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2010-02-19 05:41:33
Esto me paso a mí, a la edad de 24 años. Era el peor verano que haya visto. Yo me pasaba un paño por todo el cuerpo intentando quitar la humedad de mi cuerpo. Solo traía un calzón y junto a mi estaba mi marido vestido con un shorts playero, estábamos acostados en la cama viendo la porquería de televisión que solo nos mataba las neuronas que teníamos. Me limpiaba el sudor que traía en mis largas piernas, las cuales brillaban, mis brazos, senos y espalda se encontraban igual.

¿Cómo pudo haberme pasado esto?, yo no quería esto para mi, este no es el hombre que yo quería, no es la vida que deseaba tener, me merecía algo mejor, todos me decían que era demasiada mujer para él. Yo era guapa, piel clara, cabello lacio y oscuro, un rostro de niña, firmes glúteos y senos si bien no eran grandes bien formados. Yo podía conseguir lo que sea con este cuerpo pero en cierta forma siento lastima por mi esposo Víctor, creo que lo amaba, aunque ya no tanto como antes, no como cuando lo conocí. Me sentía una mujer vieja y aburrida a pesar de tener veinticuatro años, mi esposo tenía treinta y tres, lo conocí cuando apenas tenía 19 años y nos casamos seis meses después de conocernos, su familia no me aceptaba muy bien, decían que era una mujer muy floja e irresponsable, me criticaban porque tenía siempre la casa desordenada, decían que tenía todo sucio y que no planchaba bien la ropa de mi marido.

La verdad es que tenían un poco de razón pero aparte de las obligaciones del hogar también tenía que cumplir mis obligaciones del trabajo, el cual era ser maestra de primaria, era la maestra más joven de todo el lugar, algunos de los papás de mis alumnos se me quedaban viendo con ganas de devorarme, en especial cuando llevaba falda o ropa ajustada, en una ocasión me llegaron a dar piropos pero yo no les hice mucho caso. A veces soñaba que era violada por alguno de esos padres, yo solo reprimia esos sueños.

Un día me toco saludar a uno de dichos papás y durante la platica pude observar como se le paraba su pene sobre el pantalón, era enorme, entre la charla yo volteaba hacia abajo para ver esa macana enorme la cual hizo que me excitara y soñara muchas noches. Ni como compararlo con los doce centímetros de mí marido.

Volviendo a donde estábamos, en la noche me acosté a dormir luego de haber cenado comida china, Víctor comenzó a tocarme los senos pero yo ni me excitaba, le aparte las manos de mi cuerpo, estaba muy molesta por una discusión que habíamos tenido hace unos días y no estaba de humor para esas cosas. No me dijo nada así que se fue a dormir.

A la mañana siguiente me desperté, me di un baño y me vestí con un pantalón de mezclilla y una blusa, me tenía que ir a trabajar, tenía que tomar unos cursos antes de que las clases empezaran. Mi esposo se había ido a trabajar y yo ni me había dado cuenta, trabajaba de electricista y ganaba una miseria, a veces ni nos alcanzaba para comer.
Durante el recorrido en el camión no paso nada interesante, de hecho me toco ver a la misma gente que veo cuando me iba a trabajar pero eso se termino cuando se subió un hombre de unos cincuenta años de edad, no tenía nada de especial pero lo que me llamo la atención es la manera en que me miraba, en especial mis senos, no sé si lo hizo a propósito pero se puso a un lado de mi, ya no quedaba ningún asiento libre y venia medio lleno, yo estaba en la orilla del asiento, del lado del pasillo, creo que lo que el intentaba era tener una mejor vista de mis menos pero yo no podía hacer nada para evitarlo, no podía sentarme en otra parte así que tuve que dejar que me viera, y fue ahí cuando comencé a sentir un cierto placer, el placer de ser observada por un hombre algo obeso, con canas y con un cuerpo y rostro algo tosco. El camión pasó por unos baches y brinco un poco, mis tetas también lo hicieron y para beneplácito del tipo miro como estas brincaban. Casi me comía con la vista las chichis, era obvio que el tipo estaba a mil por la vista que tenia.

Unas cuadras después me puse de pie y le pedí que me dejara pasar.

- Con permiso.
- Pásale.

