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2008-07-08 02:57:24
Teresa Mediaba el tiempo del florecimiento, cuando comenzó esta historia. Aquel día decidí acercarme por casa de mi antigua novia para tomar café. Puede que ya no salgamos juntos, pero seguimos siendo muy buenos amigos y conservamos una relación especial. Nos queríamos pero ya no como novios, no se, ese estado de intimidad entre dos personas, en este caso hombre y mujer, que da pie a una intimidad diferente de la de una pareja, pero igualmente profunda.
Teresa

Mediaba el tiempo del florecimiento, cuando comenzó esta historia. Aquel día decidí acercarme por casa de mi antigua novia para tomar café. Puede que ya no salgamos juntos, pero seguimos siendo muy buenos amigos y conservamos una relación especial. Nos queríamos pero ya no como novios, no se, ese estado de intimidad entre dos personas, en este caso hombre y mujer, que da pie a una intimidad diferente de la de una pareja, pero igualmente profunda.

Como cada vez que nos veíamos, me embargó cierta emoción. También estaba algo preocupado por su actual novio, muy celoso, según ella, yo sólo le he visto un par de veces por lo que no tengo elementos de juicio; aún así albergaba cierto temor. El novio de mi amiga es, según mi parecer, claro, el típico niño pijo, guapo de cara, ojos bonitos, rico y un poco consentido. Y según ella, muy posesivo. Y lo peor es que no podía un verme, porque sospechaba que aún me traía algo con su novia.

Llegué a casa de Tamara, pues ese es el nombre de mi amiga. Dos besos, “Hola, ¿cómo estás?” “Bien.” Etc. Y estuvimos charlando un buen rato en el salón. La tarde transcurría con tranquilidad hasta que sonó el portero automático. Al unísono dimos un respingo, temiendo ambos que fuera el posesivo novio. Falsa alarma, era la hermana de Tamara que volvía del colegio.

Al cabo, sonó de nuevo el portero. Otro sobresalto. “¿Quién es?” respondió Tamara. “Soy Pablo. Abreme” Horror es el novio. “Espera que bajo” Primer intento de salvar la situación. “No, ábreme que subo. ¿Qué pasa, hay alguien contigo?” Intento fallido. Bueno, sube” Rendición.

Parece que sospechaba algo. Una de sus costumbres que sacan de quicio es estar metido en su coche al otro lado de la calle esperando quien viene a ver a su novia. Un poco paranoico si que era. El caso es que al llegar le pareció verme entrar y al rato sospechó.

Tamara se puso nerviosa, ya tenía experiencia con las escenas de celos del dichoso novio. Por ello me dijo de meterme en el baño. Me negué al principio, alegando que si subía y me veía, se daría cuenta que ella no le engañaba con otro y que nuestra relación era sana, y así se tranquilizaba. Ella se negó en redondo a que me viera allí, sólo con ella. Acabé aceptando por la urgencia de la situación. Me parecía de película, y mala además.

En el baño esperé que salieran a dar una vuelta y así poder salir de allí, pero no, él no quería irse. “Quiero ir al baño” Le oí ¡horror! Pero el remedio que la enfermedad. “Vete al servicio de la cocina” Oí a Tamara. “No quiero ir al grande.” “Pero es que está ocupado” Respuesta equivocada. “¿Quién está? ¿No será tu exnovio?” Casi me da una risa nerviosa. “No digas tonterías, Pablo, el baño está ocupado por una amiga mía” ¡Mentira! Pensé.

“Bueno, pues si es una amiga tuya, dile que salga, que quiero verla, o si no puede salir, dile que hable para que yo la oiga” Tamara, estás atrapada. “Es que está afónica, pero su esperas, dentro de una rato saldrá que se está arreglando.” Tamara, ¿donde te metes?. Me temo lo peor. “Bueno, pues esperaré en el salón, y cuando quiera que salga y así la conozco” Efectivamente lo peor.

Tamara entró al baño. “¿Qué porras vamos ha hacer?” Pregunté. “Fácil, te vas a vestir de mujer” “Pero chica, no creo que ese niñato de novio sea tonto, y por bien que me maquilles y me vistas, notará que no soy una mujer.” “Mira vamos a probar y ya veremos.” “Que no, que ....” Y me quede hablando a la puerta.

