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2010-10-25 01:14:44
Román y yo estábamos predestinados a ser amigos. Vivimos en la misma calle, tenemos el mismo modelo de coche (elegimos el mismo color), nuestros hijos son de edades muy parecidas y van al mismo colegio, precisamente allí fué donde empezamos a conocernos, trabajamos en la misma empresa y por último y principal……¡somos dos mirones de mucho cuidado! y lo sabemos.

El tiene diez años mas que yo , y su mujer, Charo, es bajita y morena, todo lo contrario de la mía, que es rubia y grande. Por lo demás somos muy parecidos, incluso físicamente, aunque yo soy mas alto y fuerte que él, pues soy aficionado a ejercitarme con las pesas y a él hacer deporte le da tirria, aunque no lleve mal a sus 55 tacos.

Mi mujer y yo (Margarita y Gonzalo son nuestros nombres, y perdonad que no os diga los apellidos) tenemos por constumbre salir a cenar los primeros viernes de cada mes, nuestros hijos duermen en casa de algún familiar, casi siempre en casa de mi cuñada Andrea, luego vamos a bailar a la discoteca y rematamos la fiesta en casa con una botella de cava. Allí me gusta grabarla con la cámara de video mientras se desnuda en nuestro dormitorio, pues suele ponerse una lencería bonita y medias con liguero para hacerme un striptease. Normalmente me obliga a apagar la cámara cuando vamos a empezar a follar, pero unas veces porque la dejo encendida sin que ella lo note, y otras (las menos) en que me permite hacerlo por las buenas, la verdad es que tengo una buena colección de videos porno caseros.

Un viernes que volvíamos mas contentos de lo normal, pues había calentado a Margarita en la discoteca a base de caricias mas o menos descaradas, nos dispusimos a realizar el ritual festivo. Cámara en ristre fui grabando a mi mujer desnudándose lentamente, con esa manera tan sexy que ella tiene de hacerlo, primero se quitó la chaquetita del traje y la colgó cuidadosamente en su percha, luego bajó la cremallera de la falda y la dejó caer hasta sus pies. Se quedó con una blusa de raso negro, de manga larga y abotonada hasta el cuello, que era lo bastante larga como para no enseñarme las bragas pero suficientemente corta para dejarme ver bien sus muslos fuertes y largos, cubiertos por las medias de rejilla también negras.

Se había cortado el pelo al estilo que yo llamo Cristóbal Colón y noté que ella misma se veía preciosa y se gustaba. Se desabrochó la camisa con una lentitud exasperante y entonces pude apreciar el conjuntito nuevo: sujetador negro de encaje que apretaba mucho los pechos marcando aún mas su canalillo, y braguitas a juego con un fino cordoncito en la cadera uniendo el triángulo anterior con el de atrás.

Como si fuera una profesional se dio la vuelta y se desabrochó el sujetador, luego deslizó un tirante sobre su brazo y después el otro, sacándoselo entero pero sin darse la vuelta. Se contoneó durante un minuto dejándome que disfrutara de esa espalda que tanto me gusta y de su culo grande y duro enmarcado por el triángulo de encaje, que le tapaba sólo la mitad de cada nalga.

Luego, agarrando los cordoncitos de las bragas, tiró de ellos hacia abajo, hasta las rodillas y abriendo mucho las piernas evitó que cayeran al suelo, quedando a medio bajar. Sin doblar las rodillas se agachó y terminó de deslizarlas hasta los tobillos, dejando su culo expuesto y su coñito peludo bien abierto y a la vista, o mejor dicho al zoom de la cámara, pues lo enfoqué para que saliera en primer plano.

Yo, todo empalmado, grababa con la derecha y con la izquierda me pajeaba y poco me faltó para aplaudir con las orejas cuando poniendo una pierna sobre la cama se bajó despacito la media, enrollándola sobre si misma, exponiendo aún mas si cabe los labios del sexo, que se apreciaba húmedo y enrojecido. Repitió la operación con la otra pierna sin que yo supiera ya donde enfocar. Por fín se volvió hacia mí, completamente desnuda, sin prenda alguna sobre su cuerpo salvo los zapatos de tacón alto, y me dejó que la grabara a placer.

