Yo había sido metalero desde los trece años, con una larga melena y pulseras de pinchos, siempre escuchando a grupos como Iron Maiden o Metallica.
Pero un día, cuando tenía diecinueve años, tuve que ponerme a trabajar y pensé que tendría más posibilidades de conseguir un buen trabajo si me cortaba el pelo y me afeitaba la barba.
Con todo el dolor de mi corazón me rasuré y como hacía mucho tiempo que no iba a una, entré en la primera peluquería que vi para cortar mi larga melena.
Cuando entré, todas las peluqueras se me quedaron mirando. Una de ellas, alta, rubia y guapísima se me acercó con una sonrisa pícara y me cogió del brazo, mientras me seguía sonriendo. Una vez sentado me dijo: -Cariño, lo que te voy a hacer te va a encantar.- Yo, que estaba un poco asustado, no dije nada y la dejé hacer.
Mientras me cortaba el pelo, la chica empezó a contarme todos los cotilleos y a decir ¡ay chica! en cada frase. Media hora más tarde, mi melena se había ido, y mi pelo mojado no dejaba ver su nueva forma. La chica me sonrió y me dio un beso, diciendo que me invitaba ella. Yo, extrañado llegué a casa y me sequé el pelo. Cuando lo vi, me di cuenta de que ¡el corte era de chica!
Ahora sé que era un precioso corte estilo bob, pero en ese momento lo único que se me ocurrió fue ir a protestar a la peluquera. Cuando llegué a la puerta, me di cuenta de que la peluquería era de señoras y que la había cagado.
La chica rubia me vio y salió corriendo a verme, y cuando me alcanzó, noté algo extraño en ella, ¡tenía nuez! Cuando vio mi cara de preocupación, me preguntó: - ¿Qué pasa cari, que no te gusta?- De repente me di cuenta, claro que me gustaba, me encantaba.
Cuando lo vio reflejado en mi rostro, se despidió del resto de peluqueras y me cogió del brazo, diciendo: -Ay chica, desde que te vi entrar sabía que eras una de las mías. Oiiichh, me encanta.- Yo iba callado, solo me dejaba llevar.
-Hoy empieza tu nueva vida cariño, ya lo verás.- Entonces, para mi sorpresa, sonreí.
Melanie, como me dijo que se llamaba, me llevó a su casa, un precioso pisito, con un mullido sofá rosa y unas preciosas cortinas de colores que me encantaron. ¡Había dejado de ser un metalero, para convertirme en una chica!
Cuando volvió de su habitación, trajo un conjuntito precioso de top y minifalda que dijo que era para mí. Yo, que había empezado a aceptarlo, empecé a desnudarme, y cuando vio mis piernas velludas exclamó: -Ay no, chica, eso no! Ven que te convierta en una mujercita
Me cogió de la mano, me sonrió, y me llevó a su baño, donde me desnudó, lenta y cuidadosamente. Yo, a esas alturas, estaba muy excitada, y a cada caricia de Melanie, mi corazón latía más deprisa y mi leche deseaba salir. Cuando ella lo vio, me dijo dulcemente: -Amor, sé que te quieres correr, pero espérate para sentirte mujer- Con su maquinilla, empezó a afeitarme todo el cuerpo, como si fueran caricias, tan dulce fue, que yo no aguanté más, y mi nuevo cuerpo, sin un pelo, se llenó de mi leche caliente. Ella sonrió y me lo limpió, como una madre limpia a su hijo pequeño. Y cuando estuve aseada, me ayudó a vestirme.
Cuando me acerqué al espejo, descubrí a una joven sexy, con un top y una falda de cuero rojo. Ella, que se había convertido ya en mi nueva madre, me miró dulcemente y agarró mi miembro, que otra vez estaba duro: - Cariño, vas a saber lo que es gozar-
Mientras me la jalaba, pensé en todo lo que había pasado, en que me había convertido en una joven con un corte de pelo espectacular y una nueva identidad. Cuando me corrí, toqué el cielo con las manos, y renegué de mi pasado, ya no sería más un hombre.
A la semana, me mudé a casa de Melanie, que me acogió y me feminizó, convirtiéndome en una damisela, una señorita totalmente femenina.
Ahora, dos años de hormonación depués, soy toda una mujer con verga, y sigo viviendo con Melanie, con la que salgo a la caza de un hombretón que me dé todo lo que necesito. Por cierto, encontré trabajo, en la peluquería de señoras, donde paso el día cotilleando, esperando el día a que entre mi propio pupilo
¡¡¡Me encanta ser una mujercita amariconada!!!