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2008-05-22 01:04:03
SU MADRE LE AYUDO A APROBAR EL CURSO Carlos era el típico niño mimado y consentido de su madre, que a su vez era mimada y consentida por el padre de Carlos, un ejecutivo agresivo y exitoso que volcaba la mayor parte de sus energías y atención en su trabajo. El resto del tiempo lo dedicaba a presumir de su chalet, su coche, su moto y la tia tan maciza que tenía de mujer y, claro está, a echarle buenos polvos a ella los fines de semana.
SU MADRE LE AYUDO A APROBAR EL CURSO

Carlos era el típico niño mimado y consentido de su madre, que a su vez era mimada y consentida por el padre de Carlos, un ejecutivo agresivo y exitoso que volcaba la mayor parte de sus energías y atención en su trabajo. El resto del tiempo lo dedicaba a presumir de su chalet, su coche, su moto y la tia tan maciza que tenía de mujer y, claro está, a echarle buenos polvos a ella los fines de semana.

El tipo daba por su puesto que sus dos hijos: Carlos y su hermana pequeña debían crecer y madurar sin problemas ya que no les faltaba de nada. Por eso Rebeca, la madre de Carlos, tenía sobre si toda la tarea de la educación de sus hijos; era la única con la que podían hablar de sus cosas; su padre nunca tenía tiempo.

Y la verdad es que Rebeca, típica niña pija que gracias a su físico había cazado a un guaperas listo, no era lo que se dice una buena educadora.

El problema se planteo con Carlos cuando ya no surtió efecto darle todos los caprichos; tenía de todo y nada lo motivaba. Al terminar la enseñanza primaria vino a mi colegio y se integró en nuestro grupo de amigos. No le fue difícil pues era un tipo bastante sociable y siempre era de lejos el que más pasta tenía en el bolsillo.

Pero su mejor aportación al grupo era regalarnos la presencia de su madre. Ella con tal de tener contento a su hijo comenzó a prepararnos frecuentemente buenas meriendas, y nos daba todo tipo de facilidades para disfrutar en su chalet. Aparentemente esa podía ser su única motivación, pero pronto nos dimos cuenta de que a la joven señora le encantaba saberse mirada por nosotros.

Ella era consciente de que su físico voluptuoso y exuberante nos traía locos. Aquellas grandes tetas, sus portentosas nalgas y aquella cara de puta viciosa contenida, nos tenía a todos babeando. Ella sabía que cuando estábamos por la casa o el jardín no le perdíamos ojo. Y la verdad es que la Sra Rebeca nos lo ponía fácil a propósito; se podría decir que jugaba con nosotros, enseñándonos de vez en cuando algo de lo que nosotros queríamos ver, pero sin caer en el descaro para que no la consideráramos una desvergonzada, o vistiendo de forma provocativa.

Ella que había sabido engatusar al padre de Carlos se divertía jugando con nosotros tiernos adolescentes de 14 y 15 años que a veces teníamos que disimular delante de ella el tremendo bulto que se nos ponía entre las piernas y luego en nuestras casas hacernos unos pajotes para liberar la calentura que se nos ponía.

Ni que decir tiene que la llegada del buen tiempo y el consiguiente uso de la piscina nos deparó un manjar suculento: la mama de Carlos en bikini, con aquellas carnes firmes en todo su esplendor.

A ella le encantaba exhibirse delante de nosotros; aún más, creo que tenía que hacer esfuerzos para moderarse y no hacernos un top-less. Pero por alguna válvula de escape debía salir la calentura que le provocábamos.

Pronto algunos del grupo, que por alguna razón le gustábamos, experimentamos detalles osados cuando acudíamos a su casa solos.

Recuerdo una tarde en que Carlos se estaba duchando y yo bajaba para recoger algo en el jardín. Al pasar por el salón ella, haciendo como que iba a la cocina, me estaba esperando vestida con una blusa medio desabrochada.

Estos encuentros afortunados y "casuales" dentro de la casa se sucedieron más veces con otros dos chavales y conmigo.

Era evidente que la madre de Carlos, era una hembra ardorosa y que, a pesar de que dos o tres buenos polvos de su esposo no le faltaban todas las semanas, hubiera recibido de muy buen gusto más atenciones. Pero, por amor o por conveniencia, se contentaba con la polla de su marido y se desfogaba con estos jueguecitos con adolescentes.

Olvidó una máxima muy cierta: el que juega con fuego termina quemándose. A nosotros solo nos hacía falta una pequeña chispa para arder.

