Me desperté de golpe. Salte de la cama. Eran las dos de la mañana y debía ir a trabajar al día siguiente pero no importaba en ese momento.
Mientras encendía el ordenador me recorría un escalofrío por todo el cuerpo. Mi corazón latía desenfrenado para acelerar la carga de adrenalina.
Desde que la conozco siempre ha sabido que hacer para acelerarme el pulso. Laura tiene el pelo ondulado negro, la mirada penetrante y una sonrisa que embaucaría al tahúr mas experimentado.
Conecte el messenger y ahí estaba ella.
Cliqué sobre el icono de su web cam. Y apareció ella, en su estudio sentada en una silla de despacho de piel negra y con una bata puesta.
- Estaba soñando contigo.
- Mmm.. que bien suena eso
- Estoy mojada, muy mojada.. – Dejo caer la bata y me mostró su cuerpo desnudo.
La había visto desnuda varias veces, pero cada vez parecía la primera. Sus pechos grandes desafiantes, su coño apenas con un hilo de vello totalmente rasurado. Mi erección fue inmediata y justificada.
- Dios, estas espectacular. -Se paso dos dedos por el coño y me los mostró brillantes. -Laura, me vuelves loco.
Sus manos pasaron sobre su pecho acariciando las tetas suavemente, sus ojos cerrados y su boca entreabierta justificaba plenamente que estaba ardiendo.
Comenzó a moverse sensualmente mientras con una mano se acariciaba el coño y con la otra uno de sus pechos.
Estaba acelerando el ritmo de su mano, la intuía gimiendo suavemente, respirando agitada. Yo no podía mas, verla así de entregada me podía. Saque mi polla dura del pantalón de mi pijama y comencé a acariciarla desde la base hasta el glande.
Dos de sus dedos se apresuraron al interior de su sexo húmedo, mientras con la palma de la mano se presionaba. Yo aceleraba el ritmo con mi mano cogiendo la base de mi polla y apretándola hacia arriba. Me masturbaba sin concesiones.
Cogí el teléfono lo busqué rápido en la agenda y pulse la tecla de llamada.
Me descolgó al instante.
Sentía su respiración agitada detrás del auricular. Me susurraba.
Se apretaba los pezones con furia, una furia que no había visto hasta entonces.
Sus dedos se aceleraban entrando y saliendo del coño empapado, encharcado de flujo.
Mientras mi mano no dejaba de agitar mi polla que parecía estallar de un momento a otro.
De repente oí un suspiro largo seguido de una serie de suspiros cortos que perdían intensidad, se tensó como un arco y veía como palpitaba su coño, casi podía oírlo. Un orgasmo la había invadido por completo, sin piedad. En ese momento mi polla soltó un chorro de semen espeso y caliente sobre mi mano. Mi vientre se encogía hasta dejar caer la última gota de esperma sobre mi piel.
Seguía acariciándose el cuerpo mientras hablábamos.
Colgó, cerro su cámara y me dejo allí, con los pantalones bajados y mi mano llena de semen, el mismo semen que ella había probado y que tal vez vuelva a probar.