en mi cuarto mientras estaba de vacaciones. Aún así, intenté disimular, haciéndome la fuerte.

Pero como se atreve, viejo pervertido. Se va a enterar. Voy a hacer que lo despidan… - dije furiosa, chillando prácticamente, hasta que él, con una voz aún más fuerte e intimidatoria me interrumpió.

Tú no vas a hacer nada, pija de mierda. Ahora vas a bajar y me la vas a chupar. Y como en 5 minutos no estés aquí te aseguro que mañana todo Dios habrá visto el video – y con esto colgó.

Estaba furiosa y muerta de miedo. Sabía que tenía que hacerlo. Me moriría si mis padres y amigos vieran el vídeo. Lo que sí tenía claro es que ese chantaje lo iba a sufrir una vez y no más. No iba a hacer como esas estúpidas de los relatos que había leído, donde se dejaban chantajear por nada y se convertían en sumisas de hombres repugnantes. Exigiría que a cambio de la mamada me diera todas las copias, y le haría ver que por mucho que me amenazara no podía seguir extorsionándome con eso, ya que había hecho algo ilegal. Así quedaríamos todos contentos; el vídeo no saldría a la luz y él se llevaría una mamada de una chica a la que ni en sueños podría tener.

Bajé a su pisito, que está bien escondido en la parte trasera de la Planta baja y llamé al timbre. Allí estaba él, con los típicos pantalones azules de currante y camiseta de tirantes blanca.

Me alegra que hayas venido, Paulita – me miraba con sorna, con una sonrisita malévola, y devorándome con la mirada – Anda, pasa

Su piso era pequeño y no estaba muy limpio que digamos. Había polvo y platos sin recoger en el salón. Disculpa el desorden, justo acabo de comer – me comentó al tiempo que empezó a restregar su paquete por mi trasero. Rápidamente me separé de él y empecé a gritarle – Pero que coño te has creído malnacido, te voy… - mis insultos se vieron interrumpidos por una sonora bofetada, que hizo que me cayera sobre el sofa. Tú te crees que esta es forma de tratar al hombre del que depende tu reputación, so zorra? Vas a hacer todo lo que yo te diga, y como no lo hagas, ya sabes la que te espera – me dijo en tono amenazante.

Aún recuperándome de la bofetada en el sofa, miré hacia arriba y nuestros ojos se encontraron. Me miraba de forma burlona y despectiva, se creía que tenía la situación en sus manos; poco se esperaba mi reacción. Me levanté y conteste con seguridad. No – su cara cambió por completo, sorprendido por mi respuesta – No pienso hacerlo. Quieres colgar el vídeo en Internet. Pues hazlo, y acabarás en la cárcel – Su cara era un poema y yo, crecida en ese momento, ni le propuse lo de negociar una mamada por todas la copias. Aunque sí lo hizo él.

Vaya vaya, nos ha salido lista la nena – comentó visiblemente molesto.- Hacemos un trato, me haces una mamada y el vídeo desaparece. Así todos ganamos – finalizó, repitiendo prácticamente las palabras que yo había pensado antes.

¿Y cómo se que no volverás a chantajearme? – pregunté seriamente.

Tú lo has dicho. No quiero acabar en la cárcel. – Al ver que yo me lo estaba pensando prosiguió – Venga, unos minutitos de chupársela a un viejo a cambio de toda una reputación – concluyó mientras ya se empezaba a magrear el paquete, lo cual, muy a mi pesar, me pareció excitante.

Está bien – le dije – te la chuparé, pero no aquí. No me fío de ti, podrías haber escondido otra cámara. Iremos al cuarto de contadores.

Él aceptó así que nos dirigimos al cuarto de contadores, una pequeña habitación en una zona apartada del edificio que nunca visitaba nadie, salvo Don Ricardo. Durante el trayecto fue palpando suavemente mi trasero con su mano, pero yo no dije nada, simplemente deseaba que eso acabara cuanto antes. El cuartito era pequeño, de 4x4 metros más o menos. Revisé rápidamente la habitación en busca de cámaras, pero no había nada, tan sólo los contadores y un reloj de pared. También cacheé a Don Ricardo, no fuera a resultar que llevara algún micro, grabadora o algo por el estilo, pero tampoco encontré nada.

Por mi sigue cacheándome todo lo que quieras jajaja – rió de forma burlona. Deseando acabar con eso cuanto antes, me agache y empecé a desabrocharle los pantalones – Guau, está hambrienta la niña – exclamó sorprendido ante mi iniciativa.

