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2011-02-15 04:21:12
Los dos secuestradores esperaron el momento oportuno cuando doņa Justina estaba metiendo las bolsas del mercado la camioneta y se acercaron, la apuntaron con las armas, uno le quito las llaves del auto para el conducir y el otro bajo amenazas se monto con la seņora en la parte trasera de la camioneta.

Doña Justina solo dijo ¡ay por favor no me hagan daño,... llévense la cartera, tomen!-


- ¡Cállate vieja!, si no quieres que te queme

Los secuestradores eran dos jóvenes, de aproximadamente 28 años, que sabían todos los movimientos de la señora y su familia. Ya que su esposo era propietario de una distribuidora de licores.


-Te quedas quieta vieja y no te pasará nada-, le gritó el mocho a la mujer que iba temblando de miedo a su lado, luego le vendó los ojos.

- ¡Baja la cabeza y no digas nada entupida!- le grito el Mocho a doña Justina que solo lloraba

Luego de rodar Una hora por un camino que doña Justina no pudo ver, solo sentir los golpes del carro, se imagino un camino hacia una finca.

-Bájate, vieja, que llegamos-, Doña Justina bajó y el Mocho la empujó hacia dentro de una habitación poca iluminada.

-¡déjenme, por favor!- suplicó doña Justina, pero ya era tarde estaban en una casa de campo alejada la cual utilizaban los secuestradores para drogarse y llevar victimas secuestradas.


la sentaron en una silla y la amordazaron. Estaba haciéndose la noche y ella escuchó una conversación telefónica de uno de los secuestradores.

¡Jefe ya el paquete esta en el sitio, aunque le digo que este paquete esta un poco mas pesado que los anteriores ja ja ja!

Luego entró a la habitación donde estaba doña Justina amordazada. –Mira vieja ya mi jefe esta hablando con tu querido esposo, para cuadrar tu precio, mientras tanto nos estarás haciendo compañía - le dijo el peluca y se sentó junto a ella en otra silla, le quito la mordaza y luego le apretó con fuerza la boca y le repitió, - Entendiste vieja- .
El Mocho y el Peluca eran dos amigos de toda la vida nacidos en los cinturones de pobreza, marginados desde niños, siempre carecieron de todo y como empezaron a delinquir desde muy pequeños, el Mocho a los 16 años mató o un muchacho por venganza, esa fue su primer muerte y la fama de despiadado creció generando miedo hasta en los guardias y eso que solo tenia 16 años, de allí empezó una pendiente de delitos que incluyen drogas, violaciones, robos, secuestros, etc.

Ambos son de piel negra, cercanos al metro ochenta de estatura, sus cuerpos muestran infinitos tatuajes y a la altura de los antebrazos infinidad de cicatrices fruto de los cortes que se hacen los reclusos como forma de protesta, los dos tienen los cuerpos esculpidos sin un gramo de grasa parecen como si en lugar de músculos fueran de piedra.


Doña Justina seguía sollozando, entonces el Mocho se paró y le dio un fuerte cachetazo, que le hizo dar vuelta la cara y la insulto.

¡Ya cállate maldita vieja, me tienes alto con tus lloriqueos!

Doña Justina tenía 61 años, no muy alta, gorda y con un culo grande y buen par de tetas, no la habían elegido por su camioneta, sino por el dinero de su esposo.

Ahora estaba allí, con estos dos asesinos que le acababan de pegar y la mejilla le latía y cada vez le dolía más, además cuando tragaba sentía un gusto salado, era la sangre que le salía del labio partido por el cachetazo, pero el secuestrador había logrado lo que quería porque se había callado.
Sentada en el piso vio como el que le llamaban Peluca le miraba las tetas, que por su posición se le había bajado un poco la blusa.

