Seguí haciendo eso. Ocultando mi escroto cada vez que pasaba un carro. Después de la segunda vez no pude evitar tener una erección. La sensación era formidable tener mi pene caliente sobre mi vientre mientras los demás conductores y peatones ignoraban lo que ocurría dentro de mi auto.
Así pasaba calle tras calle en el auto. Viendo las caras de las personas que seguían con su vida normal sin pensar que el carro de al lado estaba un hombre con su miembro erecto y húmedo.
Después de algunas calles me animé a tomarlo entre mi mano derecha y a comenzar la estimulación: ese sube y baja rítmico que me hacía conducir cada vez más rápido. Manejaba con mi mano izquierda mientras con la derecha me masturbaba lentamente. De vez en cuando humedecía la punta de mis dedos con saliva para hacer la paja más suave y placentera.
Estaba en el cielo, en medio de una calle que pedía a gritos que me corriera en ese mismo momento. Sentía ese cosquilleo en el glande que avisa que viene el semen caliente de las entrañas. Justo en ese momento me percaté de un autobús de pasajeros que estaba justo a mi lado. Estaba vacío a excepción de un hombre sentado justo junto a la ventanilla que emparejaba mi auto. Por su puesto el autobús era un poco más alto que mi auto por lo que el hombre tenía un perfecto ángulo para el show. Yo con mí miembro entre las manos, rojo de excitación, húmedo de urgencia por eyacular.
La cara del hombre se llenó de sorpresa. En realidad no creo que le haya desagradado. No dejaba de ver como me masturbaba en mi auto. Más saliva, más velocidad, más cerca del orgasmo.
Y así en una luz roja por fin llegué al orgasmo. Tuve cuidado de no manchar mi ropa cubriendo mi glande con el prepucio para que el semen quedara dentro. Poco a poco retiré la mano y el semen depositó entre mis dedos. Lamí toda mi mano para borrar la evidencia de lo que había ocurrido. Mientras el hombre seguía viendo desde el autobús.
Cuando se puso la luz verde aceleré lo más posible y perdí pronto de vista el autobús.