Porno Galerias Gratis Foro Contactos Gratis Videos Porno Fotos Porno Juegos Relatos Eroticos Porno Gratis Sexshop Webcam Porno
   






Edad &

Crea tu perfil y conoce gente cerca de ti

ZONA PRIVADA DE MACIZORRAS




 

Webcam Porno
Webcam Porno


2007-04-23 01:09:52
- ¿Cómo te va con tu nuevo compañero de piso? Me decía Alberto mientras me llevaba a tu casa en coche. Muy bien, Carlos es un chico muy simpático. No hacía ni dos semanas que vivía contigo. La relación entre Alberto y yo cada vez era más intensa, el carácter de Alberto me abrumaba, tan seguro de si mismo, siempre sabía qué hacer y decir, me dejaba sin argumentos y doblegaba mi voluntad sin esfuerzos, eso me mantenía en un estado de excitación continua.

- ¿Cómo te va con tu nuevo compañero de piso? Me decía Alberto mientras me llevaba a tu casa en coche.

- Muy bien, Carlos es un chico muy simpático.

No hacía ni dos semanas que vivía contigo. La relación entre Alberto y yo cada vez era más intensa, el carácter de Alberto me abrumaba, tan seguro de si mismo, siempre sabía qué hacer y decir, me dejaba sin argumentos y doblegaba mi voluntad sin esfuerzos, eso me mantenía en un estado de excitación continua.

Ya habíamos llegado, Alberto paró el coche y empezó a desabrocharse el pantalón.

Me incliné hacia él y con mi mano empecé a sobar el bulto que había bajo el pantalón, pero Alberto retiró mi mano.

Terminó de bajarse la cremallera y se la sacó, llevó la mano hacia mi nuca y la empujó hasta que mis labios rozaron la punta de su pene.

- Bésala.

Y eso hice, su mano seguía presionando tras la nuca y tras besarla empecé a deslizar mi lengua lentamente.

Sentí como su otra mano subía por entre mis muslos, subiendo mi falda, hizo a un lado la tira del tanga y su dedo empezó a jugar con la entrada de mi ano.

Presionó mi nuca hasta que engullí por completo su polla, a la vez que introducía su dedo en mi culo.

- Esta noche vas a tirarte a tu compañero Carlos y yo voy a verlo. Harás lo siguiente…

------

Aquella noche, ya en tu piso, temblaba bajo la manta y no por el frío.

Sabía lo que tenia que hacer y eso me excitaba y aterraba al mismo tiempo. Tú estabas ahí al lado, dormido seguramente. Sentí de nuevo la llama que me había consumido tantas otras ocasiones, la última vez hacía apenas una hora en el coche de Alberto. Ahora se apoderaba del control de mi cuerpo vibrando y pulsando en las ingles hasta que creí que moriría si no podía obtener más esa misma noche.

De un sólo movimiento me destapé y me erguí en la cama...-Vamos Silvia, no lo pienses más- me levanté y dirigí mis pies descalzos a tu dormitorio, cuya puerta estaba entreabierta.

Encendí el ordenador, mirando con cuidado que no despertaras aún y accedí a mi cuenta de contactos. Tal como esperaba ahí estaba Alberto, esperándome.

Conecté la cámara, encendí el flexo que había sobre el escritorio y empecé a desnudarme, primero me quité la camiseta, luego me bajé los pantalones y me quedé inmóvil ante el ordenador.

Se abrió una ventana en la pantalla:

Alberto: Perfecto, ahora bájate las bragas, ve hacia la cama y enciende también la luz de la mesita de noche, no quiero perder detalle.

Me despojé de mis braguitas percibiendo el olor a sexo húmedo que desprendían. Me acerqué a la cama y encendí la luz, abriste los ojos y me miraste sorprendido. Antes de que dijeras nada me llevé un dedo a los labios, haciendo el gesto de que guardaras silencio. Aparté las sábanas y me subí a la cama, colocándome a horcajadas sobre ti, dándote la espalda.

Cogí tus manos, comencé a moverlas en círculos sobre mis pechos, deslicé mi mano derecha hacia abajo llevándome la tuya conmigo, abrí un poco más las piernas para que tu mano y la mía se perdieran entre mis muslos. Introduje un dedo, luego tú otro, nuestros dedos bañados en mi excitación jugaban entre mi hendidura y pliegues. Me llevé los dedos a la boca y los succioné lascivamente para Alberto, que nos observaba desde su ordenador a través de la pequeña cámara que había sobre el monitor.