Cuando terminó el curso, ciertamente nos lo habíamos pasado de puta madre, pero a Carlos le quedaron cuatro asignaturas para septiembre; algunos le acompañamos con alguna. Su padre disgustado tuvo una bronca grande con él y con su madre, a la que responsabilizaba de aquel fracaso. A Carlos lo internaron en un colegio de verano y en septiembre aprobó dos, pasando a segundo con dos pendientes de 1º.

Carlos pensó que si le habían fastidiado el verano ahora era el tiempo de disfrutar y cuando llegó la evaluación batió su record: cinco suspensos. Esta vez su padre fue muy duro con él y especialmente con su madre. Rebeca se asustó pues aquello amenazaba con convertirse en una crisis matrimonial.

Los profesores le dijeron varias cosas: su hijo no tenía ninguna motivación; además tenía una inteligencia mediana, y así mientras otros como yo a última hora sacábamos las castañas del fuego, él se hundía en la miseria. Le indicaron que su grupo de amiguetes al ser poco estudiosos no éramos la mejor ayuda.

Rebeca se preguntaba una y otra vez como afrontar el problema para que la 2ª evaluación no fuera un desastre. Al final pensó que dada la "simpatía" que todos los amigos de su hijo sentíamos por ella, lo mejor era pedirnos un favor.

Así una tarde sin que estuviera Carlos delante nos pidió a algunos que hiciéramos un esfuerzo para estudiar más e invitar a Carlos a hacerlo con alguno de nosotros, para que aprovechara más el tiempo. Lógicamente todos dijimos que si para salir del compromiso. Sin pensar cumplir nuestra promesa.

De vuelta a nuestras casas alguno comentó la cara de preocupación de la Sra Rebeca. Era verdad nunca antes la habíamos visto así.

En casa empecé a pensar qué estaría dispuesta a hacer la madre de Carlos para que le ayudáramos.

Al día siguiente fui con Carlos a su casa con el pretexto de estudiar, y efectivamente durante dos horas eso hicimos. Su madre, claro, tan contenta.

Antes de irme me las arreglé para hablar un momento a solas con ella. Le dije que no veía una razón para fastidiarme un montón de tardes estudiando, si con menos de la mitad me bastaba para aprobar. Ella me miró enojada:

Y tu eres un buen amigo de mi hijo?

Si señora.

Entonces que quieres ¿dinero?

No señora, no es eso lo que necesito.

¿Qué necesitas?

Que termine lo que ha empezado.

¿Qué he empezado? ¿A qué te refieres?

A sus numeritos Señora. Quiero ver esas tetonas y esas nalgas.

¡ Sinvergüenza ¡ ¡Qué te has creído¡

Creo que a usted le gusta enseñar y a mi ver.

¡Vete de mi casa y no vuelvas más¡

Esa noche ella y yo estuvimos pensando. Ella, que igual no tenía otra salida. Yo, que iba a ser demasiado coñazo estudiar todas las tardes por muy buena que fuera la recompensa. Lo mejor era pedir ayuda a los otros. Al día siguiente en el colegio les propuse mi plan: la madre de Carlos nos haría strip-tease a los seis y así con cuatro días al mes cada uno cumpliríamos nuestro compromiso.

Faltaba, claro, saber que diría la señora. Me llamó dos días después para decirme que aceptaba. Yo no le dije nada de los otros. Quedamos en un lugar descampado, un sábado por la tarde.

Cuando iba llegando vio el pequeño grupo que la esperábamos y detuvo el coche; seguramente sintió una cierta inquietud. No era lo mismo encontrase con un muchachito que desnudarse delante de seis. Finalmente el coche reanudó la marcha y llegó hasta nosotros. Se bajó del coche y nos miró con un gran dominio de si misma. No parecía nerviosa en absoluto. Tampoco parecía sentirse cómoda y si algo enfadada.

Nos acercamos a ella y yo, un poco nervioso, le dije:

Vamos Señora empiece a desnudarse.

¿Tenéis ganas de verme las tetas, pequeños cabrones?

Tenemos ganas de vértelo todo, grandísima puta.

La conversación iba subiendo de tono. Ella a pesar de verse obligada quería mantener de alguna manera un aire de superioridad sobre nosotros. Pero nuestro orgullo de machos incipientes trataba de sobreponerse.

- Vamos mama, que tenemos prisa para poder ir a estudiar un rato con tu hijito.

