Picamos algo para el almuerzo y después de bronca nomás, porque no es muy agradable alquilar una casa y no encontrarla en condiciones, decidí hacer unas compras para la cena de la noche mientras Juan se quedaba a esperar al muchacho. Hasta que compré todo lo necesario demoré un buen rato, cuando llegué a la casa mi marido me dijo que el tipo de la pileta todavía no había llegado y me preguntó si lo podía esperar yo, porque él estaba cansado después de tantas horas al volante, por ese motivo se iría a dormir un rato. Obviamente que no tuve problemas pero decidí aprovechar el rato tomando sol, para eso me puse una bikini de esas chiquititas que me gustan usar, igual cuando llegué al patio me tiré en una reposera y me saqué la parte de arriba, total estaba sola en la casa y la verdad es que no me gusta para nada que me queden marcas de sol, por supuesto que antes miré hacia todos lados para comprobar que ningún vecino pudiera ver algo, solo daba al fondo de la casa una ventana vecina de la cual podían verme, pero en ese momento no había nadie, igual tendría que estar alerta por cualquier cosa.
Cuando estaba casi sumida en un trance, me sacudió un ruido que provenía del cuartito del fondo donde se encontraban la bomba, el cloro, el barre fondo, y todos los etcéteras relacionados al cuidado de la pileta. Enseguida vi salir a alguien del mismo, la verdad es que me asusté un poco, no sabía si salir corriendo o gritar como loca, se ve que el tipo vio mi cara de espanto porque enseguida me explicó que era el cuidador de la piscina, como pude me tapé con una toalla y le pedí perdón por no saber que estaba en la casa, -no por favor, perdóneme usted a mí, pensé que su marido le había avisado que estaba trabajando en el patio- me dijo el muchacho totalmente sonrojado. Después de las disculpas del caso, se fue a terminar su trabajo. Yo me sentía una boluda total, asi como estaba tapada con la toalla, quería que la tierra me tragara, pero primero matar al desgraciado de mi marido que me había tendido una trampa, (después me confesó que lo hizo totalmente a propósito pero que jamás se imaginó que yo no iba a ver al chico y encima quedarme con las tetas al aire).
A esa altura estaba jugada y sobre todo recontra enojada con el tarado de Juan, porque si me avisaba lo que estaba tramando, podríamos haber preparado algo de otra manera y que no sea todo tan improvisado. En ese momento de enojo pensé dentro mío: -si el cornudo de mi marido me hizo esto, ahora se la va a tener que aguantar pase lo que pase-. Uno de mis mayores defectos es que soy muy impulsiva y no les cuento cuando estoy enojada, que era justamente como estaba en ese momento. Sin pensar en las consecuencias le pregunté al chico si le molestaba que tomara sol sin el corpiño mientras él trabajaba, porque no me gustaban las marcas de sol, sorprendido me dijo que no había problema total no le faltaba mucho, entonces dejé la toalla en el suelo a un costado y me quedé boca arriba, mostrándole toda mi anatomía, lo que hizo que se quedara helado (aunque con la temperatura en aumento), no entendiendo muy bien lo que estaba pasando.
Mientras el seguía trabajando, pude apreciar detrás de mis lentes de sol, que el flaco estaba re fuerte, era un animal, una cosa preciosa, súper carilindo, estaba bronceado y tenía un físico totalmente torneado, tenía tez morena, de unos 35 años y era bastante alto medía aproximadamente 1,90. Estaba en cuero y solo con una sunga puesta, la cual le marcaba un bulto de los más apetecible. Supongo que la tentación de verme desnuda era muy grande, por eso el muchacho se quedó cerca de mí pasando una de las máquinas y comenzó a hablarme, me preguntó pavadas como mi nombre y de donde veníamos, para luego contarme que su nombre era Daniel, guardavidas y profesor de natación para chicos discapacitados, que estaba más tiempo en una pileta que en su propia casa, y que esto de limpiar la piscina lo hacía solo porque era amigo del dueño del lugar que alquilamos, mientras hablábamos el chico intentaba disimular pero sus ojos siempre terminaban en mis tetas, obviamente que era entendible, tener una mina en bolas al lado mientras estaba trabajando seguramente no era cosa de todos los días. La verdad es que yo tampoco podía dejar de mirarlo, ver ese pecho y esos abdominales bien marcados brillando por el sudor me dieron muchas ganas de hacer cositas, la situación me excitaba, me hacia recordar a la Chola Baldini con su bañero, porque el que estaba enfrente mío, no tenía nada que envidiarle al He-man de la esposa de Simeone.
Mientras charlaba con mi He-man, vi que las cortinas del dormitorio se movieron un poco, obviamente era mi marido espiando, en ese momento recordé mi enojo, el cual se me había olvidado por unos minutos debido a mis fantasías calientes con el bañero, -seguro que el cornudo lo debe estar disfrutando, ahora voy a hacer que lo disfrute mucho más- pensé enojada por la vergüenza que me había hecho pasar. En ese mismo momento y bajo los efectos de mi cólera agarré el frasquito de aceite para bebés que uso para tomar sol y comencé a untármelo por todo el cuerpo, empecé por mis piernas, seguí por mi vientre y terminé en mi pecho poniéndole especial atención a mis tetas, me las acaricie muy suavemente y de manera muy excitante, haciendo que mis pezones se irguieran muy lentamente pero de una manera increíble, al ver que había captado totalmente la atención del bañero, le pedí muy amablamente como sólo las mujeres podemos hacer, si por favor podía ayudarme a ponerme un poco de aceite en la espalda, obviamente que no tuvo problemas, se acercó y me dijo: -siempre y cuando no se enoje tu marido-, -no te hagas problema, Juan no es para nada celoso- le contesté con total seguridad mientras me sonreía.