El Peluca primero cambió la dirección de su mirada como si hubieran descubierto una mina, pero luego se rió y dijo:

-mira Mocho por lo menos tenemos carne gorda para pasar los días, ¿qué te parece?-, el Mocho miró a la mujer con algo de odio, era de la misma clase de mujeres que usaban a su madre desde que era niño, como sirvienta, pagándole una miseria y la pobre se ponía contenta cuando la señora le regalaba las sobras para sus hijos. Recordaba de pronto como venía cansada de trabajar más de 12 horas todos los días de la semana, incluso los domingos, y la veía caminar descalza entre el barro para no ensuciar los zapatos que le daban con el uniforme de criada, y el odio le brilló en los ojos.
Con un voz cansada y llena de bronca respondió,- sí Peluca, tiene bastante carne y manteca, aunque un poco vieja pero bien cuidada, y se rió casi sin ganas-


El Mocho se levantó y tomándola del pelo de un tirón hizo parar a doña Justina, la arrastró hasta el centro de la habitación y la dejó parada; la mujer fue gritando un ay lastimoso mientras el joven la arrastraba y quedó quieta como una estatua sin saber que cosa querían decir con lo que hablaban de la carne, pero un escalofrío le recorría la espalda.


Ella era una mujer de buena familia y buen pasar, madre de cuatro hijos, todos profesionales, abuela de cinco nietos, estaba felizmente casada desde los veinte años con su marido, ahora a los 61 años por primera vez la vida le estaba dando una prueba terrible, pero todo será solucionado como siempre, pensó.


-¿Cuántos años tienes vieja?- le preguntó el Mocho, antes de que doña Justina pudiera reaccionar, la acerco abrazándola por la cintura y le dijo acercando su cara, -ven dame un beso-.


Doña Justina instintivamente tiró su cabeza hacia un costado y hacia atrás para evitar los labios del Mocho, mientras lo empujaba apoyando sus manos sobre el pecho desnudo del Mocho. Sintió el cuerpo del Mocho duro como una roca y al brazo que la atenazaba se le unió una mano que tomándola de la mandíbula impidió cualquier escape. Los labios se apoyaron sobre los suyos y la lengua del Mocho quiso meterse en su boca, pero manteniendo las mandíbulas apretadas se opuso a la penetración, entonces la mano de acero del Mocho apretándole los carrillos hizo que tuviera que abrir la boca y sintió como una lengua enorme le llenaba la boca llegándole casi hasta la campanilla. Sintió la lengua como se movía dentro de su boca e inconscientemente comparó ese beso lascivo con los amorosos besos que recibía de su marido y asco le empezó a subir desde la boca del estómago, cuando el Mocho la soltó, empezó a escupir y hacer arcadas.


La molestia por la actitud de la mujer hizo que el Mocho le diera otra bofetada que esta vez la hizo caer de rodillas sobre un costado del cuarto, con furia la tomó del pelo y otra vez la paró en el medio del cuarto y le dijo, - a ver si aprendiste de una vez por todas a obedecer, vieja maldita-.

Ahora si se dejó besar largamente y venciendo su asco acompañó con su lengua los movimientos de la lengua del Mocho, - aprendiste por fin , ya sabes si no quieres cobrar vas a colaborar con lo que te pidamos, ¡entendiste!-, Si, contesto doña Justina, mientras se pasaba la mano por el pómulo donde los dos golpes le habían dejado una hinchazón importante.


-Sácate la blusa- ordenó el Mocho y doña Justina empezó a balbucear, -muchachos,...por favor,.... puedo ser su madre,...hasta su abuela,...por favor, !no me hagan esto!- el Mocho levantó la mano para darle otra cachetada, pero doña Justina inmediatamente se empezó a sacar la blusa sobre u cabeza, el Peluca se la arrancó de la mano y la tiró sobre un rincón, - El pantalón ahora, ordeno el Mocho- , y doña Justina con la cabeza gacha empezó a bajar lentamente el pantalón deportivo hasta que de un tirón el Peluca se lo arrebató de las manos.

Solo quedo en pantaletas y sujetador, se cruzó un brazo por sobre los senos y con otro cubría la parte delantera de su abdomen, mientras los dos jóvenes daban vueltas alrededor de ella observando ese cuerpo grasiento semidesnudo,

-Desnúdate toda- le ordenó el Mocho y una terrible palmada sobre la nalga la aceleró, se quitó el sujetador y los senos se deslizaron hasta sobre la barriga y al bajarse la pantaleta se observó ese gran culo desnudo.

