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2010-01-16 03:49:18
Nunca pensé que tendría mi primera vez con un hombre y mucho menos vestido de mujer, pero como dice la canción sorpresas te da la vida.

Desde muy pequeño fui aficionado a la observación de la naturaleza, por ese entonces vivía en lo que era un pueblo integrado en ella, con mis primeros ahorros compré unos pequeños prismáticos, con los que pasaba las horas libres que me permitían mis primeros estudios, todo ello terminó por condicionar mi vida, primero en cuanto a lo profesional (terminé dedicado a la enseñanza como profesor de biología) y segundo en el campo del ocio, al terminar por convertirme en un auténtico mirón, prismático en mano observaba todo lo que ocurría a mi alrededor.

Hace un par de años, estando en mi apartamento y durante una de mis innumerables rondas de vigilancia de costumbre, descubrí, en el edificio de la acera de enfrente, una pareja de chicos follando, el que recibía se encontraba tendido en la mesa del recibidor con los talones apoyados en los hombros del que daba, el cual se encontraba de pie, pese a que tenían la cortina echada (era de tela semitransparente) esto no era impedimento para observar perfectamente la escena, al existir una distancia insignificante a través de los prismáticos, era como si viera una película pero sin sonido, tras un roto de mete saca terminaros los dos corriéndose, el que hacía de pasivo mediante la masturbación y el activo en el culo del anterior, pues llegó el momento en que paró el clásico bombeo de caderas y se reclinó sobre el pecho del otro.

Como es lógico y a pesar que nunca había sentido curiosidad por el sexo gay, mi erección era monumental por lo que terminé masturbándome y con una de las corridas más memorables que recuerdo.

A partir de ese momento las correrías sexuales de esos chicos fueron objeto de vigilancia permanente por mi parte, al tiempo que empecé a visitar en Internet decenas y decenas de páginas de sexo gay, incluidas las de temática transexual, para más tarde entrar en el mundo de los contactos, inicialmente y únicamente como fantasía y sin intención de tener ningún encuentro homosexual real.

Entre esos contactos, hubo uno con el que me sentí muy cómodo, un cuarentón de mi misma edad, casado y que buscaba un amigo especial con quien compartir cama sin complicación de ningún tipo, resultando ser también colega de profesión, tras cierto tiempo de correos y msn (mensajes y fotos íntimas incluidas) terminamos por conocernos un día en una cafetería, como paso previo a todo encuentro, confirmando ambos las buenas sensaciones derivadas de nuestra relación por Internet.

Aprovechando que aquí eran ya las fechas de comienzo de la celebración de los carnavales de Santa Cruz de Tenerife, me confesó que su fantasía era follar vestidos de mujer, para lo cual aprovecharíamos que su mujer no le gusta salir de carnaval y mi apartamento donde yo vivía sólo, él me indicaría el vestuario femenino a comprar y la forma de convertirme en una perfecta mujercita.

Dicho y hecho, quedamos una tarde para comprar la peluca en una tienda especializada en este tipo de material y de paso para ver escaparates de bisutería, lencería, maquillaje, complementos y ropa femenina, debo de reconocer que pese a no haberme disfrazado nunca de mujer no podía de dejar de desear que llegara el día de convertirme externamente en una de ellas, Carlos sabía lo que se traía entre manos pues tenía mucha habilidad para dar consejos y elegir los complementos más adecuados y provocar en mi un gran morbo y deseo.

Adquirida inicialmente la peluca (que me puse esa misma noche) sólo bastó acudir a las tiendas ya visitadas y con el pretexto de regalar esas prendas y complementos a mi mujer, completar el arsenal que me convertiría externamente en mujer, a falta del paso previo de la necesaria depilación (tarea fácil por fortuna gracias a las cremas depilatorias).

Llegado el viernes de carnaval (cabalgata anunciadora), Carlos se presentaba en mi apartamento con un gran bolso donde traía todas sus prendas femeninas, seguidamente me propuso comenzar la transformación, pero eso conllevaba necesariamente despojarnos de nuestra ropa y quedarnos por primera vez desnudos, y aunque ya habíamos intercambiados fotos de nuestras pollas y culos, no era lo mismo, reconozco que en ese momento me entró cierto nerviosismo que se tradujo en un ligero temblor corporal que no le pasó desapercibido a Carlos, quien me preguntó lo que me pasaba, a lo que le respondí la verdad, que me encontraba nervioso por ser la primera vez que me desnudaba ante el hombre con quien iba a follar, proponiéndome el que me tranquilizara y que me dejara llevar, el aprovechó para quitarse sus ropas invitándome a hacer lo mismo, cosa que hice no sin cierta vergüenza, recuerdo que mi polla se quedó reducida a la mínima expresión, a todo esto Carlos actuaba con la mayor naturalidad y me pidió que me pusiera el conjunto de braga y sujetador que había comprado, cosa que hice ya con cierta confianza.

Después fue el quien me colocó la peluca y comenzó a maquillarme, en ese momento fue cuando mi polla comenzó ya a reaccionar, fue el pistoletazo de salida para comenzar a disfrutar lo que sería mi primera experiencia gay, cuando terminó y me puse el vestido mi erección era evidente, el la advirtió pero no comentó nada al respecto.

Finalmente fue el quien se transformó también en mujer, me sorprendió lo femenino que lucía, feminidad que también yo compartía tras comprobar el resultado en el espejo de mi baño.

Autor: Tauro


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