La lluvia caía con fuerza aquella noche. Desde su ventana, con una taza de café caliente y una chaqueta por encima de los hombros, observaba el frenético ritmo de la gente. Estaba agotada pero por fin era viernes y podría descansar.
-¿Qué me está pasando?- Susurró- ¿Por qué no puedo sacarme a ese hombre de mi cabeza?
Dio un sorbo al café y se encogió de hombros.
-Por que eres estúpida-Le dijo su cabeza-Te ha violado, te humilló haciéndote pagar los pecados que cometiste con él cuando tan sólo eras una niña y aun así…Aun así tu cuerpo se estremece recordándolo.
Pasó la mano por el cuello. El brillo del collar se reflejaba en los cristales de la ventana. Se preguntó si merecería la pena, si todo ese sufrimiento y ese dolor mezclado con ese deseo acabaría destruyéndola.
Cerró los ojos y volvió a verle. Tan inhumano, tan cruel. Recordó su mirada llena de odio y de pasión. La melancolía en sus palabras y su dolor. Recordó su forma de follarla y de hacerla suya obligándola a sentirse tan pequeña ante él como lo había hecho ella siendo niña.
-Venganza-Susurró y recostándose en la cama se quedó dormida.
Despertó de madrugada con la respiración acelerada y sudando como nunca. Las pesadillas empezaban a hacer mella en su rostro y sus noches eran largas. Se incorporó y colocándose la chaqueta de nuevo sobre los hombros se dirigió al salón. Buscó el interruptor de la luz pero algo la provocó un espasmo en el estomago.
La oscuridad del cuarto la impedía verlo con claridad pero él estaba allí. Sentado en la butaca más alejada de ella e inmóvil tenía la cabeza ladeada en dirección a la ventana. A penas se movió cuando Samara entró en el salón. Ni siquiera la miró.
-Cuando era pequeño y todos os burlabais de mi, me prometí a mi mismo que algún día lucharía por llegar a ser como vosotros -La melancolía volvía a dibujarse en sus palabras- Me fui de esta ciudad, estudié dos carreras y monté mi propia empresa pero todo lo que conseguí que fue mucho, no me llenó. Estuve con mil mujeres distintas que me dejaron igual de vacío y entonces apareciste tú…
Se levantó de la butaca y se dirigió a ella.
-Supe en ese momento que todo lo que había hecho giraba en torno a ti. Sólo a ti- La cogió con fuerza la cara con ambas manos y pegó la frente a la suya-Y me dije a mi mismo… Si ella me convirtió en lo que soy... ella lo sufrirá…
-Me haces daño- Intentó soltarse de Dominic pero le fue imposible.
Fue aflojando la presión en la cara de Samara y bajando las palmas de las manos por sus hombros, fue desnudándola con delicadeza mientras acariciaba sus hombros y dejaba caer la chaqueta y la fina tela de su camisón.
-Con tu mirada de diva y tu sonrisa triunfadora…
De un tirón rompió sus bragas mientras pasaba su nariz por su cuello y aspiraba con fuerza su aroma. Samara empezó a sentir que se abandonaba. Su corazón latía con fuerza. Sintió su lengua llenarla la boca. Sus manos sujetándola con fuerza.
-Y ese perfume embriagador que jamás dejaste de usar me lleno las entrañas después de quince años y me volví loco…
A medida que hablaba la iba empujando con delicadeza hacía la habitación hasta que la tuvo delante de la cama. La dio la vuelta quedando detrás de ella y la mordió la nuca apartándola el collar.
Samara estaba excitada. Sentía su coño latir a cada palabra de Dominic. Notaba la presión de su sexo rozando su culo mientras sus manos apretaban sus pechos con fuerza. Y sus manos cogieron las suyas y las llevaron a su espalda.
-Y no tengas compasión- la susurró al oído y un "clic" sonó en la habitación.
Samara se dio cuenta de que estaba inmovilizada con las manos atadas a su espalda. Intentó liberarse pero Dominic la empujó tirándola en la cama boca abajo.
-¿Qué, qué vas a hacer?
El ruido del tintineo del cinturón sonó tras ella.