Ella, que sabe cuanto me gusta eso de filmarla, me hizo varias posturitas sexys como si fuera una modelo, mientras yo me recreaba ora en sus pechos enhiestos y grandes, ora en su felpudo negrísimo y sin depilar. Luego sentándose en la cama se descalzó y se recostó sobre la colcha con poses mucho mas subidas de tono, abriéndose el coño con los dedos, tendida sobre su espalda y finalmente poniéndose en pompa y separando con una mano sus nalgas para que viera bien sus verguenzas.

Yo, sin dejar de enfocar su trasero, la penetré por detrás lentamente y comencé a bombear mientras ella me dijo, mas bien me ordenó, que dejara la maquinita. Como estaba muy caliente no le hice caso y medio en broma medio en serio intentó arrebatármela, con tan mala suerte que el mecanismo de apertura de la cinta se abrió y la casette quedo toda liada y aprisionada en los rodillos. La puse sobre la mesilla y seguí follándome a mi mujercita, con empujones fuertes, como a ella le gusta, de una manera próxima a la violencia. En poco tiempo alcanzó un orgasmo mas intenso de lo que acostumbra, y del apretón que dio me hizo correr a mí también. Tras los cual nos quedamos dormidos abrazados sin siquiera limpiarnos.

Al día siguiente, como muchos sábados, habíamos quedado a comer en un restaurante con Román , Charo, y los niños. Yo le comenté lo de la cinta aprisionada en la cámara, pues mi amigo es fotógrafo amateur y muy habilidoso con todos los aparatos eléctronicos, así que me dijo que cuando volviéramos me pasara por su casa y se la llevara, a ver que podía hacer. Así lo hice y mientras Román intentaba solucionar el enredo, su mujer me trajo una cubitera con hielo para el whisky.

¿Te sirvo yo?

Tu me sirves para lo que tu quieras

Tonto, digo que si te pongo la copa

Pues claro, donde voy a encontrar una camarera que esté mas buena que tú

El marido, que sabe de que pie cojeo, echó una visual a su mujer para ver si estaba vestida de manera provocativa, y me pilló mirándole el escote del corto vestido gris, de un tejido de punto que se adaptaba a las formas de su cuerpo y que al inclinarse para servirme, se abría dejándome ver sus tetas pequeñitas y redondas.

Gonzalo, la cinta está muy liada, déjamela y mañana le meto mano

Imposible Román, la cinta es de Marga en una situación, digamos que caliente, y no quiero que ande por ahí

Ay, ay, ay que pillín, haciendo videos calentitos (dijo Charo riendo)

Que pasa, que vosotros no…..

¿Nosotros? Pues antes si, pero desde hace dos años para acá a este no se le empina conmigo

Como ya he dicho, Román tiene diez años mas que yo y Charo tiene siete menos que Margarita, por lo que si no me equivoco, se llevan entre ellos 17 años, tal vez eso es motivo de insatisfacción en el matrimonio. Nunca lo había pensado, pero el caso es que ella, sin llegar a insinuarse, mantiene conmigo una tensión sexual evidente, aunque ni mi mujer ni su marido parecen notar nada.

Yo estaba sentado en el sofá de cuero que tienen frente al televisor, y Charo en la butaca mas alejada de mí, separada por una mesita baja. Tenía las piernas cruzadas y el vestidito dejaba al aire una buena parte de sus muslos, estaba muy atractiva con el pelo negro y brillante cortado como un muchacho. Mientras se volvía hacia el marido, que trabajaba en la mesa del comedor descruzó las piernas y las dejó un poco abiertas por lo que puso a mi vista sus braguitas blancas por unos segundos.

- ¿Puedes arreglarla cariño?

- Todavía no la he soltado del todo, pero lo conseguiré

- Y tu Gonzalo ¿quieres otro pelotazo?

