Abrí los grifos de la bañera y saqué el gel de baño del armarito, preparándolo todo mientras la madre desnudaba al pequeñín, y de una manera decidida y con una naturalidad fingida le quité a ella la toalla de playa con que se cubría con la excusa de ponerla a secar. ¡Joder! Llevaba un bikini negro de licra que debía ser del año anterior, porque le quedaba un poco pequeño y enseñaba bastante carne.
Yo jugaba con ventaja, pues conociendo el carácter tímido de Francis sabía que no se atrevería a poner objecciones en una situación tan embarazosa, así que con toda la rapidez que pude, corrí hasta la terraza para tender al sol la toalla y luego busqué un pantalón corto de mi hijo para que Ignacio no tuviera que volver a ponerse el bañador húmedo.
· Toma Francis, para que se cambie el niño, dame el bañador que lo voy a enjuagar y así lo tiene seco para después
· Te estamos causando muchas molestias
· Anda ya chica, hoy por tí mañana por mi.
Me puse a la tarea mientras observaba por el espejo a mi vecina. Agachada sobre la bañera y enjabonando al niño, su culo quedaba expuesto totalmente a mi lujuriosa mirada, enseñando un trozo de piel mas blanca de la marca del bikini y el nacimiento de la raja del culo. Tuve que hacer un gran esfuerzo para no tocar aquellos lindos cachetes. Luego, mientras el crío jugaba con el agua, se sentó en el borde y se recojió el pelo en un moñito, con los brazos levantados por detras de su cabeza, las axilas depiladas y el pecho prominente, estaba para comérsela.
Yo me senté en la tabla del water fingiendo que estaba entusiasmado con las monerías del niño, esbozando una sonrisa de conejo, cuando en realidad devoraba con la vista a la madre. Con disimulo le miraba la braga del bikini entre las piernas, donde la suave licra penetraba un poco en el surco vaginal y dibujaba ostensiblemente la forma de su sexo.
En una de esas, ella adivinó la dirección de mi mirada y pareció reparar a su vez en el bulto de mi pantalón. La verdad es que no podía esconder mi tremenda erección, patente incluso para una miope como ella. Se ruborizó y su respiración se hizo agitada a pesar de los evidentes esfuerzos por controlarse, subiendo y bajando sus tetas dentro del bikini. Se levantó de golpe y yo creí que me iba a dar una bofetada pero lo que hizo fué agacharse para sacar al niño del agua.
· Venga cielo, sal ya que mami se tiene que bañar también
· Nooooo, yo me baño contigo
· Ni hablar, además Gonzalo te va a dar una coca ¿verdad Gonzalo?
· Claro que si, una cocacola bien fresquita y le voy poner dibujitos animados en la tele
· Auuuupa
Puso al chiquillo sobre sus piernas y lo secó a conciencia, yo hacía como que miraba al crío pero le dí un repaso completo a la madre. Alevosamente gravé en mi retina el cimbreo de sus tetas en movimiento, la carnosidad de sus brazos, el vellito rubio de sus muslos rellenos, los pelitos negros que escapaban por los lados del bañador. Ella, que seguía ruborizada, me miraba de hito en hito, como diciéndome que sabía lo que pasaba por mi mente, pero dejándome hacer, como si se rindiese ante mi insistencia y se sintiese indefensa y violada.
· Vente conmigo al salón machote, vamos a ver que ponen en la tele
· ¿Me pones Bob Esponja?
· Claro, toma la coca y siéntate aquí, mira, ahí tienes a Bob Esponja
Por un momento me sentí un miserable, la expresión seria de mi vecina Francis y su mirada de indefensión me habían conmovido, y a pesar del cosquilleo morboso en mi bajo vientre y de la erección de mi pene decidí quedarme sentado en el salón, viendo dibujitos junto al niño. Pero el destino es caprichoso.
· Gonzalo, ¿puedes venir un momento?
· Hostias, ¿que querrá?......¡¡Siiiii, voy!! (tardé dos segundos en plantarme en el baño)
· ¿Puedes desabrocharme el bikini? No puedo con este nudo
Me miró fijamente, a los ojos. En ese momento me di cuenta que había interpretado mal sus miradas, lo que sus bonitos ojos verdes expresaban era el morbo del pecado (habeis leido bien, Francis es una mujer muy religiosa) y debía sentir una excitación bestial estando semidesnuda en el baño, de quien ella intuía ya como un completo pervertido, que la contemplaba con deseo.
Se dió la vuelta ofreciéndome la espalda, para que le desanudara el cordón del sujetador, cuando rocé su piel la sentí suave y caliente. Ya libre de la atadura, se quitó la parte superior del bikini y me la alargó, luego se bajo hasta las rodillas la parte inferior y la dejó caer hasta los tobillos, agachándose para recojerla y también me la pasó, cubriéndose rápidamente las tetas con el brazo derecho y el vello púbico con la mano izquierda, apreciando yo fugaz pero intensamente su cercana desnudez
· Por favor, ¿me lo pones a secar?
· Si, como no, si necesitas algo me llamas ¿vale?
· Vale
Tendí el bikini en la terraza y de camino me aseguré que el pequeño seguía sentado frente al televisor, ajeno a cuanto sucedía. En cuanto a la madre, me fastidió comprobar que había cerrado la puerta del baño, cerrando así también las posibilidades de seguir gozando impunemente de la vista de su cuerpo.
