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2008-05-01 02:50:44
Emily estaba en un viaje organizado a través del Amazonas. Había contratado con la agencia de viajes desde hacía un año, pues el lugar era muy remoto y había pocos lugares disponibles. Hoy era el día de la caza de la serpiente. Su grupo de siete personas más un guía avanzaba a través de los pantanos buscando las anacondas que ella esperaba que el guía atrapara para así poder mirar un ejemplar más de cerca.
Emily estaba en un viaje organizado a través del Amazonas. Había contratado con la agencia de viajes desde hacía un año, pues el lugar era muy remoto y había pocos lugares disponibles.
Hoy era el día de la caza de la serpiente. Su grupo de siete personas más un guía avanzaba a través de los pantanos buscando las anacondas que ella esperaba que el guía atrapara para así poder mirar un ejemplar más de cerca.

El grupo había estado vadeando a través del fango y del agua por casi una hora sin suerte. El calor obligó a Emily a beber casi toda el agua que traía, y ahora tenía una irrefrenable necesidad de orinar. Ella preguntó al guía si podrían parar e ir a un sitio apropiado, pero él respondió que tenían que continuar y dijo que si deseaba, podría alejarse un poco del grupo principal, y hacer sus necesidades oculta en la hierba.

- ¿Qué hay de las serpientes? - Preguntó ella.

- No le incomodarán. Usted es demasiado grande para que la coman.- Respondió el guía.

Emily caminó lejos hasta que estuvo fuera de la vista del resto del grupo. Encontró un pedazo de tierra duro y plano, y balanceándose cuidadosamente, se bajó la falda y las pantis, y se puso en cuclillas. Comenzó a orinar hasta que se sintió el alivio de su vejiga vacía.
Repentinamente la tierra se movió debajo de ella, y cayó aterrizando en el fango y la hierba. Sus ropas se habían ensuciado en el fango y maldijo furiosa.

Se levantó y se limpió la cara. Buscó sus pantis, pero no las encontró. Se arrodilló en el fango intentando encontrarlas cuando bajo su mano sintió algo moverse; estaba parada sobre algo.
Aquello se movió otra vez y ondulaba bajo su tacto. Emily gritó a los otros intentando conseguir ayuda, pero no escuchó ninguna respuesta. Y se dió cuenta de que se había alejado demasiado como para ser escuchada. Comenzó a aterrarse e intentó correr hacia a donde pensaba que se encontraban los demás. Tras unos cuantos metros tropezó y cayó otra vez golpeándose pesadamente en el rostro.

Por debajo de ella, sentía aquella cosa grande y dura de nuevo. Intentó averiguar lo que era; Pensó que podría tratarse de una serpiente, pero parecía mucho más grande que lo que el guía había dicho. Era de unos setenta centímetros de grosor, y no sabía cuán larga era. Debido a su tamaño, Emily pensó que podría ser una enorme raíz, pero parecía ser demasiado lisa, y además, no había árboles cerca.
¡De pronto aquello se movió de nuevo y ella se dió cuenta de que esa cosa estaba viva! Comenzó a arrastrarse lejos. Pero repentinamente aquella cosa se movió otra vez, y se enredó en torno a sus pies y piernas. Emily cayó, pero colocó las manos delante para amortiguar la caída. Debajo de ella, entre la hierba y el fango, palpó una cabeza enorme. Supo entonces que aquello debajo de ella era una serpiente, una enorme.
Emily se levantó otra vez, y escuchó un ruido de rasgadura. Su camiseta se había atorado en algo y se había rasgado exponiendo sus pechos, pues ella no usaba brassiere. Comenzó a correr a ciegas, tirando los restos de su camisa hecha andrajos. Estaba totalmente desnuda ahora, pero cubierta de fango.

La serpiente se asió alrededor sus piernas y la tiró hacia abajo otra vez. Comenzó a enredarse alrededor de sus piernas y de su cintura. El peso de la serpiente la mantuvo en el agua. Se sentía atrapada, hundida en el fango. La serpiente comenzó a enrollarse más en Emily, dando vueltas a su alrrededor con fuerza. Ella intentó todavía sostenerse, pero no había nada en lo que pudiera sujetarse, y pensó que sería inútil.
La serpiente se apretaba más y más, y ahora estaba alrededor de su talle, apenas debajo de sus pechos. Otra vuelta y una enorme bobina se enredó alrededor de sus senos cubriéndole el rostro. La serpiente había dado cuatro vueltas en torno a su víctima, con las cuales cubría casi todo el cuerpo de la chica.

Enseguida comenzó a apretarse alrededor de ella, expulsando el aire fuera de sus pulmones. El fango ayudó a la serpiente a resbalar sobre su cuerpo, y Emily pudo sentir la frialdad de su captor sobre su piel desnuda. Se encontró extrañamente excitada por su situación. No sabía si era el resbaladizo fango, la frialdad de la piel de la serpiente al mismo tiempo tan suave o la presión que ejercía sobre ella, pero se encontró disfrutando de la combinación.

