Belén era una de las directoras de departamento de la empresa, jefa directa de Quique, y de otros dos jóvenes más, que por supuesto, también iban al convite.
El director general y otras cuatro personas más, entre ellos otros dos directores de departamento, era el plantel de invitados que representaba a la empresa donde el novio se ganaba la vida.
Aquella tarde, Belén había aceptado de mala gana dejar a su marido y a su hijo adolescente en casa para asistir al enlace, habida cuenta, que todo el grupo integrante de la empresa, había decidido no acudir con sus parejas y además, habían tenido que alquilar una habitación en un hotel cercano, a tan sólo dos calles del lugar de la celebración, para evitar desplazamientos una vez finalizada la boda, que era de suponer, se prolongaría hasta altas horas de la madrugada.
Belén, mujer madura y atractiva, de cuarenta años, rubia, no muy alta, cintura prieta y abundante pecho, era una persona formada y exigente con sus subordinados, por lo que no era demasiado querida por ellos.
A excepción del director general, con quien mantenía frecuentes reuniones de negocios, no tenía demasiada relación con el resto de sus compañeros, salvo con Dani y Manu, con quien compartía el día a día de su trabajo, y además eran objeto frecuente de sus enfados y continuas llamadas de atención y del protagonista de la boda, Quique.
En el día a día cotidiano, cuando terminaban su jornada laboral, los dos jóvenes junto con Quique, se desahogaban tomando alguna cerveza.
A las siete de la tarde, todos acudieron a la iglesia, donde se reunirían para la ceremonia. Una hora después, los invitados fueron llegando al salón donde se celebraría el banquete.
Antes de comenzar a cenar, Belén tomó dos cervezas. No era una gran bebedora, pero no estaba con demasiados ánimos de aguantar toda una velada con sus compañeros y pensó que al menos la ventaja que tenía, era que no debería conducir esa noche de camino a casa.
Por su parte, la mente de Dani y Manu estaba pendiente de otros detalles. Ambos coqueteaban ligeramente con las drogas y habían conseguido un producto que añadido al alcohol potenciaba varias veces sus efectos.
Los nueve compañeros compartirían la misma mesa. Dani enseñaba de manera cómplice el pequeño frasco que contenía la droga, y que esperaban poder echar a su jefa, sólo para divertirse, y dejarla en evidencia ante el resto de compañeros, por su estado de embriaguez.
Comenzaron a cenar, y para disgusto de los dos muchachos, no tuvieron oportunidad de verter el líquido en su copa de vino. Eso les fue haciendo ensombrecer su carácter ya que les resultaría complicado ridiculizarla.
Poco a poco fueron dando cuenta de los ricos manjares a los que habían sido invitados. Los jóvenes no podían hacer nada ante tantas miradas en la mesa. Afortunadamente para ellos, llegaron los postres, y todos se levantaron para saludar a los novios, lo mismo hizo Belén, lo que dio la oportunidad a los chicos para que disolviesen la primera dosis en el champán que acaban de servir en las copas.
Todos volvieron a las mesas cuando los novios iban a cortar la tarta. Dani quiso hacer un brindis por su compañero, y todos bebieron.
Belén se sintió muy bien al beber y el camarero le sirvió una nueva copa de champán. Ahora no pudieron volver a verter el líquido, pero ella incrementaba su ingesta de alcohol.
Unos minutos después comenzó el baile con una orquesta que había sido contratada para la ocasión. Manu, en un ataque de "gentileza" preguntó a Belén si quería una copa.
Juntos se dirigieron a la barra del bar. Cuando entregaron la bebida a la mujer, volvía a llevar una nueva dosis del mágico líquido que llevaban los muchachos.
Al terminar la consumición, la mujer llevaba un cierto nivel de alcohol aunque conservaba su carácter altivo y aún podía hablar sin dificultad y mantenerse en pie. No obstante, los chicos empezaban a disfrutar con la situación, pero su sorpresa fue mayúscula al hacerle la pregunta.....
Sin despedirse, la mujer salió en dirección a la calle. Era típico de su carácter. Incluso sus compañeros del mismo nivel, odiaban esa actitud de marcharse sin decir adiós. Dos minutos después, Dani y Manu le daban alcance, cerca ya del hotel. .
El estar en un ambiente distinto al trabajo, permitía esa confianza. La mujer no dijo nada, pero no opuso resistencia cuando Dani la cogió del brazo y se dirigieron a una discoteca cercana al hotel. Cuando entraron aún estaba casi desierta, era demasiado pronto todavía.