Me contesto en un tono burlesco y medio cachondo. Cuando le di la espalda pude ver de reojo como me miraba el culo, aprovecha esto pendejo pues es lo único que obtendrás de mi me dije en mi mente.

Llegue a la escuela donde impartía clases y entre al salón donde nos reuníamos, todo fue normal, platique un poco con otros profesores y hablamos de lo que habíamos hecho en las vacaciones. Todo fue como de costumbre, nada nuevo.

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Septiembre
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Ese viejo puto me seguí viendo las tetas, siempre hace lo mismo, como me toca subirme al camión cuando ya está medio lleno, me tengo que sentar en los asientos que están junto al pasillo de en medio, me mira las tetas con una morbosidad que me da miedo, no me imagino lo que haría con ellas si algún día me tuviera.

Como siempre se tocaba la entre pierna, a veces se la sobaba y se le notaba una tremenda erección, se veía que tenía una buena verga, mi rostro quedaba a la altura de ella y cuando la gente pasaba por detrás de él, aprovechaba esto y se hacía al  frente  arrimándome toda la macana, en una ocasión llego ponerlo sobre mi cachete izquierdo. El viejo solo se reía de manera burlesca pues yo no me atrevía a ponerle un alto debido a que me daba vergüenza hacer una escena enfrente de tanta gente, solo soportaba esos arrimones que me daba, debo admitir que también me excitaba tremendamente, mi conchita se mojaba cada que arrimaba su pene hacia mi rostro. Por unos segundos me imaginaba que le bajaba el cierre y le sacaba la verga para darle una tremenda mamada, yo solo reprimía esas cosas que me imaginaba. Esto había sucedido tantas veces (casi a diario) que me fui acostumbrando a esta clase de humillación.

Me baje del camión y me fui hacia la escuela como cualquier otro día, di mi clase a mis alumnos que recién hace unos días habían entrado. El día termino para mí y me fui a mi casa, hice de comer y espere a Víctor, comimos juntos y luego nos fuimos a la recamara, tuvimos relaciones y yo tuve un orgasmo tremendo, pero no porque mi marido lo hubiese provocado, ¡NO!, fue porque mientras me penetraba me imagina a aquel viejo abusón que a diario me humillaba. Esa sensación de imaginarme a aquel viejo asqueroso sobre mí con mis piernas bien abiertas me calentó muchísimo.

Al terminar de coger, me dormí toda la tarde y en la noche solo me dedique a ver películas por televisión. Me volví a dormir para poder irme a trabajar mañana.

Al siguiente día desperté y me cambie, sali de mi casa al trabajo, ese día llevaba un vestido azul marino que me llegaba hasta los muslos. Tome el mismo camión de siempre y cuál fue mi sorpresa al ver que no había asientos disponles, puta madre dije en mi mente, tendré que irme parada.

Me agarre de la barra de arriba y me fui de pie, unas cuadras después el mismo viejo asqueroso se volvió a subir, esta vez no solo se iba a conformar con acercarme el pene a mi cara, esta vez iba a gozar de mi cuerpo, el camión iba tan lleno que se tuvo que quedar en la entrada, pero al verme de pie, inmediatamente se abrió paso y llego hasta donde estaba yo, se puso detrás de mí y aunque al principio trato de disimular un poco, luego se volteo y frente a él quedo toda mi espalda y mi trasero.

Al principio no hacía nada, pero después de unos minutos sentí que algo me rozaba entre las nalgas, era el viejo que me estaba acercando toda su vergota, yo estaba que me derretía por sentir algo así de grande, nunca me había pasado, no era lo mismo una verga gorda y grande a una corta como la de mi esposo, el viejo continuo con sus movimientos hacia delante y hacia atrás, ahhhh que rico, yo no hacía nada, solo dejaba que se saliera con la suya, mi panocha comenzó a dilatarse y por todo el cuerpo comencé a sentir un escalofrió, mi cuerpo sudaba a chorros y yo ya no soportaba más, tenía que sentir esa verga bien en mi, si me lo preguntas, no sé porque lo hice pero, mi mente se habia separado de mi cuerpo, era como si este ultimo tuviera independencia total así que empecé a moverme hacia atrás para que su verga se pegara más junto a mí y por fin pude sentirla toda, ahhhhhhhhhhhh, que delicia, era tan grande y gruesa que deseaba tenerla toda dentro de mí. Comenzamos a sincronizar nuestros movimientos, cuando él se hacía para adelante yo me hacía para atrás, el viejo se dio cuenta que ya me tenía a su completa disposición así que me tomo de la cintura, empezo a empujarme hacia su verga y yo sentía como esta rozaba entre mis dos nalgas, mi culito estaba ardiendo por dentro. Algunas personas se nos quedaron viendo pues les parecía sospechoso que una mujer tan bella y guapa como yo tuviera a un viejo obseso tomándome de la cintura bien arrimado a mí. No les tome importancia y el viejo tampoco así que continuamos con nuestro sabroso juego.

