Muchos de ustedes me han preguntado si pasó algo más con el mirón de "Mamá, el Mirón y Yo", pues si ocurrió, no ese fin de semana pero si más adelante, más o menos un mes después, antes de nuestra aventura con Sasha. Nuevamente estábamos en nuestra casa de la playa y nuevamente solos, mi hermanita Majo se había ido con una amiga ese fin de semana y no nos acompañó.
Luego de su aventura con Danilo, el mirón, mamá, con mi aprobación, aceptó una cita con él esa tarde en una cevichería a orillas del mar, un lugar bastante concurrido, y luego pues… todo dependía de cómo se portara el tipo, porque eso si, quedamos que si se ponía patán o abusivo lo mandaría a la mierda. Por ello yo mismo elegí ese restaurante, pues es un lugar cercano a nuestra colonia y siempre está lleno, sin mencionar que cuenta con seguridad.
Me dejó solo, ansioso, excitado y preocupado también, no sabía qué cosa esperar, no sabía si le iría bien con ese desconocido (bueno, "desconocido" es relativo, ya había cogido con él). Llevaba una salida de baño celeste, corta y ajustadísima que le quedaba como una mini, la parte de arriba tenía un escote que le dejaba ver parte de sus hermosas tetas, que no llevaban sujetador, solo tenía puesto la parte de debajo de su bikini… en otras palabras iba dispuesta a "matar". El pendiente me mataba y hasta estuve a punto de ir por ella, arrepentido de haber permitido que nuestros juegos llegaran tan lejos. Así estuve por casi 30 minutos hasta que recibí una llamada:
Colgamos, nuevamente quedé ansioso, excitado y preocupado (aunque esto último ya no tanto), no creía que mamá se fuera con el tipo ese, pero cuando ella se calienta mucho pierde el control de si misma por completo. Estuve dando vueltas por la sala por un buen rato hasta que el sonido de mi celular recibiendo un mensaje hizo que pegara un brinco. Era un mensaje de mi madre, "vamos para allá" decía. Inmediatamente lo preparé todo para poder ver sin ser visto…
Nuestra casa de la playa era una espaciosa construcción que papá edificó hacía unos 5 años cuando aun vivía con mamá. Tras el divorcio le quedó a ella pero con la condición de que él podría utilizarla cuando le placiera bajo previo aviso, obvio (no queríamos venir y pescarlo en plena cogida con alguna de sus amantes, ni que él lo hiciera con nosotros). Era una construcción de 3 plantas totalmente diseñada para el ocio y el placer. La primera planta era la única hecha de concreto, en ella se encontraba una sala y una cocina/comedor, en la segunda planta estaban las habitaciones. Si se quedaban abajo podría verlos desde cualquier punto, escondido detrás de los tupidos arbustos del jardín.
Más o menos 15 minutos después llegaron, vi a mamá bastante alegre, demasiado diría yo, seguro le aceptó uno que otro trago (ella tiene cero resistencia al alcohol). Inmediatamente fueron a la sala en donde él tomó asiento mientras ella iba a la refri por unos refrescos fríos.
El tal Danilo era un hombre maduro entre los 45 y 50 años que se conservaba muy bien. Medía como 1.75 mt y era delgado, con el pecho peludo y las piernas y los brazos fuertes y robustos. Eso si, lucía una incipiente panza cervecera y tenía una gran calva en la parte superior de la cabeza, siendo el único cabello que le quedaba de color gris. No pude evitar recordar la soberana cogida que le metió a mi madre meses antes, con ese impresionante aparato suyo, una verga larga, gruesa y sin circuncidar, rodeada de una tupida mata de vellos por encima de unas gordas bolas.
La tomó por la cintura y puso sus manos sobre su culito, levantándole su corta falda y dejando expuestas sus grandes y hermosas nalgas metidas bajo el bikini. Continuó sobándole el culo mientras la iba tumbando en el sofá y subiéndole el vestido más y más cada vez, hasta dejárselo en las caderas. Entonces, con un infantil pero lujurioso gesto le quitó la parte baja del bikini.