Belén se sentó y los chicos fueron a por las bebidas.
Por supuesto, antes de entregarle la copa a su jefa, esta ya tenía la dosis mágica correspondiente. La discoteca se iba poco a poco llenando y cada vez Belén le costaba más mantener la verticalidad y hablar con normalidad.
La mujer, que llevaba un vestido de fiesta negro dejando a la vista su escote, cubierto este por un chals del mismo color, mientras que la falda le bordeaba las rodillas, sentía que flotaba y deseaba tomar otro gintonic, por lo que sacó el monedero de su bolso, y de forma torpe tomó 50 euros y se los dio a uno de los chicos para pagar las consumiciones.
Los dos empleados ayudaron a su superiora a sentarse ya que apenas podía mantenerse de pie sin ayuda y se dirigieron a la barra hablando entre ellos.
Belén casi no podía mantener los ojos abiertos. Ahora Dani, cogiéndola de la cintura la llevó a bailar y tuvo que sujetarle él la bebida e írsela dando poco a poco, a pequeños sorbos.
Minutos después, la directora no podía sujetarse con sus piernas y sus palabras, no eran entendibles, su cuerpo y su mente estaban ya muy deteriorados.
Los dos jóvenes, agarraron por los brazos a su superiora y se dirigieron al hotel. Al llegar, el recepcionista no dio importancia al hecho, y se limitó a darles las buenas noches.
Entraron en la habitación, introdujeron la tarjeta y se iluminó el cuarto. La sonrisa en la cara de Dani hizo ver a Manu lo que se proponía.
Los dos chicos iban vestidos con unos pantalones de pinzas y unas camisas de vestir, pero sin corbata. Ambos eran muy delgados y con el pelo cortado al uno.
Programó la cámara y los dos muchachos se situaron a ambos lados de Belén que permanecía inerte en la cama. Bastaron un par de pequeñas bofetadas en la cara, para que abriese los ojos momentáneamente, lo justo para que apareciese en la foto mientras que ambos besaban sus mejillas.
Belén volvió sin fuerzas a cerrar los ojos, por lo que Manu se colocó de rodillas en la cama y tocó sus pechos por encima del ceñido traje. Después levantó su falda mientras que su compañero aprovechaba a hacer una foto por debajo de ella. A continuación la dieron la vuelta, con el objeto de investigar cómo empezar a desnudarla.
Ella pareció abrir sus preciosos ojos verdes, pero no llegó a decir nada.
Primero decidieron plasmar unas imágenes en la que los chicos besaban a la mujer. Tuvieron que taparle la nariz para que abriese su boca y poder meter sus lenguas para inmortalizar el momento. Luego, entre los dos la incorporaron, sentándola en la cama. Dani le retiró su chals y comprobó que efectivamente su vestido llevaba una larga cremallera que recorría toda su espalda.
Sin dudarlo bajó la cremallera y el vestido que iba ajustado se abrió prácticamente. A pesar de la torpeza de sus movimientos, no tuvieron problema en tirar de él hacia abajo hasta dejarlo a la altura de su estómago. Después volvieron a tumbar a la mujer y lo sacaron completamente por sus piernas y lo dejaron colocado en una silla.
Las fotos continuaron, primero un muchacho y luego el otro pegaron sus labios a los de la mujer para guardar una instantánea del momento.
Belén llevaba un sujetador sin gomas por encima para que mantuviese la estética del vestido que había usado para la celebración.
Manu aprovechó la situación, y una vez que había pasado sus torpes manos por encima de la prenda, procedió a quitarlo, siempre con la ayuda de Dani quien tuvo que ayudarle a incorporarla y poder conseguir que esto fuese posible.
Era un sujetador normal, negro tupido, con la única salvedad de no llevar por encima las típicas gomas que cargaban sobre los hombros ya que el vestido llevaba los hombros destapados.
Una vez que los muchachos soltaron el enganche que llevaba en la parte trasera el sostén se abrió y quedó lista para que fuese retirada del cuerpo de la mujer, y lo dejaron junto al vestido.
Los muchachos disfrutaban la suerte que habían tenido de tener a su directora en estado de embriaguez, ante ellos y sin nadie que pudiera enturbiar la situación que ahora se producía.
