Patricia creía llevarse el mundo por delante, a los 23 años y en base a gran sacrificio logró su titulo de Abogada y de inmediato se puso a trabajar en el estudio de su padre. Siguió la tradición familiar y se dedico a ser penalista. Tenía pasta, sabía como tratar con delincuentes y como defenderlos y lograr artilugios para usando la ley, librarlos de una condena. Se fue ganando lentamente gran reputación y su único interés era ganar dinero sin importarle el delito que se le imputara a su defendido
Patricia creía llevarse el mundo por delante, a los 23 años y en base a gran sacrificio logró su titulo de Abogada y de inmediato se puso a trabajar en el estudio de su padre. Siguió la tradición familiar y se dedico a ser penalista. Tenía pasta, sabía como tratar con delincuentes y como defenderlos y lograr artilugios para usando la ley, librarlos de una condena. Se fue ganando lentamente gran reputación y su único interés era ganar dinero sin importarle el delito que se le imputara a su defendido. Un caso magníficamente ganado fue el de un violador que le significo repudio tanto de los familiares de la víctima como de sus propios colegas e incluso una reprimenda de su papá, él jamás había defendido a un hombre que cometiera tan aberrante delito. Lejos de las críticas siguió trabajando y no desechaba ningún tipo de defensa y esto le reportaba grandes honorarios, los que cobraba casi siempre por adelantado para sacar a alguien de la cárcel. Estaba por demás familiarizada con los penales, ya que visitaba frecuentemente a sus defendidos y nada la intimidaba.
Pato a parte de ser una muy buena penalista, que conocía a la perfección los atajos para burlar a la justicia con la propia ley, era dueña de una figura envidiable, alta, muy proporcionada con un perfecto 95-60-95, cabellera larga y castaña, ojos verdosos y un rostro tan perfecto como su escultural cuerpo. Vestía muy elegantemente y tenía un caminar muy sensual, siempre sus faldas eran muy ceñidas y cortas para hacer lucir su impactante cola y sus bien contorneadas piernas, y su chaqueta igualmente apretada a su cuerpo para demostrar que calzaba una muy buena delantera, incluso con el peligro que ello representaba iba del mismo modo a la cárcel a ver a sus defendidos. Se sentía muy segura, se había ganado una gran reputación entre los detenidos por su fama de “sacapresos”.
Una mañana antes de pasar por tribunales donde tenía una audiencia, debió trasladarse primero a un penal de alta peligrosidad para entrevistarse con un detenido y ultimar los detalles del debate que se llevaría a cabo la semana entrante, debía adiestrarlo bien para poder hacer correctamente su defensa, era un homicida que corría el serio riesgo de purgar una condena de cadena perpetua, pero ella estaba segura que liberarlo de la condena y en el peor de los casos lograr la más benévola, unos ocho años, con lo cual a los cuatro años estaría nuevamente en libertad.
Estaba en el lugar donde los profesionales se reunían con sus defendidos, cuando un gran griterío se oía a lo lejos. Los gritos y las corridas de los guardiacárceles presagiaban que algo extraño sucedía en el penal. A la pasada un uniformado alcanzo a gritarle que saliera lo antes posible de allí que se había armado un motín, y los reclusos se estaban apoderando de casi todos los pabellones y oficinas. Con la tranquilidad que le daba su fama, le dejo a su defendido un escrito donde constaba su defensa y las preguntas que debía responder, juntó sus cosas y salió del lugar. Caminaba por el corredor que la llevaba a la salida, cuando grandes corridas detrás de ella se sucedían. Se dio vueltas y vio que los amotinados ya habían ganado ese lugar y las rejas delante suyo estaban cerradas por protección y el personal uniformado se había replegado a un sitio más alejado para no ser tomados como rehenes. Rápidamente el cabecilla del motín, la tomo de un brazo y alborozado le gritaba a sus compañeros que al fin tenían un rehén. Fue en vano el tono amenazador con el que se dirigía a su captor, ahora ella era la victima y ellos tenían algo para negociar. Uno de los del grupo le dijo al organizador de la revuelta quien era ella, que no les serviría para negociar ya que se había ganado la antipatía incluso de todo el Servicio Penitenciario por su fama y que no la considerarían como algo importante para empezar a hablar de sus peticiones. Pero el hombre decidió que al menos algo tenían y no estaba dispuesto a liberarla. La condujeron a un recinto donde inhumanamente convivían durante el tiempo que durara sus condenas. Hileras de camas de hasta tres pisos, colchones tirados por el suelo y un calor insoportable, con un solo baño para treinta personas. En ese lugar se armó el centro de operaciones de los amotinados y escuchaba a ellos como trazaban su plan de acción, con ella como rehén tratarían de seguir ganando posiciones de lo contrario la matarían. Por demás acostumbrada al lenguaje carcelario, no tomo en serio la amenaza, no llegarían tan lejos, sabía que a pesar de ser una abogada no muy “popular” el Alcaíde no permitiría que hubiera un rehén muerto. Llegaban hasta sus oídos las peticiones de los presos hechas en viva vos y la negativa a negociar por parte de la autoridades, cuando sonó fuerte
-“Si no aceptan nuestra propuesta la abogada es boleta” y la respuesta que jamás hubiera querido escuchar
-“Mátenla total es una escoria igual que ustedes”.
