
En mi anterior relato les conté como fue que me inicie en el sexo de violencia extrema en compañía de mi esposa María. Luego de que desaparecimos los cuerpos decidimos irnos de vacaciones, y nos fuimos a la finca que tenemos en los llanos, en compañía de tres de mis escoltas, en estos tiempos uno nunca sabe que pueda ocurrir y es mejor estar preparados. Escogí para el viaje a los tres de más confianza, Raul, Carlos y Martín.
Luego de varios días tranquilos en la finca, salimos a cabalgar, revisamos los corrales, y asistimos al parto de nuevos terneros, fuimos a visitar la casa de unos colonos que se habían asentado en los limites de la finca, en la zona del río. La llegada de ellos no me agradaba porque con eso colonos vienen también problemas, por eso quería negociar con ellos para que se fueran a otras tierras.
Llegamos a eso de las dos de la tarde, y bajándonos de las camionetas mi esposa y yo fuimos hasta la puerta de la casa, mientras los escoltas se quedaron fuera vigilando; estaba solamente una mujer de unos 30 años, y una chiquilla de 18; la mujer morena, no muy alta, con unos senos grandes pero algo caídos según se adivinaba bajo su vestido de flores, con unas caderas grandes, pies descalzos y piernas bien formadas y que dejaban ver la fuerza lograda en el trabajo diario; la niña, delgada y con una cara bonita, los senitos apenas comenzando a marcarse tras la blusa azul y una faldita plisada que alguna vez debió ser parte del uniforme de algún colegio, medias recogidas en los tobillos y unos zapatos que se veían gastados.
- Venimos a hablar con su marido, queremos proponerle un negocio
- Está pescando en el río, con mi hijo mayor, pero lo que tenga que hablar pude hacerlo conmigo.
- Lo que quiero hablar es cosa de hombres- repuse-, no se ofenda, pero preferiría esperarlo.
En ese momento vimos llegar a un hombre, algo viejo en su apariencia, acompañado de un muchacho de unos 20 años.
- Buena tarde patrón- dijo él- a que debemos su visita.
- voy a ir directamente al grano, le compro la tierra que arregló y cercó, pero tiene que irse para otra parte, pongale precio no más y lo negociamos.
La respuesta del hombre me desconcertó
- No me crea tan marica, ustedes son unos hijueputas que quieren sacarnos de acá, peri ni por el putas nos vamos, y le digo de una vez, que vamos a venir más y vamos a fundar un caserío, le guste o no, y se me van largando parranda de malparidos.
Mientras iba diciendo todo eso, sacó su machete y lo alzó amenazandonos, pero ese fue su error, porque Carlos que estaba a escasos diez metros, sacó su nueve milímetros y le encajó un tiro al lado de la oreja, la sangre salpicó mi camisa y parte de su cráneo fue a caer a los pies de la mujer que comenzó a gritar presa de la histeria, la niña solo se tapaba la cara, el muchacho intentó tomar la escopeta que estaba recostada en la pared cerca de la puerta, pero esta vez fue Raul quien disparó una ráfaga de su Uzi, pero apuntando a las piernas, varias balas le rieron en las pantorrillas y quedo en el piso gritando de dolor.
- Imbeciles que hicieron, los traje para que cuidaran, no para que iniciaran una masacre, ahora qué vamos a hacer guevones.
María dijo que teníamos que ocultar lo que había pasado, pero que no desaprovecháramos la ocasión para divertirnos un poco, rápidamente comprendí lo que ella quería y acepte gustoso la idea.
Metimos a la mujer ya la niña a la casa mientras mis hombres metían dentro también al muchacho y lo sentaban en una silla donde lo dejaron bien amarrado.
- Tenemos que actuar rápido –les dije- no vaya a ser que pase por acá una patrulla del ejercito y ahí si nos pegamos una emproblemada.
María procedió a golpear a la mujer para que dejara de gritar, primero un par de bofetones, pero como no se callaba la tumbó al piso donde la emprendió a patadas en el estomago, en los senos y en la cara, la golpeo con saña durante un buen rato, luego con ayuda de Raul y Martín, la desvistieron rasgándole el vestido, el rostro lo tenía bañado en la sangre que salía profusamente de su nariz, la colocaron encima de la mesa, boca arriba y dejando sus piernas amarradas y bien abiertas. Se dirigió al muchacho y le dijo que si no quería que lo mismo le pasara a su hermanita, tenia que hacer lo que le indicáramos. El chico orgulloso respondió con insultos, era del mismo temple del padre, por eso tomé a la niña, arrastrándola del cabello la puse frente a él y le di un par de patadas en las nalgas, quedando tirada en el piso y llorando por el dolor
- No siga, por favor no siga, no le pegue –respondió al fin mostrándose más dócil.