-No te tapes, maldita vieja, baja los brazos-, se le notaba el vello púbico, el Mocho la empezó a manosear agarrándole las tetas que se movían como gelatina, entonces como si hubiese dado un orden de largada, los dos empezaron a magrearla de forma grosera metiendo mano por todas lados, mientras doña Justina trataba de proteger sus partes hamacándose hacia atrás cuando una mano avanzaba por su vagina y era entonces que la mano del otro le avanzaba por el culo y ella se hamacaba hacia delante. Parecía un baile frenético el que daba la señora, quería cubrirse la concha y le atacaban el culo, se cubría el culo y la apretaban las tetas, se cubría las tetas y le atacaban la concha, hasta que en un momento se rindió y los dedos avanzaron por sus rajas como si fueran los dedos de su marido.


El Peluca y el Mocho se desnudaron sacándose los pantalones que era lo único que los cubría, y dejaron frente a la mujer dos miembros erguidos, el del Peluca era grande, pero el del Mocho era impresionantemente grande, debía medir mas de 27 cm., ya que el Mocho lo tenía agarrado con su mano y no llegaba a cubrir la mitad del miembro.


Por la mente de Doña Justina pasaron las imágenes que tenía en su mente, el pene de su marido debía ser un tercio y era el único que ella había visto en su vida no daba la talla de ninguno de los dos hombres.
-Acuéstate vieja -, le ordenó el Mocho y haciéndole una seña indicó al Peluca que la penetrara, sintió el comienzo de la penetración como un ardor en los labios vaginales y un fuerte dolor mientras era penetrada por el Peluca en su vagina sin lubricar, los movimientos del joven la hacían sufrir, pero el Peluca eyaculó rápidamente con un empujón final que le arrancó un grito.

Salió de dentro de la mujer y vino entonces la penetración bestial del Mocho,- ahora vas a sentir una buena polla por primera vez- y pese al semen del Peluca el miembro del Mocho parecía que la partía en dos las piernas abiertas. Cuando el Mocho paró de empujar y quedó un minuto quieto pareció aliviarse el dolor, pero solo había llegado a la mitad del recorrido, cuando reinició la penetración sintió que la verga del bruto le empujaba el útero. La sensación del movimiento de la verga del Mocho dentro de su vagina era horrenda, además cuando se dejaba caer sobre ella el golpe repercutía en sus caderas contra el suelo y le dolía bastante, entonces le abrazó y empezó a acompañar el movimiento con su cuerpo para evitar el sufrimiento. El Mocho se sorprendió al sentir el cambio en la actitud de la señora y también empezó a bombearla con menos violencia, al llegar al fondo no golpeaba la cabeza de la verga sobre el fondo de la concha de la señora sino que se dejaba acompañar. Realmente el Mocho acabó con placer, doña Justina sintió que venía el chorro de leche porque sintió engrosar la verga aún más y al quedarse quieto mientras descargaba, sentía como le latía la verga dentro de su concha; doña Justina quiso incorporarse pero le dolía todo el cuerpo, espero unos minutos y se paso la mano por la vagina, estaba llena de líquidos y le dio un poco de asco pero no podía sino ponerse la ropa encima de ellos. Se empezó a aflojar y se quedo quieta sobre un rincón arrollada como un animal herido.


- Mocho será que me la puedo coger de nuevo? -,

-Las veces que quieras- respondió el Mocho.


y la volvió a violar por la vagina ya un poco mas lubricada, doña Justina se sentía destrozada.

Luego descansando un poco le dolía todo el cuerpo, en particular sentía como un ardor que iba en aumento en la vagina; las ganas de orinar eran insoportables y con miedo les pidió, .por favor, quiero hacer pis.


El Peluca se rió e indicándole un rincón le dijo, -meá ahí vieja-

la mujer con pudor se dirigió hacia el lugar indicado y poniéndose encuclillas empezó a orinar bajo la atenta mirada de los hombres cosa que le avergonzaba intensamente.
El Peluca se levantó y parado al lado de ella también se puso a orinar y luego de terminada la micción le ordenó a la mujer que le chupara la verga, doña Justina horrorizada le rogó sin resultado y frente a un nuevo golpe empezó a chupar la verga del Peluca. El sabor a la orina y los restos de semen le produjeron arcadas, pero otro golpe hizo que volviera a poner esa sucia verga en su boca y mientras chupaba la misma se iba parando, el Peluca excitado tomándole del pelo empezó a cogerse la boca de la mujer y de pronto le eyaculó en lo más profundo de su garganta produciendo, la señora vomitó sin poder controlarse.