- Eso ni se pregunta, vamos a echarlo

Charito, que había terminado su whisky, se dispuso a servirse el segundo. Se adelantó hacia el filo de la butaca para llegar bien a la mesita y volvió a abrir las piernas mas de lo prudente, enseñándome las bragas descaradamente y sonriéndome con complicidad. Luego repitió la maniobra con el escote del traje y esta vez al ir a poner hielo en mi vaso se demoró mas que la primera vez dejando que me regodeara a placer con la vista de su pecho. Ya no volvió a su butaca, sino que se sentó junto a mí en el sofa y se puso a contarme anécdotas picantes de ella con Román.

Yo intentaba pensar en otras cosas porque estaba empezando a empalmarme, pero la muy ladina no hacía mas que tocarme el muslo y rozar su cadera con la mia. El vestido subido hasta el punto que le asomaban las braguitas y una vista panorámica de su escote no ayudaban para nada a mis propósitos de castidad. Además diez minutos despues, cuando nos terminamos el segundo whisky, estábamos mas desinhibidos y me resultaba mas díficil mantener la compostura.

- ¡Ea! Ya está arreglada (Román conectó la cámara a la tele y empezó a rebobinar la cinta)

- Ni se te ocurra reproducirla

- Venga hombre, si no pasa nada (me decía Charito con voz melosa y apoyando una teta sobre mi brazo)

- Que no, que no, de verdad, si Margarita se entera me mata

- Andaaaaaaa, no seas cenizo, con lo bien que lo podemos pasar

Se levantó del sofá y se sentó en mis rodillas, yo sentía el calor de su sexo en mi pierna. Miré a Román que se estaba desternillando de risa viendo a su mujer medio borracha y no parecía para nada molesto. Pasó sus brazos alrededor de mi cuello y empezó a darme besitos en la cara para convencerme.

- Si nos dejas ver la cinta te pongo otro whisky

- ¡No!, por mi os dejaba, pero a Margarita no le iba a gustar y si se entera me capa

- ¿Y quien se lo iba a contar tonto? Además todo lo que podamos verle a ella, yo luego te dejo que tu me lo veas a mi ¿verdad querido?

- Tu misma cielo, siempre que solo sea mirar, a mi no me importa

- Vale, pon la cinta pero de esto ni una palabra a mi mujer

Román fue a comprobar lo que estaban haciendo sus hijos y volvió rápidamente, cerrando la puerta del salón y bloqueando el pomo. Se sirvió un vaso, pues el no había bebido nada todavía, y después de un momento de duda sonrió y rellenó los nuestros.

Los niños están en su cuarto jugando con la PSP, no nos molestarán (tomó asiento en el sofá, junto a su mujer)

Venga, dale ya, que estoy impaciente, no sea que Gonzalo se arrepienta

Cuando el video comenzó a reproducir, los tres nos quedamos callados. Yo sentía un cosquilleo de placer en mi interior y por la expresión de sus caras, ellos también sentían lo mismo. Cuando Margarita apareció en pantalla iniciando uno de sus shows privados, Román se llevó disimuladamente la mano al bolsillo del pantalón e hizo como que se rascaba, pero yo adiviné que se estaba colocando el pene para poderlo presionar con discrección.

A medida que mi mujer se iba desnudando, mi amigo adelantaba cada vez mas la barbilla y abría mucho los ojos, pasándose la lengua por los labios varias veces. Tomaba tragos largos de su whisky sin dejar de mirar la tele. Yo de reojo observé que mantenía una gran erección en su entrepierna. Mientras tanto su mujer, que también le daba al vaso, acariciaba mi pierna distraidamente, sin perder detalle de la filmación. Cuando yo aparecí en escena, con el mastil enhiesto, y ensarté a mi mujer al estilo perrito Charo me miró sonriendo y rompió el silencio.

Buén número calzas tio, no me extraña que tu mujer te haga numeritos

Pues ella está muy buena, ¡No veas que culo! y perdona Gonzalo (contestó Román)

Tu tranquilo, ya veremos el de Charo como está

Pues ni la mitad de bien, no te hagas ilusiones

Seguimos un buen rato viendo la cinta y haciendo comentarios humorísticos para romper la tensión. Yo seguía sintiendo ese cosquilleo interior, entre culpable y placentero, manteniendo una discreta erección no tan visible como la de mi amigo. Vimos varias grabaciones de distintos viernes e incluso una donde aparecía mi vecina Francis en la ducha, que les interesó mucho pues la conocen personalmente (ya conté en otro relato como logré esas imágenes), pero cuando llegamos al último striptease en el que la cinta quedó inutilizada, Román ya no aguantó mas y evidentemente se corrió.