Sin que hubiera empezado a desnudarse ya todos nos frotábamos con la mano la entrepierna.

Cuando ella se desabrochó la blusa y mostró sus pechos parecía que el corazón se nos iba a salir del pecho. Temblábamos de excitación.

Luego se subió la falda y nos mostró sus piernas, recostándose en el coche.

Ya entonces los seis nos habíamos sacado las pijas y nos pajeábamos como locos

mirando aquellas hermosas tetonas con sus grandes pezones rosados.

No tardamos en corrernos, pero enseguida se nos volvió a poner dura. Ella miraba impasible con un cierto desprecio, como los seis imberbes adolescentes se la pelaban como monos.

Abre las piernas mamá , enséñanos la concha.

¡Que buena estás¡ ¡Que suerte tiene el cabrón de tu marido!

¿Te la mete todas las noches?

Ella abrió sus piernas para que pudieramos ver a placer. Teníamos las pollas a reventar y ella, a pesar de estar fastidiada por la situación, no dejaba de sentir una cierta excitación al ver nuestros capullos rojos a punto de reventar.

Después de hacernos tres buenas pajas y verla desnuda un par de horas la dejamos ir.

La verdad es que todos estábamos como locos.

La tenemos para nosotros tio, la tenemos para nosotros.

Es la leche. Joder cuando lo contemos.

No vas a contar nada gilipollas. Esto no tiene que salir de nosotros.

Al final conseguí hacerles ver que no se podía abusar en exceso. Un par de veces al mes ya estaría bien. Y así se sucedieron otros siete encuentros más. Todo iba de puta madre. Nosotros con nuestro espectáculo, nuestros pajotes apoteósicos y Carlos aprobando. A ella le costaba cada vez más, pero los resultados eran los deseados, así que aguantaba.

Poco a poco, a pesar de nuestra inicial inseguridad de adolescentes ante una mujer madura, tomamos conciencia de nuestro dominio y decidimos dar un paso más: tocarla y que ella nos tocara. Así una tarde que nos presentamos dos a estudiar con Carlos; mientras el otro estaba con Carlos, yo salí del cuarto con algún pretexto, me acerqué a ella y le dije:

Vamos a su habitación, tengo que hablar con usted.

Ella accedió y cuando estábamos dentro le dije:

Mire señora, creo que lo estamos haciendo bastante bien y hemos decidido que merecemos algo más; así que de ahora en adelante, todas las semanas cuando vengamos a estudiar, nos recibirá en su habitación a uno, se desnudara, se dejará tocar y nos hará una buena paja.

¡Pero ¿Qué os habéis creído?

Sea razonable, en vez de desnudarse para seis cada quince días, será un encuentro a la semana, y solo con uno.

Al final aceptó. Pienso, por como se comportaba después, que le fastidiaba ser utilizada y obligada; pero que a la vez la excitaba.

La primera tarde que tuve el encuentro a solas con ella estaba nervioso perdido...y no solo por la excitación. Por mucho que presumamos de machotes verte a tus quince años ante una señora mama de 34 impone.

Sobreponiéndome le dije:

Vamos mamá, empieza a desnudarte.

Ella mirándome seria y fijamente comenzó a hacerlo con lentitud. Yo me impacientaba:

Más deprisa joder, que se va a mosquear tu Carlitos.

Ella obedeció y poco a poco sus esplendidas carnes fueron quedando ante mis ojos. Al final solo se quedó con sus medias negras y sus zapatos de tacón. Me flojeaban las piernas por la excitación que me producía ver aquellos muslos macizos y aquellas tetas grandes y firmes.

Me acerqué a ella, mientras torpemente me sacaba la pija del pantalón, y comencé a tocarle el culo. Primero un suave roce; luego ante su silencio empecé a apretarle los cachetes cada vez con más fuerza hasta que ella protestó:

No te pases niño.

Entonces me coloqué medio detrás de ella, apoyé la pija contra un cachete y busque sus tetas con mis manos. Aquello fue la locura. Mientras me rozaba suavemente contra su culo amasaba aquellos pechos que se me salían de las manos. Fueron unos minutos de locura. Aquella vez no hubo lugar a que me hiciera una paja. Me corrí en su culo en apenas diez minutos. Inolvidables.

Me moría de ganas al escuchar a mis amigos lo bien que los había pajeado; aunque a todos se los conseguía liquidar en menos de un cuarto de hora.

Joder es que te la coje y en dos meneos te vas.