Lentamente la serpiente apretaba más y más alrededor de la chica. Al tiempo que un orgasmo crecía en su interior. Comenzó a temblar y entonces sintió como éste estallaba al tiempo que su vagina se frotaba contra la piel de la serpiente. Sentía cómo se le iba oxígeno mientras la serpiente la apretaba. Su vista comenzó a nublarse.
Mientras perdía el sentido, su vejiga se relajaba y se vació de nuevo, limpiando el fango de la serpiente al caer el dorado líquido sobre ésta.

Mientras Emily estaba inconsciente, la serpiente cesó de exprimirla, sabiendo que su presa estaba lista para ser comida. Una vez que estuvo segura de que no se movía, desenrolló el apretado abrazo con que sujetaba los pies de la joven, y comenzó a mover su cabeza gigante hacia las extremidades inferiores de la chica. Lentamente abrió su boca y la cerró sobre sus pies.
Como las vueltas de la serpiente sobre el cuerpo de Emily se aflojaron, el aire comenzó a entrar de nuevo en sus pulmones. El aire, junto con el dolor que los dientes de la serpiente provocaron en sus piernas, lentamente reestablecieron a Emily, y ella recuperó el sentido. Aún no podía ver lo que sucedía ya que su cara era bloqueada por una bobina verde y marrón enorme; Sin embargo sentía los dientes en sus piernas y la acidez de la saliva de la serpiente en sus pies. La serpiente abrió su boca otra vez, y tragó. Los poderosos músculos de la garganta tiraron de sus pies hacia abajo, y las piernas de Emily entraron en su boca hasta la segunda vuelta del cuerpo de la serpiente que aún se mantenía alrrededor del cuerpo de su presa.

Se desenrolló otra vez, dejando al aire su vagina y sus manos. Ella se aprovechó de esto y comenzó a frotarse, intentando repetir el orgasmo que había experimentado antes. Su movimiento alertó a la serpiente, que se dió cuenta de que había recobrado el sentido. Con los pies y piernas de ella sujetados firmemente en su boca, la serpiente se desenrolló de nuevo sólo para volver a enrollarse mejor que antes. Mientras las bobinas se apartaron de su cara, ella pudo ver por primera vez la serpiente entera. Parecía tener medio metro de grosor en la parte más ancha, y tenía tres veces la longitud de su cuerpo.

Mientras luchaba para liberarse, en segundos la serpiente volvió a ella y comenzó a enrollarla otra vez. La primera vuelta fué alrededor de su cara, sofocándola. La siguiente fué alrededor de sus senos, empujándolos y aplanándolos contra su pecho. Una tercera fué alrededor de su cintura, justo sobre la cabeza de la serpiente que parecía saborear los muslos y las torneadas piernas de la joven

La serpiente comenzó a consteñirla de nuevo. Emily luchó, pero sin ningún efecto. Lentamente su vida era exprimida de su cuerpo. Esta vez, no perdió el sentido tan rápidamente.
Ella dejó el luchar, dándose cuenta de la futilidad de su esfuerzo, e intentó respirar. Escuchó repentinamente un crujido, y sintió un dolor agudo en sus pulmones. Se percató de que debía estar escuchando sus costillas rompiéndose bajo la inmensa presión de la serpiente. El dolor se volvía intolerable. Casi no tenía ya aire, y con sus costillas rotas, y los pies y piernas en la boca de la serpiente decidió cesar la lucha y dejarse ir. Esta vez, sin embargo, la serpiente deseó cerciorarse de que ella estuviese inconsciente antes de seguir comiéndola. Continuó triturándola, forzando a cada gota de aire de sus pulmones a salir. Ahora Emily estaba totalmente quieta.

La serpiente continó devorándola. Abrió su boca de par en par y tragó otra vez. Los músculos ondularon sobre los pies y los arrastraron abajo, hacia el estómago de la serpiente. La boca de la serpiente se cerró sobre su cintura y Emily sintió los fuertes jugos digestivos mojando su vagina. La acidez picaba, pero como la serpiente había relajado su apretón levemente, reduciendo el dolor de su abrazo, ella encontró esto agradable. La serpiente tragó otra vez y su boca estaba ahora justo por debajo de los pechos de Emily, y su vagina ahora estaba en la garganta de aquella enorme anaconda.

Mientras la serpiente tragaba, los músculos se contraían sobre ella, y Emily sentía acometidas de placer despertar mientras era devorada. La serpiente tragó otra vez, pero la chica no continuó entrando por la garganta. Mirando hacia abajo, Emily se percató de que la serpiente tenía problemas intentando abrir su boca lo suficiente como para que entraran sus senos. Tragó otra vez, y sus poderosos músculos de la garganta ondularon de nuevo, trayéndola más cerca al orgasmo.