Su pene era tan grande, tan duro y firme que quisiera agarrarlo y darle una buena mamada, de seguro no cabria en toda mi pequeña boca. Continúo con sus embestidas y yo ya estaba en el cielo, no podía detenerme, parecía una putita, ya casi llegaba al orgasmo cuando de repente nos interrumpieron unas personas que querían pasar para bajarse del camión, el viejo se retiro de mi y se perdió entre la multitud, putisima madre, yo estaba por llegar al orgasmo, necesitaba hacerlo. Para mi buena suerte, se abrió paso entre la gente y se paró de nuevo detrás de mí, arrime mi culo a su verga, el me tomo de la cintura y se me acerco al oído para decirme:

-Para el culo putita, ponlo bien paradito.

Me lo dijo en un tono muy bajo para que nadie nos oyera, yo abrí mis piernas y pare el culo, hasta me incline un poco hacia delante para que tuviera una mejor vista y estuviera en una posición más cómoda para él.

De nuevo comenzó a mover su pene entre mis nalgas, lo hacía de una manera lenta al principio pero después aumento los movimientos pero tampoco lo hacía tan rápido para no llamar la atención. Duramos como unos cinco minutos y yo por fin tuve el orgasmo, era el mejor orgasmo que había tenido en mi vida. El morbo de estar frente a tanta gente, con un desconocido, en la posición en la que estábamos y debido a que era casada me provoco el máximo placer, que haría si me viera mi marido.

Me soltó y el camión llego en donde yo me bajo, no dije ni una sola palabra y me baje de este, me fui a la escuela, e impartí mis clases.

Me fui a mi casa después de trabajar y no dejaba de pensar en aquel viejo, ¿Qué pasara mañana?, ¿me volverá a hacer lo mismo? Esas dos preguntas rondaban mi cabeza a más no poder. Para mi buena suerte el día paso rapidísimo y me desperté en la mañana de un nuevo día, de vuelta me vestí con un vestido y me fui a tomar el autobús, me subí en el camión y llegamos a donde se subía ese viejo pero cuál fue mi terrible sorpresa, el no estaba en la parada.
Pasaron cuatro días y seguí sin verlo, pero al final, un buen día, de nuevo el viejo se volvió a subir y se encontró conmigo al fondo del camión. En cuanto me miro camino entre toda la gente y se puso a mí espalda.

Se me acerco al oído y me dijo:

- Páralo, para bien ese culito.

Abrí mis piernas y me incline hacia adelante, me abrazo de la cintura y comenzó con sus embestidas, al oído me decía cosas que ponían a mil.

- Que rico culo tienes… nunca me he culeado uno así… ¿quieres ser mi putita?... ¿quieres que te de verga?

Con una de sus manos separo el cabello de mi cuello y comenzó a lamerlo, mientras yo hacía para abajo y paraba mi culito, ¿Cómo puedo explicar lo que sentía?, no hay forma, no hay forma de explicar tanto placer, era como estar en el cielo. Su lengua la llevo hasta mi boca y nos empezamos a besar locamente, me pasaba mucha saliva a mi boca y yo con justo la recibía, nos besábamos y nos besábamos sin parar, parecíamos dos enamorados que nunca se habían besado.

El se detuvo así que yo tuve que seguir moviéndome mientras nos besábamos, subió sus manos y me acaricio las tetas, yo ya estaba que explotaba y tuve un tremendo orgasmo, como hubiera querido poder gritarlo pero no podía frente a tanta gente.

- Vente conmigo.
- ¿A dónde?
- Tú vente.
- No puedo.
- No pongas pretextos. Vente.

