
Mi esposa es profesora de un colegio secundario en Argentina. Ella tiene 30 años, y esta realmente muy buena. Es de baja estatura, mide 1,58m, pesa 48 kgs., tiene cara bonita, tez blanca, cabello negro, buen culo y unas tetas fantásticas. Ella siempre viste formal y es sumamente recatada.
Mi nombre es Jessica soy una dama normal de una vida normal, a mis 32 años tengo 2 hijos de 8 y 4 años, yo mido 1.65 soy de contextura gruesa mis medidas son 98, 65, 110. soy de tez clara tengo ojos color miel, y cabello negro. Mi esposo tiene 53 años me lleva prácticamente por veinte años es pastor de una congregación evangélica, es de 1.70 gordo, de poco cabello en la parte de la frente casi calvo.
En mis tiempos de universidad hubo unos meses que tuve que vivir en una habitación de una casa de familia sencilla en el centro de la ciudad. Aunque el alquiler era bajo a veces me veía en verdaderas dificultades para poder reunir el dinero del mes.
Mi chica, vive en una ciudad lejana a la mía, ella está separada de su anterior marido y como mantenemos nuestra relación en secreto, la gente piensa que esta sola.
Es sumamente atractiva y sobre todo muy elegante, con un increible estilo tanto en el vestir como en su forma de moverse.
El gimnasio estaba casi vacío, solo estábamos mi monitora, dos chicas más y yo.
El ejercicio nos estaba haciendo sudar en demasía y gracias a ello su piel color canela brillaba, envolviendo a un cuerpo fantástico curtido por el ejercicio...
Esta historia me la contó un amigo en la universidad, que el vivió en carne propia.
Había conocido a Lucía unos días ántes... Era la típica niña pija, que sabía que estaba buenísima y se dedicaba a calentarnos. Una tarde estuve en su apartamento y me calentó tanto que me corrí encima de ella, sin llegar a hacerle nada más que sobarla un poco.
Elisa, disfrutaba del cálido sol, tendida sobre su toalla y frotó el bronceador sobre su cuerpo caliente. Ella había encontrado esta zona de playa desierta por pura casualidad, se había equivocado de carretera un par de kilómetros atrás, subió por un camino largo sin asfaltar y acabó sin saber muy bien como al otro lado de las dunas en una perfecta playa desierta. Decidió que era un buen sitio para broncearse, lejos de las atestadas playas de la ciudad.
En este pequeño pueblo, todos conocen a Doña Laura una señora ya mayor, tiene 72 años, bastante amigable y un poco entrada en carnes, pero con una salud que le permitía realizar sus diferentes actividades de manera eficiente, también esta su esposo Don Mario nueve años mayor que ella y un poco mas afectado por la edad.