Obedecía sus órdenes y me coloque mi uniforme, faldita corta, medias, tacones, cofia y el dispositivo de castidad que encierra mi minúscula polla.
Llamaron a la puerta, abrí y eran dos chicos altos, con un cuerpo trabajado en gimnasio, estaban buenísimos, un tanto chulos eso sí, pero mi ama tiene muy buen gusto a la hora de escoger a sus amigos.
No evitaron reírse de mi e incluso soltarme puyas, y mientras los hice pasar al salón iban levantándome la faldita para mirarme el culo.
Se sentaron en el sofá y les dije que si querían tomar algo, les serví unas copas.
El más alto me ordenó levantarme la falda y enseñarle mi polla encerrada en ese tubo de plástico, los dos se partían risa y me decían lo cornudo y puta que era. El más alto me ordenó que le bajase los pantalones y que le comiera la polla, lógicamente no tuve más remedio que obedecer pues mi ama me había indicado que debía obedecerles en todo mientras ella llegaba. Mientras estaba a cuatro patas en el suelo chupándosela el otro chico tenía sus piernas sobre mi como si fuese un taburete.
El chico me ordeno ponerme de rodillas, se levantó y empezó a correrse en mi cara, dándome golpes con su enorme rabo como si me abofetease, todo ello sin que ninguno de los dos parase de reírse.
En ese mismo momento sonó el timbre, tuve que ir corriendo a abrir la puerta con la cara llena de leche, era mi ama, divina como siempre.
Cuando me vio exclamó, vaya veo que ya has disfrutado de mis amantes putita….