Mi nombre es Ana y tengo 27 años. Os relataré la historia que me ocurrió cuando tenía 15 años en un colegio femenino, fue mi primera experiencia realmente excitante.

Anualmente pasábamos todas las chicas la revisión médica en la cual un doctor moreno con bigote y más o menos atractivo de unos 40 y tantos años nos tomaba la tensión, nos pesaba, nos medía y nos miraba los ojos y los oidos; todo ello en una sala de clase en donde sólo teníamos que levantarnos un poco las mangas del jersey del uniforme.

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2006-11-09 08:24:01

Mi nombre es Ana y tengo 27 años. Os relataré la historia que me ocurrió cuando tenía 15 años en un colegio femenino, fue mi primera experiencia realmente excitante.

Anualmente pasábamos todas las chicas la revisión médica en la cual un doctor moreno con bigote y más o menos atractivo de unos 40 y tantos años nos tomaba la tensión, nos pesaba, nos medía y nos miraba los ojos y los oidos; todo ello en una sala de clase en donde sólo teníamos que levantarnos un poco las mangas del jersey del uniforme.


El día que mis compañeras pasaron la revisión yo fallé a clase por enfermedad. Al cabo de dos días, el tutor de mi curso me dio mi ficha médica y me envió a la sala de las revisiones.

Cogí la ficha y me dirigí para allá, pensando que iba a ser algo rápido y así me perdía clase.

Cuando llegué a la sala me abrió una mujer que es también doctora y acompañaba a veces al médico en las revisiones. Normalmente se repartían las tareas y pasábamos de cinco en cinco a una sala en donde ella nos pesaba y nos medía (con la falda y el jersey puesto, sólo nos quitábamos los zapatos).

Dentro de la sala estaba también el doctor que revisaba unos papeles en aquellos momentos. Les dije que me enviaba el tutor para pasar la revisión.

El doctor le dijo a la compañera que empezara ella y después él me tomaría la tensión.

La mujer me hizo sentar en una silla y me levantó las manga del brazo derecho dejándomelo desnudo, seguidamente me miró los oídos con un aparatito que me produció un cosquilleo, después me miró la boca con una pala de metal.

El doctor, acabando de mirar unos documentos se levantó de su mesa y ocupó la silla de la doctora situándose a mi lado, la doctora se apartó un poco quedándose a nuestro lado. Acto seguido el doctor me puso el brazalete de toma de tensión, me tomó la tensión lentamente.

Después de quitarme el brazalete cogió un fonendoscopio y me pasó la mano por debajo del jersey poniéndome en fonendoscopio frío encima del sostén. Yo estaba un poco nerviosa ya que la doctora se sentó a mi lado y observaba el reconocimiento.

El doctor iba pasando lentamente el fonendoscopio por encima de la tela del sostén y me dijo que respirara lentamente.

Seguidamente, le indicó a la doctora que me quería revisar ya que tenía indicios de tener un pequeño soplo de corazón.

La doctora me hizo pasar a una sala contigua en donde había una camilla blanca en el centro, una silla, y una pequeña estufa. Al lado había una mesita de metal con artilugios médicos.

Yo estaba un poco nerviosa por esa exploración y el comentario del doctor.

La doctora me hizo quitar el jersey y la falda.

Me quedé con las braguitas blancas de algodón y el sostén también blanco que me cubría la casi totalidad de los pechos.

La doctora me pesó y midió mi talla. Después me hizo levantar los brazos y pellizcó mis axilas.

Yo sentía un poco de frío y empecé a notar cómo mis pezones se comenzaban a poner un poco duros del nerviosismo del momento. El doctor aún no había entrado en la sala , yo llegaría tarde a clase, mi tutor pensaría que apuraba más tiempo con la revisión para perder clase…etc.

Al momento entró el doctor. Pude notar cierto aire de complicidad entre él y la doctora por lo que ya empecé a sospechar que alargaban la revisión por algo más que profesionalidad.

El doctor me hizo bajar el tronco hasta tocarme las puntas de los pies con las manos. Mientras revisó mi espalda con detenimiento. Después me hizo levantar:

"quitate el sostén para auscultarte". Me dijo.

De pie, al lado de la camilla, me desabroché el sostén y lo puse encima de la camilla. Mis pechos quedaron al descubierto y ya me quedé sólo en braguitas.

