Porno Galerias Gratis Foro Contactos Gratis Videos Porno Fotos Porno Juegos Relatos Eroticos Porno Gratis SexShop Webcam Porno
   






Edad &

Crea tu perfil y conoce gente cerca de ti

ZONA PRIVADA DE MACIZORRAS




 

Webcam Porno


2009-11-24 01:55:11
Ya hacía varios años que estábamos solas, desde que mi marido nos dejara por otra cuando mi hija Sandra tenia solamente cuatro años.

La única compañía que tenemos desde hace unos tres o cuatro años mas o menos son dos enormes doberman, tan juguetones como cariñosos a los que llamamos Romeo y Orejas. Mi hija los ama y ellos están acompañándola a cada momento. En cuanto a mi, también yo los amo como mi hija y ellos me siguen a donde quiera que vaya. Estando las dos solas en una casa tan grande como la nuestra ellos resultan ser una grata compañía y entre Sandrita y yo los consentimos como si de criaturas se tratara.

Ahora mi hija esta hecha una señorita con todo lo que eso significa, con las hormonas revueltas, los jóvenes y firmes pechos despuntando sus pezones, que se alzan en punta y desafiantes bajo su remera. Ni hace falta decir que esta ávida de conocer el mundo del sexo y dada su edad y los cambios que esta experimentando en su cuerpo no creo que piense en otra cosa mas que en eso. Yo por mi parte hace tanto tiempo que no tengo un hombre en mi cama que también estoy deseosa de volver a sentir las delicias de una noche ardiente.

Casi como cosa natural, cuando nuestros perros empezaron a cumplir un año tras otro también ellos experimentaron su desarrollo y mi hija que siempre estuvo atenta a esta clase de cosas no dejo de notar con sorpresa como sus queridos amigos estaban ya preparados para cumplir su rol de machos.

Venia y me contaba algo diferente cada día, toda excitada y casi como nerviosa por lo que había descubierto y por esto me di cuenta de cuanto los observaba ella y de las ganas que tenia de tener su primer encuentro con un varón. Lo que me preocupaba era que se fijara tanto en los perros. Admito que yo también vivo fijándome en ellos y hasta los deseo, pero al ser yo una mujer hecha y derecha y habiendo conocido a algunos hombres en lo que llevo de vida no me sorprendí de mi misma, pero si de ella que todavía no había tenido su primera vez.

Una noche estábamos juntas mirando la tele desde nuestro sofá con los dos perros echados a nuestros pies, cuando Romeo empezó a lamerse el pito. Inmediatamente Sandrita me llamó la atención apretándome un brazo y mostrándome lo que el perro hacía. Y no era para menos: tenía todo el pito afuera, enrojecido y venoso, y se lamía los jugos propios de quien se prepara para tener relaciones. Ante tan evidente y tentador espectáculo no puede evitar la larga lista de preguntas que mi hija me hizo y se las fui respondiendo lo mejor que pude, con temor de que llegara al fin a preguntarme eso que seguro ya tenía en mente.

Yo ya había tenido relaciones con nuestros perros varias veces, aprovechando que ella estaba en la escuela toda la tarde y yo sola en casa sin compañía, y para ser honesta eran dos magníficos amantes: vigorosos, dominantes y muy complacientes.

La cosa fue que se charlaba del tema todos los días hasta que una tarde, al tener relaciones con Orejas este me dejo abotonada mas tiempo del prudente y no pude liberarme antes de que Sandrita abriera la puerta y llegara corriendo inocentemente a saludarme. Al entrar a mi habitación como una tromba se quedo helada ante la escena que descubrió: su madre, en cuatro patas y con toda la verga de Orejas adentro con nudo y todo.

Quedamos las dos con la boca abierta; ella del asombro por lo que veía y yo de la vergüenza por no tener explicaciones para ella, por algo que no las necesitaba.

- Sandrita: Mami... ¿que es esto? ¿que están haciendo con Orejas?

- Yo: Hija yo... Por favor, no mires mas. Sal de mi cuarto y hablaremos ¿si?

- Sandrita: No mamá, quiero saber ahora. ¿Qué es todo esto?

- Yo: No Sandra, quedate ahí, no te me acerques...

Pero sin poder hacer nada para evitarlo ella llego hasta la cama a mirar bien de cerca como nuestra mascota me tenía bien sujeta. Yo cada vez más alterada le pedía una y otra vez que se fuera pero sin hacerme caso se quedó maravillada al ver como Orejas me había abotonado. El cambio de estar nerviosa y no entender nada a estar radiante y alegre se produjo de un segundo a otro, y con una sonrisa de oreja a oreja empezó a indagar.

- Sandrita: ¡Mamá! ¡Orejas te cojió! ¡No lo puedo creer!

- Yo: Sssshhhhh Sandra, que no quiero que se entere todo el barrio! Si hija, la verdad es esa: Orejas me cojio. Quería que me lo hiciera porque lo necesitaba y me deje, y así estuvimos un buen rato hasta que nos encontraste.

- Sandrita: ¡Ay mami yo también quiero! ¿Cómo es? Parece divertido y se ve que a Orejitas le gusta mucho...

- Yo: Eeehhh... si linda, es divertido y Orejas disfruta mucho, pero me pare...

- Sandrita: ¿Y qué es esto mami? Es...

- Yo: ¿Qué es qué? ¿Qué viste? ¡Decime!

