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2010-03-13 02:37:00
Patricia se alejó un poco de la caravana que hacía el safari fotográfico por el parque zoológico en el sur de Francia y en libertad controlada. Al aire libre, sin jaulas, con toda clase de animales tanto salvajes como exóticos. Patricia vió la indicación de ""SIMIOS" y aunque la advirtieron de que no se separara del grupo pues habían fieras carnívoras, ella deseaba estar sola, sin tanto turista y hacer fotos a los monos, sus preferidos por lo que era algo experta en primates, en la fauna semi salvaje, sin peligro por su persona.

Tras un camino un tanto descuidado por el que no pasaban los circuitos de visitantes, tras unos veinte minutos de conducir, llegó a una zona en que enseguida los vió, había tres de ellos, le pareció eran de la raza de los papiones, el ursinus, casi de un metro de altura los adultos.

Aquellos tres eran jóvenes y estaban encaramados en una robusta rama con la cola agarrados. Ella bajó del coche y enseguida se puso a hacer fotos con su cámara digital, con un giga para gastar. Estuvo como unos diez minutos acercándose a los tres simios hasta que llegó debajo de ellos, sin parar de retratarlos en todas las poses y mímicas absolutamente cómicas.

De pronto los tres monitos se pararon y la miraron, dejándose caer al suelo uno a un metro de ella y haciendo gestos con la cabeza alzada, como si estuviera oliendo un rastro. Lo gracioso del gesto y la manera en que se dirigía a sus compañeros como explicando algo, hizo que Patricia se riera y perdiera todo el recelo que de principio le inspiraban los animales salvajes. Aquellos monitos de menos de un metro no representaban ningun temor y se sentó en el suelo como queriendo ponerse a hablar con el que llegó a su lado.

Los otros dos se descolgaron también de la rama y se acercaron a donde ya estaba el primero y se pusieron a mirarla y a imitarla en los gestos que les hacia ella para que se acercaran. Su risa la tenía ya descontrolada y hacía que se echara para atrás y cerrara los ojos, tanto estuvo así que cuando se tranquilizó los tres monos estaban alrededor de ella y empezaban a acercar sus dedos a intentar tocarla en los brazos, como para descubrir qué era aquel humano que desprendía aquel aroma que notaron, al llegar ella a su proximidad.

Ella, risueña, les dejó que la tocaran por todas partes, así entre los tres y a dos manos, le pasaban sus seis manitas por los hombros, su espalda, sus piernas estiradas sobre la hierba, sus pechos –a lo que Patricia sintió una agradable sensación-, su cara, sus labios, sus manos, en fin, que no quedó rincón alguno en el cuerpo de la chica que no fuera tocado y comprobado por los tres monos. Tanto rato estuvieron y tanto la magrearon que Patricia estaba como en una ensoñación y sin darse cuenta le abrieron los corchetes de su blusa y con muy poco esfuerzo se la quitaron a lo que ella, inconscientemente contribuyó pues no quería contradecirles en un gesto nada preocupante y que caray!, hacía un calor agobiante.

Sin parar un solo segundo en seguir magreándola, se las ingeniaron para soltarle el sostén al ser seis las manos que siempre estaban encima de ella y de pronto se vió desnuda de cintura para arriba con sus tremendos pechos al aire, enhiestos por las caricias y con los pezones duros y largos como pocas veces ella recordaba, por lo que se sintió la mar de bien y continuó dejándose acariciar por aquellas manitas que ahora estaban todas en sus dos ubres apretando, pellizcando y jugando sobre todo con sus pezones que parecía le iban a estallar. Medio sorprendida y encantada de aquella situación se dejó caer hacia atrás sobre la mullida fresca hierba, al empeño de los monitos en empujarla para que se estirase.

Justo quedó toda estirada que dos de los monitos empezaron a mamarle los pezones. Aquello fue como una descarga en su sistema nervioso y un profundo gemido, desde el fondo de su cuerpo, le salió mientras cerraba los ojos y se dejaba mamar por expertas bocas y pequeños dientes que no paraban en mordisquearle aquellos duros pitones; mientras el tercero estaba husmeando la entrepierna de Patricia ya que su faldita veraniega la tenía en la cintura. Debió de reconocer el olor a hembra pues sin perder un minuto le separó el pequeño tanga que apenas cubría los labios de su sobresalida vulva y le metió dos dedos en la rajita de su sexo.

Para ella aquello era una suma, una mas de las fantásticas sensaciones que estaba viviendo, impensadas, y que la estaban llevando ya a un orgasmo que le venía sin ninguna duda y que le explotó como si fuera ella misma uno de aquellos animales salvajes del zoológico. No le extrañó cuando alargando sus manos para tocar a los monos donde fuera, pero tocarlos para devolver sus caricias, encontrara en el que la estaba dedeando el chochito, con un verga que mas parecía una polla enorme, increíble en aquellos simios enanos.