Allí sintió miedo por primera vez en su vida y tomo conciencia de la mala reputación que se había ganado por darle prioridad al dinero que a la justicia. Intento convencer a los cabecillas de una mejor estrategia para lograr sus objetivos, pero estos la ignoraban. Producto de los nervios o las horas que llevaba allí, solicitó permiso para ir al sanitario,
-“Esta bien, Pichu llevala y quedate con ella mientras esté en el baño, no le quites la vista de encima”, y Pichu cumplió al pie de la letra las ordenes recibidas, la condujo hasta una letrina y parado frente a ella le dijo:
-“Hay tenes tu baño, usalo”, no había puerta para darse intimidad por lo que le pidió que se diera vuelta para no verla mientras hacía sus necesidades.
- “¿Qué no queres que te vea? Dentro de un rato, te vamos a ver todos y bien en bolas, te lo aseguro”.
Como para no mostrar temor, se levantó la falda y se bajo la tanga y en posición de cuclillas se aprestó a orinar. La vista de Pichu no se apartaba de su intimidad y en la cara libidinosa de su guardián comprendió que esos hombres hacía rato que no veían a una mujer desnuda. Cuando termino y se paro para levantarse sus bragas, quien la vigilaba le dijo
-“Estas buena guacha, a ver dejame verte el culo”. Fue imposible tratar de resistirse, antes de terminar de decir lo dicho el Pichu la giró de la cintura para verle su espectacular trasero y prontamente sus manos se posaron en él. Un grito del interior del recinto, hizo que solo fueran un par de caricias en sus nalgas y una pasada de palma de mano por su entrepierna. Se acomodo la pollera y salio seguida por su vigía, hasta que la dejo sentada en una cama frente a los revoltosos. Pichu se acerco a su jefe y al oído le dijo algo, intuyo que era referente a su anatomía y un pedido desesperado de hacerle algo
-“Para Pichu, todos estamos calientes y de buena ganas nos la cogeríamos, pero para eso hay tiempo, primero negociemos, de todas maneras la doctorcita de acá se va con el culo roto así logremos lo que queremos”.
Esos hombres estaban dispuestos a todo y la amenaza sonó fuerte en ella, era demasiada carne fresca para esos hambrientos reclusos. En un impulso se levantó y encaró a quien la había capturado
-“No empeore más las cosas, si me maltratan será peor para ustedes, una violación es un delito grave y con consecuencias terribles”,
-“Mira vos, ¿ y porque no lo pensantes cuando defendiste al hijo de puta que violó a mi hija de once años?”
-“Porque todo hombre merece un juicio justo”,
-“Justo sí, pero no que a los dos meses estuviera suelto violando nenas de nuevo, menos mal que lo mate a cuchillazos, sino seguía haciendo de las suyas, y encima culpa de ese degenerado estoy acá purgando veinte años de mi vida. Sabes una cosa yo voy a ser el primero en romperte ese hermoso ojete que tenes, y cuando te lo este haciendo acordate no solo de mi hija y lo que sintió la pobrecita, sino en la escoria que defendiste”.
Ya no quedaban dudas, de allí con suerte podría salir viva, pero ultrajada también.
