Si, aquellos nuevos pechos con los que llevaba apenas 1 mes, pues había juntado la fuerza y el dinero necesarios para lograr ese paso fundamental en mi vida. Había decidido dejar de ser Roberto Méndez para volverme simplemente Julieta. Desde que me había mudado a la Ciudad de México ya asumía ese rol, aunque hasta el momento había tenido que evitar todo tipo de contacto social, por temor a sufrir algún incidente desafortunado y que la verdad quedara al descubierto: antes de ese momento, yo simplemente era Roberto, aquel chico provinciano de 19 años que era rechazado por ser una mujer en cuerpo de hombre, simulando los atributos naturales de toda fémina. Pero ya no. Sentía con orgullo como la piel mojada se me erizaba por el contacto con el aire.
Emiliano era nuestro vecino. A pesar de que estaba perdidamente enamorada de él, apenas habíamos salido juntos, pues me sentía insegura de mi cuerpo, pero eso era algo que estaba por cambiar. Al saber que iba a ir a un Congreso de Medicina a Cancún, decidí que era mi momento para matar dos pájaros de un tiro... la similitud de mis planes con el dicho no dejaba de causarme gracia.
El hotel era realmente hermoso, pocas habitaciones pero con áreas comunes que le robaban el aire a cualquiera y con salones para todo tipo de eventos, asi como con una alberca con vista al mar y camas individuales que permitían privacidad en caso de requerirla. Solo faltaba tener a mi hombre cerca, pero no lo veía por ningún lado. Temía que ya se hubiese ido. Como cada vez me ponía de peor humor, Susy propuso ir a recepción para comprobar que Emiliano seguía en el hotel, pero al llegar me llevé una muy mala noticia. El Congreso se había cancelado por falta del último ponente y mi amor imposible ya había checado su salida.
Y asi lo hicimos, nos recostamos en unas camas junto a la alberca y mientras le untaba Bronceador a Susy no dejaba de pensar en mi mala suerte. Por fin era toda una nena y mi príncipe azul se había ido. De pensar en él me mojaba toda, pero era una humedad que se iba a tener que quitar solita.
Así lo hice y al voltearme lo ví de repente. Alto y de cuerpo atlético, con espaldas anchas y nalgas respingadas y... venía hacia aca!!!.
En efecto, por mas que me voltee, como esperando que esa acción me diera el tiempo que yo necesitaba, escuche la voz varonil de mi amor platónico.
Y diciendo esto me volteó la cara hacia un lado, por el cual ví a Susy alejarse, no sin antes guiñarme un ojo.
Emiliano no pudo darse cuenta que ese color era por la pena de estar junto a él, mi hombre perfecto, y no por el sol. Sentía pena de que una mujer como yo pudiera ser descubierta en público sin saber cual sería su reacción. Pensaba que a pesar de mi hermoso cuerpo que ahora contaba con un jugoso par de tetas, el regalito que tenía entre las piernas pudiera ser demasiado para alguien como él, y que mi traje de baño era lo suficientemente chiquito como para dejarlo al descubierto.
Mientras pensaba todo esto, mi hombre perfecto ya se había sentado junto a mi cama y me aplicaba bronceador en la espalda con un suave masaje al principio, pero que iba aumentando de intensidad. Me sentía en el cielo. Sus grandes manos recorrían toda mi espalda haciendo presión finalmente en el cuello, de forma circular, sacándome pequeños gemidos de placer. Aplicaba el bronceador como si fuera aceite para masaje. Ningún rincón de mi cuerpo se quedaba sin ser acariciado. Fue bajando por mi espalda hasta llegar al borde del calzón de mi traje de baño, el cual era de forma brasileña. Sus manos recorrían toda mi espalda de arriba hacia abajo y después volviendo a ascender, aunque ahora por los costados, rozando ligeramente mis tetas de forma cariñosa. Yo mas que excitada arqueaba un poco la espalda, levantando mis nalgas que chocaban esporádicamente con su antebrazo. Para ese entonces, mis gemidos eran francamente audibles y me preocupaba estar portándome como una cualquiera, pero pensaba que era mi forma de mostrarle que me ponía a mil. En uno de sus recorridos por mi espalda, me pidió cerrar las cortinas, alegando que empezaba a hacer mucha brisa y nos podríamos enfermar, a lo cual solo conteste asintiendo con la cabeza. Fue una sorpresa mayúscula cuando al regresar se sentó a horcajadas sobre mis nalgas.
Levanté la colita lo mas que pude, jalando a mas no poder el calzón hacia arriba, el cual fue metiéndose entre mis nalgas y apretando aún mas mi caramelo, que para ese momento luchaba por salir.
