Ya conocen más o menos los pormenores de mi vida en aquellos días: estaba metido en un morboso juego al lado de mi mejor amigo, el Ko, haciendo de observador voyerista mientras él cogía con alguna mujer. Por el otro lado, en mi casa también estaba metido en un caliente juego: mamá esperaba ansiosa que le contara con lujo de detalles esas aventuras para luego "obligarme" a hacerle lo mismo, je, je, a veces hasta me daba el gusto de inventar pasajes nuevos. Pasamos así una buena temporada, eso propició, obviamente, que nuestra relación incestuosa pasara a otros niveles.
Mamá me dio un beso de piquito y se levanto, mi hermana no tardaría en volver y era peligroso quedarnos juntos más tiempo. No me gustó nada su sugerencia, ella dejándose coger por otro como una ramera… ¡ja! Y me molestaba mucho su actitud sumisa a mi, nunca terminará de gustarme. Es muy excitante cuando estamos cogiendo, pero fuera de eso me choca mucho. Por otro lado me molestó también que me recordara de cuando la espiaba mientras papá estaba sobre ella, mi viejo no era exactamente un tipo delicado, no era algo bonito de ver.
Ellos ya no están juntos, se divorciaron haría unos 2 años tras más de 15 de abusos por parte de él. No es que fuera malo, de hecho siempre nos tuvo bien económicamente, pero muy bueno tampoco era. Era un macho fanfarrón, mujeriego empedernido, descarado y sinvergüenza, que ni vivía con nosotros, trabajaba en el extranjero en una multinacional y cuando venía a vernos aprovechaba para irse de farra. Papá la humillaba mucho, por lo que un día ya no lo soporté y me le enfrenté… y me propinó una paliza, pero fue suficiente para que mamá tomara una decisión sin precedentes en su vida: lo mandó a la mierda. No perderé el tiempo contándoles del proceso de divorcio, no viene al caso, pero la cosa es que en ese momento estaba recordando esas escenas. Ella tenía razón, llegó un momento en el que me hice aficionado a verlos, supongo que mis inclinaciones voyeristas vienen de allí.
Pues bien, esta nueva historia inicia cálido un fin de semana. Estábamos en pleno verano y el ambiente estaba muy caliente, el sol alumbraba con todo y las tardes eran sofocantes. El mejor remedio para ello, obviamente, era el mar y nosotros podíamos darnos el lujo de tener una casa de playa. Aquel día era Sábado y habíamos planeado aprovechar al máximo aquella escapada… sobre todo porque mi hermana Majo andaba de retiro en su colegio. Llegamos temprano, el sol brillaba fuerte y el cielo era de un celeste intenso. Pasamos la mañana entre el mar y en la compañía de una agradable pareja de vecinos, con quienes incluso compartimos el almuerzo (no, no cogimos como conejos en cuanto llegamos, para eso teníamos un largo fin de semana por delante). Nos quedarnos solos como a las 4 de la tarde.
Salimos, la tarde era perfecta para una caminata, el sol ya bajaba y se sentía fresco. Ella iba delante de mi, contoneando esas rotundas caderas que me volvían loco. Llevaba un bikini negro a rayas, nada demasiado revelador pero si sumamente sexy, sobre todo con una mujer como ella. Mamá era una mujer de 1.70 de estatura, delgada y de complexión atlética, morena y cabello castaño liso que llevaba siempre a media espalda. Tenía un rostro hermoso y aniñado, de rasgos finos, con grandes y expresivos ojos cafés, nariz fina y labios gruesos. Sus senos eran grandes y firmes, con aureolas oscuras y pezones pequeños en el centro. Sus caderas eran anchas, sus nalgas grandes y firmes, y su cintura estrecha.
Por mi parte era un joven de 18 años, delgado y con cuerpo atlético por los deportes, tenía la piel morena, el cabello negro y rizado, ojos cafés y un rostro varonil heredado de mi padre. Considero que no estaba mal, sobre todo en mis partes bajas, pues poseía un pene de 23 cm de largo y de un grueso considerable y 2 esbeltos y abultados testículos repletos de semen.