He-man después de titubear un poco, se arrodilló junto a mi reposera, y comenzó a untarme aceite por toda la extensión de mi espalda. Sentir sus caricias en mi cuerpo era afrodisíaco, note como en cada movimiento bajaba un poco más, hasta casi llegar a mi cola, después de unos segundos como no se animaba a meterme mano en algunos lugares de mi cuerpo, le di animo diciéndole que no tuviera reparos por donde pasaba el aceite, así me tostaba de una manera pareja. Por suerte esta vez no tuve que decírselo dos veces, ya se había relajado y entrado en total confianza, el chico se había percatado que la cosa venía en serio y no dudó en meterme mano en la parte baja de mis piernas, para luego subir y llegar a la zona interior de mis muslos y la cola. Al sentir sus manos en esas zonas tan erógenas de mi cuerpo, comencé a excitarme terriblemente, lo que hizo que abriera instintivamente las piernas para dejarlo trabajar de manera decente, después de unos segundos y al ver que yo no oponía ningún tipo de resistencia, comenzó a meterme mano en la conchita hasta correrme la tanga, y masajearme suavemente el clítoris con sus dedos, a pesar del enojo ya estaba recontra caliente, necesitaba sexo urgentemente.
No aguanté más e hice que He-man se acostara en la reposera y me le tiré encima como una ninfa en celo, mientras lo besaba de manera salvaje, acariciaba su cuerpo perfecto. Pocas veces las mujeres tenemos la suerte de acariciar un cuerpo tan trabajado como este y yo no iba a desaprovecharla. Después de unos minutos, donde nuestras lenguas juguetearon y se fundieron en una sola, Daniel bajó con sus labios hacia mis pezones, los besó y lamió con mucha suavidad mientras dos de sus dedos comenzaron a introducirse dentro de mi vagina, el movimiento rítmico de sus dedos y su lengua en mis pezones hicieron que tuviera un orgasmo impresionante, luego de semejante sensación de placer yo le correspondí sacando su pene fuera de la sunga y masturbándolo hasta hacerle poner la pija súper dura, al verla tan imponente me dieron ganas de observarla mucho más de cerca, me encanta chupar pijas y esta vez no iba a ser la excepción, fui bajando por su cuerpo, lamiéndolo muy suavemente pero poniendo especial atención en sus tetillas, hasta meterme todo su pedazo dentro de mi boca, la disfruté y la saboree unos minutos, mientras se la chupaba, me acordé de mi marido, levanté la vista y observé que me seguía espiando, pero también me di cuenta que no sólo el me estaba espiando, sino que desde la ventana de la casa de al lado, había un muchacho mirándonos, sólo lo veía de la mitad de su cuerpo para arriba, pero a juzgar por sus movimientos, el pendejo se estaba masturbando mientras nos observaba, la verdad es que me excitaba saberme espiada, pero también me dio un poco de miedo que me hagan una denuncia o algo así, por lo que decidí agarrar de la mano a Daniel y llevármelo para adentro.
Cuando entramos en la casa seguimos besándonos, mientras lo hacíamos terminamos de despojarnos de la poca ropa que nos quedaba puesta, Daniel me arrastró hacia la mesa, me acostó en ella, me abrió las piernas y comenzó a lamer mi sexo, me encantó sentir su lengua ágil y sus labios lamiendo y succionando mi clítoris, cuando ya no aguantaba más, hice que se levantara y se tirara encima de mí, mientras nuestras bocas se fusionaban, sentía como su pedazo de carne se apoyaba en mi vagina, lo movía de forma que se frotaba contra ella, hasta que finalmente (a pesar de que el chico tenía una pija súper grande), se metió por completo dentro de mi ser, mi conchita estaba tan dilatada de la calentura, que casi no tuvo que hacer ningún esfuerzo para ponérmela bien adentro. Su verga entraba y salía de mi concha, abriendo y ensanchado mi cavidad vaginal, haciéndome delirar de placer, tuve un orgasmo atras de otro, no podía parar de gemir, gritar y gozar, mientras Daniel me taladraba sin compasión.
Después asi como estábamos, el chico me alzó sin sacarme el pene de la vagina y me llevó hasta el sofá del comedor, se sentó e hizo que me sentara encima suyo, en esa posición comencé a mover mis caderas y cabalgarlo de una manera muy suave y sensual al principio y de manera salvaje después, hasta que acabamos los dos juntos en un orgasmo tremendo, mientras lo hacíamos sentí como su leche calentita llenaba mi útero, me quedé así un rato con la verga adentro hasta que Daniel fue a culminar con su labor en el patio. En ese momento bajó mi marido, se sentó a mi lado y puso su mano en mi dilatada vagina, sintiendo de esta forma como el semen del chico salía a borbotones de ella, luego bajó su boca hacia mi concha y la limpio con su lengua, no dejando ni una sola gota del elixir del bañero, luego de dejarme bien limpita me besó y pude sentir el sabor de He-man en los labios de mi marido, obviamente que ya se me había pasado completamente el enojo. Fue un comienzo de vacaciones genial y todo gracias a una sucia pileta. Antes de irse Daniel me pasó su correo electrónico, yo hice lo mismo con el mío y quedamos en contactarnos.