Los días pasaron y nuestros juegos seguían.

Un día,  me tomo de la mano y nos bajamos del camión, mientras caminábamos por la calle nos seguíamos besando y me tocaba las nalgas, en una de esas paso uno de sus dedos por entre medio de mis glúteos y yo sentí que me moría.
Tomamos un camión que nos llevara de regreso, no sé a dónde íbamos y no me importaba, solo quería sentir esa verga, no me importaron las clases, tenía que disfrutar esto.

En el camión nos fuimos sentados en el mismo asiento y él no desaprovecho para plantarme un buen beso, me tomo una de sus manos y me la llevo a su entre pierna, la masajeaba con movimientos de arriba hacia abajo. Me beso por el cuello y luego me daba unos lengüetazos, sentía tan rico, mi marido nunca me besaba de esta manera.

Le baje el cierre y metí mi mano para tocar su pene, el solo la alejo de mi.

- Tranquila, ahorita te voy a dar esta verga, tu solo ve preparando ese culito.

Me volvió a plantar un buen beso y mientras me tocaba la teta izquierda con movimientos circulares. Una señora gorda se nos quedaba viendo pero ¿que importaba?, todo se trataba de placer.

Dejo de besarme y se puso de pie.

- Vente, ya casi llegamos.

Nos bajamos del autobús y me llevo a lo que parecía ser su casa. Era una casa de gente muy pobre, sucia y desordenada. En cuanto entramos me tomo de la cintura nos besamos un buen rato. Luego me volteo y me acerco a una mesa, puse mis manos sobre ella.

- Para ese culito, lo quiero ver bien paradito putita.

Le hice caso y pare mi trasero firme y redondito.

- Ah que buen culo tienes.

Me subió el vestido hasta la cintura, me tocaba las piernas de una manera muy sensual, me fascinaba la manera en que lo hacía, era entre desesperado y apasionado, toco mi vagina por encima de calzón y sintió que yo estaba mojadita.

- Ya estas caliente ¿verdad?, ahorita te voy a dar verga, no te desesperes.

Metió su mano en mi calzón y me toco la panocha.

- Estas bien mojadita mami.

Introdujo un dedo y hacia movimientos circulares de nuevo, luego metió otro y mientras nos besábamos como dos locos amantes, saco sus dedos de mi vagina y se los llevo a la boca.

- Ahhhhhhhhhh que ricos jugos tienes. Ahora si ponte que te voy a dar con todo.

Me bajo el calzón y me lo quito.

- Páralo, lo quiero bien paradito.

Abrí las piernas y pare mi culito, me incline hacia delante y con mis manos me apoyaba en la mesa. Se bajo el pantalón y saco su vergota, eran mínimo unos 20 centímetros. Se masturbo un rato para que se le parara bien, yo hice para atrás mi trasero para poder sentir tan siquiera la punta de su pene.

- Ya voy, ya voy, no te me desesperas, te voy a dar una culeada que te va a dejar rosada.

Con su macana me dio unos golpes en las nalgas, eso hizo que casi llegara al orgasmo, sentí como una gota de mis fluidos vaginales recorría mi pierna.

- Estas que te lleva la chingada por tener esta verga.
- Métemela ya.
- Espera puta.
- Por favor.
- Espera.

Puso su vergota entre medio de mis nalgas y me tomo de la cintura, hizo como si me estuviera penetrando y su pene rozaba mi ano. Era lo máximo, era el paraíso.

- Tienes el culito bien rosita.
- Métemela ya.
- HAHAHAHAHA, pídemelo de nuevo.
- Por favor métemela.

Puso su cabezón brilloso en la entrada de mi vagina y lo fue metiendo poco a poco.

- Ahhh que rico.
- ¿Te gusta puta?
- Si, métemela toda.

Cuando llego hasta la mitad dio una fuerte embestida y me la metió toda de una.

- Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh… me dolió – Le dije.
- Pero te gusto no te hagas.

Dejo un rato su verga en mi panocha para que esta se acostumbrara a su verga, como vi que no se movía yo empecé a hacerlo, ya necesitaba una buena cogida.

- Eso puta, culeate tú solita.

Mientras me movía me comenzó a jalar el cabello, yo gemía y gemía de placer.