Antes de nada, unas cuantas fotos, primero un chico, y luego otro se situaron sobre ella, agarrados a su delantera, besándolas y acariciándolas. De nuevo volvieron a dar unos golpecitos en la cara, intentando que abriese los ojos, conocedores que se encontraba en estado de semiincosciencia. Los estímulos dieron sus resultados y pudieron realizar varias fotografías con sus ojos abiertos.
Apartaron la cámara y de nuevo, los dos chicos comenzaron a operar sobre Belén. Antes de hacer nada, le dieron la vuelta para contemplar su culo que sólo estaba tapado por el pequeño cordón del tanga. Una vez hecha la inspección ocular, volvieron a situarla sobre la cama.
El deseo de los muchachos podía más que la racionalidad de todo lo que estaban haciendo. Dani se situó sobre la cama y acarició la parte delantera de su tanga. Manu volvió ahora a tomar instantáneas de la situación..
Cambiaron de postura y uno cedió la cámara al otro. Ahora fue Manu quien comenzó a tocar a su jefa, incluso llegó a desplazar ligeramente el tanga, dejando al descubierto su sexo. El joven lo acarició, incluso llegó a pasar el dedo por la vulva de la mujer. Antes de dejarla, agarró el tanga con un dedo de la mano de la mujer, dejándolo apartado y al descubierto, dando la impresión que era ella quien lo había apartado para mostrarlo a los jóvenes.
Entre los dos chicos levantaron su pompi para sacarle el tanga, que dejaron colocado a la mitad de sus muslos con la "sana" intención de continuar retratando a Belén. De nuevo, colocaron sus manos en los laterales de sus bragas, que hacían imaginar que era ella quien lo bajaba. Su precioso sexo, depilado, con una fina línea de tres centímetros de ancho que subía por encima de sus labios vaginales, quedó a la vista de los enfervorecidos muchachos.
Fue Manu quien retiró el tanga del cuerpo de la ejecutiva y lo dejó colocado sobre la silla a la que había ido a parar el resto de la ropa.
Manu obedeció sin rechistar y los dos chicos quedaron completamente desnudos, ya con sus miembros empalmados.
Colocaron una doble almohada debajo de su cabeza con el objeto de que su boca quedase a una altura un poco mayor y volvieron a turnarse para besarla y realizar las tomas con la cámara. A los pocos instantes, fue Manu quien no tuvo problemas en dejar a Belén con las piernas totalmente separadas, indefensa ante la boca del muchacho que comenzó a juguetear con el sexo de la directora.
De nuevo cambiaron los roles, y Dani cedió la cámara a su amigo mientras este directamente se dirigió a la entrepierna de la mujer. La vagina, ajena al sentimiento de violación al que estaba siendo sometida segregaba bastante flujo.
Dani se incorporó y le metió los dedos y riendo dijo:
Manu le acompañó en sus risas y continuaron jugando.
De nuevo se sucedieron las risas y el muchacho colocó su pene a la altura de sus labios. Hizo lo que le había indicado su compañero e introdujo su miembro hasta casi la garganta de la mujer.
Los dientes apretando sin fuerza el aparato de Dani excitaba sobremanera al muchacho, quien empezó a decir improperios y obscenidades mientras que continuaba con la felación, que dada la excitación del chico, iba a ser muy corta.
Utilizando papel higiénico limpiaron los labios de la mujer y fue Manu quien hizo el mismo movimiento que había hecho anteriormente el otro empleado. De la misma forma, la boca de Belén se llenó del miembro del otro hombre.
Se movía como podía, pero afortunadamente para él, su sexo no se salía de la boca de la fémina. Enseguida, imitando a su compañero comenzó a gritar y a decir barbaridades similares, hasta que por segunda vez los labios quedaron inundados de semen.
Los compañeros habían quedado ligeramente desahogados al eyacular en la boca de su jefa, aunque sin duda alguna no habían terminado.
Dani trajo varias toallas que había en el baño. La hembra continuaba totalmente desnuda, a excepción de los zapatos, que los chicos no habían sentido necesidad de retirar.
Uno de los muchachos cogió en brazos a su víctima mientras que el otro situó una toalla justo debajo de ella y procedieron a cerrarla por delante.
Comenzó a clickear la máquina. Al principio desde distintos ángulos. Después empezó a subir la toalla por la parte de abajo poco a poco hasta dejar a vista la pelambrera de Belén, siempre recreándose en cada centímetro, como si se tratase de una película en cámara lenta. Las manos las iba colocando según sus deseos. Sería un recuerdo para siempre.