-Perdóname…-Dijo en su oído.
-¡No, no, no!
La angustia se apoderó de ella cuando notó el primer golpe seco en su nalga derecha. Apenas había asimilado lo que estaba pasando cuando recibió otro y otro más. Pasaron minutos que parecieron horas y Dominic no cesaba de golpearla con el cinturón.
-¡Te lo suplicó para ya por favor!-Gritó llorando pero de nada le sirvió.
Cuando creía perder la conciencia y con toda la cara empapada en sudor, dejó de golpearla. La dio la vuelta y soltando sus muñecas se puso sobre ella.
-¡Hijo de puta, maldito hijo de puta enfermo!-Grito rabiada, dolorida, destrozada.
Intentó golpearle a duras penas pues el cansancio la impedía sacar fuerzas pero Dominic volvió a besarla tumbándola en la cama y sujetándola con fuerza para que no se moviera.
Metió su lengua en la boca, y su mano empezó a acariciarla los muslos mientras Samara pataleaba para liberarse de él. La arrastró de nuevo hacía el centro de la cama y volvió a enganchar sus muñecas pero esta vez al cabecero de la cama, boca arriba.
Se quitó la camisa y libero su polla del pantalón que saltó como un resorte colocándose entre sus piernas que aun luchaban por liberarse de él.
Sobre ella, comenzó a penetrarla despacio con su cara a pocos centímetros de ella, viéndola llorar.
Placer…Las lágrimas dieron paso a un placer que fue aumentando al ritmo de sus embestidas. El culo la ardía, sus muñecas la quemaban pero poco a poco sintió como su sexo respondía a aquel invitado que se adentraba cada vez con más fuerza hasta sus entrañas.
-Dime que no te gusta como te follen así, que por eso tienes el coño empapado-La susurró
-Sigue follándome, no pares, no pares
-Dime que no gozas como una perra…
Samara gimió de placer. Dominic chupaba su lengua, mordía sus labios mientras la embestía respirando con fuerza sobre ella. Soltó sus muñecas del cabecero con una mano y de un movimiento la levantó hacía él. Sentado la colocó sobre él y sujetando con fuerza sus caderas la clavo la polla y la mantuvo quieta mientras la metía la lengua en la boca y la hacía levantarse y bombear sobre él.
-Baila princesa- La dijo y lamió sus pezones. Con delicadeza tocó las marcas de sus golpes acariciando con suavizad las nalgas, abriéndolas con ambas manos.
Oírla gemir sobre él, notar sus caderas balancearse al ritmo de sus embestidas y sus pechos danzando le volvieron loco. Su melena la tapaba la cara y sus pezones la delataron. Un golpe de placer invadió su espalda, subió por su columna y perforó su cerebro al mismo tiempo que él tiraba de su cuello pegando su pecho al suyo.
-Vamos princesa- La dijo- Eso es… así… No dejes de moverte... Baila para mí…
De un movimiento la bajo de sus rodillas y la cogió del pelo metiéndola la polla en la boca.
Samara empezó a chuparla con movimientos oscilantes, presionando con sus labios el tronco de su sexo, subiendo y bajando, lamiendo con su lengua todo su perímetro. Hasta que notó en su garganta el calor de su semen golpeándola la campanilla y su mano, siempre… sometiéndola a sus antojos.
Se tumbó en la cama y Dominic se desplomó sobre ella. Pudo oír el latido de su corazón contra su pecho. Su respiración entre cortada en su oreja. Ella apenas se movió. Se mantuvo inmóvil mientras él recuperaba la calma y volvía a la realidad. Luego se quedó dormida y soñó.
Soñó con aquel niño que se sentaba en las gradas del polideportivo siempre sólo. Con aquel insignificante muchacho que ahora recordaba que siempre estaba donde ella iba con su sonrisa risueña. Nunca le dio importancia al hecho de verle siempre allí.
En su sueño volvía a tener quince años y estaba llena de osadía. Era feliz en su mundo absurdo y no le importaba nada más que ser popular y gustar al resto.
