
Por: Gina Machorro (Sodoma Queen)
Amigas, amigos: Lo que les voy contar les juro que es cierto. Me pasó por andar de PUTA, no lo niego, pero ¿que quieren que haga si así soy yo?. Nací puta y así moriré, como estuvo a punto de pasarme el sábado pasado y se los voy a relatar:
Me sentía caliente, cachonda, con la putería a flor de piel. Mi culito pedía a gritos una VERGA. Mi boca jadeaba de solo pensar en una gruesa verga que descargara su leche en mi garganta. En fin, quería coger a como diera lugar.Así que me vestí con mis mejores garras para parecer una PUTA. Enseñando pierna, casi las nalgas, unos tacones altísimos y una blusa que dejaba ver gran parte de mis chichis.
Me pinté en rojos y negros, como mi ropa, marcando mis labios que se vieran de mamadora. en fin, que salí a la calle y de plano se me aventaron mas de tres cabrones queriendo coger.
En el taxi, el chofer no dejaba de verme las piernas y las nalgas, pero eso no me molestó y casi casi le pido a él que me cogiera.
Pero me aguanté a llegar al Caudillos y nada más al llegar, aquello explotó y se me dejaron ir como lobos.
Me senté lo más dignamente que mi atuendo me lo permitió y pedí mi acostumbrada bebida: vino blanco y jugo de naranja.
De inmediato un tipo, el más aventado, se sentó en mi mesa y sin más ni más me soltó: ¿Que onda mamacita, coges?.
Yo no me digné contestarle y como si no estuviera presente dirigí mi mirada al resto de los que estaban en el salón; entonces este gañán sacó de su bolsa un rollo de billetes en los que preponderaban los de $500 y los de a $ 1000.
¿Cuánto cobras, pinche PUTO (sic)?, ¿Te alcanza con esto o quieres más?.
Mira, le contesté, no busco dinero, busco un hombre que me llene, así que si no tienes una buena verga, quítate de aquí con tu dinerito y déjame seguir buscando.
Hija de la chingada, dijo él, si quieres verga, eso tendrás.
Y tomando mi mano la llevó a su entrepierna.
¡Madre mía!, no lo podía creer. Sentí algo que superaba mis expectativas. Tenía que verlo directamente, no podía ser verdadero.
Le bajé el cierre del pantalón y con toda mi pericia, le saqué la verga. Parecía una serpiente pitón (nunca mejor aplicado ese nombre). Salió en etapas. No la alcanzaba a abarcar con una mano en su diámetro.
¡Uff!, solo sentirla en mi mano casi me provoca un orgasmo. Se me secó la boca y tartamudeando le dije: Vamonos, pero ya.
Amigas: como les decía, aquello que mis manos tocaron, sintieron, palparon y calibraron, era algo de no creerse. Su largo increíble y su diámetro grotesco, me provocaron sólo de verla un orgasmo.
Mis nalgas de inmediato se aflojaron y mi culo empezó a boquear de la ansiedad que provocaba esa increíble verga por sentirla.
Sabía que mi boca jamás la abarcaría, pero con todo y eso, deseaba mamarla.
Nos subimos al primer taxi que encontramos y di la dirección de mi apartamento, pero no podía esperar a llegar.
Sacándosela completamente, no me importó que el chofer nos viera y me agaché a tratar de meterla en mi boca.
¡Que locura!, su grosor es tal, que sólo pude meter la mitad de la cabeza de esa verga en mi ansiosa y obscena boca. Así que se la lamí en toda, TODA su extensión y chupaba la boquita de la que brotaba un rico y espeso líquido pre eyaculatorio.
El chofer del taxi se descontroló un poco al ver el tamaño de la verga y la forma en que se la estaba trabajando y por poco y choca.
Poco me importó que chocara, pues el sabor de su semen y el tamaño de su verga me provocaron el segundo orgasmo de esa noche.
Para esto, ya la verga estaba totalmente erecta y palpitante. Se movía cómo un badajo de campana y mis manos apenas la podían detener.
No supe ni cómo llegamos a mi departamento y le arrojé unos billetes al chofer y nos metimos al elevador yo con su verga aun en la mano, Ahí me arrodillé y se la chupé hasta que llegamos al piso.
Loca de pasión y deseo, en cuanto estuvimos dentro como fiera lo desnudé y arranqué la poca ropa que yo llevaba puesta, quedando sólo en medias y portaligas.
Busqué los condones y al tratar de ponerle uno se rompió. Él se desesperó y me volteó dejándome en cuatro puntas sobre el sofá y tomando el lubricante, me embarró el culo y él se llenó la verga con ese producto.