La sesión continuó, le fue bajando el escote, hasta casi mostrar los pezones, mientras que por último, poco a poco fue abriendo la toalla hasta dejarla como había estado unos minutos antes, totalmente desnuda. Todos los movimientos fueron acompañados de imágenes.
Primero dobló varias veces una pequeña toalla de lavabo y la colocó sobre sus pechos. Apenas le cubría los pezones, y con un paquete de toallitas de papel que había en el baño cubrió su vagina. Le hicieron unas cuantas fotografías más, muy eróticas ya que estaba totalmente desnuda, tan sólo tapados sus puntos más eróticos.
El subordinado tomó el chals que había llevado la mujer a la boda y lo colocó encima de su cuerpo. Al ser semitransparente, hacía contemplar el cuerpo de la fémina de forma más erótica. Lógicamente, aprovecharon a sacar varias decenas más de fotos, con la diferencia del lugar que ocupaba la prenda, enseñando más o menos, según la excitación de los abusadores y colocando las manos de Belén de forma estratégica, imaginando que hacía un strep tease.
Sacó el puro que le habían entregado en la boda y lo introdujo en el sexo de su jefa hasta la mitad. De nuevo la cámara volvió a funcionar como una loca, sacando imágenes del evento, ante la risa de los muchachos. Acto seguido, empezó a meterlo y a sacarlo, humedeciéndose el seco tronco del tabaco.
Una vez se dio por satisfecho la volteó y tocó de forma descarada sus nalgas, separándolas dejando su ano a la vista.
Ahora hizo el mismo movimiento con el puro, pero esta vez lo introdujo por detrás. Les sirvió para unas risas y lógicamente para sacar más retratos de la situación.
Volvieron a voltearla para penetrarla. Fue Dani quien tomó la iniciativa, pidiendo a su compañero que inmortalizase todos los momentos.
Situó a Belén de costado y separó sus piernas. Mientras el llevó su pene a la entrada de su cavidad y la penetró. La situación permitía contemplar a la cámara todos los movimientos que el subordinado realizaba sobre su superiora.
Dani lo disfrutaba, pero sobre todo disfrutaba el pensar que tendría esas imágenes para siempre, lo que le iba haciendo aumentar su deseo y su pene hasta que por fin descargó totalmente fuera de ella, en su vello púbico. Quería ver esas fotos lo antes posible, pero antes de ello, debería inmortalizar a su amigo.
Manu fue más tradicional. Separó las piernas de la mujer y las flexionó para meterse entre ellas. Dani se puso de pie y disparaba a distintas distancias, intentando captar con la mayor exactitud posible las embestidas de su compañero.
Cuando terminó los dos chicos cruzaron sus palmas en señal de éxito. Tomaron dos toallas y empezaron a limpiar a la mujer en todos los lugares donde hubiera algún resto de semen.
Primero fue el sujetador. Un par de fotos más salieron de la cámara. Uno la incorporó mientras que otro se lo colocó sin demasiado esfuerzo. Después el tanga que lo colocaron con ella tumbada de espaldas, y así obtener otras perspectivas. La incorporaron y le colocaron el vestido. Esto fue lo que más le costó puesto que le quedaba muy ceñida, por lo que no les quedó demasiado bien. No obstante tampoco tenía que ser nada perfecto, ya que ella no se acordaría de nada al día siguiente, o al menos, eso esperaban.
Los dos muchachos salieron de la habitación y se dirigieron a la que compartían, satisfechos por lo bien que lo habían pasado y comentando entre ellos que habían tenido su propia noche de bodas, y aunque Nati, la mujer de Quique, era una preciosidad, no habrían cambiado por nada lo que habían vivido, y sobre todo el recuerdo que se llevaban.
Belén se despertó porque su marido la llamó en torno a las 10.30 de la mañana. El alcohol y el elixir que los muchachos utilizaron habían hecho efecto en la cabeza de la mujer. No se acordaba de nada, por lo que se duchó y tomó el coche para dirigirse a su casa ya que su marido y su hijo la esperaban para ir a comer fuera.
El lunes siguiente Belén habló a primera hora con sus empleados, y comentaron ligeramente la boda, el menú, como iba vestida la novia, etc. Respecto a lo que sucedió después, no hizo ni tan siquiera mención de gratitud hacia sus subordinados que la habían llevado al hotel, aunque su último recuerdo era de cuando entraron a la habitación.
Quique estaba de viaje de novios. Ambos chicos esperaban ansiosos su llegada para contarle su otra noche de bodas aunque aún no imaginaban el juego que esas fotos le iban a dar.