Me incliné hacia delante y eché mis caderas hacia atrás, quedando mi cara justo donde quería, frente a tu abultado miembro.

Empecé a acariciarlo sobre la tela del pantalón, presionándolo, entretanto tú acariciabas firmemente mis nalgas. Bajé el pantalón y tu poderosa verga se alzó desafiante ante mi, acaricié tus piernas, el interior de tus muslos, agarré tú polla con la mano y lamí tus huevos introduciéndolos en mi boca, tirando suavemente, deslicé mi lengua por todo el tronco varias veces, sin llegar al glande, finalmente al llegar a la punta dejé caer un pequeño reguero de saliva sobre ella y me la metí entera. Gemías y tu aliento acariciaba la humedad de mi sexo haciendo que me excitara aún más.

Instintivamente mis ojos se dirigían una y otra vez hacía donde estaba la cámara, mientras mis labios recorrían cada centímetro de carne en un suave compás que fue aumentando paulatinamente, tu pasabas la lengua por mis muslos, rozando las ingles, acercándote inminentemente a mi sexo.

Sentía como tu miembro palpitaba en respuesta a los mimos que le brindaban mi lengua, a la vez que la tuya me hacía estremecer, recorriendo mi clítoris y adentrándose en mi coño incansablemente.

No dejaba de recordar que Alberto me miraba desde su casa, me excitaba sobremanera sentirme observada, lo imaginaba sentado, excitado, deseándome, mientras yo sólo deseaba ser follada sin descanso.

Nuevamente me erguí adelantando mis caderas, sujeté tu polla con firmeza colocándola en la entrada de mi lubricado sexo, Al principio penetró sin problemas, pero entonces noté cierta resistencia, un estrechamiento, sin ningún reparo dejé caer el peso de mi cuerpo sobre tu erecto miembro, clavándomelo hasta el fondo.

El dolor inicial fue remitiendo, dando paso a un placer cada vez mayor, movía mis caderas hacia arriba y abajo. Mis gemidos se intercalaban entre jadeos. Situaste tus manos sobre mis caderas, cada empujón era como un fogonazo de luz en mi mente y el placer nublaba mis sentidos.

Noté como te corrías dentro de mí, inundándome, mi gozo fue aumentando hasta llegar a niveles que ignoraba que existieran hasta ese día.

Me dejé caer sobre la cama, exhausta, aturdida, feliz. Te miré y entreabriste los labios para musitar:

- Joder…joder…ha sido increíble…

- Si, lo ha sido - Respondí con una sonrisa.

Te besé, apagué la luz de la mesita y saliendo de la cama te di las buenas noches.

Fui al escritorio para apagar aquella la luz del flexo y el ordenador.

En la pantalla la ventana de Alberto parpadeaba:

Alberto: Has estado muy bien. Dentro de una hora paso a por ti para follarte, pero como a una perra.

Quizás debería haberme sentido ofendida, pero aquello me gustaba y me excitaba más que nada. ¿Por qué debía avergonzarme?

Alberto me llevó a su casa, me desnudó y de espaldas, sujetándome del pelo, me obligó a mirarlo, el calor se expandió nuevamente dentro de mí dejando como epicentro mi sexo.

Con los pechos aplastados sobre el escritorio y la mirada fija en la puerta de la habitación Alberto me folló como a una perra, tal como había dicho, sin caricias, ni susurros, ni besos, nada.

Sus manos en mis caderas, todo fue tan rápido e inesperado y sin embargo tan placentero.

Te cuento todo esto porque desde entonces tú y yo hemos compartido numerosos e intensos orgasmos, también los he compartido con Alberto; ahora me gustaría compartirlos con los dos juntos. Alberto está de acuerdo, sólo falta que tú quieras, Carlos… ¿qué me dices? A mi me apetece más.

Autor: onekiss


webcam porno

All logos and trademarks in this site are property of their respective owner.
The comments are property of their posters, all the rest Copyright 2004-07 by me.
Todos los derechos reservados - MaciZORRAS.CoM Copyright 2004-07. Porno Gratis