La lengua de ese hombre comenzó a recorrer la suave y tierna rajita de mi madre, de arriba abajo, despacio y saboreándola. Pronto comenzó a chupar con maestría, metiéndole la lengua entre la vulva al mismo tiempo. Mamá chillaba de placer, abriéndose de piernas y apretándose las tetas con fuerza. Movía las caderas de forma arrebata de un lado a otro que le hacían difícil a Danilo seguirla con la boca. Ella estaba cada vez más y más caliente, gimiendo cada vez en voz más alta hasta que lo detuvo…
Para ese momento ya me encontraba ardiendo, tenía una dura e incómoda erección debajo de mi bañador que me sobaba y restregaba lascivamente con la mano mientras continuaba viéndolo todo sin perder detalle. Desde mi escondite podía verla casi de frente, por lo que quedaba totalmente fuera del ángulo de visión de Danilo. De todas maneras no creo que se hubiese dado cuenta aunque hubiese estado en otra posición, el hombre estaba tan absorto y concentrando en darle placer a mi progenitora que no se hubiese dado cuenta jamás.
Cada vez veía que mamá se movía más frenéticamente, la diestra lengua de su amante estaba llevándola hasta el cielo. Su piel morena se enrojecía, su rostro se contraía en profundas muecas de placer y jadeos llenos de excitación. Simultáneamente se apretaba las tetas desnudadas bajo la tela con fuerza, se las restregaba y se pellizcaba los pezones, estaba a punto…
Mamá dejó de convulsionarse, lo más intenso del orgasmo había pasado, pero no por eso disminuyeron sus ganas. Se libró de Danilo y se puso de pié, se quitó la salida de baño y quedó completamente desnuda, el hombre tomó asiento, viéndola embobado y casi echando espuma por la boca.
Danilo se dejó bajar el short que llevaba, ella lo hizo lentamente para calentarlo y desesperarlo más. Pero ese monstruo de carne dura no podía estar oculto por mucho tiempo, en cuanto pudo saltó como un resorte apuntando directo a la boca de mi caliente e admirada madre. Era la segunda vez que la veía, una cosa impresionante, larga, gruesa y llena de venas.
Para ese momento ya me quedaba claro lo mucho que a mamá le gustaba ese tipo, empezó una mamada muy esmerada, chupándole apasionadamente el glande como si fuese un chupete, succionando con ganas mientras la acariciaba con la lengua. Sostenía ese pene sujetándolo fuertemente del tronco con una mano mientras que con la otra le acariciaba y amasaba delicadamente los testículos, redondos y pesados, tan portentosos como la verga que llevaban por arriba.
A Danilo se le cerraban los ojos a veces, embargado del inmenso placer que ella le hacía sentir, pero se negaba a no verla, se esforzaba en mantenerlos abiertos y contemplar en primer plano esa experta boca regodearse con esa gran verga. Lo vi dar respingos varias veces, luego caí en la cuenta que ella le estaba acariciando el culo con la mano de los testículos, seguro que nadie le había hecho esa caricia antes. Me la imaginaba dibujando círculos alrededor del anillo anal del hombre, tal y como lo hacía conmigo.
Realmente mamá se estaba dedicando y lo estaba disfrutando, pues aunque tenía la boca llena podía distinguir claramente la gran sonrisa que dibujaban sus labios al saberse capaz de enloquecer de placer a ese hombre. Incluso la vi darle una mamada profunda varias veces, de esas que solo ella puede dar, tragándose ese gran mástil de carne hasta la base y metiéndosela hasta la garganta. En una de esas grandes mamadas se sacó la verga de adentro y, enrojecida y lagrimeando:
Danilo tomó la riendas, la agarró de los hombros y la puso de pié, la besó con fuerza, sujetándola de las nalgas y apretándole las tetas, más que pasión parecía brusquedad, el tipo de besos intensos que ella disfruta mucho. La colocó con las manos sobre el respaldo del sofá y, despacio y por detrás, la penetró.
Danilo la tomó de la cintura, "¡te voy a partir en 2, puta!" le dijo y empezó a embestirla con fuerza, clavándosela con dureza todo lo que le entraba. Mamá mordía el respaldo del sofá y pegaba berridos y fuertes jadeos, estaba extasiado, al mismo tiempo continuaba empujando hacia atrás para recibirlo todo. Sin embargo, pasados apenas unos minutos Danilo, que tenía los ojos cerrados con fuerza y la lengua casi de fuera, se la sacó entre jadeos…
Esta vez duraron más tiempo en esa pose, Danilo logró controlar el inmenso placer que la perra de mi madre le brindaba y el deseo de eyacular y ella gozaba intensamente sin parar. La vi voltear a verlo, con la cara congestionada de placer y una expresión nueva que no le conocía. También me volteaba a ver a mi, cuando él no se daba cuenta, para que yo pudiera apreciar lo mucho que aquello le estaba gustando.