Uno de los que la estaban mamando se preocupó de aflojarle la faldita y otro se la estiraba para quitarla con tanta suerte que se la deslizó, sacándosela ella misma con los pies, estaba pues desnuda excepto el tanga que ya no le duró mucho tiempo pues el que le metía mano en el chocho se la estiró también hacia los pies. Este mismo sacó sus deditos y se los chupó y acto seguido puso su boquita en la entrada del sexo de aquella mujer, que ya se sentía hembra de sus monitos.

Habiendo descubierto el sexo de los monitos, atrajo la del que tenía mas cerca y sin mirarla se la metió en la boca para empezar a chuparla con frenesí. En ello estaba cuando notó que uno la habia girado un poco para dejarle visible el culo y de inmediato notó como le separaba las nalgas y se ponía a lamerle el ano. El que le comía el chocho subió a su cara y obligo a Patricia a sacarse de la boca la tremenda polla que estaba mamando y recibir en sus labios los del mono que no tenían nada de pequeños pues aquella raza los desdobla y abarca toda la boca de la hembra, encontrandose enseguida con la lengua del mono que empezó a jugar con la de ella.

Mientras, al que le había mamado su pollón se bajó al sexo de ella y encarando la punta de su polla a la entrada se echó encima de forma que le metió los veinte centímetros de verga lentamente mientras ella suspiraba en el boca a boca que mantenía con el besucón. El del beso negro hizo lo mismo y cogiendo su polla con las dos manitas la encaró en el anillo de ella, completamente rendido a las caricias del mono por lo que estaba distendido, relajado y listo para dejar entrar un miembro igual de descomunal del tercer mono y la penetró.

El mono del morreo cambió su boca por su polla y se la dio a Patricia que enseguida supo qué hacer con ella.

Tal era la situación en aquel momento en que por suerte Patricia era atendida como nunca lo estuvo por sus tres pequeños amantes: a uno le comía la polla, otro le estaba dando por el culo y el último la estaba follando a todo meter, notando ella en sus dos agujeros colindantes como aquellos intrusos rozaban e irritaban las paredes de su vagina y de su recto por lo desmesuradas que eran, algo impensado en aquellos simios papiones. Pero no por ello sino al contrario, gracias a aquellos tamaños lo estaba pasando en grande, se sentía follada a reventar y el segundo orgasmo que tuvo, coincidente con las sensaciones que su cuerpo recibía de la acción simultánea de sus tres amantes, le provocó otra gigantesca explosión hasta el desmayo.

No supo cuanto tiempo estuvo inconsciente pero al recuperarse la estaban follando todavía los tres, con chillidos histéricos, seguramente al dejar salir toda la bestia sexual de los animales en el momento de la cópula. Tuvo que esperar a que los tres rotaran en sus distintos agujeros, con lo que también repitió orgasmos, y así recibió de cada uno de ellos una ración triple de esperma en la boca, que se tragó con ilusión, en su recto, como un enema y en la vagina, que al acabar estaba como un pellejo lleno.

Habían pasado dos horas y media desde que se escabulló de la caravana y creyó que no la encontrarian en falta pero estaba como muerta y cansada al máximo por lo que tuvo que descansar mientras se vestía muy despacio pues le parecía que hasta el tanga le pesaba. Mientras, los monos habian descubierto el coche de Patricia y estaban jugando dentro cuando ella llegó. Los miró y con una mirada inteligentemente pícara le gesticulaban como que no querian salir, que estaban muy bien con ella y a ella esto le provocó una idea. Por que no?

Sin pensarlo mas se subió al coche y salió buscando la salida contraria a la de los visitantes hasta que la descubrió y se llevó a sus tres amantes con ella para instalarlos en su casita de campo donde vivía. Desde entonces ella es follada a diario por los tres monos a los que alimenta y mantiene en perfecto estado sanitario, habiendo días que las sesiones de sexo se alargan horas y horas pues ha enseñado a sus monitos a no juntarse y follársela uno a uno. Además de entre los tres ha seleccionado al más inteligente y que además es el que más placer le da en como se la folla por los tres agujeros, para que sea su mas fijo amante y solo a el le da el chochito, no sabe si se dará el caso de que la dejen preñada pues los primates tienen un 99% de genes parecidos a los humanos y si se diera el caso, le encantaria darle bebecitos al mejor de sus enamorados.

Sabe que estando todos los dias de la semana con el esperma de su monito en su útero, -es consciente de hacerlo expresamente-, nada tendría de raro que en sus días fértiles, uno de sus óvulos acabara aceptando el mejor de los espermatozoides que sin parar le llegan y dejarse fecundar.

Autor: granluis


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