Ella estaba en el centro del polideportivo. Se percató de su presencia y al contrario que en su juventud subió uno a uno los peldaños de las gradas y se sentó al lado del muchacho.
-Siempre estas sólo- Le dijo
El joven la miró con dulzura.
-No, tú siempre estas aquí- La contestó.
El muchacho alargó su mano y tocó su pelo con ternura. Una expresión de suma tristeza se dibujo en su cara.
-Mi bella Samara…
Despertó con el ruido de la puerta cerrarse. Miró a su alrededor y supo que Dominic había dormido a su lado. Saltó de la cama y se asomó a la ventana. Cruzaba la calle en dirección a un coche negro aparcado al otro lado. Hizo el ademán de subir. Pero algo le hizo pararse en seco frente a su coche. Se dio la vuelta y miro hacía la ventana donde estaba Samara. Una leve sonrisa se dibujo en su cara. Saco de su bolso unas llaves y subió al vehículo, alejándose en él hacía algún lugar.
Samara se dirigió a la entrada y rebuscó por el aparador. Dominic se había llevado la copia de sus llaves del piso. Se preparó un café y se fue a la ducha. El culo empezó a quemarle cuando el agua caliente cayó sobre él. Las marcas rojas de los golpes se hacían más claras a medida que pasaban las horas. Se vistió y decidió dar un paseo por la ciudad y comprar alguna que otra cosa que necesitaba.
Aquella mañana de sábado hacía muy buen día. Tras comprar varias cosas que necesitaba para su casa y un par de chaquetas de vestir que se le antojaron paseó por un parque próximo a la zona comercial. Respiro profundamente y se perdió en sus pensamientos. Al sentarse en uno de los bancos de madera notó un calambre en sus nalgas por el roce del asiento en su piel.
Qué extraña sensación recorría su cuerpo. Qué sentimientos más contradictorios...Cuanta pasión demostraba con ella pero a la vez cuanta crueldad podía darla.
Le gustaba lo que sentía, lo que la hacía sentir. Para ella los hombres eran meros juguetes con los que divertirse y ahora la marioneta era ella y aquella sensación de no saber que vendría después la gustaba pero también la atormentaba. No tener el control generaba en Samara un sentimiento de dependencia por Dominic que jamás había sentido con nadie y eso la desorientaba.
Se encontró paseando otra vez por los escaparates de las tiendas, preguntándose que tipo de cosas le gustarían a él. Sabía tan poco de su vida...
Cuando se disponía a regresar a casa el teléfono móvil vibró en su bolso. Era un número que no conocía. A través del aparato la voz de Dominic retumbó en su oreja y se alegró de escucharlo tan cerca.
-Princesa, ¿Has comido?- La dijo con su voz pausada
Samara miró la hora; las dos y media del medio día.
-No...Aún no he vuelto ha casa. Estaba dando una vuelta...
-¿Estás en el centro?
-Si, me disponía a irme-Contestó
-Perfecto, entonces haz algo por mí. ¿Conoces la calle El peso? Esta perpendicular a la zona comercial.
-Si claro, estoy muy cerca.
-Bien. Hay una tienda en el número catorce, creo recordar. Ya que estas cerca ve a ella.
Samara se quedó esperando que continuara pero Dominic quedó en silencio
-¿Necesitas algo?
-No princesa, tan sólo ve. Di que vas de mi parte sin más. No te llevará más de media hora. Luego te recogeré allí- Colgó.
Se quedó extrañada y se dirigió a la tienda. Cuando llegó quedó sorprendida. La tienda era una pequeña boutique a la cual nunca había prestado atención más que nada por los precios desorbitados del escaparate. Tenía de todo. Dentro, una mujer de unos cuarenta años muy bien llevados de larga melena rubia atendía a una mujer. Mientras esperaba observo los preciosos vestidos que colgaban de las perchas, complementos y zapatos, ropa interior de encaje preciosa. Se quedó embelesada con todas aquellas prendas.
-¡Qué barbaridad!-Susurró al ver el precio de un vestido.
La mujer no tardó en despachar a su clienta y se aproximó a ella.
-Buenas tardes. Dígame. ¿Le gustaba algo?