Al colocarse atrás de mí, sentí cómo acomodaba su verga en mi culo, cerré los ojos, me mordí los labios y me afiancé del sofá con todas mis fuerzas, y entonces...
Y entonces, sentí como apuntaba su tremenda verga a la entrada de mi ansioso y abierto culo. Como para hacérmelo desear más, lo paseó entre la ranura de mis nalgas, dejando un rastro de viscoso y caliente líquido pre-seminal, que serviría como lubricante para la inminente inmolación de mi cuerpo.Su inmenso tamaño me estaba originando en la mente las más eróticas imágenes.
Me veía estacada y atravesada por ese grueso palo. Mi culo sangrante, lejos de pedir misericordia, pedía más y más verga.
Pero esto no podía durar mucho tiempo. Tomándome de las caderas se afianzó y quiso penetrarme de un solo envión, pero esto era imposible...
Y amigas, aquello fue increíble, no solo por el dolor o por el placer subsiguiente, si no por el cúmulo de sensaciones que provocó en todo mi cuerpo y en mi mente la invasión del monstruoso animal que es esa verga.
Aunque el semental que estaba a punto de destruir mi culo trató de hacerlo con cuidado, el grosor del glande es tal, que cuando penetró, atravesó el esfínter, no pude evitar gritar. A mi macho no le importaron mis gritos y sin compasión siguió entrando...
Pensé que me iba a desmayar del dolor, pues en verdad nunca había tenido una verga de esos tamaños en mi culo. Sin embargo, el gañán comprendió que para poder darle placer, yo debería estar lúcida y detuvo su ataque dejando metida la verga en algo más de la mitad.
Me estuvo nalgueando y amasando un rato mientras yo me acostumbraba a la verga.
Cuándo dejé de gritar y de sollozar (pues estaba llorando del dolor), continuó con la introducción de la tremenda verga.
Pude sentir como las venas, muy preponderantes, rozaban mi culo y el glande abría camino por el trayecto de mi recto.
La metida estaba siendo algo dolorosa, pero la sensación ya era de placer. Me gustaba sentir sus manos amasando mis nalgas bruscamente y oírlo decir palabras que siempre me ha gustado escuchar:
-¡Puta!, ¡Que culo tan asqueroso tienes!, ¡Pareces una burra de lo inmenso que tienes el culo!, ¡Pinche puto, que guango estas!.
Y otras cosas así. A la vez que me daba de nalgadas y arremetía con más fuerza.
Ya sentía sus huevos golpeando mis nalgas y el roce de sus vellos me hacía estremecer. Tenía la verga completamente metida en mi derrengado culo y el placer superaba ya el dolor. Esa verga estaba tocando partes que ni siquiera con mis consoladores más inmensos había alcanzado. Me sentía llena, totalmente llena.
Deteniéndose un poco, mi cabalgador me cambió las manos al hombro y haciendo que me agachara más, empujó contra mis nalgas y sentí cómo se hacía más profunda la penetración.
Quise decir algo, pero en ese momento se retiró un poco y el dolor cedió un poco.
Suspiré de alivio pero entonces comenzó a moverse dentro de mí en cortos movimientos, los que fueron aumentando paulatinamente y hubo un momento que, ya descontrolado, me estaba dando una cogida en toda forma.
Desbocado, ya no le importó que estuviera gritando y llorando. Sentía mi pobre culo en ascuas a pesar de la lubricación natural que su líquido proveyera, pues el gel lubricante que me había aplicado había desaparecido con la fricción en los primeros momentos.
Su verga parecía (o así la sentía) crecer a cada momento. La sentía en lo más profundo de mi recto y que estaba ocasionando algunos movimientos indeseables en mi interior.
Sin embargo, el placer que estaba sintiendo era, con mucho, superior a cualquier molestia o inconveniente que pudiera provocarme, así que cerré mis ojos y mis demás sentidos y solo me dediqué a gozar y gozar, como una verdadera cerda.
Para esto, mi cogedor seguía en plena acción y parecía no cansarse, antes al contrario, la potencia de sus embates aumentaba así como el grosor y largo de su increíble verga. Yo sabía que me estaba ocasionando daño, pero no me importaba. Sólo quería sentir que esa verga me penetrara todo lo quisiera y me hiciera lo que me hiciera yo gozaría.
En un momento dado, mucho tiempo después de que empezó la cogida, sentí que sus movimientos se hacían más lentos y más profundos. Pude sentir, entonces, en todo su tamaño y ricura esta enorme verga. Sus venas, inflamadas al máximo, rozaban el borde de mi culo ocasionándome que para ese momento mis sentidos se reactivaran y un cúmulo de sensaciones recorrió todo mi cuerpo.
Mi macho empezó a maldecir y a gruñir al tiempo que sus manos y sus brazos abrazaban, pellizcaban, acariciaban todo mi cuerpo.
