Según iban pasando los días, mi tensión iba aumentando, pensando que tendría que volver al trabajo, y sobre todo, volver a ver a los que habían abusado de mi.
Cuando hacía el amor con mi marido, sólo me venían los recuerdos de lo sucedido, por lo que él terminó dándose cuenta que algo me pasaba.
La conversación con mi marido me dejó aún peor. No podía dejar de trabajar, ni tampoco podía cambiar de trabajo, puesto que no conseguiría un sueldo como el que estaba cobrando actualmente.
Las vacaciones se acabaron, y llegó el día que tuve que volver al trabajo. Ya se había terminado el verano, y de nuevo, la rutina volvía a la empresa.
Cuando vi a Luis, mi jefe, se me encogió el estómago, pero él, me trató con la misma educación que lo había hecho siempre.
Mi contestación fue escueta, y me limité a darle las gracias. Me dirigí a mi sitio, y comencé a trabajar.
No podía concentrarme en nada, me sentía nerviosa y agobiada por estar en un trabajo en el que habían abusado de mi de forma premeditada, por lo que decidí entrar al despacho de Luis.
El tono en el que me habló era entre distante y sonriente, sabiendo que no tenía posibilidad de denunciarle, aunque evité, para su regocijo, sacar el tema de lo que había sucedido e insultarle, puesto que sólo podía traerme problemas.
Trascurrieron los días, y sólo cuando veía a Luis, o el día que acudió José Ángel a la oficina, recordé todo lo que me habían hecho esos bastardos. Afortunadamente, el niñato, Marcos no había dado señales de vida.
Después de unos diez días trabajando, mi sorpresa fue mayúscula al llegar al trabajo y abrir mi correo, y encontrarme con varias fotos realizadas por la cámara de Marcos, en situaciones muy comprometidas. El correo lo remitía Marcos, sin ningún asunto. Lo borré inmediatamente para que nadie pudiera verlo.
A media mañana, recibí una llamada de Marcos.
La madre de Marcos había muerto hacía varios años, y sabía que José Angel estaba fuera, puesto que yo misma le había reservado el hotel y le había tramitado el billete de avión.
Me dejó totalmente desarmada. No sabía que decir.
Como si estuviera escuchando la conversación, Luis salió del despacho.
Estaba desolada. Pensé que de nuevo me esperaba el mismo calvario, pero me tranquilizó que sólo podría estar Marcos, puesto que Luis tenía una reunión por la tarde, y José Ángel estaba de viaje.
No tenía alternativa. Ese pervertido, era capaz de enseñar las fotos a mi hijo, y no podía permitir que eso sucediese. Cogí el coche, y fuí a la casa de José Ángel.
Tardé una media hora en llegar. Ya conocía el camino, puesto que alguna vez había acudido al recoger alguna documentación a requerimiento de Luis.
Llegué al domicilio. El propio Marcos me recibió y entré directamente al salón.
Mi sorpresa fue mayúscula al encontrarme a Oscar y Jaime. Eran los dos mejores amigos de mi hijo. Pasaban muchas tardes en casa, y Carlos en la de ellos.
En total, los archivadores podrían contener en torno a doscientas fotos, muy grandes, en tamaño A4, y en casi todas ellas se me veía la cara.
Me quedé sentada en el sofá, llorando. Cuando acabaría todo esto? Pensé.
Marcos me entregó otro archivador, más pequeño, con unas cincuenta fotos, que también se encontraban en los otros archivadores. La diferencia, es que en estas, se me había difuminado la cara para que no se me reconociese.
Marcos respondió con una enorme sonrisa, habiendo deseado que le hubiera hecho estas preguntas.
Los tres chicos comenzaron a reír.
Para esos momentos, yo me sentía totalmente desarmada.
Iba vestida con un traje de chaqueta negro. Me coloqué en el centro del salón, en esta ocasión con más odio que vergüenza, comencé a desnudarme. Lo hacía deprisa, desabrochando los botones de mi chaqueta rápidamente.