Caminamos por un buen trecho en silencio, había una gran tensión sexual entre los 2 y ella seguía al frente contoneándose con mucha coquetería. Podía sentir su calor, casi podía sentir el aroma de su vulva rebosante de jugos como un perro siente las feromonas de una perra. Llegamos hasta una playa solitaria rodeada de árboles, no parecía haber ni un alma en ese paradisíaco sitio. Mamá se detuvo allí, se dio la vuelta encarándome y me dijo:
Mamá tendió una larga toalla sobre la arena y se acostó boca arriba, inmediatamente me puse sobre ella y comencé a frotar su espalda y su cuello. No me precipité y empecé a meterle mano desde el principio, había tiempo de sobre, no tenía porqué correr. Simplemente inició con un masaje relajante, lento y agradable, que poco a poco iban dando lugar a roces más íntimos. Mamá… perdón, María José, los estaba disfrutando mucho, la sentía revolverse suavemente debajo de mi, gemir casi en silencio, suspirar y hasta jadear un poco, estaba esperando que ella misma me pidiera ser cogida.
De pronto vi a lo lejos lo que parecía ser un mirón escondido entre los árboles. ¡Mierda, pensar que iba a tener que interrumpirlo todo para irnos de allí! Pero entonces una idea se me vino a la mente al mismo tiempo que notaba mi pene crecer ipso facto bajo mis shorts, ¿qué pasaría si dejo que el tipo nos vea cogiendo? Tan solo con pensarlo me calenté mucho. Inmediatamente las caricias pasaron a mayores y empecé a meterle mano con total descaro, me puse a besarle la espalda y a meterle mano entre las piernas, rozando y acariciando su vulva debajo de su bikini, encontrándola caliente y mojada. Reaccionó tal y como esperaba, instantáneamente comenzó a gemir y a menearse con movimientos serpenteantes, gesticulando con la boca frases y palabras que no lograba escuchar. Le desaté el brasier y le bajé poco a poco el bikini, finalmente quedó desnuda y caliente como un horno.
María José se puso en 4 sobre la arena, yo me quité la calzoneta y me arrodillé frente a ella con la verga empinada y apuntándole a la cara. De un bocado se la tragó y comenzó a mamármela como solo ella sabe. Se la iba tragando de a poco, bocado a bocado, cada vez engullendo un poco más hasta que sentí su húmeda lengua juguetear con mis testículos. Bajé la vista y me la encontré atorada de verga, con los ojos y la cara enrojecidos, el esfuerzo que hacía era considerable pero lo estaba gozando. Finalmente se la sacó y tosió un poco, pero sin perder su lúbrica sonrisa.
Mamá volvió a la carga, nuevamente en 4 pero ahora con el culo bien paradito y moviéndolo como si fuese una perrita, regalándole una visión privilegiada al mirón de sus perfectas sentaderas. Empezó a hacerme una especie de paja con la boca, metiéndose mi gran palo todo lo que podía y sacándoselo completo, luego volvía a comenzar. Yo solo la veía desde mi posición, empezando a sudar y con la calentura tan elevada que tenía que hacer esfuerzos por no terminar allí mismo.
Arrodillado detrás de ella, apunté la cabeza de mi falo a su chorreante abertura y la penetré hasta el fondo, le arranqué un agudo grito y un fuerte estremecimiento, señales de su gran excitación. No pude evitar esbozar una sonrisa de triunfo, no sabía realmente si el mirón seguía en su lugar, pero si lo estaba, iba a darse un festín con los ojos. Aferré a María José firmemente de las caderas y comencé a embestirla con fuerza, se la sacaba despacio y se la dejaba ir rápido, asegurándome de llenarla por completo.