Luego la hicieron bañar y la dejaron vestirse, mientras ellos se turnaban para dormir.


Los quejidos de doña Justina no dejaban descansar a los hombres y con rabia le propinaron unos golpes, no demasiado suaves hasta que lograron que hiciera silencio. Mientras descansaba el Peluca, el Mocho vigilaba, luego cuando descansaba el Mocho el Peluca se sentó al lado de doña Justina y ordenándole a guardar silencio, ya que si se despierta el Mocho la golearía, la obligó a quitarse la ropa nuevamente y la empezó a magrear metiéndole los dedos por el ano.

Doña Justina le suplicó que no le hiciera eso, intentando evitar la penetración pero luego de una lucha infructuosa el Peluca logró su objetivo y le enterró el anular por el ojete mientras que con el pulgar le frotaba la zona del clítoris, la mujer no solo no disfrutaba, sino que se mordía los labios para evitar dar un grito por el daño que le estaba ocasionando.

Doña Justina le suplicaba que no le penetrara el culo, que ella nunca le habían hecho eso por allí.

El Peluca le dijo ¡Tienes el culito estrecho vieja parece que verdad fuera virgen!

Cuando el Peluca se canso del tratamiento se dedicó a retorcerle los pezones como si se los quisiera arrancar, la pobre mujer sufría e intentaba al igual que cuando la penetraba con los dedos detener el movimiento tomando con sus manos las manos del secuestrador.

Doña Justina le dijo, -para, por favor, para no me lastimes más , no soporto más-.

El Peluca le dijo, - quiero que te pongas en cuatro patas y dejes que te meta la verga en el culo-, Doña Justina desesperada le rogaba que no le hiciera eso al maleante. Lo que se ganó fue unas bofetadas y la trató de colocar a cuatro patas con el culo para arriba, pero por el forcejeo se había despertado el Mocho un poco enojado le gritó.

¿Que coño pasa contigo Peluca, es que no puedo descansar tranquilo, Que le haces a esa vieja que chilla tanto?.

El peluca le contestó,

"Estoy tratando de perforarle el culo, que me dijo que lo tiene virgen y no puedo aguantarme hasta mañana".

Esto le hizo pasar el enojo al Mocho.

"Queeee ese culote no a recibido polla nunca, entonces vamos a hacerte el favor" y se ubicó delante de doña Justina le dio una bofetada y la ubicó con el culo en pompa hacia el peluca.

El Peluca excitado y drogado se paró detrás de la mujer y empujando el capullo en el agujero del culo de la señora le clavó con deleite la verga, mientras el dolor provocaba que doña Justina arqueara la espalda. El Peluca fue metiendo la verga en sucesivos empujes hasta lograr metérsela completamente y empezó a bombear mientras la piel del esfínter de la señora se desplazaba de adentro hacia fuera junto con la verga del hombre, el Peluca le eyaculó adentro con un temblor de todo su cuerpo.


Mientras tanto el Mocho quien sostenía a doña Justina en esa posición también quiso probar.

Aprovechando la posición de la mujer, una vez que el Peluca salió le empujo su polla en el culo abierto de la mujer, pero al pasar la cabeza el esfínter se estiro de una forma tan dolorosa que el grito fue desgarrador, el Mocho tomándola del pelo fue penetrando poco a poco mientras la señora gritaba como una loca.


Una vez completamente dentro de la mujer, el bombeo era tan doloroso que la mujer sentía que le quemaban como si le enterraran un hierro al rojo vivo, al enlechar doña Justina el Mocho la soltó y ella cayó desplomada mientras un pedo como un trueno sonaba luego que el Mocho le sacó la verga. Y comenzó a defecar allí mismo.

El peluca le decía al mocho con una gran carcajada:

"Mocho le sacaste la mierda a la vieja y te quejaste porque te despertamos ja, ja, ja"


Al amanecer los llamo su jefe y les dijo que soltaran el paquete, que ya había cobrado.

Ellos trasladaron a doña Justina y la dejaron abandonada en una vía donde no fue problema para que la rescatara la policía.

Ella en el interrogatorio dijo que la trataron muy bien y que solo deseaba llagar a su casa lo mas rápido posible.

Autor: flacalisa


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