Con la camisa ralenticé el ritmo. Después me quité los pantalones. Hice ademán de seguir, pero me pararon.
Me quedé en tanga y sujetador. Ambos eran negro, haciendo juego. La braguita era muy pequeña para que no se marcase en el pantalón. Me acerqué a por el delantal y recibí al caminar varios azotes en mis desnudas nalgas.
Me puse la prenda, según me indicaronl. Era normal, con unos dibujos eróticos, pero no llevaba aberturas extrañas, aunque estando prácticamente desnuda, como iba, podían contemplar mi culo.
Serví la comida que estaba preparada para cuatro, así como vino, pan.......................
No tenía ni idea de lo que la mente maquiavélica de estos jóvenes podía fabricar. Cuando me senté el anfitrión se levantó, se colocó detrás de mi, desabrochando mi sujetador.
Al verme tan inferior a ellos, que tenían totalmente controlada la situación, me desplomé anímicamente por primera vez, y mis lágrimas comenzaron a rodar por mi cara.
Siempre fuí una persona muy segura de mi misma, pero estos chicos me habían eliminado la voluntad, esta vez sin necesidad de drogarme, sólo con un vil chantaje.
Me senté con ellos, pero no podía probar bocado. Me sentía apática, muy nerviosa y humillada ante aquellos muchachos. Jaime se acercó a mi y secó mis lágrimas. Al menos uno parecía tener corazón.
Cuando hubieron terminado les indiqué si deseaban que les trajese unos postres que había en la cocina, flan, nata, helados, etc.
El llevar el delantal, permitía al menos ocultar mis pechos. Obedecí, como no podía ser de otra forma, y fuí llevando el menaje al fregadero. Mientras, oía hablar a los chicos en voz baja y reír con fuerza en otros momentos.
Cuando hube terminado, me acerqué a ellos, temiendo que algo desagradable me pudiera pasar.
Sabía que eso sucedería en breve, y accedí sin demasiados remilgos.
Sabía que me tocaría a mi dijo Oscar.
En ese momento rompí a llorar desconsoladamente. Todo el tiempo me había mantenido digna, pero ahora ya se había abierto la veda, y no sabía lo que aquellos canallas podrían tener en mente. Me vinieron a la cabeza todas las fotos mías que tenían en su poder, y el uso que le podrían dar.
Me coloqué en medio de la habitación. Oscar se puso de rodillas, y tirando de los laterales de mi tanga, lo fue bajando poco a poco, hasta que llegó a mis tobillos.
Mi sexo ahora, tenía más pelo. La fina línea que subía por mis labios vaginales, era ahora un poco más ancha. Los chicos se dieron cuenta.
Subí a una silla para ayudarme y coloqué mi culo sobre la mesa. Pensé que querían que me quedase levantada, pero me ordenaron que me tumbase.
Iba a hacer de plato. Iban a comer estos mamones desde mi cuerpo. Así fue, me llenaron de nata, y colocaron los flanes y el resto de los dulces sobre mi. Se esmeraron sobre todo en colocarlos estratégicamente en mis pechos y en mi sexo.
Para coger la comida, jugaban con las cucharas y los tenedores. Rozaban mi cuerpo, presionaban mis pechos, incluso, a veces la introducían en mi vagina. Usaban sus dedos, cogían la nata y la pasaban por mi coño antes de llevársela a la boca.
Cuando terminaron de comer Marcos me indicó el camino del baño para tomar una ducha. De nuevo rompí a llorar, aunque pensé que podría tener unos minutos de tranquilidad mientras me limpiaba.
Otra vez no calculé el morbo calculado de los muchachos, al ver que Oscar y Jaime venían detrás.
