Antes de empezar mi relato me gustaría poneros un poco en situación, y es que desde que tengo uso de razón desde siempre me a encantado la ropa de mujer, ya en la escuela secundaria me queda entusiasmado con esos uniformes femeninos, que muchas de mis compañeras odiaban por que decían que eran horribles y feos, pero para mi eran una joya, una joya imposible de tener en mi posesión.
Mi juventud transcurrió como un chico heterosexual, como sigue siendo, pero en la clandestinidad cada vez que podía me metía en el cuarto de mi madre a ponerme su ropa, y cuando tenía ocasión en algunos lugares como en casas de mis novias y en otros sitios que si queréis amigos lectores os contare en otra ocasión si vosotros queréis claro está.
Pues más o menos fue transcurriendo mi vida, en ella me hice novio de una chica, y esa chica seria la que me daría un recuerdo maravilloso, un recuerdo que juro mantendré en mi mente mientras viva, dado que una noche me hizo la "chica" más feliz del mundo.
Ella se llamaba Patricia y conocía perfectamente mi inclinación por la ropa femenina, me descubrió una vez vestido como una señorita dado que ella tenía las llaves de mi casa, pero yo siempre me vestía sabiendo que ella trabajaba por la tarde, y como yo trabajaba por la mañana siempre pensé que estaría seguro en mi casa, dado que ya vivía solo y no tenia que preocuparme de nada, solo que a las 9 tenía que tener mucho cuidado dado que ella solía pasarse por mi casa más o menos a esa hora. Pero ese día dio la casualidad que ella fue al médico, y pidió las últimas horas de su trabajo para poder ir, y el médico se adelanto y ella apareció en mi casa a eso de las 7:30 y como la ley de Murphy dice, si algo tiene que salir mal, saldrá mal, dado que por culpa de tener yo la música un poco alta no escuche las llaves, y a si fue como me descubrió.
Al principio su cara fue de estupefacción, no sabía cómo reaccionar hasta que pudo articular las palabras de ¿"que es todo esto"? a lo que yo temblando y muy asustado le empecé a explicar lo mejor que podía, y esta fue la conversación.
Patricia: La verdad, me has dejado de piedra, no te esperaba vestido a si, y para colmo es que no te queda nada mal, incluso estas muy sexi.
Yo tenía puesto cuando me pillo una peluca morena de media melena por los hombros con un gran flequillo que me tapaba toda la frente hasta la parte de las cejas, estaba maquillado con una base de maquillaje para aclarar mi piel, los ojos pintado con rímel de color negro, las mejillas las tenía con un poco de tono rosado, y los labios con un carmín rojo. Llevaba un vestido de color gris claro, muy ceñido al cuerpo que me llegaba hasta el medio muslo, unas medias negras tupidas y unos tacones de 7 centímetros, llevaba puesto también unos pechos postizos de silicona que había comprado por internet que eran de la talla D un sujetador negro y un culot del mismo color. Decir que soy una persona muy delgada, no peso más de 50 Kg y mi estatura es de 1,60 Cm y no tengo nada de musculatura, y mi trasero es algo respingón, con lo cual cualquier cosa que sea ceñida al cuerpo me suele sacar un buen trasero.
Siguiendo con la conversación:
En ese momento se me acerco y me cogió de las manos, puso su frente contra la mia y me dijo unas palabras que nunca olvidare.
La verdad es que ella era una persona muy alegre y jovial, siempre estaba de buen humor y nunca se enfadaba, era una persona que siempre me sorprendía con algo, y de vez en cuando hasta yo me asustaba de sus forma de ser, dado que no era una persona que pensara las cosas dos veces antes de hacerla.
Los días pasaron y yo seguía con mi rutina, y en alguna ocasión Patricia me pedía que me vistiera como Laura en su presencia y yo muy cortado y avergonzado siempre me ponía nervioso, pero ella siempre me animaba y me subía la moral.
Pero un día Patricia me sorprendió con algo que yo no espere en mi vida.
Y tenía toda la razón, trabajo de programador de maquinas y la verdad es que casi siempre me lo pasaba solo programando el ordenador de alguna maquina de industria y en muy pocas ocasiones hablaba con mis compañeros dado que incluso a la hora del desayuno de media mañana (en algunos lugares llamado almuerzo) me largaba al coche a comer solo y escuchar música.
En ese momento un escalofrió recorrió toda mi espalda.
El día de la fiesta llego, y yo estaba muy nervioso por lo que tendría preparado Patricia. Ella llego a eso de las 8 de la tarde, dado que la fiesta empezaba a las 9 en casa de Marisa, traía unos unas bolsas enormes, en las que yo supuse que estaban los disfraces.
Al poco rato llego con las bolsas y nos dispusimos en el coche para un recorrido de 20 minutos, dado que la amiga de Patricia vivía unos pueblos mas alejado del nuestro, al llegar al sitio aparque el coche y ayude a Patricia con las bolsas sin mirar en el interior como le prometí, durante todo el camino ella estaba muy contenta y no paraba de sonreír, cosa que a mí me ponía mucho más nervioso.