En esta tesitura solo cabían dos posibilidades. La primera era contentarme con lo que había disfrutado y dejar las cosas como estaban, puesto que todo lo ocurrido entraba dentro de la normalidad y no pasaba de ser una situación con gran tensión sexual, pero justificable moralmente. La segunda era pasar a mayores, para lo cual debería arriesgarme a tener un serio disgusto con mi mujer si mi vecinita no me seguía el juego y se enfadaba conmigo.
Opté por la segunda, pero utilizando, para cubrirme un poco las espaldas, una estratagema universal y que montones de mirones hemos usado alguna vez: entrar a mear con la excusa de una urgente necesidad. Empujé la puerta sin llamar y asomé la cabeza.
· Perdona Francis ¿te importa que entre a orinar? Es que no puedo aguantar más
· ¡¡Ohh!!...chiquillo que susto me has dado.....pasa, pasa y tranquilo que no te miro
Pues yo si que la miraba. Estaba de espaldas, con una pierna levantada sobre el borde de la bañera mientras se la enjabonaba con la esponja. ¡Que espectáculo! su culo se veía magnífico y ampuloso y por debajo el coño circundado de pelo ensortijado y negro. Verlo así, a menos de un metro de mi mano era todavía mejor que verlo a través de la video cámara. Era tan penetrante la mirada que le lancé, que hasta ella debio notarla y bajó la pierna juntando las cachas y ocultando el sexo.
El chorro de la meada caía con tanta fuerza, que al oir el ruidoso caño se volvió a medias y me miró. ¡Y tanto que me miró! Por fortuna estaba tan excitado que mi polla lucía en todo su esplendor y gordura y no hice mal papel. Ella seguía repasando su cuerpo con la esponja como si no pasara nada, vuelta ya del todo hacia mí, pero con la vista clavada en mi aparato. Terminé de mear y me la sacudí violentamente, para que pudiera apreciar el grado máximo de rigidez.
Jugándomelo todo a una carta, cerré la puerta del baño, y apoyado en ella comencé a masturbarme lentamente. Francis primero retiró la mirada y luego me dió la espalda sin saber como actuar. Se quedó con los brazos cruzados sobre el pecho mientras yo, sin ningún reparo acerqué mi mano izquierda a su culo y empecé a acariciarlo
· ¡¡¡Gonzalo!!! ¿pero que estas haciendo? ¿te has vuelto loco? (se volvió de nuevo hacia mí)
· Perdóname Francis, pero estás tan buena que he perdido la cabeza
· Eres un sinverguenza, no me toques
Viendo el cariz que tomaba la cosa, me tapé la cara con las manos haciendo teatro y me puse a lloriquear de una forma que no engañaría ni al mas tonto. Estaba temiendo que entre su marido y mi mujer me iban a dar la del pulpo como la vecinita me acusara de libidinoso, pero cual no fué mi sorpresa cuando la muy ingenua me abrazó para consolarme.
· Ay, ay, ay,....pobriño, no llores, si la culpa ha sido mia que te he provocado sin querer
Por fuerza tenía que estar notando mi polla dura y caliente en su vientre, además de mis manos sobando su culo, pero no protestó ni aflojó su abrazo. Yo sentía sus tetas en mi pecho con los pezones erectos como pitones de toro y tampoco protesté, faltaría más, sino que arrecié en mi llanto. Ella me daba besitos en la mejilla y seguía consolándome, hasta que yo le busque los labios y nos morreamos apasionadamente. A partir de ahí ya no fingimos mas.
La tomé por las caderas y la puse en pompa, embistiendo su coño desde atrás. Lo tenía completamente mojado, no cabía duda. A cada empujón ella soltaba un gritito y yo aproveché para meterle un dedo por el culo porque mi mujer nunca me deja hacerlo y a mi me encanta. Cuando se cansó de estar agachada me hizo sentar en la tabla del water y a horcajadas me cabalgó durante un buen rato, haciendo que le besara los pechos y besándome ella en la boca. Yo seguía trabajándo con mis dedos en el ojete, porque había decidido terminar la fiesta por ese orificio.
Con la follada, el manoseo anal y los besos, no tardó Francis en llegar al orgasmo. Se corrió de manera explosiva murmurando "Ay que gusto, ay que gusto" y como no podía aguantar mas el roce de mi polla en su vulva se retiró de mí apoyándose en el lavabo. Verla asi y agarrarla yo por detras fué todo uno. Le abrí la raja del culo y arrimé la punta del capullo al boquetito hasta que lo tuve a tiro, entonces di un empellón y la sodomicé, pegando ella un grito que debieron oir en todo el edificio. No estuve ni treinta segundos bombeando cuando le largé una andanada de semen y supe por primera vez lo que es correrse en un hermoso culo.
Entonces me percaté que el timbre de la puerta hacía rato que sonaba, y que fuese quién fuese no levantaba el dedo del pulsador. Me subí los pantalones lo mejor que pude y corrí a abrir. Allí en el umbral estaba Juan Antonio con las llaves de su casa en la mano, sin decirme nada entró buscando a su mujer. Al momento salió agarrándola por un brazo y llamó al niño. Francis iba desnuda, arrebolada y con la melenita revuelta, por el interior de los muslos le chorreaba un líquido blanquecino y el negro felpudo mojado por sus jugos. Estaba preciosa.
Cuando se fueron para su casa no pude evitar echarle una última mirada a su espalda armoniosa y a su trasero mancillado, ella volvió un instante su cara y me sonrió. Un autentico mirón nunca tiene bastante.