Al momento el doctor notó mis pezones duros.

La doctora ordenaba unos artilugios de un armario mientras no perdía detalle de la exploración.

El doctor me hizo sentar en la camilla. Acto seguido comenzó a hundir mis pezones con dos dedos produciéndome un poco de dolor ya que estaba en los días de espera de la regla.

Siguió hundiéndome los pechos para (según él) si notaba algún bultito. Yo notaba que la revisión se alargaba demasiado.

Seguidamente me hizo tumbar boca arriba en la camilla.

Inesperadamente, mientras el doctor cogía el fonendoscopio para auscultarme y yo estaba tumbada sólo con las braguitas puestas mirando hacia el techo, hizo acto de aparición en la sala , mi tutor, mi cara cambió de golpe y con las manos me tapé enseguida los pechos.

Mi tutor, un hombre mayor de 50 años, desconfiado y un poco viejo verde, quería saber por qué tardaba tanto en la revisión. El doctor le explicó que me quería explorar al notar un pequeño soplo de corazón. Mientras, yo seguía muerta de vergüenza y humillación encima de la camilla tapándome los pechos.

Mi tutor se interesó por la cuestión y claro, no desapareció de la sala sino que se arrimó al otro lado de la camilla a observar como me examinaban.

La doctora me tomó las manos y me las hizo poner detrás de mi cabeza quedando mis pechos al descubierto ante el doctor y mi tutor que observaba la situación.

Yo intenté tener los ojos cerrados.

El doctor me empezó a auscultar dirigiendo mi respiración.

respira hondo y lento cada vez que te apoyo en un punto.

Seguí sus instrucciones y no tuve más remedio que abrir los ojos.

Mi tutor no perdía de vista mis pechos mientras se colocaba sentado en una silla al lado de la camilla siguiendo la exploración.

Después de auscultarme los pechos , me hizo incorporarme para auscultarme la espalda, momento que aprovechó la doctora para palparme los pechos por si existiera (según ella) algún bultito que el doctor no hubiera localizado.

Después el doctor me hizo bajar de la camilla y subir a una tarima de cristal para mirarme los pies. Estaba de espaldas a los tres, que me observaban detenidamente.

El doctor me pasó un palito de metal por la espalda produciéndome un gran escalofrío. Cuando llegó a mis braguitas las bajó un poco y llegó con la varilla de metal hasta el principio de mi culito.

Me hizo bajar después y me intenté tapar los pechos para q mi tutor no me mirara más.

Lo que no me esperaba era que el doctor me hiciera quitar las braguitas, pero así fue.

En ese momento estuve a punto de llorar. Me iba a quedar completamente desnuda delante de los tres, ¿qué iban a hacerme ahora los doctores? Mi tutor me vería todo mi cuerpo desnudo, bastante tenía ya con haberme visto los pechos.

El doctor, pues me dijo que me quitara las braguitas.

Me giró de espaldas a ellos y empezó a manosearme el culo. Seguidamente me hizo tumbar en la camilla y levantar las piernas y abrirlas en tijera. El tutor se levantó de la silla y se arrimó a la camilla para ver la exploración.

Mi conchita de carne estaba a su merced.

Allí expuesta ante ellos, el doctor me abrió los labios vaginales lentamente y me indicó que me relajara ya que era preciso extraer un poco de jugo vaginal para analizar, yo cerré los ojos y me dejé llevar, ya peor humillación sólo quedaba una penetración.

Me fue introduciendo un pequeño forúnculo de metal que empezó a vibrar, notaba como me iba saliendo líquido.

Después me puso la punta del dedo en el clítoris y lo empezó a pellizcar dando pequeños movimientos circulares. La doctora, se acercó al final de la camilla y me metió dos dedos en el ano mientras me buscaba el punto G con su dedo pulgar en la vagina. Después de varias contracciones de excitación, lograron sacarme mucho jugo. El tutor participó también apretujándome los pechos y los pezones, el muy cabrón se moría de ganas de tocármelos.

Así acabó mi humillación. Me hicieron vestirme y darme la revisión por terminada.

El tutor me castigó después por perder tiempo de clase, cuando por supuesto no había sido culpa mía.

No conté nunca nada a mis compañeras por vergüenza.

Autor: guapa23


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