- Qué rica verga tienes.
-  ¿Te gusta?, es toda tuya.

Me tomo de la cintura y yo sabía lo que se me venía, una buena culeada, eso es lo que esperaba. Me dio unas embestidas que ningún hombre antes me había dado, me hizo sentir como una verdadera mujer, un puta que se satisfacía ante un desconocido solo porque tenía una enorme verga.

- Ahhhhhhhhh que rica panocha tienes.
- Ahggggggggggg… ahhhhhhhhhhhh… que rico.
- -  ¿Te gusta puta?, ¿Te gusta que den una buena culeada?
- Si… me gusta… me gusta tu verga.

Cuando su pene entraba hacia un ruido muy extraño por mis fluidos vaginales, era tan delicioso que solo me deje llevar por sus embestidas. Duramos como treinta minutos cogiendo.

- Ahhhhh ya me voy a correr.

Saco su verga y se masturbo, término soltando chorros y chorros de semen los cuales fueron a caer sobre mis nalgas. Yo estaba más que complacida, durante la penetración tuve varios orgasmos, con uno de sus dedos tomo un poco de su semen que estaba en mis nalgas y luego me lo metió en mi boca, pude probar su esperma el cual sabia raro.

Le pedí que me diera un trapo para limpiarme, ya que me limpie el esperma me baje el vestido, tome mis calzones pero él me los quito.

- Déjamelos aquí.

Yo no dije nada y se los deje. El me pidió mi número de teléfono, no estaba segura de dárselo pero al final se lo di. Me fui a mi trabajo, llegue casi una hora tarde, todos en la escuela estaban sorprendidos, nunca había llegado tarde. Di mis clases como es común pero no dejaba de pensar en aquel viejo de nombre Luís y la tremenda cogida que me había dado.

A la siguiente semana, una tarde recibí una llamada. Era Luis. Me hablaba para decirme que quería verme, que no dejaba de pensar en mí. Yo tampoco dejaba de pensar en él. Me dijo que fuera a su casa pero yo no quería hacerlo, sentía que mi esposo comenzaba a sospechar, si llegaba del trabajo y no me encontraba aquí seria razón suficiente para comenzar una discusión. Así que dije no.

Media hora después alguien toco a la puerta. Era ese viejo. Me había seguido días antes y así fue como dio con mi casa. En cuanto abrí se metió  y me abrazo con sus fuertes brazos, yo me resistí.

- ¿No me extrañas putita?
- Deténgase, mi marido va a venir.
- No digas nada, solo cállate, lo vamos a hacer rápido.

Me llevo hacia un sillón y me empujo contra este, caí boca abajo, él se subió arriba de mí y me subió la falda, ante el quedo todo mi trasero, lo tocaba con sus manos y luego medio unas nalgadas.

Se bajo el cierre y saco pene ya erecto, movió un poco el calzón y descubrió mi panochita.

- Cierra la puerta - Le dije.
- No, para que el que pase vea lo puta que eres.

De una ensarto su macana en mi vagina, yo no quería que las cosas fueran de esta manera pero sus manos no me permitían levantarme, Luis estuvo así veinte minutos, sacándola y metiéndola.

- ¡Ah putita que rica estás!

El grueso de su pene chocaba contra las paredes de mi vagina provocándome gran placer. Luego me voltea y me dice:

- Ahora vas a cabalgar, tu solita te vas a matar.
- Cierra la puerta por favor.
- ¡No! Que te vean.

Se acuesta en el sillón y la enorme verga queda parada lista para que me siente en ella. Nunca en la vida me había montado una verga, no sabía cómo hacerlo y bajo estas condiciones me daba vergüenza. El me toma de la mano y  me acomoda, la punta de su pene queda en la entrada de mi vagina.

- Déjate caer - Me dice.

Yo no quiero hacerlo, tengo miedo a que alguien me vea.

- Hazlo.

Con vergüenza, miedo y un poco de humillación, me  deje caer y toda su macana entro en mí.
- AHHHHHHHH – Solo grite de placer.

- Ahora viene lo bueno, aquí se sabrá si eres buena en esto.