La tomé de los brazos y la jalé, levanté su tórax y continué dándole duro usando sus extremidades como manubrios. Ahora veía sus grandes tetas zarandeándose bajo ella, rozando los pezones en la arena, tenía que ser un magnífico espectáculo para nuestro mirón. Yo trataba que no se diera cuenta que ya sabía de su presencia, pero necesitaba ver si aun se encontraba allí, así que hice como que se me cerraban los ojos de tanto gozar y lo vi discretamente… se estaba haciendo una paja, ¡qué morbo!
Por primera vez comprendí lo que sentía el Ko cuando yo le hacía de espectador, fue una excitación tan grandes que empecé a embestir a mamá como toro desbocado… con tan mala suerte que perdí el equilibrio y caí hacia un lado con ella de corbata. Solo me volteó a ver con gesto divertido y encendido.
María José se enderezó, no me permitió ponerme de pié, fue ella la que se me montó encima, se ensartó y comenzó a cabalgar sobre mi gran macana dándole la espalda al mirón. Comenzó a bajar y a subir con ese ritmo frenético que ella adopta cuando está en pleno hervor, moviendo sus tremendas caderas en círculo, sintiéndome adentro, invadiéndola hasta el fondo y estirando las paredes de su vagina. Desde mi posición debajo de esa diosa no podía ver a nuestro mirón, pero me imaginaba la enorme cara de calentura que debía tener, observando las maravillosas y firmes nalgas de mi progenitora, la cual se acercaba rápidamente a su primer clímax de la tarde.
Nos quedamos así un rato, respirando acelerada y profundamente los 2, empapados en sudor y en medio de una calentura que no menguaba. Lastimosamente nuestras fuerzas si lo hicieron, así que si no normalizábamos nuestro ritmo cardíaco no podríamos seguir. A mi lado ella me veía con los ojos medio cerrados y con un gesto de gran agotamiento, pero igualmente de enorme excitación sexual, aun no quería terminar, la perra de mi madre quería más.
Embrocándose acercó la cara a mi falo tieso y se lo devoró con ansias, primero lo lamió por todo lo largo, saboreando sus propios jugos, y luego se lo metió a la boca. Me regaló 2 o 3 mamadas profundas como las que solo ella puede y luego se levantó. Nuevamente María José se puso en 4, meneando el culo y exhibiéndolo para mi. En su rostro tenía un gesto de vicio que me calentó más aun.
Me arrodillé detrás de ella y escupí sobre su ano, me chupé 2 dedos, ensalivándolos abundantemente, y se los metí para dilatarla y lubricarla. En realidad solo tenía que esmerarme en lo último, pues ese culito estaba ya muy fogueado y abierto. Coloqué el glande sobre esa entrada y empujé, mi barra de carne entró como cuchillo en mantequilla sacándole un largo e intenso lamento.
María José comenzó a berrear enloquecida, sentirse sometida y un poco violentada la calienta increíblemente. Yo la tomé del pelo y me di gusto con ella, empecé a cabalgarla velozmente, penetrándola hasta el fondo, sintiendo la estreches de su abertura trasera. Realmente fui muy bruto y tuve que lastimarla, pero como siempre ocurre cuando la llevo hasta ese nivel de calentura ella ni se inmutó, si le dolía no se dio cuenta, al contrario, creo que hasta aumentaba su placer. Lamentablemente yo también estaba muy caliente, demasiado, tanto que no puede aguantar por más tiempo.
Quedamos tirados en la arena, uno al lado del otro, descansando plácidamente, hasta que los 2, al mismo tiempo y unos 10 minutos después, nos enderezamos súbitamente. Mamá, ya con pleno control sobre si misma, me pidió alarmada que volviéramos al chalet. En el camino estuve atento a ver si encontraba a nuestro voyerista metiche, pero no, ya se había ido. Y aunque no esperaba volver a verlo, algo me decía que no sería la última vez que supiera de él.
Continuará…
Ricardo David.
(Garganta de Cuero).
Pueden mandarme sus comentarios y sugerencias a mi correo electrónico, besos y abrazos.