Me dijo Emiliano, al tiempo que me daba una palmada en la nalga y dejaba caer un chorro de bronceador en mis pompis. Empezó a acariciarlas tímidamente primero, con solo la yema de los dedos, de forma circular y en la parte superior, aunque rápidamente fue ganando confianza y al cabo de un tiempo ya estaba amasando mis 2 glúteos sensualmente, juntando sus manos encima del lugar que guardaba mi culito, haciendo presión sobre él. Yo levantaba mi colita con mas desesperación cada vez, con cada cariño buscaba que sus manos tocaran mi hoyito, aunque solo fuera a través del traje de baño. De repente sin mediar palabra, se acercó a mi oreja y comenzó a besarla, diciéndome que él había quedado prendado de mí desde que me había visto por primera vez. Trate de quitarme aunque sin mucha fuerza, tratando mas que su pene se posara sobre mi cola a realmente quitarlo de encima. Se retiró y se quitó el traje de baño mientras yo me quitaba lo que quedaba del mío, y en ese justo momento me acordé de aquel regalito que tenía y me entró pánico. Como si el hubiera leído mi mente, se acostó junto a mí y llevó su mano lentamente entre mis piernas, palpando inocentemente, acariciando mi caramelo en toda su extensión. Me volteó a ver directamente a los ojos y me dijo que no me preocupara, que como médico lo había notado desde el principio, pero que su excitación por mi era mas grande que cualquier prejuicio, y me beso en la boca por primera vez. Recordaré ese beso por mucho tiempo. Su lengua jugueteo con la mía mientras me acariciaba las tetas tiernamente, hacia donde fue bajando a besos hasta tener un pezón dentro de la boca, con el que jugueteaba mientras yo reclinaba la cabeza excitada. Subió nuevamente hacia mi oreja, deteniéndose solo el tiempo necesario en mi largo cuello y me pidió que me recostara boca abajo nuevamente, que si me había lastimado con el calzón era el momento de arreglarlo. Yo paraba la colita lo más que podía y volteaba para ver su imagen acercándose a mi lentamente, recorriendo con sus manos mis pies, mis piernas, mis nalgas y finalmente mi culito. Al tocarlo por primera vez di un respingo, a pesar de esperarlo el contacto fue como una descarga para mi. Tuve que irme acostumbrando a la sensación de tener un intruso merodeando en medio de mis nalgas, haciendo círculos en mi culito, mientras yo paraba la cola para facilitar su introducción. Él comenzó a hacer presión con el dedo y pude sentir cuando mi ano se iba distendiendo, poco a poco, abrazando su dedo, mientras este se iba enfrentando en cada momento con una nueva barrera, hasta que de pronto sentí como cedía el último obstáculo y lo introducía completamente. De mi boca salió un gemido de placer, mientras le pedía mas. Emiliano retiró súbitamente el dedo y comenzó a lenguetearme rápidamente, llegando a introducir hasta media legua en mi culito. Yo me separaba lo mas que podía las nalgas, facilitando su trabajo. Con su mano derecha, comenzó a acariciarme los testículos y recorriendo todo mi caramelo aprovechando mi líquido preseminal. Estuvo unos 5 minutos masturbándome al tiempo que lamía mi culito y mis testículos.
Dicho esto colocó una almohada bajo mi pubis y vertió una buena cantidad de bronceador en mi colita, ya un poco dilatada. Yo doble un poco las piernas, sacando las nalgas hasta que sentí la punta de su pene en mi entrada, y como él me agarraba de la cadera. Fue haciendo presión despacito, acercándome poquito a poquito. Yo estaba tan cachonda que hacía movimientos hacia atrás. Lo quería todo. Gracias a la estimulación preliminar (y a mis juegos con Susy) de repente sentí como los testículos de Emiliano toparon con los míos, fue una sensación única. Empezamos con un bamboleo rítmico y cadencioso, despacio primero, mas rápido después. Yo trataba de que todo él entrara y contraía mi culito cada vez que tocaba fondo, para estimularlo más. Los dos gemíamos al unísono, y al acostarse encima de mí, pude estrechar todavía mas mi colita, sintiendo mucho mas intensamente y pudiendo escuchar sus palabras cachondas. Estabamos cogiendo de lo lindo. Le pedí que me tumbara boca arriba para poderlo ver a los ojos y él me levantó las piernas encima de sus hombros para que no me doliera tanto y me empezó a embestirme fuertemente, mientras con una mano me acariciaba las tetas y con la otra me metía un dedo en la boca, el cual yo chupaba. Me sentía desfallecer de amor, de exitación. Finalmente tenía todo lo que siempre había querido: Unas tetas hermosas y un hombre que me cogiera como todo un semental. De pronto mis pensamietos comensaron a nublarse, toda sensación se concentró en el pubis y empezó a crecer, cada vez mas fuerte, conforme Emiliano me metia su pene una y otra vez, hasta que sentí una explosión dentro de mi, que iniciaba en mi centro y terminaba en el de mi amor. Nos venimos los dos al mismo tiempo, gritando y gimiendo como locos, con mi ano cada vez mas dilatado y contrayéndose tan fuertemente que sentía como si lo estuviera ordeñando, ya que hasta podía sentir como su semen escurría entre mis pompis. De repente Emiliano cayo inerte encima de mi, solo dándome tiempo para quitar mis piernas de encima suyo. Me besó en la boca y me abrazó. Yo le pedí que no me lo sacará, que quería que su pene se saliera solito y así lo hizo. Esa fue mi primer y mejor cogida como mujer.