Acabé de desabrocharle los pantalones y bajarle los calzoncillos, cuando apareció ante mi un pene en estado morcillón. No era el más grande que había probado pero era de buen tamaño, y especialmente grueso. Me lo metí en la boca y empecé a chuparlo, mientras Don Ricardo empezaba a gemir de placer. No es que fuera una superexperta, pero ya había probado unos cuantos penes en mi vida, lo que añadido a las películas X que había visto sí que me daba bastante conocimiento para una chica de mi edad. Le ensalivé bien todo el miembro, e iba alternando chupaditas a su capullo con intentos de metérmelo todo hasta la campanilla. Sabía que eso a los hombres les encantaba y ayudaría a que se corriera antes. Ante esas acciones los gemidos de Don Ricardo aumentaron, a la vez que empezaba a hacer comentarios soeces.

Joder, como la chupas. Ya sabía yo que no eras más que una calientapollas hambrienta de rabo. Pues anda, comételo todo, hasta el fondo – dijo al tiempo que me agarró fuertemente de la cabeza, hundiendo su pene hasta la empuñadura. Así lo mantuvo unos segundos, hasta que tenía dificultades para respirar, para luego sacarlo, bañado en saliva que se deslizaba por mi barbilla hasta la camiseta. Repitió esta acción en varias ocasiones, en las que no dejó de insultarme. Mira a la pija de mierda, siempre tan altiva, tragándose la polla de un viejo. Te creías muy superior, verdad? Este es el lugar que te corresponde, de rodillas frente a un hombre cumpliendo sus órdenes.

Sus comentarios me humillaban y, muy a mi pesar, me excitaban. Había leído relatos donde hombres utilizaban este lenguaje soez contra las mujeres. En esos relatos, las mujeres se excitaban con ese trato, y aunque yo leyéndolo también me excitaba, jamás pensé que podría sucederme en la vida real. Era como esas mujeres que fantasean con ser violadas, pero luego obviamente no desearían que pasara de verdad. Yo había fantaseado con que un hombre utilizara ese lenguaje conmigo, pero jamás se me pasó por la cabeza permitirlo, y mucho menos excitarme con ello.

Estaba sumida en mis vergonzantes pensamientos cuando Don Ricardo me agarró del pelo fuertemente con una mano y empezó a follarme la boca de forma salvaje, mientras metió la otra dentro de mi camiseta y empezó a magrearme los pechos rudamente, lo que hizo que se endurecieran. Apenas duró un par de minutos, en los que por supuesto no faltaron insultos hacia mi persona y ‘piropos’ subidos de tono sobre mi capacidad mamadora y mis "alucinantes melones", hasta que se corrió entre gritos y jadeos.

Me corroooo, me corro putaaaa! Trágate mi leche, trágatela todaaaaa – hundió una última vez mi cabeza contra su pelvis y empezó a soltar chorros de semen, que fueron a parar directos a mi estómago. Tras unos segundos, al fin soltó mi cabeza, me saqué su pene de la boca y me levanté dispuesta a irme.

Bueno zorrita, me lo he pasado muy bien – me dijo entre jadeaos, aún recuperándose de su copiosa corrida – Eres mejor de lo que pensaba. Toda una puta. La próxima vez que necesites una buena dosis de rabo, y con lo guarra que eres será pronto, no dudes en venir a verme – comentó exhibiendo una sonrisa burlona.

Yo simplemente lo miré con odio y me marché de allí, no sin antes recibir una sonora palmada en mi glúteo derecho. Llegué a casa asqueada y enfadada conmigo misma. No podía creer que me hubiese excitado que me insultarán y me trataran como a un trozo de carne, ni que me hubiese provocado placer el terrible magreo que sufrieron mis pechos. La verdad es que aún seguía excitada, pero mi dignidad impidió que me consolara. Intenté borrar todos esos pensamientos de mi cabeza y puse los spaguettis en el microondas, ya que se habían quedado fríos. Así de paso la salsa carbonara eliminaría el regustillo que me había dejado la corrida de Don Ricardo.

Autor: Zutroy


RECIBELOS EN TU MAIL

Recibe nuevos relatos
en tu email cada dia:


All logos and trademarks in this site are property of their respective owner. - Condiciones de uso y Aviso Legal
The comments are property of their posters, all the rest Copyright 2004-07 by me.
Todos los derechos reservados - MaciZORRAS.CoM Copyright 2004-10. Macizorras Porno