Lo que no se imaginaba ella es que a mi me gusta vestirme de mujer de vez en cuando, si bien en mi cuarto, por el corte que me da el que me vean así. Si bien una vez en fín de año, ella misma me vistió con su ropa y me maquilló en la habitación en que acabamos borrachos, yo creía que aquello había quedado olvidado como una de las muchas tonterías que hacemos en esos estados.

Al rato volvió Tamara con su hermana Marta, ésta se tronchaba de risa, y defendía mi opinión de salir y contarle la verdad a Pablo. Pero Tamara no se bajaba del burro y con las ropas que traía empezó el cambio. Me había traído el uniforme del colegio de Marta, que era de talla parecida a la mía. Yo cuando lo vi creía que me daba algo, porque una de mis ilusiones era vestirme con un uniforme de colegiala, y como me lo iba a proporcionar mi ex novia, pues más ilusión me hacía.

El uniforme me estaba bien y era precioso, pero seguía habiendo un problema: se me iba a notar la barba. “Eso no es problema, para algo está la cera fría” Comentó Marta. Acabaron por hacerme le cera por todo el cuerpo, piernas, brazos, pecho, barba. Y no es que fuera una sensación nueva para mi, porque ya me había depilado antes, pero el hecho de que lo hicieran ellas me causaba mayor sensación.

Una vez depilado, me puse el uniforme: falda gris tableada, polo rojo, jersey rojo. Antes de vestirlo, me hicieron desnudar y vestir un sujetador rellenado, unas bragas de lycra a juego con el sujetador, y unos leotardos rojos. Sólo faltaba el maquillaje. Se empeñaron en darme forma a las cejas, no es que las tuviera muy pobladas, pero no tenían la forma que suelen tener las mujeres. Me negué, por negarme claro, porque aunque quedara bien, cuando volviera a ser chico, iba a ser un poco raro llevarlas depiladas y con forma. No les costó mucho convencerme e hicieron los que les dio la gana.

No me vi en el espejo hasta que habían terminado de maquillarme, haberme puesto una peluca negra de melena hasta los hombros y unos zapatos de tacón de mi número (que no quería ni imaginar a cuento de qué tenían aquellas cosas). El resultado me sorprendió. El maquillaje no es que fuera excesivo, porque se suponía que acababa de llegar del colegio, y aunque ahora las chicas van maquilladas no es lo mismo que cuando se sale.

Todo estaba listo para la comedia. Ni yo me podría haber imaginado que con la ayuda de mi ex novia y su hermana fuera a hacer realidad uno de mis sueños, ser mi gemela Teresa.

“Que pasa, no salís?” Preguntó Pablo, harto de esperar. “Ya salimos.” Contestó Tamara. Al llegar al salón Tamara y yo, Pablo me observaba atentamente, yo no sabía si me había descubierto o si el engaño surtía efecto. Me miraba sorprendido que en el baño hubiera una chica y no quien él esperaba encontrar.

“Esta es Teresa. Teresa, este es Pablo, mi novio.” Dos besos, los primeros que daba a un chico siendo “mujer”, no es sólo que estaba asumiendo el rol de chica, pero me daban ganas de besarle en los labios, porque como ya he dicho es guapo y está buenísimo.

Nos sentamos, y Pablo, mirándome comento que si yo no estaba arreglándome, pues me veía “poco arreglada”. Tamara le dijo que si, pero que todavía no lo habíamos hecho porque no sabíamos que ponernos, cosas de chicas. Yo no abría la boca, recordando que “estaba afónica”.

“Tamara, ¿Por qué no vas a descambiar la película de vídeo que alquilamos ayer mientras Teresa y yo charlamos un rato?” ¡Quiere estar a solas conmigo! Tamara que no sabía que hacer, dudó entre irse o no, confundida. Al cabo accedió y se marcho, dejándonos a solas.