Mil cosas pasaban por su cabeza, las advertencias de su padre para con ese tipo de gente y a quienes defendía, las sugerencias de las mujeres guardiacárceles para que no vistiera ropas tan llamativas, la mala reputación que se había ganado entre sus colegas y por sobre todo las amenazas que le proferían los familiares de las víctimas de sus clientes. Al cabo de unas interminables doce horas en que las cosas estaban en un punto muerto, uno de los cabecillas le dijo al resto que iban a tener que ceder, era demasiada intransigencia por parte de las autoridades y no tenían un rehén de peso para obtener sus demandas. Pero quien llevaba la voz cantante y que estaba preso por matar a uno de sus defendidos, dijo
-“Esta bien, vamos a rendirnos, pero ahora no, tenemos toda la noche para divertirnos con la doctorcita, mañana temprano la entregamos y nos rendimos. Total a la única que le va a importar lo que le hacemos va a ser a ella, para los demás es tan basura como nosotros”.
Algunos se oponían, no querían agravar las cosas, pero otros entre los que se hallaba Pichu estaban bien de acuerdo, hacía muchos años que no estaban con una mujer.
-“Bueno nena, te llegó la hora, ¿nos la vas a hacer fácil o difícil?, anda desvistiéndote solita que no queremos romperte la ropita”.
-“Ni loca, ustedes están locos y enfermos, si creen que van a poder abusar de mi sin que oponga resistencia están muy equivocados”. Una filosa daga se apoyo en su garganta, sentía el frío del filo presionando la carne
-“¿Y que hacemos?”.
-“Bueno, bueno esta bien, yo sola me saco la ropa” dijo como para ir saliendo de la incomoda situación y ganar tiempo. Muy lentamente iba desabrochando uno a uno los botones de su chaqueta, mientras unos veinte hombres en semicírculo se relamían pensando en el recreo que tendrían. Tardo como veinte minutos en quedar solo en tanga y sostén, acomodando muy prolijamente cada prenda que se quitaba. Cuarenta ojos se clavaban en su apetecible cuerpo y cuando se aprestaba a quitarse las últimas prendas que le quedaban, la voz cantante dijo:
-“No doctora, ese es mi privilegio” y a los tirones le quito primero el corpiño y luego su trusa, la tomo del cuello y la hacía girar sobre si misma para que sus compañeros de cautiverio se relamieran con el regalito de su “jefe”.
-“Yo soy el primero” dijo acto seguido y la llevó hasta un colchón tirado en el piso en el fondo del pabellón.
-“Por favor, permítame ir nuevamente al baño”,
-“Si cosita, anda tranquila y si queres te traemos un poco de agua para que te laves bien la conchita y el culo” le dijo socarronamente, pero nuevamente no fue sola, quien sería su primer hombre en gozarla la acompaño sin quitarle la vista de encima mientras orinaba, cuando termino la tomo de un brazo la llevó hasta un piletón donde estaba la única canilla, le ordenó
-“Lavate bien la argolla y el orto, no me gustan los malos olores” y alcanzándole un sucio jabón tuvo que humillarse y hacerlo delante quien tendría el privilegio de ser su primer abusador. Cuando termino, el hombre se arrodillo delante de ella y oliéndola le dijo
-“Ahora si, ya estas lista, sin olor a meo ni a pescado podrido” y tomándola fuertemente del brazo la llevo hasta el colchón del suplicio y la hizo acostarse. Hizo más que un pedido un ruego
-“Por favor usted parece ser el más sensato de todos, tráteme con delicadeza, no voy a oponer resistencia pero hágalo como si lo hiciera con su mujer”,
-“Si, quedate tranquila, no lo voy a hacer como con mi mujer porque a ella la amo, lo voy a hacer como se lo hicieron a mi hija” y una vez despojado de sus pantalones y blandiendo su miembro, el que a Patricia le parecía inmenso, se recostó sobre ella, le paso su sucia lengua por todo el cuerpo, provocándole asco y repugnancia, y cuando termino de lamerla toda dejando restos de saliva en su cuidada silueta, violentamente la dio vuelta, apoyo el antebrazo en su espalda para inmovilizarla, con las piernas abría las de ella y cuando tuvo su ano a la vista, la penetró con una inusitada violencia que la hizo lanzar un grito desesperado de dolor. El hombre enterró su hombría hasta el fondo, luego bombeo por espacio de unos interminables cinco minutos hasta que finalmente inundo su recto de esperma.
