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2012-04-23 04:23:21
Un extraño cliente solicita un servicio a una empleada aturdida por una una nota erótica. El amable caballero esconde turbias intenciones que tendrán relación... o no, con dicha nota.

“Imagínate por un momento que yo apareciera de golpe bajo tu mesa. Empezaría besándote tus lindos pies... subiendo lentamente por tus piernas, pantorrillas, rodillas... Mientras tú irías abriendo las piernas lentamente para que yo pudiera acceder... Hasta llegar a tus muslos. Los besaría por la parte de dentro, pasando mi húmeda lengua por cada rincón de tu piel hasta llegar a la zona más delicada... la que con el fuerte olor me delata que está muy excitada. Me bastaría con un leve toque de mi lengua para notar la humedad en el algodón de tu tanguita; ese sabor salado característico de un coñito bien calentito me encanta. Me acomodaría bien y mi lengua repasaría todas y cada una de las costuras, tocando al mismo tiempo tu sensible piel del pubis. Poco a poco el tanguita ser iría estrechando hasta convertirse en un simple hilo vertical que quedaría aprisionado por tus labios menores, rojos, brillantes por la humedad y palpitantes por mis caricias. Mis manos seguirían acariciando tus piernas, tus muslos, totalmente tensionados... pero claro, no podrías decir nada porque nadie sabe que hay alguien bajo tu mesa”.

Aquello empezó a convertirse en una auténtica locura. ¿Cómo salgo de ésta? pensé. ¿Quién está debajo de mi mesa? Por un momento, al sentir tantas sensaciones y emociones, mi cabeza daba vueltas. No podía concentrarme en mi trabajo. ¿Será un admirador secreto?...o tal vez es fruto de mi imaginación. Todo el día rodeada de números, las cuentas no cuadran, el dinero que toco no es mío, mi vida necesita un cambio... ¿De moneda?, ¿De sentido?,¿Locura o cordura? ¿Que me está pasando? ¡No encuentro explicación ni solución a esta situación! ¿Es mi príncipe azul el que me hace sentir viva en estos momentos?...o un "atracador" de almas y corazones. Al final de todas estas reflexiones llegué a la conclusión, ¿Realmente existes bajo mi mesa o eres una bonita ilusión?

De golpe, me puse a reír como una tonta. Estaba leyendo una nota anónima y me había metido tanto en la trama que por un momento pensé que había alguien realmente bajo mi mesa. Disimuladamente tiré un lápiz al suelo y me agaché para cogerlo y… efectivamente, no había nadie. A pesar de eso la humedad en mi entrepierna era bastante evidente, tanto al tacto como por el olor que desprendía. No sé quien lo había escrito pero había conseguido ponerme a cien al instante. Al mismo tiempo había despertado dudas e inseguridades en mí que no son habituales demostrando que me había cogido en un mal momento de mi vida.

Decidí urdir un plan maquiavélico para descubrir al pervertido anónimo que me acosaba a un lugar más seguro, oculto a la vista de posibles espectadores que no habían pagado su entrada para ver lo que iba a hacer con ese tipo. Al levantar mi mirada para inspeccionar a mis compañeros de trabajo me topé con un chico muy atractivo frente a mí

-          Hola señorita, ¿Está libre?

Me preguntó con una sonrisa encantadora. Era algo canoso, rondaría los 40, con perilla y el pelo corto. Vestía de sport pero muy elegante. Llevaba una bolsa de ordenador y me imagino que mi rostro le contestó que sí, que podía sentarse, porque al instante lo tenía frente a mi observándome, esperando a que le preguntara qué quería. El olor de su colonia mezclada con la que desprendía su piel me embriagó.

-          Usted dirá – Le pregunté, esperando oír su voz y deseando que estuviera en consonancia con su aspecto.

-          Bien, tengo una caja de seguridad en el banco que me gustaría abrir. Hace muchos años que mis padres la contrataron y ahora yo debo gestionar lo que hay dentro. Me gustaría que me explicara el procedimiento para hacer dicha gestión.