Llegamos a la puesta de la casa, y nos abrió muy sonriente la amiga de Patricia.
Marisa estaba vestida de bruja sexy, llevaba un vestido lila muy cortito sin mangas, con un escote mas o menos pronunciado, un gorro de bruja y en el vestido tenia colgados algunos murcielaguitos, llevaba unas medias lilas y unos tacones del mismo color, ella era muy vistosa para que decir que no, media casi 1,75 era de piel morena y pelo lacio y largo yo diría que de color castaño, pero se había pintado muchos mechones de color lila para acompañar al disfraz. Cuando entre vi que ya había unas cuantas personas en la fiesta bebiendo y hablando, algunos vestidos de vampiros, pero no me fije mucho en los chicos sino mas bien en las mujeres, había una princesa Disney muy guapa, una pirata una hada y algunas chicas mas, en ese momento Patricia me tiro del brazo.
Subimos arriba a la habitación que nos habían dicho, más que habitación parecía un cuarto de invitados, dado que había una cama y una mesilla, pero por todo lo demás estaba vacio.
Tenía una sonrisa en la boca que me desconcertaba muchísimo, y cuando abrí el paquete mi cara se puso blanca como el papel.
El vestido era precioso, el cuello era hasta la garganta, en el cuello tenia unos encajes en forma de flores blancas, las mangas eran largas y en los hombros eran pomposos en forma de pico, la falda tenía una caída que era preciosa, muy abierta y mi novia me había traído también unas enaguas para que fuera más abierto el vestido, era de una tela muy suave y en una de los laterales de la falda tenia bordado unas flores rosas que lo hacían espectacular.
Se me acerco y me dio un beso, y seguidamente empezó a vestirme, me puso las medias de encaje de color blanco, me puso los "pechos" y un sujetador blanco de encaje que me dijo que ella había comprado expresamente para mí, me coloco el vestido y seguidamente empezó a maquillarme, cuando acabo me puso una peluca que también ella había comprado, peluca de muy buena calidad, era de melena larga, hasta media espalda, de color negro, y me peino un medio flequillo que me tapaba mi ojo derecho.
Yo me quede callado, no quería saber nada, solo quería que pasara la fiesta y largarme para mi casa. Ella se vistió con un traje de esmoquin que según me dijo era de su padre, le quedaba genial, ella era una mujer alta de 1,70 melena corta no tenia mucho pecho, una talla 85 con lo cual apretándoselo con unas vendas elásticas parecía que no tenia, se puso una camisa blanca debajo del esmoquin, se peino el pelo con gomina hacia atrás y se pinto un bigote y se quito los pendientes.
Cuando bajamos la gente se nos quedo mirando, algunos espesaron al silbarnos, otros no paraban de echarnos piropos, sobre todos los tíos que no paraban de decirme tía buena y cosa como que dejase al novio y me fuera con él, cosas que a mí me ponían un poco nervioso, pero que pasado los primeros momentos me integre muchísimo en la fiesta y me desenvolví bien, más de lo que yo hubiera esperado. Lo único que me puso un poco más nervioso fue que uno de los chicos me dijo que me movía muy bien con tacones, y es que mi novia me había dado unos zapatos de tacón, no muy altos pero si para que un chico "normal" se pegase el bocazo contra el suelo, pero salí del paso diciendo que mi novia me había enseñado durante una semana a caminar con ellos.
Mi novia no paraba de mirarme y sonreír, se veía que estaba disfrutando viéndome en esa situación, a si que yo intentaba disimular, y de vez en cuando ir al servicio para tranquilizarme.
La fiesta termino a eso de la 1:30 de la madrugada, dado que era sábado el domingo todos podíamos descansar, y me disponía a cambiarme cuando Patricia me paro y me dijo que no.
Patricia y yo nos metimos en el coche, y la verdad es que la carretera de camino a mi casa estaba totalmente sola, solo nos encontramos con dos coches y creo que ni se fijaron. Al llegar a casa y aparcar el coche en el garaje me asegure que ningún vecino me viera, ya que yo vivía en una residencia en donde todos eran de casas unitarias, pero todas las casas estaban apagadas y pude entrar en casa con Patricia sin ningún problema.
Me guiño un ojo y se metió en el baño. Yo me fui para la habitación y espere sentado en la cama, al poco rato vi aparecer por la puerta de la misma a mi novia, que todavía no se había quitado el esmoquin, pero que ahora yo notaba algo raro debajo del pantalón del mismo.
A partir de aquí hablare en femenino sobre mi persona, porque puedo jurar que me sentí una mujer completa
Seguidamente patricia se tiro sobre mí, me quede tumbada en la cama y ella encima mía, ella me aguantaba con sus manos mis dos brazos que los tenia extendidos hacia arriba, y nuestras caras están la una enfrente de la otra.
Y dicho y hecho, ella me dio un largo y apasionado beso, un beso de los que se suelen llamar de película , después me empezó a besar por el cuello mientras que con unas de sus manos me paraba uno de mis brazos y con la otra no paraba de tocarme el pecho. Me empezó a chupar la oreja y yo cada vez esta mas excitada, empezaba a gemir, pero no como hombre, si no como una mujer, y ella me miraba y sonreía, y eso me hacía sentir muy feliz. Ella me seguía besando y tocándome por todas parte y yo con la mano que tenia libre quise tocarme en mi entrepierna pero ella me paró en seco.