-La verdad es que no tengo claro que hago aquí- Dijo con tono avergonzado- Vengo de parte de un...amigo. Dominic
Cuando dijo esto la expresión del rostro de la mujer cambió y embozó una enorme sonrisa.
-¡Eres Samara! Bienvenida. Dominic me ha llamado apenas media hora diciéndome que pasarías.
Asintió con la cabeza aun desubicada.
-Ven, acompáñame. Tengo ordenes de no dejarte salir de aquí hasta vestirte enterita- La miró de arriba abajo- Eres muy delgadita, veo que Dominic tiene buen gusto, eres una cocada de niña- Con un tono pijo la cogió de la mano y la llevo a la parte de atrás.
-¿Vestirme de arriba abajo?- La preguntó.
-Si querida. Enterita.
-Pero...Qué vergüenza.
La mujer empezó a sacar un montón de ropa que fue colocando ordenadamente en un perchero móvil de ruedas que estaba en un lado de la sala. Vestidos, zapatos, medias, ropa interior... Samara empezó a relajarse mientras la mujer la ayudaba a quitarse la ropa que llevaba puesta. Medía su pecho y sus caderas con una cinta métrica que llevaba en uno de sus bolsos.
-Empezaba a pensar, querida que Dominic era de la otra acera.
-¿Y eso?-Se rió.
-Un hombre como él sin mujer conocida a su lado es sospechoso- La mujer sacó un vestido precioso y se lo puso-Pero veo que no es así.
-¿Pero de que conoce a Dominic?
Mientras la fruncía el vestido y arreglaba los bajos Samara aprovechó para saber un poco más de él.
-Querida, de que le voy a conocer. Desplumó a mi ex marido. Es mi abogado.
Samara disimuló.
-Claro, que pregunta más estúpida.
-Si, hija. Es el mejor. No lo puedo negar. No hay otro como él. No tiene compasión- Se rió- Y cuando es tu abogado y no el de la parte contraria, eso es bueno. Mi ex marido se quedó sin nada. Por ponerme los cuernos. Que se joda.
La mujer soltó una carcajada y la miró.
-Estás preciosa.
Se miró en el espejo. Era un vestido ceñido en el pecho y un poco de vuelo precioso. Unos zapatos de tacón a juego y unas finas medias.
-Vaya... Qué bonito.
-Si. Y ahora falta lo más importante…
El tintineo de la puerta sonó y unos pasos sonaron aproximándose.
-De lo más importante ya me ocupo yo Maira. Tienes una clienta esperándote en la tienda...- Dominic entro a la trastienda. Besó a la mujer en la frente con cariño y sonrío a Samara.
-¡Cómo me alegro de tenerte por aquí!-Le dijo-Mira que guapa está. Bueno voy a atender os dejo solos.
Dominic se quitó el abrigo y miró a Samara. Metió las manos en los bolsillos y se balanceó.
-Estas preciosa pero te falta algo.
Saco de uno de los percheros un conjunto de lencería color negro y se lo ofreció a Samara. Ella que no había abierto la boca lo cogió y le miró.
-¿Ahora te da vergüenza que te vea desnuda?
-No, en absoluto. Ahora me lo pongo.
Así lo hizo y después se puso el vestido de nuevo. Metió toda su ropa en una bolsa que Dominic le acercó y salieron de la trastienda.
-¿Todo esto es para mi?
-Yo no me lo voy a poner…Maira, ya sabes donde mandarme la factura- Dijo dándola otro beso en la frente- Y búscate otro incauto. Ya estas tardando.
-No lo dudes querido- Dijo riendo mientras salían.
Tras aquella compra inesperada y un viaje de media hora en coche, llegaron a un restaurante alejado de la ciudad. Se sentaron en una de las mesas más próximas a la ventana.
-Suelo venir aquí cuando tengo tiempo- Dominic observaba el paisaje con la mirada perdida.
-Oye…Todo esto que me has regalado…Sinceramente yo…
-No te equivoques Samara- La interrumpió- Ni es un regalo para ti ni una forma de…Digamos disculparme por lo que hago contigo. Decoró lo que es mío a mi gusto. Míralo desde ese punto de vista.