“Así que eres amiga de Tamara. ¿No te han dicho que eres muy guapa?” Tierra trágame, está ligando conmigo. Debí sonrojarme porque añadió “El color rojo te sienta bien.” Y rompimos a reír. “Es que nadie me lo ha dicho así tan directamente” Carraspeé. “¿Que te pasa en la voz?” “Cogí frío”

Mientras hablaba se iba acercando. Puso una mano en mi muslo acariciando distraídamente, me excité. “¿y hace mucho que conoces a Tamara? Creía conocer a todas sus amigas.” “Hace algún tiempo, hemos sido compañeras pero yo repetí curso.” Ahora estaba muy cerca, seguía acariciándome la pierna, y acercó su cara a la mía.

“Teresa, me gustas mucho” “¿Qué va a decir Tamara cuando vuelva?” “Que diga lo que quiera.” Dijo y me besó, naturalmente le devolví el beso. Me hizo tumbar sobre el sofá mientras nos besábamos. Puso una mano en mi pecho, el relleno debía ser bueno porque no pareció notar que era artificial. Reaccioné separándole un poco. “Ya basta, Pablo” Seguía carraspeando, aún en mi papel de chica. “Quiero mucho a Tamara como para ponerle los cuernos” Dije muy digna. “Chicas, no os entiendo, si me estabas devorando con los ojos.”

Nos separamos. Volvió a atacar “¿Y qué te parece hacer un trío con Tamara?” Me quedé pensativa, por un lado quería tirármelo, por otro tenía miedo de lo que iba a ocurrir si se descubría que era un chico, y por un tercero Tamara podía volver en cualquier momento. “Vale, esperemos que vuelva y se lo proponemos.” “De acuerdo.”

Poco tuvimos que esperar, Tamara volvió un poco temerosa de lo que pudiera haber ocurrido. “Tamara, a Teresa y a mi se nos ha ocurrido hacer un trío, ¿te apuntas?” Creo que si la sorpresa tiene nombre, ese es Tamara. Se quedó de piedra, pero al poco reaccionó. “Claro, vámonos a mi habitación.” Nos levantamos Pablo y yo. Crucé una mirada de complicidad con Tamara, no sabíamos bien como iba a reaccionar Pablo cuando viera mi cosa.

Entramos en la habitación y cerramos la puerta, “Un polvo vestidos.” Sugerí. Tamara llevó la iniciativa, se acercó a mí y me besó con pasión, para luego besar a Pablo, empezó a jugar con él, y él se dejaba hacer. Yo me situé por detrás, besándole el cuello. Tamara se arrodilló, le quitó el cinturón y desabrochó el pantalón. Acto seguido se lo bajó, al igual que el slip. Después se levantó la falda y a la vista de su novio

Metió las manos por debajo de mi falda y también me quitó las bragas, no sin antes acariciarme el miembro con disimulo. Volvimos a la posición inicial, pero esta vez Pablo tenía su miembro totalmente erecto, yo me encontraba por delante, agachada dispuesta a chuparlo, con Tamara por detrás. Comencé chupando a fondo el miembro de Pablo, mientras él se besaba con Tamara y le metía la mano por su sexo. Al poco cambiamos, y Tamara se puso por delante, pero esta vez se metió el sexo de su novio por el suyo. Yo me situé por detrás, deseando metérsela, cosa que hice. Parece que se creyó que le estaba metiendo un dedo o algo así.

Estuvimos un rato moviéndonos así, hasta que, sorpresivamente, nos corrimos los tres a la vez. Al separarnos ya notó algo raro en mi, se dio la vuelta y subiéndome la falda vio mi aparato. Me pareció que me iba a pegar o decir algo. “Pese al engaño, me ha gustado. Follas muy bien Teresa. Quienquiera que seas” “¿Quieres que lo hagamos otra vez?” pregunté aún carraspeando. “Si, pero esta vez te follo yo” Dijo. “Pero por delante.” Y me hizo tumbar sobre la cama y abrir las piernas. Tamara mientras le excitaba con la mano, al mismo tiempo que a mi.

Al poco se acercó con aquello estirado, apuntó y me penetró, mientras sostenía mis piernas cogidas por lo tobillos. Tamara se agachó para chupármela mientras tanto. Mi excitación era tremenda, me estaba follando un chico, una de mis fantasías, vestido de chica, otra de ellas, y a la vez una chica me la chupaba ¿Para qué mas?

Ana

Autor: Ana


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