Eso me hacia excitarme muchísimo más, pero le hice caso y aguante. Seguidamente Patricia me cogió por los hombre y me hizo ponerme de rodillas delante de su entrepierna, y yo pensaba que lo que quería era que le lamiese su vagina, pero cuando bajo la cremallera el bulto que yo había visto en la puerta cuando ella entro era que de su bragueta sacaba un pene de látex de 16 cm, y me lo puso enfrente de mi cara para que lo chupara.
La mire hacia arriba con mis ojos y ella agarro su gran pene y me lo empezó a acercar a la boca, yo lo empecé a besar y seguidamente poco a poco fui introduciéndomelo en la boca. Lo empecé a chupar muy lentamente y seguidamente lo empecé a chupar con más fuerza, empezaba a saborearlo, lo lamia con mi lengua por los lados una y otra vez, hasta que Patricia me agarro por la cabeza y me obligo a que se lo chupara con fuerza y rapidez. Yo no podía ni respirar y de vez en cuando me daban arcadas, pero me sentía muy feliz, estaba vestida de novia, uno de mis sueños y estaba chupado un buen pene a pesar de ser de pega.
Al cabo del rato Patricia paro y me dijo que me pusiera a sobre la cama con el culo para arriba que ya estaba preparada para hacerme una mujer. La verdad tenía mucho miedo pero también ganas, estaba muy excitada y no podía contenerme, lo que yo tenía debajo de mis bragas de encaje estaba a punto de explotar y no paraba de morderme mi labio inferior.
Patricia me empezó a chupar mi agujerito y a meterme la lengua dentro de el para después seguidamente introducirme un dedo, en el momento el cual entro yo solté un pequeña queja de dolor.
Seguidamente ella me unto vaselina en mi orificio y escupió en su pene y también unto un poco de vaselina en el, y poco a poco empezó a ponérmelo en la entrada de mi orificio. Yo me mordía el dedo gordo de mi mano derecha esperando el momento, pero también lo estaba deseando.
Patricia empezó a introducirme a su amiguito dentro de mi agujerito y la sensación de dolor fue inexplicable, era como si me partiesen por detrás me ardía todo mi ano y unas lágrimas empezaron a salir por mis ojos. Cuando ya la cabeza había entrado patricia me lo metió hasta el fondo y yo solté un pequeño grito de dolor.
Patricia: Ya mi niña ya, veras como en un segundo empiezas a disfrutar.
Ella empezó a hacer los movimientos pélvicos y el dolor poco a poco fue desapareciendo, ya no me dolía mucho y empezaba a darme muchísimo gusto, sentía como entraba entero ese maravilloso pene y como yo cada vez me sentía mucho mas agusto. Empecé a gemir como una chica y ella no paraba de repetirme "te gusta verdad mi niña, ves como era rico" cada vez sus movimientos eran mas rápidos, yo cada vez levantaba mas el culo y apretaba con mis manos la colcha que había debajo mía. Hasta que en un momento ya no pude mas y me corrí como nunca antes lo hacía hecho en la vida, salía muchísimo y sentía un placer inigualable, por fin me había hecho una mujer, y justamente con la mujer que mas amaba en este mundo.
Patricia viendo que me había corrido dijo que aun que quedaba algo más. Ella se hecho sobre la cama y me pidió que ahora fuera yo la que me pusiera encima de ella, y dicho y hecho para que poco a poco yo misma fui la que me introduje su pene en mi ano.
Empecé a moverme de arriba abajo, mi pene estaba otra vez erecto y empezaba a sentir un placer inigualable. Patricia ahora levanto la mitad de su cuerpo para abrazarme y seguir ella también dándome con su gran pene, ella también me besaba apasionadamente y me magreaba mis pechos, empezó a hacerlo muy rápido y yo cada vez sentía que no podía mas y que otra vez me disponía a correrme.
Ella empezó a hacerlo más deprisa y yo también empezaba a botar encima suya con más fuerza hasta que las dos nos corrimos como animales y acabamos con un fuerte abrazo y un apasionado beso para después acabar rendidos en la cama
Patricia me miro a los ojos y me dijo todavía jadeando
Seguidamente Patricia me abrazo muy fuerte me dio un beso y me acurruco contra su pecho y yo me quede dormida abrazada a ella sintiéndome la mujer más amada del mundo.
Al cabo del tiempo Patricia y yo tuvimos que tomar caminos diferentes por motivos laborales, de esa noche guardamos una foto las dos juntas abrazadas en la cama, yo como una dulce novia y ella como el apuesto novio, y estoy seguro que los dos siempre recordaremos esos momentos como si nos estuvieran pasando en ese mismo momento, porque esa noche si se puede decir que fue una noche mágica y maravillosa, la noche en la cual yo me sentía la mujer más feliz del mundo junto a la persona más maravillosa del mundo.