El camarero les dejo unas cartas y no tardaron en pedir la comida.
-¿Y si me negara a hacer todo esto? Si algo no lo quiero…
-Te lo dije en su momento. Todo lo que tu no me des te lo arrebataré. Ya lo hice en su momento y lo sigo haciendo.
La miró y la cogió de la mano.
-No pretendo consumirte Samara. No pretendo hacerte sufrir más que lo necesario. Sufrir es importante en la vida. Te hace más fuerte, te forja un carácter. Quién no ha sufrido en su vida apenas la ha vivido.
-Eres tan cruel…
-Supe desde el primer día que entre en tu vida, lo que podía estirar la goma que tú me dabas. Pregúntate a tu misma por que no denunciaste lo que te hice y por que gozaste como una perra cuando te estaba follando en tu despacho…Pero te da vergüenza pensarlo. Te da miedo saber que lo necesitas…saber que no somos tan distintos.
-Anoche mi hiciste mucho dañó y después…
-Es mi forma de amarte…
-¿Cómo sabes que puedo con todo esto? ¿Cómo estas tan seguro que no me desmoronaré?
La miró con pasión. Sus ojos brillaban.
-Por que yo estaré contigo.
Comieron y cuando terminaron Dominic tiró sobre la mesa un juego de llaves. Por un momento Samara pensó que eran las suyas pero estaba equivocada. La miró y una sonrisa inquietante se dibujo en su rostro.
-Termina tu postre princesa, coge esas llaves y sube a la planta de arriba. El camarero te dirá cual es el camino. El llavero tiene un número de habitación. Quiero que me esperes dentro, que te des una ducha y me esperes desnuda sobre el suelo. De espaldas a la puerta, a cuatro patas y con las piernas abiertas…
El corazón de Samara empezó a latir con fuerza. Los nervios empezaron a aparecer.
-No, me pidas eso me resulta embarazoso, me daría mucha vergüenza…
-No me hagas repetírtelo otra vez…
Samara se levantó y se alejo. Cruzó el comedor y sin necesidad de ayuda llegó a la habitación indicada en el llavero. Se quitó la ropa. Volvió a mirar sus nalgas marcadas y se duchó. Se quedó de pie en la habitación con la toalla enroscada en su cuerpo sin saber muy bien que hacer. Llenó sus pulmones de aire y cogió fuerzas. Se puso de rodillas soltando la toalla, mirando hacía la cama y apoyando las palmas de la mano en el suelo. Esperó minutos que parecieron horas y oyó sus pasos aproximarse, la puerta abrirse y su perfume.
Se mantuvo inmóvil tras ella. Notaba su mirada repasar cada parte de su cuerpo. Sus ojos clavarse en su sexo, sus marcas, su pelo. Recreándose quizás en lo que había hecho.
Luego camino colocándose delante de ella, inclino su cuerpo y extendió su mano levantándola. La abrazo con fuerza y la beso.
Samara estaba perdida. No entendía nada y su gesto de sorpresa le hizo sonreír.
-Hasta la mayor de las venganzas debe tener un equilibrio-La besaba mientras se quitaba la camisa- A veces el más mínimo detalle sacia la necesidad que tengo de hacerte mía.
La empujo en la cama y se puso sobre ella. Pasaron las horas y se durmió a su lado y cuando despertó él todavía dormía.
-Empieza a conocer mi lado humano mi preciosa niña. Necesito ver en tu mirada ese brillo especial que me enamoró, esa luz. Tu mente necesita esos pequeños momentos de tranquilidad. Te necesito cuerda para poder modelarte. Hoy te he dado una pausa. He dejado una puerta abierta para que no te sientas acorralada. La vida, Samara es una balanza y todo tiene que compensarse para poder seguir pidiendo algo a cambio. Hoy te amé dándote de nuevo lo que te arrebaté el primer día, disfrute de ti sin tus lágrimas. Descansa princesa, descansa…. Que mañana volveré a coger lo que es mío. Necesito que me ames con todas tus fuerzas por que sólo así tu sufrimiento saciará mi hambre.