Me derrumbé, me coloqué en la ducha en posición fetal, llorando, pero entre dos de los chicos me levantaron de nuevo, colocaron mis brazos sobre los azulejos y siguieron lavándome, aunque ya estaba totalmente limpia, seguían tocándome por todos lados.
Bien, ahora vamos de nuevo al salón. Vamos a seguir con la sobremesa.
Pensé que me dejarían vestirme, pero volví a errar. Oscar sacó una pequeña caja, y me ordenó que me lo pusiera. Era un camisón negro, de seda, totalmente transparente.
De nuevo les volví a suplicar.
Temblorosa me coloqué el camisón y les serví las copas.
Todos quedaron en calzoncillos. Sus bultos eran evidentes, por lo que se notaba que estaban muy calientes. En realidad, me habían humillado, habían abusado ligeramente de mi, sobre todo visualmente, me habían tocado, pero no habían tenido sexo explícito conmigo.
Marcos, que se sentía más experto, se levantó y tiró de mi hombro hacia abajo para que obedeciese su orden. No tenía muchas alternativas, así que lo hice. Oscar me agarró de la nuca y acercó mi boca hacia su pene. Tocó mis tetas por encima del camisón, y luego por dentro, estrujándolos con fuerzas, lo que me hizo cierto daño físico. Me hizo tragármela hasta la garganta y empezó a moverme la cabeza, al principio, atrayéndola sólo hasta él, pero poco a poco, con las dos manos, comenzó a dirigir mi felación. Estaba muy caliente y no tardó en correrse en mi boca.
Tosí y escupí su semen. Entonces hicieron alusión a la mamada que hice al padre de Marcos el día que me drogaron, en el que al no tener fuerzas para escupir, tuve que tragármelo.
De nuevo estaba llorando a lágrima viva. De Oscar me podría pensar alguna picardía, pero jamás de Jaime, de quien pensaba que era igual que mi hijo, una excelente persona.
Jaime no contestó, pero lo hizo Marcos por él. Me agarró de un brazo, me llevó hacia la mesa y me tumbó allí.
Me agarró de las piernas, hasta sacarme la mitad del culo fuera de la mesa. Me separó las piernas, acarició mi coño y sin demasiados miramientos me la metió. Mientras, Marcos me sacó las tetas por fuera, y continuó con su labor.
Marcos me tocaba los pechos. Se notaba que lo hacía con placer, pero sobre todo, era para ayudar a excitarse a su amigo, que no tardó en inundarme mi coño de leche.
De nuevo mis lágrimas afloraron mientras los dos amigos me hicieron poner de rodillas. Marcos me subió ligeramanete el camisón, hasta colocarlo a la altura de la cintura.
Mis súplicas de nuevo, cayeron en saco roto. Comenzó a penetrarme, de forma pausada, igual que la vez anterior, no sin antes, darme unas cachetadas en el culo. Mientras siguió la penetración, me iba dando palmetazos en el trasero y subiéndome el camisón, que terminó a la altura de mi cuello.
Marcos se recreó mucho, tardó en correrse, lo que hizo que mi ano quedase muy dolorido. Los otros chicos me tocaban los pechos, en este caso, sólo para que me revelase y diera más placer a su amigo.
Sólo pude negar lentamente con la cabeza. Estaba abatida pero al menos había terminado mi suplicio. Mi única intención era irme a casa.
Marcos puso en marcha la televisión enorme que tenía en el salón. Las imagenes me pusieron la piel de gallina, era yo entrando en la casa. Puso el dvd en avance rápido, y allí estaba yo, desnudándome para ellos, comiendo sobre mi, y posteriormente teniendo sexo, la felación, la penetración y la sodomización.
Me quedé unos minutos viendo el material que poseían. Varias películas grabadas, era yo desde distintas cámaras, hasta una de ellas, en el baño, mientras estos animales me "bañaban"
Marcos se acercó a darme un beso en la mejilla, pero le esquivé y salí de la casa a toda prisa.