- Sandrita: Es como blanquito... y se pega ¿qué es?

- Yo: Es semen Sandra, es lo que los machos...

En eso el nudo de Orejas se aflojó y el animal se libero, quitándome todo el miembro de adentro y regalándole un espectáculo a Sandra que mi hija jamás olvidaría y grabaría a fuego en su memoria. Con los ojos grandes como platos y a escasos centímetros de su cara mi niña vio la verga de Orejas en todo su esplendor y la concha de su madre obscenamente abierta por el falo del animal y toda llena de su esperma, todavía goteando desde su interior.

Luego de haber mirado con extrema atención ambos sexos luego del coito la vi con un brillo extraño en los ojos y con una media sonrisa me espetó lo que pensaba: "Mamá, quiero hacerlo yo también", dijo, mordiéndose el labio de los nervios.

La pregunta no me agarró de sorpresa, pero aún así le dije que no sabía, que no estaba segura por ella y que al no haber tenido todavía su primera vez con un varón no era conveniente que hiciera algo con los perros, pero ella insistió tanto y con tantas ganas que no supe qué decir, y menos aún sabiendo que había sido pescada in fraganti en pleno acto.

A fin de cuentas acepté pero con la condición de que jamás lo hiciera sola, siempre debería estar conmigo en casa.

Así pues decidimos hacerlo a la noche, un par de horas después de comer, en mi habitación. Estábamos las dos nerviosas y los perros en pleno celo, con lo que la cosa estaba más que lista. Sandrita no dijo palabra en toda la cena, supongo que por pensar cómo sería o qué debería hacer y esas cosas, y yo por mi parte temía por ella, porque podría resultarle una mala experiencia o traerle problemas. Llegado el momento le pregunté una vez más si de verdad estaba dispuesta a hacer esto y sin dudar un segundo me dijo que si más convencida que nunca, con lo que unas dos horas luego de cenar nos fuimos a mi habitación a prepararnos. 

Noté con curiosidad que mientras me desnudaba mi hija no paraba de mirarme sin decir palabra, hasta que no aguanté más la curiosidad y ya en ropa interior las dos decidí averiguar que le pasaba.

Yo: ¿Por qué me miras de esa manera? ¿Estas mal por algo ?¿Qué te pasa hija?

Sandrita: No mami, a decir verdad me siento mejor que nunca. Es que yo...

Yo: Decime.

Sandrita: ... nunca me había dado cuenta de como sos mami. De verdad tenes unas tetas enormes...

Yo: ¿¡Pero qué estas diciendo Sandra!? ¿¡Qué hacés!?

Sandrita: ¡Ay mami perdoname pero no lo puedo evitar! Perdón... Perdoname.

Yo: Bueno, tampoco es para tanto. Al fin y al cabo...

Sandrita: ¿Me dejas?

Yo: Hija, no se... Esto...

Pero antes de que pudiera hacer nada veía como mi hija me tocaba un pecho con sus manitas, lo apretaba, lo sopesaba. Y luego el otro, ambas manos en mis senos, concentrada en lo que hacía y sonriendo a la vez. La deje hacerlo sin saber por qué y no sabía que hacer. Me parecía mal, pero tampoco quería que parara. Sin decir nada me tomó de los hombros en ademán de que me girara y al entender lo que quería accedí a su pedido hasta quedar de espaldas a ella, levantándome el pelo para que pudiera desprenderme el corpiño. Me lo quitó suavemente y lo dejo a un lado invitándome a que me volviera nuevamente y una vez hecho volvió a tomar mis tetas en sus manos, sintiendo su calor y la suavidad de mi piel. Yo no pude mas que dejarme llevar por un impulso y mientras mi niña

se maravillaba con mis senos yo desabroché su sostén, dejándolo junto al mío y descubriendo sus pequeños pechitos, irguiéndose y asomándose altivamente desde su cuerpo.

Yo: ¿Te gusta lo que hacés? ¿Es esto lo que querías?

Sandrita: Si mamá, hace meses que quería hacer esto pero no me animaba a pedírtelo. Es increíble y yo...

Yo: Ya sé lo que querés, Sandra.

Sandrita: ¿De verdad? ¿Puedo?

Yo: Vení hija, acercate. Ponete así... eso es

Ahora mi niña volvía a estar con su carita sobre mi pecho como cuando era una bebita, mamando de mis senos nuevamente, pero no para alimentarse; esta vez estaba caliente y sólo quería chuparme las tetas. La tuve así, un rato de cada pecho mientras sentía con mis dedos como se mojaba cada vez mas, tan abundantemente como yo. Luego de un rato así las dos, chupándonos las tetas y tocándonos mutuamente decidimos que ya era suficiente con estos "cariñitos" y que ya era hora de hacer entrar a los perros para lo que realmente queríamos. Ella se levantó de un salto con una gran sonrisa y abrió la puerta, llamando a los dos animales que enseguida vinieron a la habitación.

Le dije que ahora la cosa era simple, que s%



RECIBELOS EN TU MAIL

Recibe nuevos relatos
en tu email cada dia:


All logos and trademarks in this site are property of their respective owner. - Condiciones de uso y Aviso Legal
The comments are property of their posters, all the rest Copyright 2004-07 by me.
Todos los derechos reservados - MaciZORRAS.CoM Copyright 2004-10. Porno Gratis