Me pide que comience a saltar. Lentamente comienzo a hacerlo. Ahora ya no tengo forma de mentir. Si alguien me ve ya no podre decir que me obligaban a hacerlo, soy yo la que esta brincando nadie me obliga, yo sola me estoy jodiendo.
Era tan bueno que no podía creerlo, cuando la punta de su verga estaba por salir de mi vagina yo rápidamente me dejaba caer para que esta no saliera completamente.

- Ahhh que rico – Dije.
- ¿Verdad que si? Yo sabía que todo esto te gusta, si eres bien puta.

Brincaba y brincaba, me la ensartaba una y otra vez.

- Ahgggggg – grite
- No grites tanto puta, o nos van a oír y no creo que quieras eso.

No era fácil, no era algo que yo podía controlar. Con sus manos me manoseo las tetas.
Durante diez minutos cabalgue, lo hice como una puta, tal y como le gusta a los hombres. El viejo me tomo de las nalgas mientras brincaba y hacia movimientos circulares como él me lo pedía.

- ¡Ah! Que rico - Decía - Eres toda una puta. ¿Eres mi puta?

No sabia lo que decia, en verdad no sabia, ante esa situación hubiera respondido lo que sea.

- Si, lo soy.
- Dilo.

Me quede callada.

- ¡Dilo!
- Soy tu puta.
- Eso pendeja.

Después de unos minutos sentí que me iba a orinar.

- Me estoy orinando.
- No importa, sigue blanquita.

En el clímax comencé a saltar más fuerte, parecía como si me estuviera castigando a mí misma pues esto estaba entre el dolor y el placer, era una delgada línea.

- ¿Te gusta puta?
- Si, me gusta.

Sin pensarlo, entre brinco y brinco, me orine, lo hice con su pene adentro de mí, al sacarlo, todo el orine termino de salir.

- Te corriste, te corriste como solo las putitas lo hacen.

Yo estaba avergonzada, avergonzada por todo, no podía creer lo que había hecho, lo hice con un extraño, había engañado a mi marido en nuestro hogar con la posibilidad de que me viera mientras lo hacía, nada de eso me importo hasta que terminamos.

El se reía burlescamente. Se había tirado de nuevo a la mujer de otro y eso lo hacía sentir más hombre, en cambio a mí, solo me hacía sentir más puta.

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Octubre
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Eran las cuatro de la tarde, la panocha me ardía como el infierno, hoy no podía ver a Luís, él tenía que trabajar y no podía faltar, ya habían sido tantas las veces que lo había hecho que deje de contarlas pero creo que mínimo fueron unas cincuenta.

Dormí el resto de la tarde y en la noche llego mi marido, me despertó y se le veía un poco asustado y nervioso.

- Mija, ven.
- ¿Qué tienes?
- Tú ven te digo.

Me levante y fui con él hacia la sala. En ella había una maleta negra pequeña.

- ¿Qué quieres?
- Mira.

Abrió la maleta y vi que esta estaba llena de billetes.

- ¿Y eso?
- Me los robe.
- ¿Cómo que te los robaste?
- Si, los tome del presupuesto que tenían para la nueva planta eléctrica, no me los robe solo, me los robe junto con Gerardo.
- ¿Cómo que te los robaste?, te van a mandar a la cárcel.
- Nadie se dio cuenta, solo yo y Gerardo lo sabemos, lo reportaran como un robo pero no pueden acusarme a mí.
- Víctor, te estás metiendo en un problemón.
- Ya te dije, todo está bien, ya teníamos tiempo planeándolo. No m digas que no quieres el dinero, lo necesitamos, quieres salir de pobre ¿no?

Me dejo callada, claro que quería el dinero, claro que quería dejar de ser pobre, ese dinero era nuestro boleto a una mejor vida.

Pasamos toda la noche hablando, por unos momentos discutimos pero al final termine cediendo, guardamos el dinero en un baúl que teníamos, era uno chico, lo cerramos con candado y Víctor se quedo con la llave, eso sí, no me dijo donde la guardo.

Durante unos días todo fue felicidad, gastamos un poco de dinero y compramos muchas cosas que queríamos desde hace mucho. Pero, una noche comencé a pensar en el dinero, ¿Qué pasaría si me fuera con él y abandonara Víctor?, tendría todo ese dinero para mí y así me escaparía de él, no me denunciaría a la policía pues él también iría a la cárcel, esta es una de esas oportunidades que solo se presentan una vez en la vida, pero no podía hacer esto sola, necesitaba de la ayuda de alguien, en el primero que pensé fue en Luís, el es el único que podría ayudarme, por supuesto el también recibiría su parte.