La voz era el complemento perfecto. En condiciones normales hubiera pensado que menudo tostón tener que acompañar a un cliente 3 plantas por debajo del banco, a la cámara acorazada, cruzar 2 o 3 pasillos hasta una sala aislada del exterior y protegida por medio metro de hormigón y acero. Evidentemente… y sé lo que estáis pensando… no me pareció tan mala idea llevar a ese bombón a un sitio oscuro y apartado. Una no sabe nunca que puede suceder. Evidentemente, la alteración de mis hormonas debida a la maldita nota tenía mucha culpa de mi entusiasmo. Cuando volviera ya tendría tiempo de encontrar al maldito cerdo que quería –y lo había conseguido- ponerme cachonda en el trabajo para que pasara un mal rato.

Sin más preámbulos le indiqué el camino y le dije a mi compañera que me llevaba al señor a la zona de la cámara acorazada, donde están las cajas de seguridad de los clientes. Lo hice guiñándole el ojo para hacerle entender que si tardaba mucho no se extrañara. Había un problema con las cámaras de seguridad pero seguro que se me ocurriría algo.

Pasamos a la zona de despachos interiores, llegando al final del pasillo y pulsé el botón para llamar al ascensor. Nos miramos y soltamos esa típica risa tonta que se intercambian dos desconocidos cuando no saben qué decirse. Gracias a mis taconazos estaba prácticamente a su altura.

-          Bonito edificio  – Me dijo por comentar alguna cosa. Al mismo tiempo se dio la vuelta para admirar las columnas y decoraciones de mediados de siglo que engalanaban la parte interior de las oficinas. Evidentemente yo aproveché para admirar su culito y las bien formadas espaldas de mi bienvenido cliente imaginándomelo en boxers y con unas piernas bien fuertes y fibradas.

-          Si…-y me ahorré el tener que contestar en ese momento porque la puerta del ascensor se abrió y entramos al instante. Como buen galán me dejó entrar a mi primera.

Al entrar observé en el espejo el estupendo aspecto que lucía hoy: Mi morena cabellera rizada caía sobre mis hombros, medio tapando el escotazo que me proporcionaba mi talla 100 de pecho. Unas buenas caderas y unas moldeadas piernas en el gimnasio eran culminadas con un color de piel moreno de serie que me daba un toque de gitana de ojos verdes.

Pulsé el botón de la planta tercera no sin introducir primero la llave de seguridad.

-          Vaya… veo que vamos a un sitio muy secreto. Espero que no sea usted una psicópata que quiera aprovecharse de mí.

-          Jaaajajajajajajajaa….­- Solté como respuesta a su frase. Unos segundos de silencio absoluto siguieron a mi risa y me di cuenta que si no decía nada más era como si estuviera confirmando sus temores – Claro que no, Sr. Faldo, tratamos muy bien a nuestros clientes y nunca haríamos una cosa así.

Su sonrisa pícara denotaba que había logrado su objetivo. Era como si esperara esa respuesta de mí.

Llegamos a la tercera planta y nos dirigimos a la cámara acorazada. Tardé un poco en abrirla y seguidamente entramos. Por normas de seguridad hay que volver a cerrarla herméticamente mientras haya alguien dentro.

Le indique al cliente dónde estaban las cajas de seguridad y él, con su llave, se dirigió a revisar el contenido de la misma.

Yo, sin querer mostrarme indiscreta miraba hacia otra parte cuando, de pronto… un disparo me asustó. Había sacado una 9mm parabellum de la caja y había reventado una de las cámaras de seguridad que grababan todo lo que pasaba allí. Sin tiempo a reaccionar hizo lo mismo con las otras 3. Estábamos a oscuras frente a los guardas de seguridad que vigilaban su estancia desde 3 plantas más arriba. Era evidente que se darían cuenta al instante que algo pasaba pero no era tan fácil abrir la cámara de seguridad cuando ésta se ha cerrado por dentro.

Sin ni siquiera darse la vuelta y yo estupefacta por lo sucedido el Sr. Faldo levantó la mano mostrándome algo. Con los nervios no atinaba a ver lo que era cuando, de golpe… los ojos se me abrieron como platos al reconocer el objeto: ¡¡¡Eran unas esposas!!! Me giré instintivamente hacia la puerta para intentar abrirla. Lo hice con tanto ímpetu que se me cayó la llave al suelo. Me agaché a cogerla y cuando la tenía a escasos centímetros un puntapié la alejó de golpe. Miré hacia arriba y ahí estaba él, sonriendo y con las esposas en la mano. Con la otra acercó una gasa a mi nariz que me llevó al más profundo sueño en segundos sin poder evitarlo.

Autor: waldo


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