Bueno, entonces vas a dejar que tu hermanita te la mame, María le bajó los pantalones y quedó al descubierto una verga grande pero flacida, Carlos tomó a la chiquila por el cabello y le puso la cara encima de la verga del hermano, ella cerraba los ojos y se negaba a abrir la boca, por lo que le apreté las heridas al chico haciéndolo gritar y retorcerse de dolor
- Déjelo – grito la niña, abriendo la boca y comenzando a chupar suavemente la verga del hermano, estuvo así cerca de diez minutos al cabo de los cuales él no pudo seguir resistiéndose y se le paro adquiriendo unas enormes dimensiones
- Vaya si esta bien equipado –exclamo María sumándose a la mamada que hacia la niña y como ella se quedó engullendo el enorme miembro, alcé a la chiquilla, la lleve hasta donde estaba la madre todavía inconsciente y tomándola fuertemente de la nuca le empujé la cara sobre la mata de pelo que ocultaba unos labios vaginales grandes, pero que se veían muy secos
- A lamer putita, tienes que mojarla bien para que no le vaya a doler lo que le vamos a hacer
Con su lengüita lamía los labios y rozaba el clítoris que fue adquiriendo brillo y firmeza bajo el tierno estimulo, la respiración de la mujer se fue agitando hasta que abrió los ojos sorprendida de encontrarse tan mojada, pero retorciéndose para retirar de allí a su hija.
La levé de regreso donde el hermano justo a tiempo para ponerla frente a la verga que comenzaba a lanzar chorros de semen lavándole la cara, el pelo y el vestido. La imagen me arrechó tanto que no pude aguantar más y le rasgué la ropa dejándola desnuda mientras su madre y su hermano suplicaban que no le hiciera nada, la alcé y la acosté bocarriba encima de la mujer, pero al revés de manera que las nalguitas quedaron casi sobre su cara, me saque la verga que ya me dolía de la enorme erección que tenía, le abrí las piernas y sin miramientos la puse en su rajita metiéndola de un solo empujón y hasta el fondo, dio un grito muy fuerte por el dolor del desvirgue y comencé a bombear con fuerza, como queriendo partirla a la mitad, seguí así un rato mientras mis huevos golpeaban al tiempo sus nalgas y la cara de su madre donde quedó luego la mezcla de sangre y semen que le escurría del cochito de su hija.
Mientras yo estaba ocupado, María se había desvestido y se la estaban comiendo entre los tres escoltas, estaba sentada sobre Raul dándole la espalda mientras el se la clavaba por el culo, Martín se la bombeaba por el chocho mientras Carlos se lo empujaba por la boca, ella lo soltó y algo le dijo; Carlos se fue donde el muchacho, lo desato y comenzó a golpearlo, luego lo desvistió y poniéndolo boca abajo le separo las piernas y se lo clavó en el culo, el chico solo gemía por la combinación de dolores y estaba tan atontado que no opuso resistencia mientras Carlos lo ahorcaba, cuando el cuerpo se desmadejo, Carlos siguió clavándolo con más furia hasta que sacándolo, eyaculo dejando todo su semen sobre la espalda del cadáver.
La mujer lloraba y gritaba, mientras la niña solo gemía cogiéndose con las manos el chochito para aliviar su dolor. La imagen me arrecho de nuevo y volteando a la chiquilla todavía sobre la madre, le separé las nalgas y se lo metí nuevamente de un solo empujón, el grito fue más fuerte esta vez y trataba de safarse apara evitar el dolor del culito, la tomé fuertemente de los hombros y continué con el mete y saca hasta que sentí que me venia, sacándolo luego para ver como estaba de dilatado el esfínter y como escurría la leche y la sangre por sus muslos.
Descansamos un rato y luego, casi al anochecer iniciamos nuevamente, esta vez Carlos enculo a la niña, mientras Raul y Martín hacían lo propio con la mujer, se fueron turnando mientras María y yo nos masturbábamos viéndolos. Cuando acabaron y ya estaban secos, María tomó a la mujer y haciendo algo que a ella le gusta mucho fue metiendo poco a poco su mano en el chocho hasta que entró hasta la muñeca, me miro buscando aprobación y yo asentí afirmativamente, entonces siguió empujando y desgarrando hasta su brazo se hundió hasta el codo, la mujer con los ojos desorbitados ya fue dejando de moverse y dejo de respirar con el último empujon. Yo me dispuse a tomar el dulce premio de la chiquilla y alzándola la senté en mi verga y la bombee hasta que eyacule mientras apretaba su cuello.
Llevamos los cuatro cuerpos hasta una fosa que preparamos en medio del monte y procedimos a quemar la casa eliminando cualquier evidencia de nuestro paso.
Ya de regreso en la casa María sonriente me dijo – te vi disfrutar mucho con la chiquilla, si sabes que si vamos al caribe, hay planes de viaje con todo incluido, y luego nadie pregunta por las chicas. Ahora estamos preparando maletas para irnos de vacaciones en un crucero, luego les contaré que encuentro por allá, de pronto hay sorpresas.