Durante varios días no vi a Luís, hasta que un día me hablo diciéndome muy urgido que necesitaba una panochita la cual cogerse.

Fui a su casa en la tarde y en cuanto entre me beso, nos dimos un apasionado beso y me quito la ropa (casi me la rompe), hizo que me hincara y saco su verga bien parada.

- Chúpamela, dame una buena mamada.

Le di un beso en la punta y abrí mi boca, me metí su pene hasta donde pude y comencé a masturbarlo con la boca.

- Usa la lengua, úsala.

Al tenerla adentro use mi lengua para hacerle disfrutar más, después de un rato de estar mamando me puso de perrito y me dio una buena cogida, sus embestidas hicieron que me diera un tremendo orgasmo como a los que me tenia acostumbrada. Al final saco su verga y me volteo, apunto su pene hacia mi cara y eyaculo sobre esta.

- Toma tu lechita puta, ¿te gusta?
- Me encanta.
- Trágatela todita entonces.

Nos acostamos en la cama pero yo antes me limpie el semen que dejo en mi cara con una toalla. Platicamos un buen rato, entre la plática yo le comente acerca del dinero y acerca del plan que tenia, obviamente acepto a realizarlo, el plan era el siguiente, aprovechando que Víctor se iría en la tarde a trabajar tomaríamos el baúl y lo guardaríamos en una carro que Luís conseguiría prestado, nos iríamos a la ciudad más cercana y ahí tomaríamos un vuelo a otro estado del país.

Todo estaba perfecto, el día llego y espere a que Víctor se fuera, hable por teléfono a la casa de Luís y este me digo que se vendría, saque el baúl hasta la entrada de la casa y espere a Luis, este llego luego de unos minutos
Subimos el baúl a la cajuela y nos fuimos del lugar, durante todo el camino no dejamos de platicar yo y Luís lo que íbamos a hacer con tanto dinero, nuestra vida era perfecta. Llegamos a un pequeño motel en donde pasar la noche, Luís abrió el baúl quitando el candado con unas herramientas, batallo muchísimo, duro casi una hora haciéndolo, si hubiera sido yo nunca lo hubiera podido quitar. Compramos unas cervezas, brindamos por nuestra nueva vida y decidimos festejarlo de una manera muy especial, por primera vez me iban a coger por el culo.
Luís me quito la ropa como un degenerado solo lo podía hacer, me puso en cuatro patas y me escupió saliva en mi huequito, primero me paso el pene por el ano excitándome por completo.

- Métemela ya.
- ¿Quieres verga?
- Sí, quiero tu vergita.

Me la empezó a meter lentamente.

- Ahhhhhhhhhhhhh papi, que rica verga.
- Ahorita te la meto toda.

Ensarto su verga por completo en mi ano y comenzó a darme sus embestidas.

- Ahggggggggggggggggggggg… papi que rico, que rico me culeas.

Mi culito rosita fue abierto totalmente, toda la salchicha de Luís me cupo. Duramos casi media hora cogiendo, hasta que luego eyaculo dentro de mi culo, al sacar su pene se salió el semen que me había dejado adentro.
Nos besamos un buen rato y tuvimos relaciones en muchísimas posiciones, al final quedamos rendidos y nos quedamos dormidos.

A las seis de la mañana del siguiente día me desperté, vi que Luís estaba dormido así que aproveche para hacer la segunda parte de mi plan, esta parte no se la sabia Luís, tome el dinero del baúl y lo guarde en una maleta que trajimos, salí del cuarto y me fui a tomar un taxi, llegue a la estación de autobuses, tome el camión que me llevaría a Durango y me subí en el inmediatamente por que estaba por salir.

¿En verdad creíste que iba a compartir mi dinero con un viejo?, para nada, no estoy loca, ¿Amistad?, ¿Amor?, eso ya no existe, no en estos tiempos modernos, hoy 28 de octubre acabo de descubrir que soy la persona más feliz del mundo y nadie me va a arrebatar esa felicidad. Ningún hombre lo hará.
Para comentarios privados: jivenum@hotmail.com

Autor: Stravium


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