Su verga empezó a palpitar dentro de mí y entonces, sentí cómo tremendos chorros de espesa y caliente leche inundaban mi culo. Su verga, si esto es posible, me penetró aun más y continuaba arrojando más semen. Aquello me iba a dejar completamente saturada. Mi esfínter pudo en ese momento, apretar el inmenso garrote y mi macho sintió ese estímulo y renovó con más brío los movimientos violentos y profundos de antes de eyacular.
Yo no aflojé mi esfínter para sentir esa hermosura de verga destrozándome y removiendo todo aquello que había de removible en mi interior. Mi cogedor volvió a inyectarme más leche y entonces pude sentir como su verga perdía un poco de su dureza.
Mi macho me empezó a nalguear al tiempo que me llenaba de improperios, acusándome de ser yo la culpable de la pérdida de rigidez de su verga.Como ya era imposible para él conservara en mi interior su verga, la retiró violentamente de mi culo. Inmediatamente traté de cerrar las piernas y apretar el culo para evitar la salida de los mecos que tenía en mi interior, cosa que logré a medias, pues fue muy rápida la salida de la verga.
Me quedé como una hilacha tirada boca abajo en la cama, mientras el macho se acostó a mi lado respirando fuertemente. Me tomó de la cabeza e hizo que me agachara a limpiarle la verga con mi lengua y boca. Este movimiento originó que mi culo se abriera y expulsara chorros de leche junto con sonidos propios de la expulsión de aire que forzosamente me había inyectado. Pero no quedó sólo en eso, pues debido a la profundidad del ataque, y a pesar de que me había aplicado un enema antes de ir a buscar quien me cogiera, también salieron algunos chorros de excremento.
Esto enloqueció a mi amante y tomando a puños el excremento me embarró las nalgas y parte de la espalda con él y se montó en mí y apretando mis nalgas me gritaba:
¡Puta! ¡puta!, te voy a matar con mi verga. Mira lo que me haz hecho, ¡PUTA!.
E increíblemente, sentí como su verga volvía a tomar volumen. Sin importarle el excremento que estaba cubriendo mi culo, empujó con decisión y volvió a penetrarme. Yo quise zafarme de ese ataque, pero él me tomó del cabello y empezó a azotarme contra las almohadas mientras seguía gritándome cosas.
Su verga no solo había tomado volumen, sino que se había hinchado aun más y la sentía como si de un tronco se tratara. Mi pobre culo estaba inflamado, adolorido, sangrante y eso hacía que quisiera rechazar la cogida, pero al macho le importaba muy poco mi sufrimiento y seguía dándome duramente.
Dio un grito terrible y su verga se clavó hasta lo más profundo y volvió a llenarme de mecos. Mecos calientes, espesos, abundantes. Se quedó un buen rato así, encima de mí y con la verga pulsante dentro de mi culo.
Sentí como los mecos empezaban a escurrir entre mis nalgas y mojaban mi escroto y las sabanas.Por fin me desmontó y asqueado se vomitó encima de mí, aumentando con esto los desagradables olores que ya invadían mi cuarto desde hacía rato Como pudo, se medio limpió y se vistió y sin decir ni una palabra salió casi corriendo.
Yo quedé tirada ahí, en medio de mis propios excrementos y el vómito de mi cogedor. Con mi culo dañado sin poder saber en que grado. Adolorida, entumecida, sangrante. Mi culo seguía expulsando mierda, semen y sangre. No lo sentía, no podía apretarlo para que ya no saliera ninguno de los fluidos. Me dolía todo el cuerpo. Mechas de mi pelo estaban esparcidas por la almohada.
La mierda y el vómito se secaban en mi cuerpo y producían una sensación desagradable. Quise levantarme y mis piernas no me obedecían. Me fui volteando poco a poco y a gatas descendí de la cama y me dirigí al baño.
Di salida a todo aquello que la espantosa (pero rica) cogida había removido y me metí a la ducha.
A pesar de la tumefacción de mi culo, lo lavé perfectamente tanto por fuera como por dentro, utilizando para ello la regadera de teléfono.
Saliendo de la ducha, tomé el espejo con aumento con el que me maquillo y con la lámpara de tocador iluminé mis partes y revisé cuidadosamente toda esa área que había sido sometida a la acción depredadora de mi macho.
Afortunadamente, todo parecía normal, aunque sentía un dolor palpitante que me recorría desde las piernas hasta la parte baja de la espalda; así como también mi culo me ardía en todo su tracto.
Ustedes pensaran que con eso me había hartado, pero no. A los dos días ya estaba otra vez buscando quien me cogiera, pues mi furor culino sólo pedía más y más verga.
Hasta la próxima.