Si tío, cuando la veo desnuda y la toco un poco, me pongo tan caliente que apenas me la manosea un poco pierdo el control.

Cuando me volvió a tocar a mí opté por hacerme una paja antes de entrar en casa de Carlos. Luego cuando estuvo como a mi me gustaba: desnuda con medias negras, liguero y tacones; le dije que bajáramos a la cocina y me preparara un Whisky ; porque había oído a alguien que a los borrachos tardaba en ponérsele dura.

Me encantaba ver aquellos jamones meneándose al andar y pensaba para mí:

"Con este espectáculo me va a parigual lo que tome".

Mientras contemplaba aquel cuerpazo desnudo apoyado en la encimera de la cocina, apuraba la bebida que me había preparado.

Luego volvimos a su habitación, nos sentamos en su cama, me sacó la polla y comenzó a recorrer con su mano de arriba a bajo mi pene. Me encantaba sentir su suavidad calida masajeando mi pija, que se puso hinchada hasta reventar. Yo mientras le pasaba mi brazo por encima de su hombro y le magreaba una teta, mientras con la otra mano amasaba la cara interna de su muslo sedoso y turgente.

La cabrona se lo tuvo que currar, y darle duro a una mano, mientras me acariciaba con la otra los huevos. No fue suficiente y me hizo recostar sobre la cama, se puso en frente de mi y, mientras me pajeaba con energía, movía su torso de lado a lado para que sus tetas se bambolearan; quería estimularme con la vista y lo consiguió. ¡Que corrida más rica!

Pero aquello se nos fue de las manos, por desgracia para Rebeca. Cada vez nos íbamos sintiendo más seguros y empezamos a desear más. Un día al salir al recreo supimos que la Sra Rebeca estaba en el colegio, para hablar con el tutor del curso. La vimos delante de la puerta del despacho esperando. Estaba como siempre guapísima y la polla se nos levantó. Alguien tuvo la idea de tener fiesta allí:

Tíos, que os parece si la esperamos y cuando salga le decimos que nos monte un número. Eso no se lo espera.

No jodais tíos, que aquí no se puede.

Que si se puede. En el cuarto de las cosas de la limpieza no hay nadie hasta que terminan las clases.

Nos dejamos llevar por la excitación y decidimos jugarnos la clase. Se escondieron en el cuarto de limpieza y yo esperé a que saliera. La verdad es que salía contenta del despacho y sonreía a otras madres que estaban esperando.

Cuando llegaba a recepción la llamé sin gritar:

Sra Rebeca, por favor espere.

Su cara al verme cambió de aspecto:

Que quieres tu ahora.

Señora, es mejor que venga conmigo.

Dudó, pero al final me acompañó. Todavía pudo decir:

¿Pero adonde me llevas?

Cuando llegamos al cuarto de la limpieza no le cabía ninguna duda de lo que le esperaba. Tampoco le sorprendió demasiado ver a los otros cinco.

La hicimos desnudar totalmente; comenzamos a sobarla y amasarle las tetas y el culo mientras la obligábamos a que nos fuera pajeando de dos en dos. Entonces uno tuvo la idea de que se echara al suelo y nos hiciera posturas hasta que nos corriéramos viendo sus carnes macizas.

Que buena estas¡

Ya estábamos echando nuestras leches cuando se abrió bruscamente la puerta:

-¡ Pero que cojones es esto¡

La voz ronca de "Cipri" el encargado de mantenimiento nos dejó helados a todos. Ella desnuda en el suelo y nosotros con la polla en la mano no sabíamos que hacer.

El desagradable gordo con rostro airado nos gritó:

¡Quietos ahí que ahora llamo al director¡

Se dio media vuelta, pero apenas dio unos pasos volvió sobre si.

Bueno, quizás no sea lo mejor que se entere todo el mundo de esto.

El rostro de aquel cincuentón gordo, que se pasaba la vida entre tuberías, cables y persianas, había cambiado. Ahora su rostro estaba relajado y sus ojos apenas podían apartarse de la Sra Rebeca, que estaba medio desnuda.

¿ Me podéis explicar esto?

Nadie acertaba a decir palabra.

- ¿Os estabais follando a la señora?

Por la mirada suplicante de la mama, entendió que había algo turbio que la obligaba a aquello. Y entonces ocurrió algo que nos dejó pasmados.

Bueno Señora parece que hay algo que usted no ha hecho bien y no querrá que se enteré todo el colegio de ello y que además sepan que estaba follando con cinco chavales.