-“Te gusto preciosa, lo mismo que sentiste vos sintió mi pobre Andreita cuando le rompieron el culo como recién yo te lo rompí a vos”.
Concluida su violación se incorporo, y antes que la dolorida Patricia pudiera salir de la posición en la que estaba, ya tenía a otro presidiario encima de ella, primero por su vagina donde le acabo todo lo que guardaba, valla a saber durante cuanto tiempo, pero como era joven y vigoroso antes de perder la erección, le quedó tiempo para penetrarle analmente y nuevamente eyacularle. Uno a uno fueron pasando el resto de los hombres y perecía como que todos habían recibido la misma orden, lo último que hacían era fueron ultrajar su ano. Terminado su suplicio, no podía ni levantarse, un dolor desgarrador sentía por dentro, su trasero hasta ese momento virgen, había sido perforado por veinte hombres necesitados de sexo. Al borde del desmayo, sintió que dos de ellos la levantaban de los brazos y casi a la rastra la llevaron nuevamente al baño, la metieron en el piletón y entre los dos la higienizaron, cuidando de no mojar su cabellera. Cuando concluyeron le dijeron socarronamente
-“Ya esta Linda, limpita como cuando entraste” y la devolvieron al pabellón. Allí recibió una nueva orden
-“Ahora vestite bien, pintate un poco para disimular las ojeras que te vamos a devolver. Pero mira que habías resultado viciosa, te pasaste veinte tipos como nada”.
No podía emitir palabra, las piernas le temblaban, y el dolor en su vagina y ano eran insoportables, pero tratando de guardar la compostura, se vistió, y obedeciendo se maquilló para que cuando la vieran los guardias luciera como cuando ingreso. La acompañaron hasta la reja y se la entregaron a los guardias y todos los reclusos depusieron su actitud, volviendo la calma al penal.
Ya se encontraba el Juez Penal de turno que fue el primero en interrogarla
-“¿La trataron bien Doctora?”,
-“Si doctor, me trataron bien, no me hicieron nada” total que ganaba con decir que había sido violada por un pabellón, lo único que lograría sería que todos de quien se había ganado la antipatía en el fondo se alegraran de lo que le había pasado. Y como pudo se fue del lugar, sin ese andar provocativo y altanero, cabizbaja y herida en su orgullo y amor propio.
Ya en su casa un baño de inmersión interminable, pretendía sacar hasta la última gota de saliva de sus abusadores, y luego se acostó sin siquiera responder a las preguntas de su madre y su padre preocupados por la suerte que corrió durante su largo cautiverio. Se tomo una semana en el estudio, durante la cual pasaba largas horas en la cama, siendo su almohada la única que leía en su mente por lo que había pasado, guardo secretamente el calvario a la fue sometida.
Pasado el tiempo volvió al estudio e hizo caso a todas y cada una de las recomendaciones de su padre, rechazaba todas las causas de delincuentes peligrosos y principalmente si el delito era violación. Su novio ex novio, Pablo, se había preocupado mucho por lo sucedido y la llamaba constantemente, pero ante él también guardo silencio de lo vivido. Tantas atenciones recibidas, la hicieron pensar en una reconciliación, cosa que agrado sobremanera a Pablo, que siempre la había querido pero que fue ella quien puso fin a la relación. Al mes del incidente tuvo un encuentro amoroso con su novio, el primero luego de eso que le paso, y mientras lo sentía encima suyo, venía a su mente la violación de los presos e impulsada por el recuerdo, lo apartó a él, se dio vueltas y tocándose la cola le dijo
-“Rompeme el culo que me encanta”, el atónito muchacho no entendía nada, tantos ruegos para tener sexo anal durante los años de relación a los que ella se negaba terminantemente y ahora se lo estaba pidiendo casi por favor. En cuanto levantó su cola y abrió ligeramente sus piernas, Pablo sin perdidas de tiempo apoyo su tranca en el morado agujero y al primer intento, pensando en la dificultad que le traería la penetración, creyendo aún en su virginidad anal y la incomodidad que le produciría a su novia, entro sin ningún tipo de dificultad, mientras ella gritaba y se contorneaba diciendo
-“Si, si, si, así, rompeme bien el culo que me encanta, metela toda, no dejes nada afuera”.
Lo de “rompeme” era una simple frase, rompérselo, se lo habían roto veinte presos un mes atrás.
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