En su éxtasis, ella no podía permanecer así tanto tiempo, y mientras deseaba que la serpiente no hubiera parado de tragar. El reptil apretó su bobina restante sobre ella, apretando sus senos completamente contra su pecho y sofocando su respiración.

- ¡No! - Imploró ella. - ¡No te detengas ahora!

Entonces, para su placer, el apretón de la bobina sobre sus pechos les permitió caber en la boca de la serpiente. La serpiente tragó, introduciendo los pechos dentro de su boca. El sentir cómo sus pezones resbababan por la húmeda garganta de la serpiente inmediatamente reavivó el placer. Pronto quedaba solamente su cabeza expuesta, y ella sabía lo que pronto debía seguir. Aunque para entonces ya no le importaba, y sólo deseaba sentir los músculos de la anaconda sobre sus pechos.

La serpiente tragó otra vez, y arrastró la cabeza de Emily dentro de su boca. Ella probó la saliva amarga de la serpiente en su propia boca. La anaconda dió entonces un gran trago y tiró de la chica hacia abajo. Los músculos ondularon sobre ella, trayendo olas de éxtasis sobre su cuerpo. Cada vez que los músculos se contraían sobre su vagina ella se volvía más perceptiva. Y aún más la excitaba saber que estas mismas contracciones musculares le traerían su perdición.

La serpiente paró repentinamente de tragar, y Emily escuchó voces a través de la piel gruesa. Se dió cuenta de que el resto de su grupo debía estar cerca. Sintió entonces cómo la serpiente comenzó a moverse, torciéndola en extrañas direcciones y transportándola en su interior sobre el suelo irregular. Cayó medio metro o algo así, y el agua comenzó a entrar por la boca de la serpiente. Emily dedujo que se había sumergido para evitar ser detectada. Había pasado casi un minuto desde que su cabeza había sido tragada, y se le terminaba el aire que aún tenía. Aunque había un poco de aire en el interior, era amargo con la saliva de la serpiente, y el respirar eso la lastimaba.

La anaconda se detuvo, y Emily sintió los músculos contraerse alrededor de ella una vez más. Por ahora sus pies ya no eran triturados y ella creyó que habían alcanzado el estómago de la serpiente. Sabía que le quedaba muy poco tiempo, pero todavía podría respirar un poco, aunque cada una de las contracciones de la serpiente lo hicieran más difícil.

Mientras se movía, el aire restante se había vuelto muy ácido. Cerró los ojos y se imaginaba que ella ya no estaba en una serpiente, sino en los brazos de su amante. Los músculos de la serpiente se contrajeron sobre su cuerpo de nueva cuenta, y ella pudo sentir su orgasmo muy cercano. Una contracción más y estaba allí. Emily gimió en éxtasis y sintió sus jugos fluyendo hacia afuera y revolviéndose con los jugos digestivos de la serpiente.

La anaconda tragó otra vez, y Emily se vino de nuevo, con más fuerza que antes. Su orgasmo era indomable por su ferocidad, y mucho más intenso que antes. Otro trago, y ella se vino de nuevo, gritando de alegría. Su pulso estaba acelerado y se encontró incapaz respirar. Los músculos de la serpiente presionaban contra su cara, y sus jugos digestivos mojaban su boca y nariz. Ella estaba ahora en un estado de éxtasis extremo, las contracciones de la serpiente la elevaban más y más alto. Ahora ya no podría venirse nunca más, per el último placer que experimentaría era tan intenso...

Todavía sintiéndose más y más extasiada, comenzó a marearse. Su orgasmo terminó el oxígeno que le quedaba muy rápidamente. Emily sintió cómo lentamente perdía el sentido, y deseó permanecer despierta un poco más. La serpiente dio otro gran trago, y su mente se liberó de todo excepto de aquel maravilloso orgasmo.

Emily casi se había ido. su vida pendía ahora de un delgado hilo. Mientras era empujada hacia abajo por un nuevo trago, esperando el siguiente, vió su vida pasando ante sus ojos. Imágenes de otros encuentros con serpientes salieron a relucir. De su propia serpiente mascota Kaa. Recuerdos de él alrededor de ella, trayéndola al orgasmo con su tacto. Lo imaginaba entre sus piernas, y alrrededor de ella, en la cama de su habitación. Y se dió cuenta de cuán pequeños fueron esos orgasmos comparados con los que aquella enorme serpiente le estaba dando. Imaginaba a Kaa con ella, en esta serpiente gigante, más de dos veces el tamaño de Kaa. El se envolvería alrrededor de su cuerpo, triturándola, frotándose contra ella, y muriendo con ella. Pronunció su nombre para sí, mientras se imaginaba con su amada mascota.

Repentinamente la serpiente tragó otra vez, trayéndola nuevamente al mundo real. Sus pensamientos de Kaa trajeron un último orgasmo, mayor que el resto. Ella gritó ' Kaaaaaaaaaa' pero casi ningún sonido salió. Entonces, mientras intentaba gritar de nuevo, se detuvo repentinamente, y cayó inconsciente.

Autor: Lobito


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