Dijo que iba a mear y se fue tapando con la mano la zona de la entrepierna del pantalón, quedándonos Charo y yo solos.

Cuando quieras podemos hacer algo tu y yo (me puso la mano directamente en el sitio que imaginais)

Me gustaría, pero no es el momento…..están tus hijos en casa (ella me apretó un poco mas el paquete)

Claro, me refiero a quedar alguna tarde que esté sola en casa

Me puedes llamar con cualquier excusa y yo me acerco

No tardó mucho en volver su marido, con unas calzonas negras y una camiseta de la selección de futbol.

Ya estoy aquí, me he puesto cómodo para seguir mejor la juerga jajajaja

Si, porque ahora me toca a mi ver como se lo monta tu mujer

Pero eso no vale, nosotros os hemos visto en video, no en directo. En vivo tiene otro valor

Bueno y que propones (ante mi pregunta Román miro a su mujer y esta asintió, dejando en evidencia que habían planeado algo entre ellos)

Déjanos la cinta este fin de semana y te la devuelvo el lunes

Román, en serio, me asusta que halla una copia fuera de mi control

¿Y si yo te dejo una de Charo? estariamos en igualdad de condiciones

Enséñame algo de la cinta

Sin problemas ¿Te importa dársela cariño?

Me pidió que la siguiese al dormitorio, pues la guardaban bajo llave en su armario. Fui tras ella por el pasillo, ponderando su culito respingón y deseando volver a casa con la cinta de mi amiga para poder disfrutarla a gusto. Iba relamiéndome con el anticipo de verla contonearse, disfrutando impunemente mirando esas piernas tan bonitas que recorrían la moqueta azul de su casa, con el traje de punto tan ceñido al cuerpo.

Me dejó pasar y luego cerró la puerta con el pestillo, se apoyó en la pared y se quedó mirándo mi abultado pantalón. La luz del sol de media tarde le daba un toque cálido a la habitación. No me dijo nada, no hacía falta. Tomó el borde del vestido y lo subió hasta la cintura, llevaba unas bragas blancas de algodón, sin adorno alguno, con una mancha húmeda sobre su sexo. Se lo sacó por los hombros y lo tiró encima de la cama. Sus pechos eran pequeños pero de una forma deliciosamente redondeada, con unos pezones apretados y oscuros.

Yo la miraba completamente inmovil deseando que me hiciera una señal, pues no me atrevía a tocarla. Se bajo las bragas hasta las rodilla y luego dejó que ellas solas resbalaran hasta los tobillos. Con un movimiento de la pierna las envió también sobre la cama, y entonces si me alargó los brazos para que la tomara. Lo hicimos de pie, contra la pared, con mi antebrazo derecho levanté su pierna y cuando se le abrieron los labios la penetré sin dificultad alguna. Estaba totalmente mojada y mi polla mas tiesa que un palo. Ella abrazada a mi cuello y yo con mi mano izquierda trabajándole el culo, follamos en silencio, reprimiendo los jadeos. De una manera apresurada y salvaje, pues a cada empujón se la metía hasta los huevos.

Nos corrimos enseguida, a mi me temblaban las piernas y ella estaba toda ruborizada. Se puso el traje sin las bragas y yo me recompuse la ropa y cerré la bragueta. Rebuscó en el armario y me dio la cinta. Cuando volvimos al salón, Román nos miraba con una sonrisita mordaz, era evidente que se nos notaba a la legua lo que acabábamos de hacer. Yo dije que tenía que irme pues Margarita estaría impaciente y me despedí de ellos. Charo me dio dos besos y me apretó la cintura al hacerlo. Román me acompañó a la puerta

Esto hay que repetirlo otro día

Cuenta conmigo Román

Y me fui para mi casa mas contento que unas pascuas, con el botín de la cinta de mis amigos bajo el brazo.

Autor: morfeito


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