Ella con los ojos espantados no podía creer lo que oía…..y nosotros tampoco.

Chaval, sal y vigila si viene alguien.

Usted señora no se ponga más ropa que no le va a hacer falta.

Y acercándose a ella comenzó a manosearla a comerle la boca. La empujo hacia la pared del cuarto y se apretaba contra ella mientras le magreaba las nalgas.

Ahora, póngase de rodillas y hágame una buena mamada.

Ella estaba como atontada, no se lo podía creer. Pero al final, avergonzada ante nuestra presencia, le cogió la pija con la mano y se la llevó a la boca. El cabrón de gordo apenas comenzó a acariciarle los hombros y las mejillas mientras sentía como los labios carnosos de ella recorrían su pene.

Así, así. ¡Que ganas tenía de follarme a una mama del colegio! ¡Que buenas estáis todas putas!

Nosotros nos mirábamos. Aquel cabrón le habría gustado hacerle lo mismo a nuestras madres.

Ahora dedícale la mamada solo al capullo y no me lo toques con los dientes. Solo con esos labios de mamona que tienes.

A veces Rebeca nos miraba de reojo. Estaba muerta de asco y de vergüenza. En cambio nosotros estábamos extasiados viéndola chupar y chupar.

El "Cipri" le cogió las manos y se las puso en sus propias nalgas:

¡Apriétame los cachetes como a tu marido cuando te la clava!

Disfrutó un buen rato de su boca; pero no quiso acabarle en ella, sino que la hizo levantarse para que se inclinara apoyando las manos en la pared. Esperó un poco, mientras la miraba y le magreaba el culo, y luego se la metió desde atrás.

La sujetó bien de las caderas y comenzó a bombearla con violencia. Nosotros estábamos babeando por la boca y la polla viendo como le temblaban las carnes a cada embestida; y el bamboleo de sus tetonas.

Finalmente la obligó a echarse al suelo y colocado entre sus piernas se la clavó, mientras la manoseaba todo el cuerpo y le comía la boca. Así llenándola de babas la cara se corrió.

Estuvo algunos minutos sobre ella hasta que se le encogió la pija y se levantó.

Nos miramos y calibramos el riesgo. Yo me di cuenta de que sería difícil que en otra ocasión pudiéramos hacer con ella lo que quisiéramos, ahora estaba desmoronada y tenía miedo a verse en descubierta en aquella situación. Además estaba rota interiormente. Por si eso fuera poco el gordo que se la acababa de tirar, nos dijo:

- Estáis deseando follárosla ¿verdad? ¡Pues venga ¡ yo me quedo por ahí fuera haciendo algo y vigilo para que no pase nadie. Y de vez en cuando me asomo a ver como vais. A lo mejor se me levanta otra vez y le pego otro polvazo.

Nos había gustado lo que habíamos visto y lo repetimos los seis. Uno tras otro nos pusimos delante de ella y la obligamos a hacernos una buena mamada. Luego la follábamos por detrás, culeándola con energía y finalmente la tirábamos al suelo y la abríamos brutalmente las piernas para poder ver todos como le entraban las pollas.

Entretanto de vez en cuando entraba el "Cipri" a mirar y animarnos. Cuando terminamos, el muy cabrón quiso poner la guinda. La tiró en el suelo abierta de piernas y se la metió. Luego nos día instrucciones para que uno se pusiera al lado de su cabeza y le metiera su polla en la boca. A ella le obligó a coger otras dos pollas con su manos y masturbarnos. Los otros tres tenían que estrujarle los muslos y las tetas con fuerza, hasta hacerle daño.

Ella intentaba gritar, quejarse, pero sus gemidos se ahogaban en su garganta taponada por una buena polla. El "Cipri" se movía como un poseso, dándole fuertes embestidas; y nosotros excitados la manoseábamos con avaricia. Así estuvo algo más de media hora hasta que "Cipri" se corrió. Cuando se repuso se levanto y nos dijo:

¡Hala Chavales! a clase. Que no se diga que habéis perdido la mañana.

Mientras nos vestimos y fuimos saliendo del cuarto de limpieza, la mama de Carlos, que apenas se tenía en pie, se empezaba a vestir sentada en una silla que había en un rincón. Sabía que a partir de aquel día, se lo íbamos a pedir todo.

Y ella nos lo dío durante dos años más. Carlos aprobó los cursos con nuestra ayuda. Pero sobretodo con la de su madre.
Autor: molinos


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