La depositó de costado suavemente en el sofá, dándole la espalda y con su redondo y perfecto culito totalmente expuesto. En voz baja le preguntó si se sentía bien, que si quería descansar un poco y seguir luego. Je, je, je, y yo que por un momento creí que no se detendría y que la penetraría nuevamente como un salvaje sin darle tregua. Pero no, el tipo me impresionó de nuevo haciendo gala de ser un caballero y portándose a la altura…
Luego de lanzar una carcajada, Dani se inclinó sobre el redondo y perfecto culo de mamá, le separó las nalgas para llegar con más facilidad a su objetivo y comenzó a pasarle la lengua por encima de su ano, una caricia que a ella le encantaba. Automáticamente se sujetó los senos y empezó a restregárselos y a apretarse los pezones, gozando de la lengua que recorría esa íntima parte de su ser en ese delicioso beso negro. Pasados uno o dos minutos abrió las piernas y estiró una en el aire, dándole más espacio para trabajar a Danilo que aprovechó para meterle varios dedos entre la vagina. Mi madre gozaba:
Danilo lo hacía cada vez con más ganas e intensidad, no pasó mucho tiempo antes que le metiera un dedo entre el ano al mismo tiempo que le metía la lengua, mientras continuaba serruchándole la cuca con los dedos y arrancándole largos gemidos gozosos. Para ese momento mi madre ya estaba tirada por completo sobre el asiento, de costado, con el brazo izquierdo estirado y el derecho sujetándose la pierna en el aire para permanecer lo más abierta que podía. Pronto a ese dedo solitario se le unió otro para continuar ensanchándole el culo. Danilo se lo hacía a conciencia, pero mamá tenía prisa.
Una nueva sonrisa iluminó el rostro del hombre ese cuando se puso de pié y guió la cabeza de su gran aparato hacia la estrecha abertura posterior de mi mamá. Se ensalivó bien el glande y los colocó sobre su ano, lo restregó varias veces antes de empujar con fuerza. Fui testigo de cómo una enorme verga que no era la mía invadía los esfínteres de mi progenitora, que lo recibía todo con una estoica mueca de esfuerzo mezclado con un claro mohín de placer, le dolía y gustaba al mismo tiempo. Danilo empujaba y luego la sacaba, empujaba y metía un poco más y volvía a sacarla, repitió ese proceso una y otra vez hasta que logró empalar por completo a mi caliente y perdida madre.
Colocó la pierna derecha de mi madre sobre sus hombros y, firmemente sujeto a ella, inició a sodomizarla. Su largo y grueso palo entraba hasta el fondo dentro del hambriento ano de María José. ¡Dios mío, juro que casi podía verlo forzando el esfínter anal de mi mamá, horadándola salvajemente y llevándola a niveles de placer infinitos! Y cuando la tomó fuerte del pelo su placer aumentó, junto con sus gritos y gemidos.
Danilo continuó embistiéndola, encajándole completa toda la tranca, hasta el fondo. El sudor cubría sus cuerpos y los empapaba, el éxtasis voluptuoso y enajenado los hacía delirar, él estaba cada vez más cerca del orgasmo, lo mismo que ella, que se masturbaba frenéticamente con la mano derecha. Yo también, no pude aguantar ver ese increíble espectáculo sin sacarme la verga y consolarla. Los 3 acabamos casi al mismo tiempo:
Me derrumbé en el suelo, mareado por el ímpetu de mi orgasmo. Ellos todavía continuamos gimiendo por un rato, Danilo aun enchufado en el insaciable ano de mi madre, empujando aunque sin tanta fuerza como hacía un minuto. Ella también siguió masturbándose hasta que sintió extinguirse su clímax por completo. Se quedaron acoplados incluso cuando ya todo había acabado, pues él e sentó, la jaló y la tomó en sus brazos, besándola apasionadamente mientras su pene continuaba dentro del ano de ella.
La escena se volvió tan íntima que, por enésima vez, me sentí un intruso y tuve el impulso de irme de allí. Pero no lo hice, pues técnicamente el intruso era él, yo era el hijo de María José y, además, su amante. Sin embargo en el fondo sabía que quien estaba de más allí era yo y que la relación entre mi madre y ese hombre apenas estaba naciendo.
¿Qué si volvieron a coger? si… Pero más tarde, al caer la noche, luego que ella le cocinara la cena… pero esa es otra historia, hasta la próxima
Ricardo David.
(Garganta de Cuero).
Pueden mandarme sus comentarios y sugerencias a mi correo electrónico, besos y abrazos.